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miércoles 14 noviembre 2018

Internacional

Bartolo Fuentes, acusado de organizar la caravana migrante: “Nunca he llevado a personas a otro país”

El periodista y activista asegura que “lo que hay es un éxodo masivo de gente que no encuentra posibilidades de sobrevivir en su país”.

10 noviembre 2018
19:39
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Bartolo Fuentes, acusado de organizar la caravana migrante: “Nunca he llevado a personas a otro país”
Bartolo Fuentes junto a una niña migrante de Honduras en abril de 2018.

Se llama Bartolo Antonio Fuentes, es periodista en Honduras y tanto el gobierno de su país como los principales medios le acusan de ser el principal organizador e instigador de la caravana de migrantes que ahora se encuentra en México con destino a Estados Unidos, y que los sectores conservadores y cadenas como la Fox usaron durante la última campaña electoral para favorecer a Donald Trump. Él niega estas acusaciones con rotundidad.

Fuentes empezó a trabajar con las personas migrantes en 1999 a través del programa ‘Sin Fronteras’ (Radio Regreso), dirigido por madres de migrantes. Entre 2013 y 2017 fue diputado por el partido izquierdista Libertad y Refundación, aunque antes de su elección ya era una figura notoria debido a su activismo a favor de la clase obrera y sus proyectos para educar a migrantes, mujeres y campesinos en el manejo de las tecnologías de la comunicación. También es conocido por participar en protestas contra el trato que Estados Unidos da a los migrantes y por exigir medios para buscar los cadáveres de quienes mueren en el camino, principalmente en México. De aquella lucha nació un fondo estatal que financia la repatriación de sus cadáveres.

Este periodista, político y activista responde a las preguntas de La Marea desde El Salvador, a la espera espera de que haya garantías para su seguridad y la de su esposa, la periodista Dunia Montoya, y sus cuatro hijos.

¿Son ciertas las acusaciones del Gobierno hondureño que le señalan como instigador de la caravana de migrantes?

Acompañé la caravana que se convocó para el 12 de octubre desde el principio, pero yo no soy el organizar de la gente, no fui a invitar a nadie. Es una actividad que se organiza normalmente en Honduras. La gente se pone de acuerdo y se van. La diferencia esta vez es que se van en un grupo más grande y visible, no de 8 o 10 personas. En suma, salen a diario 300 o 400 personas por distintos rumbos y a escondidas. La suma de esos pequeños grupos es lo que conforma una caminata de unas 160 personas que pretendían salir de San Pedro Sula [Honduras]. La publicidad y ataques en televisión, en el canal HCH, insistiendo y atacando a la caravana y a mí, tratando de minimizar y ridiculizar, diciendo que iban a tener albergue, transporte, comida… Todo eso que era un ataque se convirtió en una especie de campaña publicitaria e hizo que mucha gente se enterara de la caravana y creyera que iba a tenerlo todo. Por eso de casi 200 personas que había la mañana del 12 de octubre en el terminal de autobuses, por la noche ya eran 600 personas, a la hora de salir el 13 de octubre eran más de 1.200 personas al siguiente día en Santa Rosa del Copán ya pasaban las 2.000 personas. El 15 de octubre, al cruzar a Guatemala, eran ya más de 3.000. No había nadie en esas comunidades recogiendo gente para que se sumaran, sino que fue la televisión y su intento por atacar, tergiversar y ridiculizar la caravana lo que sirvió de publicidad. Gente que tenía ganas de irse por necesidad, vio la caravana y se sumó. Llegando al distrito federal ya hay 6.000 personas y se podrían sumar hasta llegar a 10.000 personas en Ciudad de México.

Usted afirmó que apoya a las personas migrantes y les da consejo, ¿en qué consiste ese asesoramiento?

Este año me propuse iniciar un programa de televisión sobre migrantes porque todavía no hay ninguno. En abril me incorporé a la caravana que salió de Tapachula a Tijuana [ambas en México], estuve un mes viajando con ellos en los albergues, caminando, en los trenes, recogiendo material para este programa que se está preparando. Fue una experiencia muy valiosa porque me permitió ver cómo al ir agrupados los migrantes pueden protegerse de las agresiones que sufren en el camino. Un ejemplo: van en el tren, pero no se subió nadie a agredirles porque se apoyaron entre todos y evitaron que hubiera asaltos o violaciones que se suelen dar. También evitaron accidentes porque se subieron y bajaron cuando el tren estaba estacionado. He compartido esta experiencia en directo a través de Facebook y esto me hace comprender que si la gente se va junta, en grupo visible, corren mucho menos riesgo de fallecer en la ruta migratoria, sufrir violaciones y otras agresiones. Para mí, la caravana de abril es como una escuela que ahora ha sido retomada por la gente que tiene la intención de huir de Honduras.

