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viernes 23 febrero 2018

Política

Joan Coma: “A mí me han cogido por independentista”

El concejal de la plataforma Capgirem Vic, vinculada a la CUP, se ha sentado en la Audiencia Nacional acusado de incitar a la sedición.
El fiscal le preguntó repetidamente por la frase: “Nosotros hemos dicho que para hacer la tortilla habrá que romper los huevos…”.

14 marzo 2017
18:26
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Joan Coma: “A mí me han cogido por independentista”
El concejal Joan Coma, en la plaza mayor de Vic. SARAI RUA

Esta entrevista está incluida en #LaMarea47, un monográfico sobre la libertad de expresión que puedes descargar en PDF por 1,90 euros.

Estaba duchando a sus hijos cuando sonó el teléfono. Era domingo por la noche, pero una periodista quería contrastar la información que había leído en otro medio digital ese mismo 13 de marzo de 2016. Así se enteró Joan Coma de que la Fiscalía de la Audiencia Nacional solicitaba que se le imputase un delito de incitación a la “sedición” por unas palabras que había proferido tres meses antes en el pleno municipal de Vic (Barcelona). En aquella sesión se debatía una moción de apoyo a la resolución soberanista del Parlamento catalán del 9 de noviembre de 2015, que acababa de ser anulada por el Tribunal Constitucional.En ese momento, este concejal de la plataforma Capgirem Vic, vinculada a la CUP, no sabía “exactamente” qué era el delito de sedición. Pero sonaba fuerte. El artículo 544 del Código Penal lo define como “el alzamiento público y tumultuario para impedir, por la fuerza o fuera de las vías legales, la aplicación de las leyes o el cumplimiento de sus acuerdos, o de las resoluciones administrativas o judiciales”. En el mejor de los casos lo castiga con dos años y medio de prisión.

La resolución del 9-N, que instaba al Govern a “desconectar” del Estado español y acatar solo las leyes emanadas del Parlament, había salido adelante con los votos de Junts pel Sí y la CUP. Sin embargo, días después, en pleno debate sobre la investidura de Artur Mas, la primera formación la calificó de “papel mojado”.  En ese contexto, Coma aclaró en Vic que la CUP sí se la tomaba “muy en serio”. A continuación añadió: “Dejemos de supeditar las decisiones de nuestras instituciones a las decisiones de las instituciones españolas, en particular a las decisiones del Tribunal Constitucional, que consideramos falto de legitimidad y competencia. Desobediencia, venimos tiempo también reclamándolo”, dijo en el pleno. Y, finalmente, pronunció la frase que parecía obsesionar al fiscal Vicente González Mota durante su interrogatorio en la Audiencia Nacional: “Nosotros hemos dicho que para hacer la tortilla habrá que romper los huevos…”. La expresión es bastante común en catalán, pero los huevos se prestan a demasiados juegos lingüísticos en los idiomas ibéricos. Se dio a entender que “romper los huevos” era una invitación a usar la violencia, pero “no fue así en absoluto, solo era una metáfora. Siempre he sido un antimilitarista y en mi vida he roto un plato. Lo que quería decir es que habría que recurrir a la desobediencia civil para convocar un referéndum sobre autodeterminación, si el Gobierno central no lo autorizaba”, insiste Coma en la cafetería del Casino de Vic, el mismo lugar al que acudió justo después de conocer la noticia para compartirla con  compañeros de la CUP.

Es febrero y aún se le nota el catarro que pilló en la furgoneta de la Guardia Civil que le llevó desde Sant Andreu de la Barca hasta Madrid para que declarase en la Audiencia Nacional el pasado 28 de diciembre, después de que se negara a hacerlo en octubre. “La primera pregunta que me ha hecho el fiscal ha sido que si para romper un huevo y hacer la tortilla hay que hacer fuerza. No, no era ni es una inocentada”, escribió Coma ese día en su cuenta de Twitter. Había acordado con su abogado, el diputado de la CUP Benet Salellas, que no respondería al juez Ismael Moreno con un sí o un no. En su lugar, aprovecharía la ocasión para explicar su proyecto político. Así, por ejemplo, no contestaría qué pensaba de la Constitución española, sino que expresaría su deseo de tener una catalana. Las múltiples preguntas sobre recetas culinarias y metáforas le desconcertaron.         

