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viernes 25 mayo 2018

Cultura

David Álvarez: “Sin el movimiento punk, todo habría sido distinto”

El director madrileño explica en ‘Lo que hicimos fue secreto’ cómo fue el desarrollo de la contracultura punk en Madrid y su influencia en la sociedad del momento y posterior. La cinta se podrá ver en el marco del festival In-Edit.

31 octubre 2016
10:20
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David Álvarez: “Sin el movimiento punk, todo habría sido distinto”
Fotograma de Lo que hicimos fue secreto', de David Álvarez y Landa Layasi.

El director madrileño David Álvarez firma una película sobre el desarrollo de la contracultura punk en Madrid y su influencia en la sociedad. Con un guiño a la canción de los Germs What we do is secret, el documental Lo que hicimos fue secreto se podrá ver en el marco del festival In-Edit.

¿Cuándo y por qué surge la idea de hacer este documental?

En 2009, Ivar Muñoz-Rojas y yo hicimos Dios salve al rock de estadio, un documental sobre las vicisitudes que atraviesa una banda de hardcore durante una gira europea autogestionada. El objetivo era desmitificar el concepto do-it-yourself (hazlo tú mismo), que no es precisamente muy glamouroso, y sacar un poco el lado “currela” que tiene el dedicarse a la música, que normalmente siempre se pasa por alto. Después de aquello, me quedé con ganas de profundizar más en aspectos relacionados con la actitud punk y la autogestión militante. Al principio pensé en hacer un documental sobre punk que abarcase todo el Estado español, pero era muy complicado aglutinar escenas tan diferenciadas en una única película, además de que la producción se habría encarecido bastante más. Así que decidí centrarme en lo que me pillaba más de cerca, que era la escena madrileña.

¿Cómo fue el proceso de rodaje?

Un poco de guerrilla. Aprovechaba el equipo que teníamos que alquilar para rodajes de publis o vídeos corporativos en la cooperativa en la que trabajo, Eleventh Floor, y antes de devolverlo quedábamos con los grupos y grabábamos las entrevistas. Por eso el proceso de rodaje fue tan lento: empezamos en 2011. Al principio fuimos un poco a lo loco, entrevistando a las bandas actuales, bandas de los 80, los 90… así hasta casi 70 entrevistas. Después hemos tenido que desechar mucho material para el largometraje, pero aprovecharemos todo lo que hemos rodado para hacer pequeñas piezas que publicaremos por internet sobre temas que se han quedado fuera.

¿Por qué acudisteis al crowdfunding para financiarlo?

El proyecto tuvo un espaldarazo importante cuando la Universidad Rey Juan Carlos nos concedió una beca de investigación financiada por la consultora Ideograma. Una de las condiciones de la beca era que la mitad del monto total debíamos conseguirlo a través de una campaña de crowdfunding. El proceso nos sirvió para establecer una red muy interesante de colaboradores y gente que nos ha ayudado mucho.

Hablemos del título: ¿a qué hace referencia ese ‘secreto’? ¿Consideras que la escena punk cayó un poco en el ostracismo tras el auge mediático de la movida madrileña?

El título es un guiño a la canción de los Germs What we do is secret. También buscaba hacer referencia a esas influencias subterráneas de las que habla Greil Marcus en Rastros de carmín, que conectan el punk con los situacionistas, los dadaístas, Saint Just o los anabaptistas radicales del siglo XVI. Como aquel punk de los años 80, son movimientos contrahegemónicos que no suelen aparecer en la historia oficial pero que están ahí, y ejercen una influencia en ocasiones decisiva, aunque no sea evidente.

¿Crees que todas las bandas que recoge el documental hubieran tenido una mayor relevancia si en lugar de ser de Madrid hubieran surgido en Londres o Nueva York?

Cualquier cosa que surja de una sociedad culturalmente dominante, no sólo en cuestión de medios, sino también de códigos estéticos, ideológicos y narrativos, tiene una mayor posibilidad de conocerse y entenderse en todo el mundo, por lo que de manera impepinable va a tener una mayor relevancia. Y eso incluye a su contracultura, claro.

¿Qué papel jugó el movimiento okupa en toda esta escena sociocultural?

Un papel esencial. La primera okupación (con k) como fenómeno contracultural y forma de vida alternativa que fue la de la calle Amparo, 83 en noviembre de 1985. Y tuvo una presencia muy fuerte de punks: ahí estaban Ángel de Fobia, Alberto de Penetración, el Kurdo de Tarzán y su puta madre… Posteriormente, estaban en todos los fregados. Como dice Indio en el documental, Minuesa fue un catalizador para la escena cultural madrileña. Los primeros festivales de happening se hicieron allí. Gracias a que el movimiento okupa dotaba a la ciudad de un espacio alternativo para dar conciertos, muchas de las giras de grupos extranjeros, que antes no pasaban de Euskadi y Barcelona, empezaron a contar con Madrid para hacer sus agendas. Así, comenzaron a venir muchos grupos de hardcore europeo (Nations on Fire, Seein’ Red, Hiatus, Life… but how to live it?…) Y también pasaron algunos grupos que después se harían muy populares, como Pennywise o MDC.

En el caso de los fanzines, vehículo de expresión característico de aquel momento, ¿se ha perdido su esencia o simplemente se ha trasladado al ámbito digital?

Muchos fanzines eran publicaciones hechas por fans, y había de todo: algunos con más calidad, otros con menos. Eran esenciales para conocer a las nuevas bandas. Pero lo importante de publicaciones como Penetración es que conectaban a las diferentes comunidades y escenas locales gracias a la publicación de las direcciones postales y apartados de correos, generando una red entre punks de todo el mundo. Penetración, por ejemplo, tenía contacto con la gente de Crass, con Jello Biafra y la escena de San Francisco, Tim Yohannan de MaximumRockNRoll, etc. En los tiempos en los que no había email ni redes sociales digitales, la carta postal era una de las principales vías de comunicación. Estas redes de correspondencia llegaban prácticamente a todos los rincones del mundo, y de este modo, aquellos punks aislados de las grandes urbes que no podían compartir con la gente de su alrededor sus aficiones e inquietudes, tenían la posibilidad de expresarse y conocer a otros punks. Estas conexiones, además, solían terminar estableciendo una relación de amistad, y muchas personas que se conocían por carta acababan conociéndose en persona. Así se trajeron a MDC en 1984, RIP aparecieron en un recopilatorio del MaximumRockNRoll, y Delincuencia Sonora estuvieron a punto de participar en un festival en Berkeley con DOA y Black Flag.

En el documental dejas entrever cierto vínculo entre lo que quedó de aquel movimiento y la explosión de otros como el 15-M. ¿Crees que éste hubiera sido posible sin el tejido asociativo y social que dejó toda aquella escena?

En realidad no queda muy claro ese vínculo en el documental. Es una cosa que quiero investigar en mi tesis, y que todavía no tengo del todo clara. Pero sí creo que sin el movimiento punk todo habría sido distinto. En el 15-M se escuchaban eslóganes que eran canciones de aquellos grupos: “lo llaman democracia y no lo es”, “somos los hijos de los que perdieron la Guerra Civil”… Se escriben artículos proclamando que “los punkies tenían razón”… Hay elementos que se repiten, pero que no son necesariamente exclusivos del movimiento punk. Hay un momento, al final del documental, en el que Servando Rocha entona una especie de mea culpa y dice que los punks daban muchísima importancia a un estilo de vida que tenía una estética determinada, cuando lo importante y lo perdurable no era eso sino inspirar a otra gente para que tomase también el control de sus vidas y dotarse de autonomía.

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Dani Cabezas

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