¿Por qué le deportaron de Guatemala? ¿Existe alguna coordinación entre los gobiernos de Honduras y Estados Unidos para acusarle?

Yo acompañé a la caravana de migrantes hasta el 15 de octubre, cuando entraron a Guatemala. Por cierto, yo no entré con la caravana sino que fui dos horas después, haciendo mi trámite de salida en la aduana de Honduras en Agua Caliente, pero no había nadie en la ventanilla de migración de Guatemala. Regresé por la noche y tampoco vi personal. Al día siguiente, cuando fui a formalizar mi ingreso en Guatemala, fui detenido por la policía de fronteras en presencia del subdirector de Migración. Según los policías, también había dos empleados de la embajada de Estados Unidos. Me trasladaron hasta la capital y me tuvieron encerrado en un centro de detención de migrantes. Creo que la intención de la policía era judicializarme por las declaraciones del presidente Jimmy Morales diciendo que yo había sido detenido y que yo era el cabecilla de la caravana. Reforzaron el centro de detención porque el gobierno de Honduras le dijo al de Guatemala que yo era un peligroso traficante de personas y de niños. Pero cuando la policía pretendió actuar en mi contra, encontró que eso es falso, que soy un periodista que trabaja en solidaridad con los migrantes dede hace 20 años. Por lo tanto, no hubo ninguna acusación en mi contra. Me llevaron de vuelta a Tegucigalpa en avión en compañía de una persona de la Dirección de Migración de Guatemala.

Cuando estaba saliendo del aeropuerto, ocho efectivos de la policía nacional intentaron retenerme y los compañeros periodistas prácticamente me arrebataron de sus manos. Una compañera escuchó a una fiscal hablando por teléfono diciendo “sí, cabe la figura de tráfico de personas y de poner niños en riesgo”. Días antes, la Canciller de Honduras me mencionó seis veces en rueda de prensa, acusándome de hechos en los que yo no tengo nada que ver, y señalando otros en los que sí he participado, por ejemplo orientando a los migrantes y opinando a favor de ellos, algo a lo que tengo derecho como ciudadano y como periodista, y que no constituye ningún delito. Después [el presidente] Juan Orlando Hernández dijo que iban a pasar de las palabras a los hechos en contra de los responsables de ese fenómeno social, pero sin mencionar a nadie más, solo a mí. Supe después que el Ministerio Público [Fiscalía General] tenía recortes de periódico y pantallazos de mis redes sociales para sacar un requerimiento fiscal y una orden de captura contra mí.

¿Se plantea pedir asilo en El Salvador?

Por recomendación del Comité por la Libre Expresión salí de país y me vine a El Salvador, porque en Honduras hay cientos de personas judicializadas que están presas sin haber cometido ningún delito. A mí podrían capturarme, meterme en la cárcel, tener audiencias retardadas y liberarme dos años después diciendo que soy inocente. Además, fui invitado al Foro Mundial para las Migraciones en México. Al terminar me reencontré con la caravana de migrantes, pero regresé a El Salvador. A Honduras regresaré cuando haya condiciones. No estoy pidiendo asilo ni refugio en ningún país. Quiero garantías para mi seguridad, para mi vida y la de mi familia en Honduras, que es donde yo quiero estar.

¿Está en contacto con las autoridades hondureñas para solucionar su situación?

Nadie del gobierno de Honduras me ha llamado para que hablemos. Ni del gobierno de Estados Unidos tampoco. Puedo acudir a la Embajada de Estados Unidos o de Honduras en cualquiera de estos países para que hablemos directamente, pero no lo van a hacer porque saben que todas sus calumnias están encaminadas al ataque, el desprestigio y la criminalización. No pueden probar nada de lo que han dicho. No tienen interés en analizar el fenómeno social, solo quieren justificarlo e inventar causas para no reconocer que es la pobreza y miseria de la población, y su repudio al gobierno y desesperación, lo que les empuja a marcharse del país.