Varias personas interrumpen la entrevista para saludarle y le preguntan por la familia. “No viviría en ningún otro sitio”, había dicho poco antes en la plaza mayor de esta ciudad, de 42.000 habitantes, en la que nació hace 35 años y en cuyos edificios cuelgan numerosas banderas esteladas. La responsable del bar parece conocer la historia de la furgoneta porque hace una referencia al respecto. “Era muy incómoda, sobre todo para un viaje tan largo, y la letrina olía fatal. Se olvidaron de poner la calefacción en la parte de atrás –donde viajaba solo– durante las dos primeras horas, hasta que paramos y se lo dije. En seguida se disculparon”, recuerda.

Desobediencia civil no violenta

Este sociólogo describe con interés científico su experiencia de vivir en primera persona “cómo funciona el poder y cómo se escenifica”. Tras declarar ante el juez, volvieron a meterle en el calabozo y se quedó dormido. Al despertar, seguía encerrado. “Para un trámite que no suponía más de 10 minutos, me tuvieron más de dos horas esperando, y ahí sí consiguieron ponerme nervioso. Luego entendí que se trataba de una performance del poder, había como mínimo 15 policías conmigo mientras subía la rampa de los sótanos de la Audiencia Nacional”. En la puerta estaba su gente esperándole. “A mí me cogen por independentista, pero en el fondo lo que estábamos reivindicando en el pleno era la desobediencia civil no violenta. Las interlocutorias de mi caso, u otros como los de Berga o de Badalona, se refieren a independentistas. Pero si cambias las palabras, ves que ahí cabe todo el mundo, podrían referirse a cualquier movimiento social. Por tanto, son una clara amenaza contra toda forma de expresión política que intente cuestionar el statu quo, las estructuras de poder”, compara Coma.

Desde que se supo que podrían detenerlo en cualquier momento para conducirlo a Madrid, se organizó un grupo de apoyo con personas de confianza que hacían turnos para que siempre estuviera acompañado. Era importante que sus hijos, Lluc, de cinco años, y Joana, de dos, no se asustaran si los mossos iban a buscarle mientras su madre estaba trabajando. “Estoy muy agradecido, pero es cierto que dificulta tu vida cotidiana. Cuando estaba con mi compañera, sí nos dejaban a solas”, bromea.

El nacimiento de Lluc fue definitivo para que se implicara en política. En el hospital, una enfermera exclamó que al fin nacía “uno de aquí”. “’¿Qué quieres decir?’, le pregunté. Y sus explicaciones aún fueron peor. Es que ahora nacen tantos que…”. Poco después, Coma se unió a la asociación antirracista y antifascista Unitat contra el feixisme. Precisamente, la denuncia contra él la interpuso Josep Anglada, edil en Vic de Plataforma Vigatana y conocido por fundar el partido ultraderechista y xenófobo Plataforma per Catalunya.

Durante todo este tiempo, este activista dice no haber sentido miedo: “No me hace ninguna gracia lo que ha pasado, pero entiendo que, por mucho que sea una persona a la que se ha denunciado, lo que se está persiguiendo es a un colectivo. También soy consciente de que estar en un movimiento como el independentista, que hoy goza de cierta hegemonía, al menos en Cataluña, hace que tenga muchas muestras de apoyo. Son merecidas, pero también lo serían por muchos otros compañeros y movimientos sociales que sufren la represión y no las reciben”.

Aun así, hay cosas que sí le han hecho daño, como que le esposaran o que le quitaran las gafas, sin las cuales le costaba leer los papeles que le ponían por delante. Al rememorarlo, se le empaña la mirada: “Tú estás defendiendo unas ideas políticas, las que has tenido toda la vida. Y te duele que, en una supuesta democracia como la actual, se tenga que pasar por aquí por expresarlas”.

Es difícil que esos principios vayan a cambiar. El proceso judicial ha hecho que se reafirmara en ellos, aunque dice que ahora se siente “más autodeterminista que independentista. Lo importante es que se pueda expresar la población de Cataluña. Y recuerda que todas las encuestas estiman que el 80% de sus habitantes está a favor del denominado derecho a decidir”. El pleno de Vic aprobó la moción de apoyo al 9-N, como muchos otros ayuntamientos catalanes, contra los que la Fiscalía de la Audiencia Nacional también ha planteado causas por sedición. Varias de ellas ya han sido archivadas.

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Magda Bandera

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