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domingo 24 septiembre 2017

Política

Charo González: “No puedo entender que se tenga tanto miedo a unas urnas”

A esta abogada asturiana, más que el enfrentamiento sobre Cataluña, le preocupa que dentro de diez años se siga hablando de ello como algo irresoluble.

09 septiembre 2017
23:08
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Charo González: “No puedo entender que se tenga tanto miedo a unas urnas”
La abogada asturiana Charo González. P. S.

Esta entrevista está incluida en el dossier #Yotambién quiero un referéndum para Cataluña, en #LaMarea52. Puedes comprar la revista en kioscos y en nuestra tienda online. Suscripciones anuales desde 22,50 euros.

Pese a haber vivido en México desde 2004 hasta 2016, el Estatut catalán y el procés han estado tan presentes en la vida de Charo González Arias como en el resto de la ciudadanía española y catalana en el último periodo. “Allí se lee mucho la prensa española y como esta ha presentado la cuestión independentista con un fervor inusitado, dedicando portadas y portadas, la gente nos preguntaba continuamente a los españoles por lo que estaba pasando. Gastábamos bromas sobre el Estatut porque parecía el monotema”, cuenta con su habitual buen humor y sarcasmo.

Reconocida en Asturias por su trabajo como abogada del movimiento de insumisos ante el servicio militar obligatorio –fue la letrada del filósofo y sociólogo César Rendueles, cuyos padres se autoinculparon en el juicio–, también consiguió llevar ante los tribunales a funcionarios de la prisión de Villabona por abusos a los presos o al entonces alcalde de Oviedo y actual delegado del Gobierno, Gabino de Lorenzo, por malversación de fondos públicos. Tras años litigando casos vinculados también con la violencia machista, el ecologismo y las políticas de extranjería, decidió aparcar la toga y dedicarse a la docencia. A ella lleva dedicada desde 2004, cuando empezó a impartir clases de derechos humanos, sociología jurídica y antropología, entre otras disciplinas, en la mexicana Universidad Autónoma de Querétaro. En este nuevo curso se incorpora como docente a la Facultad de Derecho de la Universidad de Oviedo.

¿Qué opinión tiene sobre el procés independentista y sobre el referéndum anunciado para el 1 de octubre?

Desde las posturas autollamadas democráticas siempre se ha planteado que los pueblos con aspiraciones independentistas tenían que seguir las vías institucionales. Lo que me sorprende es ese doble estándar por el que cuando parte del pueblo catalán decide seguir esta vía pautada en el marco constitucional, se les echen encima llamándoles de todo. Si fuese un juego entre niños de cinco años, dirían que les están haciendo trampas al cambiar las reglas en medio del juego. Es de una incoherencia escandalosa. No puedo entender que se tenga tanto miedo a unas urnas, a pedir la opinión de la gente. Pero a título personal, soy internacionalista, ciudadana del mundo y no considero que la solución pase por crear más fronteras. Todo lo contrario.

En la medida de mis posibilidades trato de derribar las fronteras políticas, administrativas y discursivas que está creando esta Europa fortaleza. Pero creo que hay procesos –más que políticos, culturales– que llevan a un pueblo a querer decidir su forma de organización. Y es incuestionable que tienen ese derecho, como se aprobó en 1966 por el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y el consecuente derecho de los pueblos a la autodeterminación. Sin embargo, yo creo que lo que hay que hacer es crear alianzas entre los pueblos, no más segregaciones territoriales, más pasaportes, visados y todo lo que conlleva crear un nuevo Estado. Pero claro, mi vía es totalmente ingenua.

¿Cuál es esa vía?

Territorios y pueblos sin Estados, con fronteras porosas o las que marque la orografía del paisaje. Las fronteras son jerárquicas siempre, nunca son inocentes. Las fronteras son para cerrarse a las personas y abrirse a los capitales. Y como creo que todas las personas somos iguales no puedo defender una herramienta de estratificación social. Además hay un artículo en la Declaración Universal de los Derechos Humanos que, desde 1948, reconoce el derecho de todas las personas a circular libremente y decidir el lugar donde queremos residir. Y levantar más fronteras supone poner más trabas a la movilidad, a la trashumancia, al nomadismo. Sé que es utópico, pero no descabellado. Eso sí, como asturiana me es absolutamente indiferente lo que decidan en Cataluña y solo me queda respetarlo siguiendo lo que recordaba Foucault: la indignidad de hablar en nombre de los otros. No puedo hablar en nombre de su gente o de la de Azerbaiyán.

Como jurista, ¿considera que se está gestionando correctamente el referéndum para que tenga legitimidad?

