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lunes 16 julio 2018

Opinión

Excelentes condiciones laborales

“En las contrataciones veraniegas las trabajadoras sufrirán un sinfín de situaciones que no tendrán nada que ver con su desempeño en el trabajo y sí con su físico, forma de vestir o accesibilidad sexual”, reflexiona la autora.

30 mayo 2016
22:46
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Excelentes condiciones laborales
Una camarera trabajando en la Plaza Mayor de Madrid. FERNANDO SÁNCHEZ

Ser guapa y tener buen pecho son los requisitos para trabajar como camarera, también serán el tema central de todos los comentarios, insultos e insinuaciones que sufrirá durante la jornada laboral y que serían inaceptables en cualquier otro trabajo. Los datos de la próxima EPA serán fantásticos para nuestros asalariados en funciones. Taitantos mil habrán abandonado las listas del paro para ocupar puestos de trabajo en el sector servicios con ofertas como esta:

“Necesitamos contratar camareras de barra fines de semana noches para locales de copas para la temporada primavera verano Sanxenxo 2016. Buscamos un perfil de camarera guapa, simpática, trabajadora, don de gentes, buen pecho y mínima experiencia. Te ofrecemos excelentes condiciones laborales, buena remuneración (100€/noche). Posibilidad de pasar a formar parte de nuestro equipo de camareras para todo el año. Escríbenos, te esperamos”.

El anuncio, que ha sido denunciado por el Ayuntamiento, expone de manera explícita una realidad: no quieren camareras que sepan servir mesas, hagan cócteles o tengan conocimientos de protocolo; quieren objetos hipersexualizados que “animen” los instintos primarios de la clientela. Sorprende que no pidan un book fotográfico o un vídeo sugerente, se ahorrarían un montón de entrevistas de mujeres preparadas que no cumplen con los requisitos imprescindibles, lo físicos.

Por este tipo de clichés las trabajadoras del sector no viven en un entorno laboral estable exento de vejaciones, humillaciones o proposiciones sexuales como exige la ley de prevención de riesgos laborales. Muy al contrario, en esas contrataciones veraniegas de horarios maratonianos las trabajadoras sufrirán un sinfín de situaciones que no tendrán nada que ver con su desempeño en el trabajo y sí con su físico, forma de vestir o accesibilidad sexual. Pocos empresarios que las contraten intentarán evitar ese comportamiento por parte de los clientes, la mayoría potenciará el trato sexual e irrespetuoso como si formaran parte de la mercancía expuesta a la venta.

Cuando una persona trabaja cara al público no está en una situación de igual a igual. No puede contestar lo que le gustaría, no puede abandonar su puesto de trabajo y está a expensas de que el empresario decida dónde está el límite del cliente que suele ser cuando llega el contacto físico, pero antes de que eso suceda se pueden dar cientos de situaciones en las que la trabajadora se sienta incómoda, humillada e insultada. El problema es que estas situaciones que se suceden a diario no están dentro de la definición de acoso sexual laboral a pesar de darse en ese entorno y bajo esas condiciones tan características porque no se dan por parte de un compañero de trabajo, no hay un chantaje económico o de ascenso ni duran en el tiempo pero sí establecen un entorno psicosocial disfuncional que supone un riesgo claro para la trabajadora.

Socialmente eso se entiende que “va en el sueldo”, el eterno razonamiento que se usa para la mujer cuando no se quiere cambiar un comportamiento masculino. Permanentemente tenemos que asumir que sentirnos amenazadas, acosadas, cosificadas es algo que va en el género y que indirectamente nos culpabiliza, nos hace las responsables. Este verano miles de mujeres no tendrán un entorno laboral saludable, los clientes acosadores, sin nombre y apellidos, no serán sancionados ni reprendidos por su comportamiento, camparán a sus anchas diciendo libremente comentarios humillantes mientras la camarera indefensa aguantará el chaparrón deseando que acabe la noche y que llegado el cierre ninguno se haya quedado para acompañarla a casa.

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