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sábado 26 mayo 2018

Internacional

Sonidos del pasado en Alemania

El discurso xenófobo de Alternativa para Alemania avanza sin parar e incluso seduce a votantes de izquierda.

10 octubre 2016
11:27
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Sonidos del pasado en Alemania
La dirigente de Alternativa por Alemania (AfD), Frauke Petry. Foto: Facebook AfD

BERLÍN // Llegan las elecciones y su resultado acapara todo el espacio mediático. Desde hace unos meses siempre hay un perdedor y un ganador. El perdedor es “el partido de Merkel” –sin llamarlo por su nombre: CDU–, y un ganador, el partido ultraderechista, populista y chovinista Alternativa para Alemania (AfD) y su discurso xenófobo. Parece que únicamente se habla de AfD en periodo electoral. Y desde 2013, su auge es imparable. En la región de Mecklemburgo-Pomerania Occidental, AfD fue recientemente la segunda fuerza más votada, al igual que sucedió en marzo en Sajonia-Anhalt. Pero es la cotidianidad lo que explica su despunte; un despunte que no es un hecho nuevo.

Lo que empezó, en 2013, como un pequeño partido fundado por economistas de la CDU, académicos y periodistas neoliberales con el objetivo de reunir el voto euroescéptico de Alemania, se ha convertido, bajo el liderazgo de Frauke Petry, en una formación ultranacionalista y populista de derechas que se disputa el voto con socialdemócratas, conservadores y poscomunistas y –lo que es más importante– les inocula su discurso. Pero si AfD muestra músculo por los canales institucionales, también lo exhibe en la calle, donde condiciona el discurso y la agenda política con adjetivos racistas, islamófobos y sexistas en busca del voto de las clases tocadas por la crisis económica y la precariedad.

A la agresiva campaña contra los refugiados que llegan a Alemania huyendo de Siria tras atravesar los Balcanes, se suma la retórica contra el Islam, los EEUU y Angela Merkel, y las marchas por las calles de todo el país que lleva a cabo el grupo Pegida (Patriotas Europeos contra la Islamización de Europa) y sus derivados.

AfD se nutre de los votos de todos los partidos, aunque con diferencias importantes, y moviliza a muchos abstencionistas y primeros votantes. La formación ultra recibe apoyo tanto de trabajadores como de desempleados, así como de viejos conservadores. Incluso el partido neonazi NPD, actualmente en proceso de ilegalización, pidió el voto para esta formación. Pero, ¿cómo logra AfD pescar votos a la izquierda? “Para muchas personas, Die Linke ya no es una formación que canalice la protesta”, sostiene Gero Neugebauer, politólogo de la Universidad Libre de Berlín y un experto en Die Linke, producto de la fusión de los herederos del antiguo partido comunista de la RDA y socialdemócratas desencantados del Oeste. Ahora se percibe a Die Linke como parte del “sistema, por ejemplo en lo que respecta a la política de refugiados”, añade.

Para Georg Pazderski, candidato de AfD a la alcaldía de Berlín, muchas personas acuden a Alemania no a trabajar, sino a aprovecharse de los servicios públicos de un país que, según explica, no se lo puede permitir ya que la crisis supuestamente hace difícil incluso pagar a los funcionarios. No sorprende que un miembro del AfD recite este patrón xenófobo cuando se le pregunta por los refugiados, a quienes vincula con el islamismo radical y la criminalidad. Sorprende más que lo diga un viejo coronel del Ejército alemán, de padre polaco, que participó en misiones en el Líbano, ahora metido a político de ley y orden. Con este discurso, Pazderski ha ganado muchísimos votantes.

