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sábado 20 octubre 2018

Opinión

El autor compara el programa electoral de Vox con algunas propuestas de Pablo Casado, nuevo presidente del PP.

23 julio 2018
12:57
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Girar a la derecha desde la derecha tiene un nombre
Pablo Casado Blanco. Foto: Casa de América / Licencia CC BY-NC-ND 2.0

El Partido Popular ha elegido a su nuevo presidente, Pablo Casado, como símbolo de su renovación y de su giro a la derecha. El PP propone olvidarse de la corrupción que ha corroído la organización por dentro durante décadas y plantar cara a la irrupción de Ciudadanos con una vuelta al aznarismo y un programa político que se acerca a posiciones clásicas de la extrema derecha española. ¿Hacia dónde van si no los partidos de derechas que deciden libremente radicalizar sus propuestas? Lejos de tratarse de una acusación infundada propia de un supuesto alarmismo procedente de la izquierda ante cualquier movimiento de regeneración en la derecha, a continuación se plantean los elementos programáticos que nos permiten referirnos al PP de Casado como un movimiento político que se acerca de nuevo a la extrema derecha, ahora sin complejos.

Decía Pablo Casado en su discurso de la victoria, dirigiéndose a Carmen Fraga, hija de Manuel Fraga, ministro de la dictadura franquista y miembro de Falange Española Tradicionalista de la JONS, fundador de Alianza Popular y presidente de honor del Partido Popular hasta su muerte en 2012, “somos herederos de la fundación de tu padre”. Es sintomático que un joven de 37 años que logra la presidencia de un PP renovado cite en su discurso a su fundador franquista. Las primeras palabras del texto que se había preparado hicieron, además, referencia al rey Felipe VI, a la Casa Real y a la lealtad a la Constitución. Sin ser una cuestión novedosa en los posicionamientos de los partidos constitucionalistas, sí que es notable que las primeras palabras como presidente fueran empleadas para reforzar dos de los pilares fundamentales del nacionalismo español: rey y ley, por este orden. 

Pero el giro a la derecha de Casado no debe rastrearse solo en el simbolismo de sus discursos. Sus propuestas ideológicas y sus declaraciones ante la prensa son transparentes y trazan un trayecto de acercamiento ideológico claro hacia la extrema derecha de organizaciones políticas como Vox. Avanzar por la derecha al Partido Popular, como ha pretendido Ciudadanos en el contexto de la crisis catalana, tiene un peligro y es que los populares tienen tanto margen como para regresar a 1978 si hace falta. De momento, una de las propuestas estrella de Casado pasa por trasladar a las españolas a 1985. Su oposición al aborto, bajo lo idea de defender la vida y la familia, es tan desacomplejada como peligrosa para el progreso de España. Casado propone volver a la legislación de los años ochenta para regular el aborto, lo que supondría la suspensión de un derecho social básico adquirido por las mujeres desde 2010. 

Casado toma el relevo de Gallardón que, precisamente, tuvo que dimitir como ministro de Justicia en 2014 por el fracaso de la ley que defendía, que era incluso más restrictiva que la de 1985. Ese PP perdedor y acomplejado de Rajoy es el que no gusta a Casado, máximo representante del aznarismo en la actualidad, de aquel poner los pies encima de la mesita del presidente de los Estados Unidos, si hace falta. La ley del aborto de 1985 (LO 9/1985 artículo 417 bis) prohíbe el aborto excepto en tres supuesto: a) evitar un grave peligro para la vida o la salud física o psíquica de la embarazada mediante un dictamen médico; b) en caso de violación, siempre que haya denuncia, dentro de las doce primeras semanas de embarazo; c) que se presuma que el feto habrá de nacer con graves taras físicas o psíquicas. Este último punto es el que Gallardón pretendía suprimir, conservando los dos primeros supuestos. 

