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La energía que mueve el mundo

“En un ejercicio de sororidad, estamos dando pasos para trabajar juntas bajo el paraguas de un nombre clarificador: ‘Género y energía'”, explica Carmen Ibarlucea.

02 febrero 2018
10:39
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La energía que mueve el mundo
Sistema fotovoltáico de la Universidad Internacional de Florida. Foto: Stefano Paltera / CC BY-ND 2.0.

Carmen Ibarlucea* // De unos años a esta parte, hay un consenso mundial sobre el importante papel de las mujeres como sostén de la vida económica de sus comunidades, lo que no hace que en líneas generales mejore nuestra situación o nuestro estatus social. Pero ni este reconocimiento de nuestro papel como agentes de la economía en su sentido original (administración de una casa o familia), que en la actualidad se entiende como “producción, distribución y consumo de bienes y servicios para satisfacer las necesidades humanas”, ni lograr que por fin se reconozca que las mujeres nos hemos encargado del cuidado los últimos 5.000 años (o más), ha dado los frutos esperados. Al contrario, es una verdad silenciada debido básicamente a que los humanos somos unos animales tan estúpidos que se nos olvida que somos organismos vivos, imbricados en una biosfera de delicado y frágil equilibrio.

Sin embargo, en las mentes que han crecido en un sistema productivista de usar y tirar, se va abriendo paso la idea de que nos está pasando una factura y no estamos preparadas para pagar su alto coste: el calentamiento global. Y aquí tenemos un binomio que aún no sabemos manejar: género y energía.

El uso de la energía ha estado presente desde los inicios de la vida humana. El empleo del fuego, la fuerza del agua y la tracción han sido claves para nuestra supervivencia. En el último siglo la energía se convirtió en un factor de bienestar, proporcionándonos a quienes hemos tenido acceso a ella (una minoría en el planeta) una vida de confort que la aristocracia de otras épocas no podía ni imaginar. Esas maravillosas bombas de agua que nos proporcionan agua corriente al instante a millones de personas a la vez, el entretenimiento a la carta y tantas pequeñas cosas.

Tener o no tener acceso a la energía se ha convertido en un indicador de pobreza, y hablar de pobreza a día de hoy, es sobre todo hablar de pobreza en clave de género y energía. Si lo miramos en un caso extremo, por ejemplo en la República Democrática del Congo, encontramos que solo un 8% de las escuelas primarias tiene acceso a energía eléctrica. Un país que tiene una población de más de 75 millones de personas, de las cuales el 43% es menor de 14 años, y una tasa de analfabetismo del 44% en mujeres y el 19% en hombres. A veces los números nos ayudan a ver en el bosque y un caso extremo desvela con claridad que la discriminación por género y la pobreza energética se dan la mano.

La energía es algo tan determinante en nuestras vidas que preocuparse de quién, cómo y por qué tiene o no acceso a ella, no es desde luego una cuestión secundaria.

En Europa los Fondos de Inversión para el Clima (CIF, por sus siglas en inglés) se subdividen en dos líneas de trabajo con objetivos diferenciados: Fondo de Tecnología Limpia (CTF) y el Fondo Estratégico para el Clima (SCF), dos objetivos complementarios e imprescindibles como son invertir en el cambio tecnológico y mejorar las condiciones financieras para llevarlo a cabo, ya que aunque la urgencia por detener el cambio climático debería ser incentivo suficiente, nos encontramos en la tesitura de tener que demostrar la viabilidad económica y social de las energías renovables. Y nos aplicamos a la tarea con pasión sin importar el género o el sexo… ¿O sí importa?

En esta nueva vía de trabajo de consumo y activismo, el papel de las mujeres es clave, y sin embargo no se nos ve. Volvemos a repetir los esquemas patriarcales de siempre: las mujeres en la base y como pilar fundamental, pero sin el reconocimiento social de su buen hacer.

Tomemos el caso del valle leonés de Laciana y la respuesta emprendedora de las mujeres ante el cierre de las minas de carbón. “Apostamos por el desarrollo del turismo rural, por proyectos agrícolas, como el cultivo de setas en bocamina, y por todo lo relacionado con el medio ambiente, porque nos hemos dado cuenta de que esa es la solución para todo”, explica Eloina Camiña, natural de esa zona.

En la misma línea, y afrontando el mismo problema desde Alcañiz (Teruel), Sofía Serrano explica que “Los propios mineros no han buscado una alternativa a la mina, aunque las mujeres sí estamos buscando nuevos proyectos empresariales que sean el sustituto a un sector que tiene los días contados”.

Las mujeres estamos listas para dar todos los pasos a la vez; para salvar y salvarnos. Trabajar a favor de la vida, defendiendo nuestra dignidad, sin quedar relegadas ni silenciadas. Y en un ejercicio de sororidad, estamos dando pasos para trabajar juntas bajo el paraguas de un nombre clarificador: ‘Género y energía’. Nuestro primer encuentro tiene lugar en Bilbao los días 2, 3 y 4 de febrero.

*Carmen Ibarlucea es activista del Movimiento Ibérico Antinuclear.

Más información sobre el Primer Encuentro de Mujeres sobre Género y Energía (Bilbao) aquí.

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1 comentario

  1. Carmen C.
    Carmen C. 03/02/2018, 13:24

    He aquí el feminismo de valores, dignidad, coraje, llevado a la práctica:
    Carmen Ibarlucea, la autora del artículo, las mujeres del Valle de Laciana, las mujeres de la minería de Alcañiz, así, con éstos vuestros actos, se hace y se defiende el feminismo.
    Mil gracias compañeras por vuestra lucha por la igualdad en todos los ámbitos, por un mundo más saludable, armónico y justo, por vuestro ejemplo.

    Responder a este comentario

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