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domingo 23 septiembre 2018

Medio ambiente

El calor que mata

Así, el calor afecta más a los barrios más pobres, incluso cuando las temperaturas en estos son, en ocasiones, más bajas.

14 septiembre 2018
12:07
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El calor que mata
Este verano, las temperaturas han batido récords.

El termómetro superaba los 37 grados, y el asfalto de la carretera lo multiplicaba hasta límites sobrehumanos. Para un trabajador de 48 años, que trabajaba en la vía entre los municipios de Torreagüera y Los Ramos (Murcia), fue demasiado. El 3 de agosto, a las seis y media de la tarde, un obrero se convertía en la primera víctima de la ola de calor.

El año pasado, en la provincia de Sevilla, se vivía una escena similar. Sobre las nueve de la noche, y con temperaturas de más de 39 grados, un obrero de 52 años que trabajaba asfaltando la carretera A-406 entre los municipios de Morón de la Frontera y Pruna, sufría un golpe de calor y fallecía minutos después. Trabajar a pie de asfalto, que según Comisiones Obreras puede alcanzar los 170ºC, acabó con su vida.

Y en el resto del país, más víctimas. Algunas, mortales. Y muchas más, sin contabilizar, supervivientes con secuelas de un calor que ha llegado para quedarse, y que no es igual para todo el mundo.

Este verano, las temperaturas en el hemisferio norte han batido récords. El 5 de julio, una estación meteorológica de Ouargla, Argelia, registraba la que probablemente es la mayor temperatura de la historia: 51,3ºC. Unos días antes, los habitantes de Al Quriyat, en Omán, vivían la noche más tórrida de todos los tiempos, con hasta 42,6ºC de mínima. Suecia pedía ayuda internacional para controlar los incendios forestales que se multiplicaban incluso dentro del círculo polar Ártico por las temperaturas superiores a 30ºC y la pertinaz sequía. En Japón y Canadá, decenas de personas perdieron la vida, víctimas de las altas temperaturas.

En todo el mundo, la palabra heatwave (ola de calor en inglés) ha marcado tendencias y abierto informativos. Pero, ¿qué es realmente una ola de calor? La Agencia Estatal de Meteorología considera ola de calor a tres días consecutivos en los que las temperaturas máximas se sitúen entre el el 5% más altas de los registros durante los últimos 30 años. Además, estas temperaturas deben cubrir un determinado territorio.

Cambio climático

Como con todos los eventos meteorológicos, achacar al cambio climático de origen humano no es posible de manera aislada. Las atribuciones, explica Ernesto Rodríguez Camino, responsable de proyecciones de cambio climático de la AEMET, se realizan en términos de probabilidad: “Si no hubiese cambio climático, una ola de calor tendría una cierta probabilidad. En un contexto de cambio climático, la probabilidad aumenta”.

Según un estudio preliminar publicado a finales de julio por la organización World Weather Attribution, las posibilidades de sufrir otro verano como este en Europa se han doblado con respecto a un mundo “en el que las actividades humanas no hubiesen alterado el clima”.

“Si el cambio climático sigue avanzando, es muy posible que acabemos por tener olas de calor mucho más largas, y que prácticamente nos cubran todo el verano”, concuerda Rodríguez Camino,asegurando que “el cambio climático va a intensificar todo tipo de fenómenos extremos, ya sean olas de calor, precipitaciones intensas, sequías y cualquier otro evento intenso”.

Calor y salud

Conforme aumente la frecuencia e intensidad de las olas de calor, también aumentarán sus impactos sobre la salud. Los efectos del calor sobre el cuerpo humano son diversos, pero, según la investigadora Cristina Linares, del Instituto de Salud Carlos III, el origen suele ser el mismo: “El calor altera el sistema termorregulador que usamos los humanos para disipar calor y mantener la temperatura interna constante a través de la evapotranspiración”.

Cuando el cuerpo no puede evaporar calor, se producen alteraciones bioquímicas con diferentes consecuencias. La más característica es el golpe de calor: La misma causa de muerte de los dos trabajadores de las las carreteras españolas.

