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viernes 16 noviembre 2018

Sociedad

Gràcia explora la vía del diálogo para acabar con los disturbios y el sitio policial

La mayoría social del barrio entiende que hay que hablar y escuchar para poner fin a la violencia y el cerco policial.

30 mayo 2016
09:41
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Gràcia explora la vía del diálogo para acabar con los disturbios y el sitio policial
Varios mossos d'esquadra. MATIES LORENTE / DIRECTA

El barrio histórico del distrito de Gràcia, la Vila de Gràcia, es un territorio lleno de contradicciones políticas y económicas, lo cual resulta en algo así como un laboratorio social que representa de forma bastante fidedigna los conflictos universales de nuestro tiempo. Gràcia ofrece una escala de grises que a veces desconcierta al observador, aunque si se quiere entender la idiosincracia de este barrio de Barcelona hay que saber aproximarse a un sujeto político, su población, muy diverso, formado y activo. Por mucho que pueda sorprender al lector en estos días de informaciones rápidas e imágenes impactantes, Gràcia, por ejemplo, no es el prototipo histórico de barrio obrero. El Poblenou, por su pasado industrial, o el Carmel, por ser la cuna de la inmigración española durante la dictadura, merecen la etiqueta de barrios obreros, pero Gràcia es distinta.

Gràcia durante el siglo XX se consolidó como un barrio de pequeños artesanos y comerciantes, con una muy buena ubicación en el entramado urbano barcelonés (a pesar de no ser el centro de la ciudad está en el centro del mapa) y es considerado como un distrito de clase media. No obstante, Gràcia siempre ha sido uno de los pueblos más rebeldes del Pla de Barcelona, con luchas populares que aún se recuerdan en el nomenclátor (un ejemplo es la plaza de la Revolució de 1868) o en recreaciones históricas como en el caso de la celebración cada mes de abril de la Revolta de les Quintes de 1870, que rememora la lucha de los vecinos contra el ejército español que quería reclutar a todos los jóvenes gracienses y que después de días de resistencia entró por la fuerza, bombardeando la zona y provocando 27 muertos.

La gente de Gràcia se considera crítica, independiente y dialogante, este último un atributo necesario para afrontar una realidad especialmente compleja. El barrio vive un proceso de transformación que se agudizó durante la burbuja inmobiliaria anterior a la crisis y que lo ha convertido en un lugar de moda, un territorio bohemio, tranquilo de día y bullicioso de noche, agradable y con una activa vida cultural. A consecuencia del boom inmobiliario y ahora del boom turístico, los precios de los pisos y los locales de Gràcia se han disparado en las últimas dos décadas, expulsando vecinos y comercios históricos y reforzando los argumentos del movimiento okupa graciense. Gràcia fue conocida como el barrio okupa de Barcelona por excelencia, sobre todo, durante los ochenta y los noventa, pero no debemos olvidar que en esos años los votantes del distrito optaban por opciones políticas contrarias al movimiento okupa, como CiU (con un máximo del 44% de los votos en las municipales de 1987) o PSC (con los mejores resultados en 1999 con el 37,2%). Si a esta diversidad ideológica le sumamos el hecho de que en sus calles se encuentran dos de los locales más lujosos de la capital catalana, el Hotel Casa Fuster y el restaurante Botafumeiro, y hasta una reputada (a la vez que repudiada) librería neonazi, la Llibreria Europa, se entiende que el nivel de contradicciones de Gràcia es elevado y que no se la pueda definir como un barrio obrero u okupa a secas.

Teniendo en cuenta este contexto, hablamos con algunos de sus vecinos para saber cómo se ha vivido desde la semana pasada el conflicto en las calles entre los defensores del Banc Expropiat y los Mossos dEsquadra, que ha dejado decenas de heridos e importantes daños materiales. Desde el lunes 23 de mayo el barrio está sitiado por la Policía catalana y ahora los vecinos quieren apostar por el diálogo como vía para dar solución a una situación que se les hace insoportable. Los del Banc Expropiat han hecho un muy buen trabajo para el barrio. Yo les llevaba ropa o libros y siempre estaban muy agradecidos. Fui a la manifestación del primer día, pero cuando vi los primeros altercados me fui. Algunos manifestantes nos intentaron agredir porque pensaban que mis amigos y yo éramos infiltrados. Ahora hay que trabajar para que este espacio se quede para la gente del barrio, comenta Glòria Gratacós, activista graciense en Procés Constituent.

