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viernes 16 noviembre 2018

crónicas

No son descarriadas, son supervivientes

Descarriadas destapa un suceso que podría ser calificado como crimen de Estado, pero quizá lo más importante de la obra es que nos recuerda que España tiene pasado, pero no memoria.

11 septiembre 2018
11:25
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No son descarriadas, son supervivientes
Luna Paredes protagoniza la obra teatral. Foto cedida por Teatro del Barrio.

Hay algo extraño en el lenguaje: a veces nos resulta excesivo y otras ni siquiera alcanza para contar una realidad. Ocurre con la inexistencia de una palabra que debería nombrar el vacío, el de tener un hijo y perderlo. Una palabra para ocupar un hueco donde antes hubo algo y ahora ya no. Hablo de las mujeres que perdieron a un bebé, de las madres sin hijos, de las que no pueden echar mano del vocabulario para nombrar su orfandad. No existe término alguno -ni apenas un relato- que alcance para narrar cómo es que te arranquen a un hijo de los brazos, que te lo roben para que llore en una cuna que no es la tuya. De esas mujeres -torturadas por monjas y cuyos críos fueron entregados a otras familias- ni tan siquiera tenemos sus nombres.

Descarriadas (Teatro Al Punto) llegó la semana pasada a Teatro del Barrio de la mano de tres mujeres -Paloma Rodera, Luna Paredes y Laila Ripoll- con el objetivo, precisamente, de nombrar. Y también de reconstruir esa memoria histórica que nunca será un relato colectivo sin el testimonio femenino. No lo olviden: en todo hay una cuestión de género. También en el franquismo, donde se implantaron estos reformatorios para menores de edad embarazadas en los que se las maltrataba psicológica y físicamente, donde se las explotaba laboralmente -cosían ropa para El Corte Inglés y otras marcas- y donde les arrebataban el fruto de su vientre. Descarriadas, las llamaban. Supervivientes, decimos ahora.

La Maternidad de Peñagrande, como se conocía en la época, era una institución donde ingresaban menores de edad embarazadas a petición de sus tutores legales: “Al final acababan allí chicas de familias con pocos recursos en las que no podían ocuparse de una hija más, o muchas que desafiaban la moral de la época solo por fumar o vestir de una determinada manera”, explica Luna Paredes. También ingresaban “las de pago”, como explica este reportaje de El Confidencial: jóvenes de clase alta que usaban estos centros para ocultar su embarazo. Estas cárceles veladas comenzaron a funcionar en 1960 y permanecieron activas hasta 1985. “Yo nací en el 87 y no sabía que esto había ocurrido. Lo grave es que sucediese durante nuestra ‘maravillosa’ democracia, que a menudo sirve como ejemplo de lo bien que lo hicimos [en la Transición]”, apunta la directora de la obra Paloma Rodera, quien lleva dando forma a este proyecto desde hace tres años. “Ha quedado totalmente silenciado, como si fuese solo un ‘asunto de mujeres’”, añade Paredes. El centro de Peñagrande podía albergar hasta 600 internas, pero a día de hoy se desconoce cuántas mujeres estuvieron ingresadas en los 25 años en los que la institución estuvo en funcionamiento ni quiénes eran. Muchas de ellas incluso se suicidaron.

La obra -un monólogo teatral interpretado por Luna Paredes y escrito por Laila Ripoll- no emplea una narrativa convencional. Es un concierto de rock ambientado en los ochenta en el que la artista ocupa el escenario para contar una historia incómoda -la suya-, usando como hilo conductor canciones de Janis Joplin y Patti Smith. Afuera, la explosión de libertad; adentro, el letargo de la dictadura. “Era importante hablar de esto en el contexto de los ochenta. No de los sesenta en plena dictadura, sino en democracia”, señala la directora de la obra.

Aunque no es teatro documental -la historia de su protagonista es ficción-, tanto la directora como la intérprete se reunieron con varias mujeres que pasaron por la Maternidad de Peñagrande. “Muchas de ellas han vivido esto, han salido de este lugar, se han casado y han tenido hijos [de nuevo], y su marido e hijos no saben nada de esto porque ellas mismas han querido tapar esa parte de su biografía para poder empezar de nuevo. Conocimos a mujeres de 50 o 60 años que contaban esto por primera vez”, recuerda Paloma Rodera. “Las mujeres que estaban en estos centros no podían hablar las unas con las otras, no podían hacer amigas, no había una red. Y a eso se une que a las mujeres se nos enseña que si te ocurre algo malo, es mejor no contarlo”, dice Luna Paredes. De ahí que la puesta en escena sea un monólogo. Por un lado, para mostrar la soledad a la que se enfrentaron estas mujeres; por otro, porque lo legítimo es que tengan, al fin, su propio espacio dentro de la Historia. Sirva el teatro como herramienta de hacer genealogía, aunque sea desde la ficción.

Con los testimonios recogidos durante meses, la dramaturga Laila Ripoll ha dado forma a un texto en el que la protagonista se cuenta a sí misma en primera persona. “Laila siempre explica que, cuando empezó a escribir la historia, de repente recordó que tuvo una compañera del instituto que desapareció y que siempre estaba el rumor de que se la habían llevado al reformatorio de San Fernando”, apunta Paredes, quien nació tan solo un año después de que el Gobierno cerrase el centro de Peñagrande: “Solo pienso en que esto me podría haber pasado a mí o le podría haber pasado a mi madre. Saber esto nos condiciona como mujeres a día de hoy”, añade.

