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miércoles 20 septiembre 2017

Sociedad

Berlín: la ‘gentrificación’ que asfixia proyectos sociales

La falta de alquiler asequible en la capital alemana favorece la especulación.
Varios proyectos sociales se están viendo amenazados por la compra de bloques enteros por parte de las inmobiliarias.

25 noviembre 2016
23:19
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Berlín: la ‘gentrificación’ que asfixia proyectos sociales
El edificio situado en la calle Riggaer, 94 de la capital alemana muestra carteles de protesta contra la especulación. / LAURA CRUZ

Hace ya tiempo que encontrar casa en Berlín se ha convertido en una ardua tarea debido a la excesiva demanda, sobre todo en ciertos distritos. Esto hace que los precios se incrementen sensiblemente y a un ritmo vertiginoso. La elitización residencial, más conocida como “gentrificación”, invade muchos barrios de la capital alemana y expulsa de sus viviendas a quienes no pueden pagar tan desorbitados alquileres. Allá donde el canal Landwehr une los distritos de Kreuzberg y Neukölln, dos de los epicentros de la explosión cultural, se encuentra el punto neurálgico de la gentrificación berlinesa.

Estas son actualmente las dos zonas preferidas para la búsqueda de vivienda.  Son las mismas que, años atrás, eran consideradas barriadas peligrosas donde tuvieron que confinarse los migrantes turcos y árabes. Hoy esa multiculturalidad es lo que da sentido a ambos lugares, pero está siendo sustituida por locales hipster, tiendas de alimentos biológicos y restaurantes veganos a precio de delicatessen. En muchos portales se vislumbran carteles de futuros inquilinos que están dispuestos a pagar hasta un año entero de fianza por habitar esas calles y a quienes no les importa reventar el mercado inmobiliario ofreciendo grandes cantidades económicas por una habitación en un piso compartido.

El abuso comienza cuando las inmobiliarias adquieren edificios enteros con los que luego pueden jugar a extorsionar a los vecinos que ya los habitan. Es un negocio redondo: rápida revalorización de ciertos barrios en los que comienza a vivir gente de clase media-alta, mucho más vulnerable a la subida de los precios si a cambio se les ofrecen mejoras como la remodelación de la fachada. Así habría ocurrido en Friedelstrasse 54, una zona conocida como Kreuzkölln -por estar en la franja de los dos barrios-, hasta que los vecinos se plantaron.

Contra la especulación

El local que se asienta en los bajos del edificio lleva 12 años como centro social en el que se realizan comidas populares, cine fórums, charlas políticas o mercadillos de trueque. En su edificio viven unas 50 personas cuyos alquileres varían según la antigüedad de los contratos. Hace casi tres años que el grupo inmobiliario CITEC, con sede en Viena, compró el edificio. El año pasado avisaron de su remodelación y pocos meses después instalaron los andamios. En ese momento se creó una Kiezversammlung (asamblea de barrio) para paralizar esta especulación.

Ralf Hutter pertenece al grupo de consumo que recoge sus verduras cada semana en este centro social. Cuenta que “a veces se realizan reformas energéticas en los edificios con la excusa de reducir el impacto medioambiental, pero en la mayoría de las ocasiones son sólo un lavado de cara que no supone un ahorro de costes para el inquilino ni un verdadero beneficio medioambiental”. Hace un año que en el centro social de Friedel54 les comunicaron que tenían que abandonar el local en cinco meses. Desde el 1 de mayo de este año es un local “okupado”, pues la resistencia de quienes forman este colectivo ha hecho que siga abierto pese a esta orden de desahucio.

Como vía de actuación decidieron negociar con la inmobiliaria la compra del edificio entero. Recurrieron a Miethäuser Syndicat (Sindicato de las Casas), una asociación que ofrece ayuda económica para intentar poner freno al negocio de la vivienda y que, al convertirse también en propietarios, garantiza que los centros sociales se mantengan. Pero la empresa inmobiliaria no estaba dispuesta a ceder con facilidad.

Poco tiempo después, los vecinos recibieron una carta en la que se informaba de que una empresa de Luxemburgo era la nueva propietaria del inmueble y había denunciado para que se produjese el desalojo. Se quitaron los andamios y comenzó el proceso judicial. Tras el mismo, se acabó por pactar el abandono y se dio un margen de seis meses para que el centro social quede vacío. Ralf cuenta que el de Friedel “es uno de los conflictos de vivienda más grandes de Berlín. En Alemania si no se hubiese producido este pacto, tras una sentencia con desalojo se puede recurrir, pero mientras esperas te pueden desalojar. Luego te compensan económicamente pero ya te han echado”.

Lucas Rubio, uno de los habitantes de Friedel54, admite que la cuestión de la empresa de Luxemburgo fue una “tomadura de pelo”. “Sospechamos que es una empresa fantasma que pertenece a un americano de Texas. Nos están haciendo mobbing inmobiliario. Se ha convertido en un conflicto tan importante para el barrio que hasta la alcaldesa de Neukölln [en Berlín hay alcaldías por distritos] se ha interesado por él. En verano hubo una mesa de diálogo con partidos políticos y estamos a la espera de que los nuevos ayuntamientos se pongan en contacto con nosotros”, cuenta algo desesperanzado.

El local donde tiene su sede el centro social no es considerado vivienda, por eso puede ser desalojado en seis meses y tiene muchas menos posibilidades de resistir que los vecinos del mismo edificio. La empresa lo convertirá, seguramente, en un nuevo local hipster en el que adquirir cualquier producto cueste el triple de lo que costaría en una tienda de ultramarinos de cualquier barrio.

Algunos habitantes de Neukölln cuelgan de sus ventanas carteles en apoyo a Friedel54 y muchos bares del barrio ya exhiben múltiples posters en los que se avisa de que ha sido un placer haber luchado en asamblea durante todo este año contra el monstruo especulativo. Siguen la lucha en la calle a través de diversas concentraciones y manifestaciones. El destino de Friedel54 lo dictaminará el tiempo. Berlín ya no es la ciudad de los alquileres asequibles y la fiesta desenfrenada. Ahora el acceso a la vivienda se ha convertido en un lujo al que cuesta mucho esfuerzo acceder.

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Laura Cruz

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