A continuación, se reproduce un fragmento del programa electoral de Vox para las elecciones de 2016 titulado con un ‘Hacer España grande otra vez’, de inspiración trumpiana, que en su punto 80 se refiere al aborto. Su programa incluye dos plazos. Primero, “derogar la Ley Aído estableciendo un escenario asimilable al de la ley de 1985. Para evitar el coladero del riesgo psicológico se establecen tribunales médicos oficiales independientes. Se añaden también restricciones relevantes al concepto de malformación”. Segundo, como objetivo a largo plazo, “alcanzar el aborto 0”. ¿Parecido, verdad? Hay quien objetará que da igual lo que diga o proponga Vox, porque no tiene representación y, en el panorama actual, el Partido Popular necesitaría el apoyo de algún otro partido en el Congreso en caso de recuperarse en las encuestas y ganar las próximas elecciones. Pues bien, aquí unas declaraciones a 13TV del líder de Ciudadanos, Albert Rivera, en 2015: “El aborto no es un derecho, es un fracaso. Hay que regular el fracaso. No es un derecho, sino una excepción, una despenalización en unos supuestos y unos plazos”.

En políticas fiscales, Casado lo tiene claro y no hay ni pizca de diferencia con Vox o Ciudadanos, abrazando de forma acrítica las tesis neoliberales que han zarandeado a menudo la economía mundial en las recientes décadas, especialmente en la última gran crisis financiera. En lo económico, Milton Friedman, el gurú de la desregularización que triunfó en los años ochenta de la mano de Thatcher y Reagan, parece ser el referente de la extrema derecha española contemporánea. Como propuesta estrella, Casado promete una rebaja en el Impuesto de Sociedades y en el IRPF, algo que recoge Vox en su programa con un “Impuestos, los mínimos” y que forma parte de la columna vertebral ideológica del partido de Rivera. Y, por supuesto, la rebaja de impuestos viene acompañada de una planificación en sectores como la educación o la sanidad en que la empresa privada tiene un rol estructural. Precisamente, en educación es donde coinciden de nuevo al mantener la financiación pública a la escuela concertada religiosa, que se recoge en el punto 5 de Contrato con España de Casado. 

La visión del franquismo y de la memoria histórica de Casado se basa en la idea del perdón y la conciliación y, a la práctica, del olvido. “En España no hay que mirar a lo que pasó hace 100 años. Hay que olvidar la etapa tan negra, mejor dicho, no olvidar, aprender de que hubo una reconciliación, una Transición”, explicó el nuevo presidente del PP dubitativo recientemente en una entrevista en La Sexta. No obstante, la cuestión de ETA, según Casado, no es equiparable con el franquismo. “En la derrota de ETA falta esa Transición en la cual se ponga claramente que ahí no hubo ninguna guerra. Ahí lo que hubo son víctimas inocentes que ponían la nuca y asesinos sin escrúpulos de personas indefensas. Entonces, es muy distinto comparar una Guerra Civil con mil víctimas inocentes que fueron asesinadas sencillamente porque unos asesinos querían imponer la ley del terror. Ese relato con vencedores y vencidos hay que hacerlo”. Se deduce de sus palabras que en la Guerra Civil y en la dictadura de Franco nunca hubo “víctimas inocentes que ponían la nunca y asesinos sin escrúpulos de personas indefensas”. 

Las similitudes del discurso de Casado con el punto 207 del programa de VOX son evidentes. “El Estado debe garantizar en los programas de enseñanza, que se conozca la mayor violación de derechos humanos padecida, y en este sentido sobre el terrorismo de ETA dejar claro que no hubo “conflicto armado”, que alcanzó el umbral de crimen contra la humanidad, que su motivación política totalitaria incluía una dimensión xenófoba y étnica (etnicismo cultural excluyente), discriminatoria contra no nacionalistas, y que los actos terroristas y la violencia de persecución ejercida constituyen crímenes de odio”. Por supuesto, en el documento electoral de VOX no hay ni una sola alusión a la Guerra Civil o al franquismo. En el partido naranja, el último gesto de Albert Rivera mofándose de Pablo Iglesias por las lágrimas de este último al referirse a las víctimas de las torturas practicadas por el conocido como Billy el Niño dejan claro cuál es su sensibilidad hacia las víctimas de la dictadura, a la que Rivera ha condenado, siempre bajo la premisa de que hay que mirar hacia adelante. Nada nuevo bajo el sol, pero el PP no solo no ha cortado con su pasado franquista, sino que se declara abiertamente, como hemos visto al inicio, heredero de él. 