Carla Martínez [nombre falso], empleada de una oficina bancaria que fue atacada el lunes por la noche, vivió con indignación los actos vandálicos aunque hace un llamamiento a la negociación. Creo que la okupación en general está justificada si hay una necesidad. Hasta yo he participado en alguna actividad infantil en el Banc Expropiat, pero que ataquen al comercio del barrioMuchos comerciantes han venido a pedirnos préstamos para arreglar los desperfectos. ¡Qué incongruencia! Luchan contra los bancos y provocan que los comerciantes humildes tengan que acudir a ellos al día siguiente para pedirles dinero. La única alternativa a la violencia de estos días es mediar, escuchar, proponer, reflexiona Martínez.

Yo estoy escandalizada por la presencia policial en las manifestaciones en Gràcia. Hace tres semanas hubo una protesta pacífica en apoyo a un trabajador despedido y vinieron tantas unidades antidisturbios que triplicaban a los manifestantes. La gente se siente coaccionada cuando quiere protestar en la calle. Por otra parte, creo que la gente del Banc Expropiat tiene que abrirse a dialogar. Es legítimo que vuelvan al local, pero no pueden cerrarse y no hablar con nadie, opina Mar Gil, administrativa en un instituto público del barrio.

Como apunta Gil, de momento el Banc Expropiat se niega a iniciar cualquier negociación. Si las instituciones tienen alguna voluntad de solucionar el conflicto, quizás en algún momento se darán cuenta de que la persona con la que tienen que hablar no es con ningún representante o portavoz del Banc Expropiat sino con Manuel Bravo Solano [propietario del local]; es él quien tiene la llave para acabar con el conflicto, expresa el Banc Expropiat en un manifiesto hecho público el pasado viernes, subrayando que el fin del conflicto tan sólo vendrá con la reapertura del local ahora chapado con placas metálicas. De momento, han intentado controlar los brotes violentos y explicar su versión a los vecinos, puesto que consideran que la prensa (al parecer en su totalidad) manipula la realidad y justifica la violencia policial.

Los pequeños comerciantes de Gràcia han vivido con preocupación los actos vandálicos de los últimos días. Hay comerciantes que antes estaban de acuerdo con el Banc Expropiat y ahora ya no a causa de los daños sufridos. Yo personalmente los continúo apoyando porque quiero pensar que no son las mismas personas las que hacen una labor muy necesaria en el barrio que las que queman vehículos de vecinos y destrozan comercios de gente trabajadora. El único error que han cometido los del Banc Expropiat es no desvincularse de este tipo de actos vandálicos inútiles, señala Quim Bustos, propietario de un bar cerca de la plaza de la Virreina.

Hace años los disturbios graves por los desalojos de centros okupados duraban una sola noche, hoy en día no. La diferencia es que antes había buenos mediadores y ahora no. Llevamos 32 años con el movimiento okupa formando parte de nuestro paisaje y nadie en este tiempo ha sabido encontrar una solución. Con el trabajo de buenos mediadores, el actual operativo policial sería innecesario y no se hubiera llegado al grave conflicto que estamos presenciando, analiza Albert Balanzà, periodista y director del semanario local lIndependent de Gràcia.

En este sentido, una entidad histórica del barrio, los Lluïsos de Gràcia, ha impulsado un manifiesto en el que se reconoce la labor del local okupa y en el que se reclama el fin de todas la violencias. Ni violencia policial, ni violencia por parte de encapuchados. Y, además, hay muchas otras violencias propias del sistema que no nos gustan, como la de los que especulan. Nosotros nos queremos ofrecer como mediadores. Lo único que proponemos es un espacio de diálogo. Ya nos han caído muchas críticas por todos los lados, pero también muchas personas nos han felicitado. Hay que hablar y escuchar. El no a todo no nos llevará a ninguna parte, concluye Oriol Hosta, presidente de Lluïsos de Gràcia e impulsor del manifiesto.

Y es que, a pesar de las contradicciones y de los múltiples matices, si algo está claro es que la mayoría social del barrio entiende que hay que encontrar una vía del diálogo que permita acabar lo antes posible con los disturbios y con el desproporcionado sitio policial que han roto la paz social en Gràcia.

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