Un estudio publicado el pasado 31 de julio en la revista PLOS One definía las olas de calor como un “problema crítico de salud pública”. El artículo, basado en una investigación llevada a cabo en 450 ciudades de 20 países (incluyendo España) a lo largo de 31 años, ha confirmado lo que era un secreto a voces: El calor mata, y cada vez va a matar más. En Colombia, el país que sale peor parado, la mortalidad por altas temperaturas podría llegar a multiplicarse por 20 para finales de siglo si no se reducen de manera drástica las emisiones.

Aurelio Tobías, investigador del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua del CSIC es co-autor del estudio. Para Tobías no hay duda de que durante a mayor temperatura se corresponde un incremento  tanto de la mortalidad como los ingresos hospitalarios. Ambos indicadores aumentan de manera brusca a partir de cierta temperatura, conocida como “temperatura de disparo”, que varía para cada ciudad.

En el peor escenario posible, según el investigador, las muertes asociadas a olas de calor en España podrían dispararse hasta un 290%. Este escenario, explica el investigador, se daría en caso de no controlarse las emisiones de gases de efecto invernadero que provocan el cambio climático, y dándose un crecimiento de la población. Si se cumplen los acuerdos de París, hay adaptación de la población y esta no crece de manera desmesurada, se incrementaría la mortalidad entre alrededor de un 7% para finales 2099.

La única manera, afirma Aurelio Tobías, de desacelerar el aumento de la mortalidad en el futuro, es reducir de manera inmediata de emisiones de gases de invernadero de origen humano.

Y aún así, aunque la situación a nivel global no parece ser halagüeña, sí se están viendo signos de adaptación a nivel individual: “El riesgo individual de fallecer por una ola de calor ha disminuido desde 2003, porque desde entonces se han desarrollado los planes de prevención, la gente está más concienciada y, sobre todo, ha aumentado el uso de aires acondicionados”.

Peligro de muerte

En la carretera no hay aire acondicionado, y eso supone un grave peligro para las personas trabajadoras que desarrollan su labor en condiciones térmicas extremas. “Trabajar descargando camiones o asfaltando carreteras por la tarde en plena una ola de calor te genera un estrés corporal que muchas veces es imposible de asumir”, afirma Cristina Linares.

Los obreros son ya un grupo de riesgo, pero los sindicatos denuncian que no se han puesto en marcha protocolos ni actuaciones que eviten las muertes de trabajadores. El año pasado, tras el fallecimiento del operario en la carretera de Morón de la Frontera, a la que se sumaron otras tres muertes por la misma causa, Comisiones Obreras Andalucía lanzó una campaña para facilitar las denuncias, tras las cuales se recibió, según La Sexta, “un aluvión” de acusaciones afirmando que las medidas preventivas son insuficientes.

Pero no sólo corre riesgo quien está a pleno sol. El calor amenaza, sobre todo, a personas cuyos sistemas termorreguladores puedan estar comprometidos, como los ancianos o las personas con enfermedades crónicas, como las renales, o episodios de enfermedades agudas. La investigadora también advierte de que algunos de los fármacos que a menudo consumen las personas mayores pueden hacer que no noten sed de la misma forma que las personas más jóvenes, lo que puede conllevar deshidratación.

“Desde una diarrea hasta consumir alcohol o drogas pueden suponer un riesgo excepcional durante olas de calor”, explica Cristina Linares.

Las mujeres, afirma la investigadora, también son más susceptibles al calor. “En uno de nuestros estudios hemos visto que las mujeres embarazadas son más proclives a tener partos prematuros en episodios de olas de calor, porque su temperatura basal ya está aumentada”, lo que según la investigadora, puede derivar en hipertensión, la principal causa de parto prematuro.

El calor que no calienta por igual

Y el calor también puede afectar a personas sanas. Sobre todo a los pobres.

“Personas en situación de exclusión social, personas en situación de pobreza energética… Cualquier persona cuya vivienda no esté aislada adecuadamente es mucho más vulnerable,” explica Cristina Linares, añadiendo que estas viviendas “pueden experimentar temperaturas que no permitan ni descansar de noche ni estar a gusto de día”.