Conspiraciones de taberna

El obatzda es una crema de queso muy popular, el complemento perfecto para untar bretzels y acompañar las jarras de cerveza que van y vienen en las cervecerías de Baviera. El Bavarian es una taberna situada en el sótano del Europa-Center, un icónico centro comercial del Berlín Occidental construido en los años 1960. Las mesas están cubiertas con manteles con los característicos losanges blancos y azules asociados a la familia real de los Wittelsbach, que reinó en Baviera entre 1180 y 1918.
Allí, entre cervezas y obatzda, se reunía semanalmente hasta hace pocos meses un grupo de unas 15 personas. Hombres alrededor de los 30 años. Casi o ninguna mujer. Algunos vestían con camisa y americana. Otros, con polo y tejanos. Look deportivo, casual, antiguo y pijo. Una imagen proyectada de liberal, de conservador, de centro. De élite. Los jóvenes del Bavarian eran y son militantes de las juventudes de AfD. Entre ellos hay estudiantes universitarios, algún emprendedor, periodistas, algún soldado en la reserva y miembros de las fraternidades estudiantiles. Una mezcla entre hombres hechos a sí mismos e hijos de papá ricos.

El Bavarian era un punto de encuentro para la tertulia, para el debate, para los mítines informales, para la conspiración, para el resentimiento, para trazar estrategias políticas, para explicar banalidades y batallitas, para emborracharse y dejar fluir testosterona. Hasta que el movimiento antifascista berlinés empezó a protestar ante la entrada del local, y esos 15 jóvenes dejaron de acudir a la taberna. Es una vieja costumbre alemana celebrar mítines y tertulias políticas en cervecerías y bodegas, donde abunda la presencia de weissbier (cerveza de trigo) y obatzda. Lo hacen hoy las juventudes de AfD y lo hacía hace casi un siglo Adolf Hitler en la Bürgerbräukeller, una de las cervecerías más grandes de Múnich en los años 1920 y lugar donde creció el partido nazi con el que proclamó el Tercer Reich. El lugar incluso fue el escenario de un fallido golpe de Estado en 1923 –el putsch de Múnich–, que acabó con Hitler en la cárcel.

El Bavarian no es para nada el Bürgerbräukeller y las conspiraciones de los jóvenes de AfD en Berlín no desembocaron en un golpe de Estado, pero sí que propiciaron, presuntamente, un golpe dentro de la organización. En febrero, después de una campaña de acoso y derribo interna al presidente del partido en la capital, Günter Brinker, representante del ala liberal, éste fue sustituido por Georg Pazderski y sus hombres, representantes del ala nacional-conservadora. Pazderski, actualmente diputado en la cámara de representantes de Berlín, tiene como estrecho colaborador al jefe de las juventudes del partido en la ciudad, Thorsten Weiß, un exsoldado de 32 años, que a su vez se escuda en su guardia pretoriana formada por militantes juveniles. Entre ellos está Jörg Sobolewski, portavoz de una fraternidad estudiantil conocido por quemar la bandera arcoiris en contra de los derechos LGTBI; o Jannik Brämer, miembro destacado del Movimiento Identitario: la vanguardia no conformista de la nueva ultraderecha que encuentra bastante aceptación entre algunos sectores izquierdistas que disfrazan el discurso anticlerical con islamofobia, así como entre los ultras que rehúyen del estigma neonazi.

La nueva derecha, extremista y populista, es una parte integral de AfD. Primero se impuso el sector más conservador y ultranacionalista a las tesis neoliberales de su núcleo fundador. Petry sustituyó a Bernd Lucke. Posteriormente, con la irrupción de Pegida y la lucha interna por el control del partido, éste giró todavía más a la derecha y Petry empezó a incorporar la xenofobia a su programa electoral, un argumentario vacío de palabras ultras pero de sospechosa similitud al NPD.

En paralelo se produce un fenómeno determinante: AfD se intenta distanciar del nacionalsocialismo. Este intento ha resultado parcialmente exitoso pues la bancada parlamentaria de AfD en Baden-Württemberg se partió y dividió en dos a raíz de la feroz controversia protagonizada por un diputado antisemita y negacionista del holocausto: Wolf-gang Gedeon. El antisemitismo ha sido probablemente la única diferencia entre los nazis y los protofascistas, en los años 1930 y en la actualidad. Pero cuando la propia Frauke Petry, líder del partido, defiende el uso de la palabra völk-isch –un término de difícil traducción y propio de la ideología racista del nazismo que viene a significar algo así como comunidad nacional, en el sentido de un grupo de población superior (los alemanes) respeto a otros–, la línea roja que separa el populismo de derechas del AfD del protofascismo del siglo XXI es aún más difusa.

* Este artículo está publicado en el número 42 de la revista mensual La Marea.

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