¿Es tan sorprendente?

Mitin de VOX en Vistalegre, Madrid, el 7 de octubre de 2018. REUTERS / Stringer

Reflexión tras las elecciones andaluzas: "Lo peor es que la izquierda no se plantea en profundidad los motivos de ese resurgir de la extrema derecha".

Mucha gente no se esperaba este resultado de las elecciones andaluzas. Pero, realmente, ¿es algo tan sorprendente? Al reflexionar sobre estas elecciones no podemos olvidar que Andalucía está en una punta de Europa, pero es Europa, y es lógico que las corrientes de pensamiento dominantes en el continente lleguen también a Andalucía. En toda Europa se está produciendo un avance muy acusado de las derechas. Resurge la extrema derecha y la derecha tradicional se ve desbordada por las nuevas corrientes. En esta situación, los partidos conservadores consideran más adecuado para sus intereses electorales inclinarse hacia posiciones más radicalmente de derechas, mejor que intentar una posición más centrista y marcar las diferencias con las nuevas fuerzas neofascistas. Seguramente, observan que una opinión pública mayoritaria está muy influida por las corrientes nacionalistas y xenófobas, y no quieren perder clientela.

Pero lo peor es que la izquierda no se plantea en profundidad los motivos de ese resurgir de la extrema derecha.  Su pensamiento parece anquilosado: sigue aferrada a fórmulas que pudieron ser muy venerables, pero que han demostrado sobradamente su incapacidad para llevarnos a una sociedad humana más justa y solidaria. Y, claro, tampoco la izquierda andaluza ha sido capaz de renovarse y lanzar un mensaje que pueda hacer frente a la creciente derechización.

También hay motivos más específicos que explican el resultado electoral en Andalucía. El PSOE lleva 36 años gobernando esta  autonomía. ¿Con qué resultados? Según la encuesta de población activa, el paro en Andalucía el tercer trimestre de 2018 era del 22,9 %, mientras que en España es del 14,8%. Y una buena parte del trabajo se realiza en labores agrícolas o en los servicios, terrenos donde la precariedad campa por sus respetos.

La política clientelista se extiende por toda la región. Las corruptelas que acompañan a estas prácticas se hacen endémicas con el tiempo y llegan a la gran corrupción que ha salido a la luz con el caso de los ERES. Por último, la figura de Susana Díaz no parece la más adecuada para liderar un gran movimiento popular. De hecho, ni entre los militantes del PSOE despertó demasiado entusiasmo, y la mayoría, contra la opinión de los barones, se inclinó por Pedro Sánchez.

En estas circunstancias, y dada la poca capacidad de análisis que se fomenta en la sociedad con los discursos anodinos de los líderes políticos, y con los abrumadores mensajes alienantes de los medios de atontamiento, no es nada extraño que mucha gente haya decidido probar otra cosa, o quedarse en su casa si votar a la derecha les repugna demasiado

Por otra parte, tampoco el mensaje de Unidos Podemos difiere sustancialmente del discurso del PSOE. Con distintos matices, uno y otro siguen acariciando el dulce sueño de un capitalismo bueno, que obligue a pagar todos sus impuestos a los ricos, que permita una banca pública, que revierta las privatizaciones de la sanidad y que proporcione trabajos dignos para todos.  Y todo eso sin necesidad de despertar una conciencia ciudadana que ponga en pie un arrollador movimiento social, que sería lo único capaz de conseguir un cambio real.

Así que, sin un proyecto ilusionante de superación del sistema capitalista, ¿qué esperamos?

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Antonio Zugasti

Comentarios

4 respuestas a “¿Es tan sorprendente?”

