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domingo 19 agosto 2018

Opinión

¿El cáncer nos vuelve raros, nos cambia el carácter?

“Un cáncer no me enseñó valores ni principios. No me hizo comprender que la generosidad y la solidaridad nos enriquecen como personas. Todo esto me lo habían inculcado en mi familia”, reflexiona la autora.

18 octubre 2016
18:48
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¿El cáncer nos vuelve raros, nos cambia el carácter?

“Reunid todo el ánimo que podáis. Que no hay noche tan larga que no acabe en día” 

W. Shakespeare, en Macbeth

En una convivencia con otras enfermas de cáncer de mama la psicooncóloga nos preguntó en qué nos había cambiado el diagnóstico y qué nos había aportado. No quedaría bien criticar las respuestas que dieron las otras pacientes. Yo nunca voy a dar las gracias  por tener la “oportunidad” de tener un cáncer, ni por aprender de la experiencia. Con natural ironía, aderezada con una pizca de retranca gallega, y la complicidad de mi compañera Nieves, ya caída en batalla respondí que yo nunca he tenido un carácter fácil. Todo lo contrario: fuerte, temperamental y mi vehemencia me había traído más de un disgusto. Después del diagnóstico no sólo no he cambiado sino que soy más agria, seria, exigente y en ocasiones intolerante. Lo bueno del cáncer es que quienes me sufren me excusan pensando “pobrecita, tiene cáncer”.

Un cáncer no me enseñó valores ni principios. No me hizo comprender que la generosidad y la solidaridad nos enriquecen como personas, ni que la empatía es el bien más preciado que un ser humano. Todo esto me lo habían inculcado en mi familia y estaba muy implicada socialmente a pesar de mi posición afortunada.  Antes de mi diagnóstico sabía que es muy propio compadecer el mal ajeno, pero las personas actúan como si a ellos no les fuera a pasar y se equivocan. Se trate de una grave enfermedad como el cáncer u otra desgracia que nos cambia la vida por completo.

Sufrimos aunque nos vemos obligados a reprimir lo que sentimos. Hasta el diagnóstico no fuiste consciente de la posibilidad de enfermar, o al menos gravemente, y mucho menos de tu propia muerte. Y curiosamente es en este momento cuando nos planteamos el sentido de la vida. Ahora ya no hay marcha atrás: añoramos lo que perdimos, tememos lo que nos espera y, sobre todo, nos aferramos a la esperanza.

Hay algo en lo que me identifico con el cáncer y es que una vez que llega a tu vida la actitud ante él no tiene término medio. Yo también he sido siempre de extremos y ser así no te libra de críticas. Convivir con el cáncer te puede convertir en una persona obsesiva que sospechas permanentemente de cualquier síntoma. También puedes correr el riesgo de no querer estar esclavizada por la enfermedad y te abandones negligentemente. Puedo decir, después de más de 5 años que estoy diagnosticada, que siendo una cuestión vital no es nada fácil.

El pensamiento positivo contra la realidad

El enfoque positivo aconseja  cambiar nuestro entorno, eliminando las noticias y las personas negativas, implica vivir ajeno a un mundo real externo. Pero esta forma de almibarar está cobrándose un tributo terrible que es la negación de sentimientos tan comprensibles como la ira y el miedo.

Durante el difícil trance de un cáncer, la experiencia no se vive ni como positiva ni de color rosa. A la angustia  derivada de nuestra evolución clínica, se unen las muchas preocupaciones de la inseguridad vital. Si en esta situación te sientes pesimista es importante reconocer que esos sentimientos son válidos y aceptables.

Un mensaje reiterativo del pensamiento positivo es que debes evitar quejarte demasiado y que la negatividad no se note porque una personalidad negativa no beneficia nunca cuando se trata de socializar. El esfuerzo para mantener ese entorno vital tan animado que los demás esperan puede no estar contribuyendo a la prolongación de la vida como nos aseguran.

Esto no quiere decir que ante el cáncer tenga que haber un mensaje desesperanzador ni que este suponga la quiebra para el enfermo pero sí un enfoque de los problemas de forma realista y racional entendiendo que no todos los enfermos se recuperan de igual manera ni tienen la misma protección derivada de su situación personal y laboral previa ni de su diagnóstico.

Beatriz Figueroa es abogada, superviviente de cáncer de mama y activista en defensa de los derechos de los enfermos de cáncer.

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Beatriz Figueroa

2 comentarios

  1. Julia
    Julia 27/10/2017, 07:11

    Enhorabuena por este artículo que suscribo totalmente. Soy paciente y de cáncer de mama.Deberías publicarlo en todos los medios para llegar a más personas.
    Espero y deseo que encuentren una vacuna, en mi opinión,la curación de esta epidemia.
    Unha aperta.

    Responder a este comentario
  2. pablo
    pablo 19/10/2017, 23:05

    mi novia se opero de un tumor de mamas; salio todo bien,le cambio el humor y un dia me mando un wasap diciendo q la perdonara ,x que quería estar sola sin nadie al lado . un bajon para mi.

    Responder a este comentario

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