Pero donde el acercamiento a la extrema derecha por parte del Partido Popular se hace más evidente es en la cuestión catalana y en la idea de unidad de España. Casado volvió a poner sobre la mesa durante su campaña de las primarias la propuesta de ilegalizar a los partidos que incluyan propuestas contrarias a la Constitución en sus estatutos, en referencia a las organizaciones independentistas catalanas y vascas. “Se puede hacer a través de la Ley de Partidos Políticos, como se hizo con el entorno de Batasuna”, declaró a la prensa. Es en este punto donde el renovado PP de Casado se siente más desacomplejado. En su discurso del día previo a la votación de su elección como presidente, Casado se creció en la tribuna cuando exclamó exaltado: “Quiero representar a los catalanes que vamos a empezar a reconquistar. Esa Tabarnia hipotética va a ser una Tabarnia de verdad, recuperando los constitucionalistas de Barcelona, recuperando Badalona, recuperando Castelldefels, manteniendo Tarragona, yendo a por Hospitalet, para que la mancha de libertad y de igualdad llegue a todas partes, para que se caiga el engaño nacionalista independentista”. 

El uso del término reconquistar no es casual. La España de Casado, Rivera y Vox entiende a los independentistas catalanes, a los independentistas vascos y a los republicanos de izquierdas como infieles de la causa española. Hay que reconquistar, y si hace falta ilegalizar partidos que suman mayorías democráticas en un parlamento, se hace, sin complejos, por España. Punto 175 del programa electoral de VOX, referido a la política antiterrorista pero aplicable a los partidos independentistas: “Promover el respeto al ordenamiento jurídico y la aplicación efectiva de la vigente Ley de Partidos Políticos que permite perseguir por ley a los partidos que buscan deteriorar o destruir el régimen de libertades o imposibilitar o eliminar el sistema democrático”. La coincidencia del renovado PP y Vox en la cuestión es, de nuevo, incuestionable. De hecho, los dos primeros puntos del Contrato de Casado hacen referencia al “desafío nacionalista” y a romper la dependencia de los “partidos nacionalistas”. Esa es la prioridad, ahí es donde el PP sabe que puede recuperarse en las encuestas en una batalla electoral entre Rivera y Casado, con Vox como referencia ideológica, para ver quien es más español de los dos. Y es ahí, en esa pugna por representar la unidad de la patria y la españolidad, y en un contexto en el que las aspiraciones democráticas de Catalunya no van a desaparecer, donde nos espera la tormenta perfecta que va determinar la acción política regresiva en la España de la tercera década del siglo XXI.

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Èric Lluent

Èric Lluent

2 comentarios

  1. Carmen C.
    Carmen C. 06/08/2018, 21:37

    ¿No es este señorito Iván, dueño del cortijo extremeño dónde servían y malvivían Régula y familia, el que amenazó a Puigdemont con ser fusilado como el presidente Companys?
    Azarías ¡te necesitamos, ven!

    Responder a este comentario
  2. Chorche
    Chorche 30/07/2018, 22:18

    Iñaki Gabilondo decía de Aznar que le despertaba lo peor de sí mismo.
    Si el chulo cortijero éste es otro Aznar confío es que nos despertará la rabia a mucha gente y la rabia puede mover montañas.
    Hay muchas ovejas en Españistán, pero tambien mucha juventud que empieza a despertar y que no va a permitir que la manejen.
    Si jo l’estiro fort per aquí
    i tu l’estires fort per allà,
    segur que tomba, tomba, tomba,
    i ens podrem alliberar.

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