Así, el calor afecta más a los barrios más pobres, incluso cuando las temperaturas en estos son, en ocasiones, más bajas. Los materiales de construcción de baja calidad y el menor ajardinamiento son dos de las razones, explica Fernando Allende, doctor en geografía y profesor en la Universidad Autónoma de Madrid.

Además de por edad, género, estado de salud y situación socioeconómica, los límites de la ciudad marcan otro escalón cuando más calor hace. Los urbanitas lo sufren más que los que viven en en el campo.

“En las ciudades hay una asfaltización total de la superficie urbana, recalentando la ciudad mucho más durante el día, y no permitiendo que se enfríe tanto de noche, que es cuando más se notan las olas de calor en las ciudades”, explica Fernando Allende.

Además, afirma el profesor, los núcleos más densos a menudo carecen de aireación. Como una valla de listones, los altos edificios de las ciudades evitan que el viento corra y refrigere las calles. A la zona que queda por debajo de la altura de los tejados se le llama cañón urbano: “En esa zona se produce un calentamiento total, y mucho más cuanto más densamente asfaltadas, o artificializadas”.

“El sur de la Península Ibérica va a sufrir el aumento de calor que supone cambio climático antes que el norte, pero eso no significa que el Cantábrico no vaya a acabar por ser afectado. Llegará un momento dado, en unas cuantas décadas, en la que África va a estar más al norte”, concluye Allende.

No sólo calor

La subida de temperaturas no solo afecta directamente al cuerpo humano, sino que también favorece la aparición de otras enfermedades, como las tropicales. Los parásitos que las transmiten amplían su rango de hábitat gracias a las mayores temperaturas y las lluvias torrenciales.

Esto no es algo que vaya a ocurrir en el futuro, sino que ya está ocurriendo, según Cristina Linares.. “En toda la cuenca del Mediterráneo ya se está viendo la presencia del mosquito de género Anopheles que es uno de los transmisores de enfermedades típicamente subtropicales como la malaria o el dengue. También hay cada vez más casos de la enfermedad de Lyme, que se transmite por garrapatas”.

“También estamos empezando a ver más casos de enfermedades como la salmonella y otras relacionadas con la contaminación de alimentos,” añade la investigadora, añadiendo que otros efectos, como la sequía, agravan alergias y enfermedades respiratorias.

Finalmente, Cristina Linares avisa de que los peligros para la salud no terminan con el verano, sino también con el frío: “El cambio climático no va a subir la temperatura de manera regular y uniforme, sino que va a extremar los picos, y al igual que vemos olas de calor en verano, también vamos a tener más olas de frío, y más intensas en invierno”.

La guardia, por lo tanto, debe seguir alta.

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Santiago Sáez

Santiago Sáez

Periodista especializado en cambio global, con un ojo en el cambio climático y otro en sus causas. Además de para La Marea, escribe en PIQD, Deutsche Welle, Chemistry World y, ocasionalmente, en Mongabay y Atlas Obscura. Antes curraba en la sección de noticias de CNBC. También traduce de vez en cuando.

1 comentario

  1. ArroyoClaro
    ArroyoClaro 21/09/2018, 15:51

    Pues si ha aumentado el uso de aires acondicionados, mal muy mal.
    Y más, sin sensatez, como se puede ver en oficinas, en transporte público y privado, en domicilios particulares ect, que tienes que ponerte la chaqueta en pleno verano.
    Esto es el pez que se muerde la cola.
    REDUCIR, REUTILIZAR, RECICLAR.
    VIVIR CON SENCILLEZ, CONSUMIR PARA CUBRIR LAS NECESIDADES.
    ¿CAPITALISMO?, NO GRACIAS. NOS HA CONDUCIDO A LIMITES AGONICOS AL PLANETA Y A SUS HABITANTES.
    ¿Frío?
    Pues yo recuerdo los inviernos de antaño que aquello si que era frío, heladas, nevadas, de meses.
    Ahora si nieva, es tal la novedad que la gente hace fotos y hielo ya no se ve.
    Hace alguna semana de intenso frío; pero poco más.
    Frío querría yo. Mucho más sano y beneficioso que el calor.

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