Son decisiones políticas y, a veces, el derecho no da soluciones a problemáticas de tanta envergadura como esta. No es una locura que se les haya ocurrido de un día para otro, llevan muchos años con esta ansias independentistas. Pero también creo que desde Cataluña están echando un pulso al Estado español, forzando para ver hasta dónde pueden mover las fichas de ajedrez para que el escenario político avance. Porque llevamos mucho tiempo en una situación de estancamiento. Y entiendo que estos señores de la política catalana –y digo señores, con toda la intención– lo tendrán todo bien calculado. Algo van a ganar, eso es seguro.

¿Por qué dice “señores” con toda la intención?

Tal y como lo están vendiendo los medios de comunicación parece una cuestión de puro macho alfa, de paisanos de la vieja política, de los de siempre. Y estoy hablando de los dos lados. Pero me pregunto: ¿será esto lo más importante que tenemos entre manos? A mí me preocupan más las violencias machistas, la pobreza, la cuestión migratoria… Pero al final los catalanes han conseguido que su tema esté entre los primeros de la agenda política.

De celebrarse el referéndum, ¿quiénes cree que deberían poder votar?

Toda persona que reside en un territorio debería tener derecho a votar y participar en las decisiones que van a afectarle. No pondría más requisito que ese. Pero no va a ser así. A las personas que no tengan permiso de residencia no se lo van a permitir porque no se les reconoce la ciudadanía, tampoco a las personas que estén viviendo allí de manera temporal… Eso es lo que me preocupa de los nacionalismos: la búsqueda de linajes, de cuántas generaciones pasadas tienes, cuántos apellidos catalanes… Y eso, además de darme pereza, es muy peligroso.

¿Habla de esta cuestión con sus amistades catalanas?

No, lo evito porque aprecio mucho su amistad y se me hace muy complicado… Me parece una cuestión que solo les atañe a ellas y prefiero no tocarlo porque creo que en Cataluña el tema es bastante controvertido.

¿Ha percibido un cambio en la sociedad española con respecto a Cataluña a raíz del crecimiento del independentismo?

Hay una parte de la sociedad española que es muy conservadora, de derechas y que defiende otro tipo de nacionalismo, el español, el del España: una, grande y libre. Y que a estas alturas es profundamente catalanófoba. Pero las posturas muy polarizadas también generan oposición por el otro lado, por lo que entiendo que hay otra España que habrá entendido el proceso independentista que lleva años trazándose. El problema es que esta polarización está dejando sin espacio a las posturas más ambiguas y eso nunca es bueno. Falta diálogo y no veo la manera en la que puedan sentarse para consensuar un procedimiento porque, por una parte están los que dicen que van a seguir adelante sin matices, y por otra los que les llaman delincuentes y terroristas por querer poner unas urnas. Es ridículo y así están consiguiendo que los que defienden este proceso de autodeterminación sean vistos por mucha gente como víctimas, lo que les reporta más apoyo.

¿A quiénes benefician estos nacionalismos?

En el lado catalán, a quienes llegasen a gobernar ese hipotético nuevo Estado y a las oligarquías económicas. Y en el español, a los que están aprovechando este globo sonda para argumentar su ideario de ese patriotismo viejo y conocido. A los políticos les beneficia tener un enemigo –al que dibujan como perturbador y terrorífico–, frente al que definirse y presentarse como los salvadores, imbuidos de un halo de bonhomía. Por eso, todo esto les está viniendo muy bien.

¿Le preocupa cómo pueda acabar este enfrentamiento?

No, lo que me preocupa es que dentro de diez años sigamos hablando de esta cuestión como algo irresoluble. Porque hay tantas cuestiones que atender, como el aumento de la pobreza, la cuestión medioambiental, el machismo, la educación, la cuestión migratoria…

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Patricia Simón

Patricia Simón

3 comentarios

  1. Ciutadana
    Ciutadana 10/09/2017, 19:46

    Como siempre se repite el mismo mantra. Las ganas de independencia no solo son de la derecha, y por desgracia la izquierda catalana (comuns y otros) no se dan cuenta que por primera vez hay en Catalunya una mayoria de izquierdas y se podría elaborar una constitución y un estado de derecho más justo y solidario. El estado español no tiene remedio y nosotros si podemos cambiar el nuestro.

    Responder a este comentario
  2. Benicadell
    Benicadell 10/09/2017, 09:56

    La derecha siempre gana. Entre derecha española y derecha catalana anda el juego.

    Responder a este comentario
    • Chorche
      Chorche 10/09/2017, 22:13

      Yo pienso que es cuestión de liberarse de yugos.
      Ahora toca el de la España francofascista y caciquil.
      Creo que luego le tocará el turno al yugo del capital.
      Creo que el pueblo despierto de Catalunya lo hará así.
      Paso a paso,
      golpe a golpe, verso a verso…

      Responder a este comentario

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