Muerte clandestina

"Si me veo en la misma situación que María José o mi madre hace 9 años, espero poder verme rodeada de quien aun aceptando el final que he decidido y la dureza de la situación, decida acompañarme como ha hecho Ángel con su mujer", reflexiona la autora.

Leo la detención de Ángel, marido de María José, por suministrarle un fármaco que ella había solicitado de manera explícita varias veces para ayudarla a morir.

Si se demuestra que esto ha sido así, que ella ha solicitado una ayuda al suicidio, la “justicia” le aplicará el artículo 143 del Código Penal: “El que causare o cooperare activamente con actos necesarios y directos a la muerte de otro, por la petición expresa, seria e inequívoca de éste, en el caso de que la víctima sufriera una enfermedad grave que conduciría necesariamente a su muerte, o que produjera graves padecimientos permanentes y difíciles de soportar, será castigado con la pena inferior en uno o dos grados a las señaladas en los números 2 y 3 de este artículo”.

Vivimos condenadas a morir en la clandestinidad, con la indignidad de ocultarse, de ver convictas por esta justicia arcaica a las personas que ponen su amor por nosotros encima de cualquier consecuencia posterior. En España, el debate por la regulación de la eutanasia lleva en el hemiciclo desde 1995 (IU quiso retirarlo del Código Penal) y, a pesar de que en las últimas encuestas más del 80% de la población es favorable a esta ordenación, los distintos partidos políticos han jugado con ella para sacarle rédito en el momento que más interés les pueda proporcionar. Es el mercado, amigos. Ya saben.

España es un país de contradicciones constantes y en este caso podemos ver un claro ejemplo de ello. El 80% de la ciudadanía no vota a partidos que avalen la legalización de la eutanasia, pero esta cifra de ciudadanos es la que pide su regulación. Quizás tiene que ver con que, al sufrimiento, a la muerte, no le damos la importancia que se merece, nos han hecho creer que hay otras políticas que tienen más peso sin darnos cuenta, como sociedad, que todo está unido por el mismo fino cordón ideológico. Todo, absolutamente todo, aunque no lo parezca.

Dice un libro del que fue autor Luis Montes, entre otros, que de esta materia sabía un poco que:

“Morir dignamente forma parte de una serie de derechos que no son económicos. El modelo social que se quiere imponer define la economía como el centro de la vida. Olvidar otros aspectos como la cultura, la participación ciudadana o la muerte es aceptar el paradigma neoliberal. Cambiar el modelo implica generar alternativas económicas, de empleo, de sostenibilidad, pero también defender otros ámbitos de la vida”.

Y no pudiendo estar más de acuerdo con él, me pregunto qué tipo de sociedad queremos. El paradigma neoliberal al que estamos sometidos lo salpica todo, lo ensucia todo. La indignidad a la que estamos condenadas, la clandestinidad en la que ha muerto esta mujer y, no nos engañemos, en la que mueren cientos de personas cada año en este país, lejos del sentimentalismo, es la indignidad a la que estamos condenadas cuando nos engañan haciéndonos creer que la regulación de la eutanasia no tiene que ver con la línea de las políticas económicas de una colectividad. Nada es al azar. Absolutamente nada. Todo va unido, hilvanado con la precisión de las manos de la vieja costurera y en este caso lleva el hilo conductor de la ranciedad, el interés personal de quienes han bloqueado las anteriores proposiciones de Ley o de aquellos que lo ha supeditado a su proyecto político personal.

La realidad es esta, nuestros derechos son género con el que pretenden tantear el mercado que les suministra el salario y eso, eso sí que es indigno, ruin y perverso.

Así que si en algún momento me veo en la misma situación que María José o en la misma situación que se vio mi madre hace 9 años, espero poder verme rodeada de quien aun aceptando el final que he decidido y la dureza de la situación, decida acompañarme como ha hecho Ángel con su mujer, puesto que si de algunos de nuestros políticos depende la regulación de nuestra libertad nunca ocupará el lugar adecuado en la agenda para sacarle el mayor interés posible.

Podríamos cansarnos de gritar que nos dejen ser libres hasta el final, pero ya saben, es el mercado amigos.

Noelia Ordieres

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Comentarios

Una respuesta a “Muerte clandestina”

  1. Curioso! A los que quieren morir no les dejan, a los que no quieren morir, a veces les matan o dejan que se ahoguen.
    Un mundo de lo más absurdo.
    ********************************************

    EUROPA LAICA ANTE LA DETENCION DE ANGEL HERNANDEZ. IMPERIOSA NECESIDAD DE UNA LEY DE EUTANASIA.
    La detención de Ángel Hernández por supuesta investigación de delito de homicidio tras haber ayudado a su mujer María José Carrasco a dejar este mundo de una forma digna, pone en evidencia la imperante necesidad de una Ley de eutanasia y suicido asistido que debe ser promulgada sin más dilación.

    El hecho de que tras cuarenta años de “democracia” este derecho siga sin regularse tiene mucho que ver con la falta de voluntad de fuerzas políticas y las presiones de la Iglesia católica que no solamente pretende imponer su moral privada a toda la sociedad sino que también hace negocios con los cuidados paliativos. Esta misma Iglesia es la que llama, en estas elecciones, a votar a los partidos políticos que no defiendan la eutanasia ni el aborto, intentando, de esta forma, crear bloques políticos fundados en las creencias religiosas.

    Desde Europa Laica llamamos a la sociedad a exigir un Estado laico, a promulgar un Ley de Libertad de Conciencia, a la vez que la denuncia y derogación de los Acuerdos con la Santa Sede de 1979, y la legislación derivada, que mantienen los privilegios económicos y fiscales a la Iglesia católica en más de 11.600 millones de euros anuales, además de entrometerse en la moral pública y en controlar una parte importantísima del sistema educativo.

    Europa laica muestra su solidaridad con Ángel Hernández y honramos la memoria de María José Carrasco, ambos activistas en defensa de la libertad de conciencia

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