El Gobierno hondureño le acusa de instigar la caravana de migrantes…

Debe quedar claro, y en eso soy enfático: yo nunca, jamás me he dedicado a actividades de tráfico de personas. Nunca he llevado a personas a otro país, y mucho menos a Estados Unidos. Desde hace 19 años estoy involucrado en la promoción y defensa de los derechos de los migrantes. He estudiado las políticas migratorias, me saqué un diplomado en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales de Guatemala para entender esta problemática. Tengo conocimiento de este asunto a través de la academia y de la experiencia propia. He estado en México y en la frontera mexicana trayendo cuerpos de migrantes que han fallecido en el camino. He compartido con migrantes que han regresado con discapacidad o mutilados, he escuchado sus experiencias, llevo mucho tiempo viviendo el sufrimiento de las madres de migrantes desaparecidos, que buscan a sus hijos y a las que el gobierno de Honduras no les da apoyo. Yo no soy coyote [traficante de personas], soy un periodista involucrado en la defensa de los derechos de los migrantes. El gobierno de Honduras me criminaliza porque saben de mi posición política de oposición, y como militante de izquierdas, porque me reconozco como tal, me vinculan directamente para decir que esto es una conspiración de la izquierda, cuando lo que hay es un éxodo masivo de gente que no encuentra posibilidades de sobrevivir en su país y se va a cualquier parte del mundo a buscar esas posibilidades. Los medios insisten en decir que van a EEUU, y es cierto que la mayoría tiene allí a un pariente o alguien que le puede ayudar, pero la gente que huye de Honduras se va a donde sea que pueda trabajar dignamente y mandar sustento para su familia. Le aseguro que lo sé porque así me lo ha contado la gente. Yo quisiera que no se fuera nadie de Honduras. Luchamos para transformar el país y para que las personas, cuando salgan de Honduras, sea para pasear o para superarse, pero no escapando de la inseguridad y de la miseria, como está pasando ahora.

¿En qué acabará esta caravana migrante?

No sé cuál es el destino que va a tener la caravana. Me impidieron seguir cubriéndola como periodista y acompañándola como defensor de los derechos de los migrantes. Me encontré con ellos en Ciudad de México, pude hacer declaraciones a la prensa, pero no estoy metido en la toma de decisiones, ni soy representante de ellos, ni pretendo continuar con ellos ni como dirigente, ni como acompañante, porque no puedo. Sí seguiré muy solidario y peleando en contra de las actitudes de estos gobiernos represivos que no solo criminalizan a los migrantes, sino que también pretenden criminalizar y encarcelar a quienes somos solidarios con los migrantes en su viacrucis. Tienen derechos, no necesitan un pasaporte para tener derechos. Eso tienen que entenderlo los gobiernos. No son los documentos los que dan derechos a las personas, es el simple hecho de ser humano lo que confiere esos derechos, por eso son derechos humanos. Eso es lo que le explicamos a la gente, hacemos que se empoderen y reclamen los derechos que les pertenecen, y lo vamos a seguir haciendo. No organicé la caravana, no financio la caravana, ni hay ninguna organización financiándola, pero somos muchos, miles, los que vamos a seguir siendo solidarios y acompañándoles desde nuestras posibilidades.

Déjeme preguntarle ahora por Berta Cáceres. Se cumple un año desde la publicación del informe que denuncia las negligencias del Estado para esclarecer las causas de su asesinato…

Fui compañero de lucha de Berta Cáceres. Bertita, como la llamábamos, estuvo en la lucha por los derechos de pueblo en general, particularmente en la zona de Intibucá y con los indígenas. Se la reconoce como luchadora por el medio ambiente, pero en realidad era más que eso, ella era una luchadora popular. Coincidimos en la Coordinadora Nacional de Resistencia Popular que organizamos en 2003, en medio de una protesta masiva que hicimos en Tegucigalpa. Todo este tiempo Berta fue una compañera muy combativa, y nosotros sabemos que el Estado y las empresas contra las que luchaba la mandaron a matar. Acá el Estado es un instrumento de estas empresas destructoras del medio para reprimir a quienes se oponen a sus proyectos.

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José Bautista

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