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sábado 22 septiembre 2018

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Mi máster está en una carpeta con mil títulos pero no me arrepiento de lo que aprendí

¿Te molesta que Cristina Cifuentes haya obtenido su máster con una ‘ayuda’ que tú no has tenido? En ‘La Marea’ queremos escucharte y darte voz. Estas son algunas historias.

12 abril 2018
10:55
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Mi máster está en una carpeta con mil títulos pero no me arrepiento de lo que aprendí

Puedes mandar tu historia a redaccion@lamarea.com indicando en el asunto del email ‘Mi máster’.

Rocío Liáñez // 2008 no podía haber empezado mejor: me encontraba de prácticas en Italia, experiencia que me regaló las alas que necesitaba para dar forma a mis ganas de hacer cosas en la vida. Había terminado mi carrera en Turismo el verano anterior, y tenía ante mí el abismo del recién titulado. Pero mis 26 años de entonces se me empezaban a hacer cuesta arriba y tomé una decisión: “o me quedo aquí y me busco la vida, o me vuelvo a España y me centro en hacer algo que me abra nuevos y mejores caminos… algo que me haga destacar sobre los demás”, me dije. Por motivos familiares, elegí la segunda opción.

La Universidad de Sevilla abrió entonces la primera edición del prometedor Máster Oficial en Dirección y Planificación del Turismo. Me atrajo el programa y pedí plaza; una vez concedida, y ya en España de vuelta, cerré los ojos y me tiré de cabeza. No contaré nada nuevo si hablo de las muchas horas gastadas en las clases súper intensivas (porque la asistencia, sí… era obligatoria), o en las idas y venidas en tren, o en los infinitos trabajos, estudios o proyectos que debíamos entregar constantemente gracias al querido Plan Bolonia, que tantas promesas nos hizo.

Tampoco desvelaré misterio alguno si cuento los días que pasé en los registros oficiales y en las bibliotecas buscando documentación que apoyara mi TFM, visitando haciendas de olivar y, cómo no, redactando y corrigiendo la investigación. Seis meses muy largos, para después enfrentarme a los lobos durante la defensa. Cómo olvidarlo.

Más tarde, un dineral para poder pedir título y certificado de notas, porque no te dan lo que ya es tuyo si no sigues pagando. Pero qué satisfacción indescriptible cuando por fin te cierran el expediente y abres de par en par las puertas a tu futuro, un año y medio más tarde.

Yo fui otra de las víctimas de los Préstamos Renta Universidad, que nos pintaron con unas condiciones tan ventajosas que prácticamente parecían una beca. Agobiada por los gastos y por la falta de tiempo para trabajar (cosa que sí había hecho anteriormente), caí en la trampa junto con mis compañeros. Casi han pasado los diez años de carencia, el máximo contemplado, y ya empiezo a oler a las hienas.

Me pilló la crisis de lleno. Emigré a Madrid con una beca de investigación, así que los inicios fueron prometedores. Allí pasé los siguientes siete años (con un período intercalado en Reino Unido), yendo de mal en peor: con trabajos precarios, a media jornada o que nada tenían que ver con mi titulación. Me di cuenta entonces de que ni el Turismo es tan apreciado en España (es un campo víctima del intrusismo consentido), ni las administraciones quieren a personas bien formadas, sino que otorgan los puestos a dedo. Varias veces pude verlo con mis propios ojos.

Actualmente, a pesar de que mi máster no sea más que un papel en una carpeta junto con mis otros mil títulos, y aunque esté desempleada, como muchos de los de mi generación; no me arrepiento de todo lo que aprendí y de todo lo que sigo aprendiendo. La señora Cifuentes ha insultado mi inteligencia, mi esfuerzo y ha ensuciado mis ganas de seguir luchando por una vida mejor. Ella no tiene ni idea de lo que es trabajar duro para lograr unos méritos, cuando no tienes nada. Probablemente nunca se ha sentido asfixiada por la falta de recursos, ni de tiempo para compaginarlo todo, ni los bancos irán detrás de ella. No, no ha perdido un solo segundo de su vida en trazar su camino de la mejor forma que ha sabido y podido. Porque en este país se premia, con vergonzosa frecuencia, el peloteo, la malicia, la capacidad de mentir y de aparentar. Se aplaude al vago, y no existe la buena suerte: esa es propiedad de los mismos desde que nacen hasta que mueren. Y los demás… nos pasamos la vida intentando construir un futuro que, a veces, se nos antoja demasiado oscuro.

Casos como el de Cifuentes me hacen recordar aquella canción que decía “la he cagao, la he cagao, no tenía que haber estudiao…”. Ánimo y paciencia.

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2 comentarios

  1. Manuel Madrid
    Manuel Madrid 16/04/2018, 16:15

    Pocos se dan cuenta del daño que hace el caso Cifuentes. Payasos y mentirosos poniendose masteres y doctorados los ha habido a montones, pero ninguno como ella. Estos se desprestigian personalmente, pero la Cifuentes ha conseguido minar el prestigio del sistema educativo superior español.

    Responder a este comentario
  2. rojozamorano
    rojozamorano 15/04/2018, 13:31

    Muy buen articulo Rocio aunque cono dice la biblia es predicar en el desierto ya aue los cotantes de los podridos, cuñadanos y cal viva, ademas de ser unos descerebrados son holigans de estos partidos por mucho que les meen en la cara ellos siguen diciendo que esta lloviendo.Tenemos lo que nos merecemos y no aprendemos.

    Responder a este comentario

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