  1. Lúcido diagnóstico que nos hace Isaac Rosa de los tiempos desnortados que vivimos. “El futuro ha pasado a ser un lugar oscuro” https://www.lamarea.com/2018/11/11/isaac-rosa-el-futuro-ha-pasado-a-ser-un-lugar-oscuro/
    “Hemos sido educados en unas expectativas que, de repente, se derrumban. El relato de nuestra vida hablaba de generaciones que siempre iban a vivir mejor que la de sus padres. Siempre íbamos a tener más: más prosperidad, más democracia, más tecnología, más bienestar… Y de pronto el futuro pasa de ser un lugar en el que todo es posible y en el que todo iba a ser crecimiento a ser un lugar oscuro, un lugar a evitar. Eso hace que el futuro pase a ser, de alguna forma, un pasado, es decir, que pasemos a ser una generación nostálgica. Lo que queremos es el pasado, queremos volver atrás, volver al momento anterior a que todo esto se derrumbara y en el que todo parecía posible. Uno de los problemas de esta insatisfacción en la que vivimos, de esta ansiedad, de esta permanente decepción, tiene que ver también con eso, con la nostalgia”. Y la deriva reaccionaria que vive Occidente es el lado más peligroso de esa nostalgia. “Vivimos en un tiempo en el que hemos perdido elementos de seguridad y de certeza en todo. Eso genera una forma de estar en el mundo marcada por la ansiedad, por el miedo, por la decepción y hace que, inevitablemente, busquemos seguridad. Lo que ocurre es que nos equivocamos muchas veces en esa búsqueda y, llevados por ese miedo, acabamos tomando malas decisiones”.

  2. P.D.
    LA EDUCACION ANTE EL AUGE DEL FASCISMO.
    Una segunda causa del auge del fascismo es la tragedia que ha supuesto la gestión de la crisis por parte de la socialdemocracia en toda Europa. Los partidos socialdemócratas han aplicado los mismos principios del neoliberalismo y las políticas de austeridad. Ante lo cual, buena parte de la población se ha sentido engañada por quienes en otras épocas fueron los defensores del Estado Social y de Bienestar. Esto ha sido crucial para provocar una sensación generalizada de hundimiento de los principios de democracia, justicia social y solidaridad, que podemos situar como tercera causa del auge del fascismo. Y una cuarta causa: el desarrollo del precariado como condición de vida de buena parte de la población joven, base del descontento social de generaciones hipotecadas, ante la perspectiva de futuro de «vivir pagando para morir debiendo».

  3. LA EDUCACION ANTE EL AUGE DEL FASCISMO
    (Enrique J. Díez Gutiérrez)

    En Finlandia, Alemania, Dinamarca, Francia, Suecia, Grecia, Hungría, Croacia, Letonia, Lituania, Polonia, Ucrania, Italia y desde el 2 de diciembre de 2018 España, se ha asentado la presencia del fascismo en los parlamentos europeos.

    El fascismo radicaliza los valores conservadores y neoliberales, para atraer y canalizar el enfado de clases medias, trabajadoras y populares que se sienten abandonadas e indefensas ante las políticas europeas de austeridad. Políticas de austeridad aplicadas a «los de abajo», como medidas únicas e inmutables, ante la crisis económica y social. Una crisis que se percibe ya como un «saqueo sin fronteras» de las élites financieras, que han conseguido, sin embargo, salir reforzadas y más enriquecidas aún, si cabe, de la esa «crisis» provocada por su propia voracidad sin límites.

    El fascismo que vuelve a asentarse en Europa y que se extiende de forma imparable por buena parte del mundo (Estados Unidos con Donald Trump, Brasil con Jair Bolsonaro, Filipinas con Rodrigo Duterte, etc.) no tiene nada de antisistema, sino que constituye el plan B autoritario del sistema a través del discurso antiélites. Un discurso, profundamente neoliberal, pero teñido de aspectos y elementos simbólico-emocionales conservadores(banderas, himnos, símbolos, etc.), que rechaza toda forma de organización colectiva (organizaciones sociales, sindicatos, partidos políticos, etc.) que demande derechos sociales y justicia, alentando el mesianismo y los «líderes autoritarios» como salvadores en quien confiar ciegamente.

    En el tablero diseñado por el neoliberalismo, el fascismo cumple una función clave: la de ocultar las raíces reales de la injusticia social y la crisis para, de esta forma, neutralizar la posibilidad de que se cuestione la responsabilidad en la misma de las élites económicas y financieras.

