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sábado 26 mayo 2018

Opinión

La ‘todología’, la ciencia de moda

“Los todólogos han invadido los medios periodísticos y cada día es más difícil encontrar espacios de reflexión que sirvan para mejorar la percepción del ciudadano sobre temas trascendentales”, reflexiona el autor.

13 febrero 2017
11:51
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La ‘todología’, la ciencia de moda
Un grafiti de Aylan Kurdi en el puerto alemán de Fráncfort recuerda la tragedia del niño fallecido en el Egeo. ARNE DEDERT

La palabra todología no existe en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española aunque sí la definición de todólogo o todóloga: “Persona que cree saber y dominar varias especialidades”. Quizá los clásicos griegos o romanos utilizasen esta palabra extra oficial para definir a personas que tenían una gran inteligencia y acaparaban grandes conocimientos en diferentes materias.

El abogado, político, escritor y filósofo mexicano, José Vasconcelos Calderón escribió en los años cincuenta un libro llamado Todología. Con la palabra todología, el intelectual mexicano designaba “los caminos que conducen a la armonía del saber total, que son el estudio de la filosofía, la teología, la ética y la estética”.

Leo en Google algunas otras definiciones sobre todólogo: “Persona que tiene una buena gama de habilidades”. O una más ambiciosa que parece imposible: “El arte del conocimiento de todas las cosas y dominio de todas las habilidades”. Sin que suene a despectivo, un todólogo también podría ser “alguien que sabe y hace de todo un poco”, un auténtico “manitas”.

Me cuentan que la primera persona que utilizó la palabra todólogo aplicado al periodismo, fue el excelente periodista Karlos Zurutuza, premio Rikardo Arregi por su cobertura en Libia e Iraq, un pura sangre que huye del protagonismo y se ha especializado en documentar historias de grupos étnicos como los baluches, los bereberes o los amazighs, los kurdos o las minorías religiosas como los sufíes.

Otro periodista que le encanta reflexionar sobre los todólogos es Andoni Lubaki. “Todólogo es aquel que lo sabe todo. Puede escribir sobre el conflicto en Iraq o debatir sobre la subida de impuestos en la electricidad. También sabe de seguridad informática, programación de inteligencia artificial y su relación con la industria de armas y verduras importadas”, ironiza este fantástico fotógrafo ganador de los premios Chris Hondros Memorial Award en 2013 o Picture of the Year “Breaking News” 2014. Lubaki asegura que el hábitat natural del todólogo es la televisión aunque también resalta en la radio y la red. “El todólogo odia viajar. No lo necesita ya que sabe exactamente qué es lo que va a pasar antes de que tú lo veas”, remata.

Durante más de tres décadas de experiencia profesional me he negado sistemáticamente a escribir sobre conflictos o situaciones que no conozco personalmente. Ni siquiera me he atrevido a hablar de lugares que no visitaba desde hacía algunos años aunque tuviera mucha información a partir de lecturas de reportajes, crónicas o libros. Al faltarme esa impresión de primera mano, que para mí es esencial, consideraba que podía errar en mi valoración o interpretación.

No quiero decir que una persona no pueda reflexionar sobre lo que ocurre a miles de kilómetros. Hay analistas, profesores universitarios, periodistas de investigación que hace grandes trabajos aunque no hayan pisado jamás el lugar de los hechos. Pero se han tomado en serio su labor y han presentado informes magníficos, a veces meses o años después de iniciar su acercamiento al tema.

Creo que el verdadero analista es aquel que conoce en profundidad el tema que hay que tratar y pugna por hacer un esfuerzo didáctico y de síntesis que permita un mejor entendimiento a los que leen, ven o escuchan. Por desgracia, lo contrario de lo que ocurre habitualmente en los medios de comunicación en una época tan bulliciosa que sepulta la más mínima reflexión.

Los todólogos han invadido los medios periodísticos y cada día es más difícil encontrar espacios de reflexión que sirvan para mejorar la percepción del ciudadano sobre temas trascendentales. El ruido y la furia emergen con la fuerza de un tsunami y silencian cualquier intento de profundización. Hay que ir al grano en busca de la fricción permanente o quedar engullido por el griterío. En debates de asombrosa futilidad las frases inconclusas quedan varadas en un cementerio de intentos en vano por contar lo que pocas personas quieren escuchar.

Destripen debates, analicen los comentarios más sonados y sentirán el triunfo de la vacuidad y el vértigo del absurdo. El dislate llega al extremo de que el más educado es arrollado por los especialistas del ensordecimiento.

Los todólogos no tienen límites. Viven de la incidencia de sus opiniones y asumen que la arrogancia y la prepotencia son más efectivas que la reflexión y la educación. Patentan los comentarios más desafortunados porque viven de ellos. La petulancia, la refriega permanente y el engreimiento producen mejores dividendos, incluso económicos.

Los todólogos uniforman las temáticas. Uno para todos. Todos para uno. Si la moda impone hablar de las interioridades de Podemos, los todólogos se comportarán como una unidad militarizada perfecta en el engranaje de la industria mediática. Pocos se atreverán a obviar la temática como si temiesen ser sancionados.

Igual pasa con historias dolorosas. Hace un año y medio la tragedia de Aylan Kurdi, el niño de tres años ahogado en el Egeo, se convirtió en la mayor orgía declarativa de los últimos años. Lo dije en la conferencia de inicio de curso que di el 7 de octubre de 2015 en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla, pero lo repito aquí: “Centenares de tertulianos de televisión y radio, decenas de columnistas, llenaron horas y páginas con sus impresiones, un concurso de ingenio literario, prosa sensiblera y compadreo sobre el dolor ajeno, un obsceno mercadeo de postales cínicas e hipócritas. Hubiese sido más valiente mantener el silencio cuando se desconoce lo que es la guerra y sus dramas cotidianos”.

Asistimos a un escenario curioso: todólogos de toda la vida, especializados en propagar aquellos temas que los jefes supremos ordenan, capaces de escribir al dictado, encasillando eslóganes sectarios entre palabrería fugaz, se permiten el lujo de aleccionar sobre la trascendencia del periodismo tras haber ejercido de sumisos y pasivos antes desmadres muchos más graves realizados por sus partidos, sus empresarios o sus banqueros favoritos.

La todología empieza a afectar en el periodismo español a personas con gran talento que parecen perseguir un puesto de honor en el olimpo de los todólogos. Que escudriñan la realidad con visos de oportunismo sin darse cuenta de que ejercer la todología es el camino más fácil para estrellarse aunque pueda confundirse temporalmente con el estrellato.

¿Dónde me puedo matricular de Todología? ¿En qué universidad se estudia? ¿Tiene muchas salidas profesionales? ¿Planteamos una campaña Apadrina un todólogo (idea de Andoni Lubaki)?

Podrían ser preguntas de potenciales estudiantes. ¿Se las respondemos? ¿Le aseguramos que la charlatanería ofrece más salidas laborales que el periodismo? ¿O simplemente ignoramos que la todología es la ciencia de moda?

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Gervasio Sánchez

Gervasio Sánchez

Periodista y fotógrafo. Ha cubierto buena parte de los conflictos bélicos de América Latina, el Golfo Pérsico y la ex Yugoslavia, además de otras zonas en guerra de Asia y África. Ha sido galardonado con los premios Nacional de Fotografía, Cirilo Rodríguez, Ortega y Gasset y Rey de España, entre otro. Colabora desde hace tres décadas con Heraldo de Aragón y con la Cadena Ser.

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