Descarriadas destapa un suceso que podría ser calificado como crimen de Estado, pero quizá lo más importante de la obra es que nos recuerda que España tiene pasado, pero no memoria. Tres mujeres -Rodera, Paredes y Ripoll- han decidido cuándo y cómo hablar de algo que las atañe a ellas, pero que interpela a todo el conjunto de la sociedad. Si lo personal es político, lo político debería resultarnos personal. Ya no se nos da la palabra, tampoco la tomamos. Nosotras inventamos la palabra. Una que nos sirva para contar nuestra verdad.

 

Ficha técnica

Descarriadas es un monólogo teatral escrito por Laila Ripoll, dirigido por Paloma Rodera e interpretado por Luna Paredes. Con escenografía de Laura Ferrón, arreglos musicales de Irene Maquieira, diseño de iluminación de Sergio Balsera, audiovisuales de Ana Dévora y gestión de Carlos Fapresto, esta producción de Teatro Al Punto Producciones estará cinco días en el Teatro del Barrio. Aquí se puede ver un trailer de la obra: https://youtu.be/4mrxghV8GeM

jueves 6, 13 y 20 de septiembre, 22:30h

domingos 7 y 21 de octubre, 21:30h

Teatro del Barrio

(c/ Zurita, 20, Madrid)

Entradas y más información sobre la obra: https://www.teatrodelbarrio.com/descarriadas/

 

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Noemí López Trujillo

Noemí López Trujillo

Reportera y youtuber frustrada. Autora de 'Volveremos' (Libros del K.O.) y 'Lo conocí en un Corpus' (Podium Podcast). Premio Periodismo Joven sobre Violencia de Género (INJUVE, 2017). Le gustaría escribir como Clarice Lispector o Amélie Nothomb; lamentablemente, solo sabe hacerlo como Noemí.

3 comentarios

  1. Luna Creciente
    Luna Creciente 16/09/2018, 19:02

    Pasado sin memoria, creí que era parte inseparable de nuestros pueblos conolizados y es vital descubrirla en quienes nos colonizaron. Qué marvavilla de propuesta, ojalá por lo menos el texto tan bello, la terrible historia que cuenta, pudiéramos pasarla a otras mujeres y hombres de Ecuador

    Responder a este comentario
  2. ArroyoClaro
    ArroyoClaro 12/09/2018, 20:24

    Cagarse en el dogma. Enésima carta abierta a Willy Toledo
    Por Carlo Frabetti

    No te cagues en los matones cobardes que apalean a la población indefensa, ni en los políticos que los apoyan, ni en los jueces que los absuelven; tus excrementos no merecen tan sucia compañía.

    La denuncia se puso por cagarse en el dogma.

    Polonia Castellanos (AEAC)

    No te cagues en el dogma, querido Willy, es pura redundancia. El dogma es el excremento de la razón, pura caca metafísica, por lo que cagarse en él es tan superfluo como regar el agua.

    No te cagues en quienes te denuncian por cagarte en el dogma, que para cubrirse de mierda se bastan ellos solos.

    No te cagues en vano, querido Willy, no malgastes ni esa mínima fracción de tu energía, que la necesitamos toda. Te necesitamos entero y verdadero junto a nuestras hermanas del Coño Insumiso, en airosa y desafiante procesión continua. Te necesitamos con la República, con las nacientes Repúblicas del Estado español, contra la monarquía bananera impuesta por Franco, contra el Ibex 35, contra la Conferencia Episcopal, contra el régimen del 78, contra los falsos socialistas, contra los verdaderos fascistas, contra el toro de Osborne, contra la España de cerrado y sacristía…

    Responder a este comentario
  3. Chorche
    Chorche 12/09/2018, 13:54

    España tiene pasado; pero no memoria.
    ¡que frase mas acertada!.
    De vivir en Madrid no me perdería la obra.
    “No son tantos como dice la televisión. Quitábamos de media un niño al mes en cada hospital. Procurábamos que fuese a familias distintas, aunque a veces la necesidad del negocio era tal que teníamos que quitarle varios a una misma familia, pero nunca más de dos. Llevábamos listas de a quién se le quitaba y a quién se entregaba.” Este es uno de los testimonios anónimos extraído del informe especial ‘¿Por qué nadie busca a los bebés robados en España?’
    “Hasta ahora -prosigue el informe-, nadie más que sus familiares buscan a estos niños y niñas robados, hoy ya adultos. Ni la Justicia, ni el Gobierno, ni las Comunidades Autónomas, ni el Defensor del Pueblo, ni la Unión Europea, ni la ONU… Ninguna institución los busca, salvo sus allegados, con los escasos medios a su alcance ¿Por qué sucede esto? A muchos de los afectados les parece que tal vez no los quieren encontrar. En ese caso, seguro que la inacción tiene un motivo poco confesable”.
    (Las estimaciones al alza hablan de 300.000 bebés desde 1940 hasta bien entrada la década de los 90)
    http://arainfo.org/bebes-robados-un-negocio-que-surgio-del-franquismo/

    Responder a este comentario

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