    Lo que hace la extrema derecha es sembrar la discordia entre los perdedores del modelo neoliberal, fomentando, por una parte, el orgullo de sentirse superior y, por otra, canalizando la ira popular hacia los colectivos más vulnerables. Así, mientras se alimenta la guerra entre pobres, los cenáculos neoliberales siguen repartiéndose el pastel y la fractura social se acrecienta.

    la causa fundamental del auge del fascismo se debe a que el modelo neoliberal ha ganado actualmente la guerra ideológica. Hemos asistido a una guerra ideológica, irregular y asimétrica, en la que la batalla por la narrativa ha sido clave en la fabricación de una determinada percepción de la población y las audiencias mundiales de cara a imponer imaginarios colectivos impregnados de contenidos y sentidos afines al pensamiento dominante, que cada vez une más y «simbiotiza» capitalismo, neoliberalismo y fascismo. Las élites económicas y financieras sí que han tenido claro que hay una permanente lucha de clases, y que, esta batalla, ellos la están ganando por goleada. Y, justamente, porque están ganando esta guerra ideológica, es por lo que también ganan la guerra económica y el poder, a pesar de (o, precisamente por) la corrupción, la memoria del fascismo, la represión, etc., etc.
    Sus proclamas han colonizado el pensamiento, los deseos e incluso las esperanzas de gran parte de la población. Aplicaron el análisis de Gramsci: si controlan la mente de la gente, su corazón y sus manos también serán suyos. Pasado el tiempo de la conquista por la fuerza, llega la hora del control de las mentes y las esperanzas a través de la persuasión. La ‘McDonalización’ es más profunda y duradera en la medida en que el dominado es inconsciente de serlo. Razón por la cual, a largo plazo, para todo imperio que quiera perdurar, el gran desafío consiste en domesticar las almas. De tal forma que el discurso neoliberal ha acabado siendo visto como condición natural y normal.
    Lo privado frente a lo público. La libertad individual frente al bien común y la justicia social. El rechazo a los impuestos frente a la aportación colectiva para la protección social y solidaria.
    Se ha instaurado así una constante, permanente y sólida pedagogía del egoísmo, base esencial de la ideología neoliberal, que hunde sus raíces en el interés propio como impulso vital y trascendental. Una pedagogía que está reconstruyendo, a través de los medios, las prácticas y los discursos sociales y educativos, un nuevo sujeto neoliberal que ve en el egoísmo y las relaciones de competencia y de mercado la forma natural y normal de estar y ser en el mundo.
    Debemos combatir esta pedagogía del egoísmo, no solo en la escuela sino a través de todos los medios de educación formal y no formal, si queremos superar de una vez por todas el fascismo.
    Pero, sobre todo, debemos fortalecer la autonomía de pensamiento y de crítica para combatir la posverdad y la política de las emociones de la ideología neoliberal. Porque es más fácil evadirse de una prisión física que salir de esta «racionalidad» neoliberal elegida «libremente», ya que esto supone liberarse de un sistema de normas instauradas mediante técnicas de interiorización y control del yo.

    No podemos seguir siendo «indiferentes» ni «obedientes» ante la pobreza y el hambre, ante la guerra y la crueldad, ante la insolidaridad y el egoísmo brutal, ante el saqueo del bien común, ante la intolerancia y el fascismo. La verdadera munición del capitalismo no son las balas de goma o el gas lacrimógeno; es nuestro silencio. Ya lo decía Martin Luther King: «tendremos que arrepentirnos en esta generación no tanto de las malas acciones de la gente perversa, sino del pasmoso silencio de la gente buena» que miramos para otro lado ante el auge del fascismo.

    Como diría Ernesto Sábato, «estamos a tiempo de revertir esta masacre. Esta convicción ha de poseernos hasta el compromiso». Nos jugamos el futuro de nuestros hijos e hijas, y el de la sociedad en su conjunto. Educación o barbarie, no hay neutralidad posible.
    https://www.leonoticias.com/sociedad/educacion/educacion-ante-auge-20181205164421-nt.html

  4. DESPERTAR UNA CONCIENCIA CIUDADANA.
    Totalmente de acuerdo, Antonio. Ese es el quid de la cuestión.
    Pero ahora, dime ¿que ratón le pone el cascabel al gato?.
    Como podemos introducirnos en unos medios de comunicación públicos y privados comprados por el capital?.
    y ¿qué podemos hacer si actualmente a la gente, en su mayoría descerebrada, idiotizada, dirigida como un robot, le va el capitalismo, el consumismo, el individualismo, el egoismo…
    Como decía Eduardo Galeano “vamos directos al desastre, pero ¡joder! en que cochazos”.
    La llamada izquierda parlamentaria no es izquierda, no se siquiera si llega a socialdemocracia. En un mundo tomado por el capital a la izquierda de verdad nunca la dejarían formar parte del juego.
    SER o TENER.
    La sociedad hoy está tan alienada por el sistema capitalista con su incesante manipulación y su machacona publicidad que ni sabe ya lo que es ser persona.

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