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La vida dentro del “Guantánamo australiano”

Un periodista kurdo que huyó de Irán acaba atrapado en un centro de detención en Papúa Nueva Guinea, que tiene un acuerdo con Australia para albergar refugiados

26 mayo 2016
17:24
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La vida dentro del “Guantánamo australiano”
El periodista iraní Boochani en el centro de detención de Papúa Nueva Guinea.

CARLA MANSO // Behrouz Boochani es un periodista kurdo que huyó de Irán temiendo por su vida. Su intención era pedir asilo en Australia, pero antes de llegar a tierra fue trasladado a un centro de detención en la isla tropical de Manus, Papúa Nueva Guinea. Tres años después, Papúa Nueva Guinea está decidida a cerrar el centro, pero Australia se plantea reubicar a Behrouz y a los demás refugiados a otras islas en condiciones similares. Behrouz nos explica, desde dentro del centro, cómo es su vida entre esas cuatro paredes.

“Hace tres años vendí toda mi ropa, zapatos y un pequeño diccionario que tenía, compré 50 paquetes de cigarrillos con el dinero que me saqué y los intercambié con la gente local por un móvil. Mi ropa y mis zapatos eran importantes, pero un móvil lo era más porque me permitiría comunicarme con el exterior de la isla”, relata Behrouz.

Así fueron los inicios de Behrouz en el centro de detención de Manus, Papúa Nueva Guinea (PNG), una de las islas donde Australia aloja a los refugiados llegados por mar de manera irregular hasta que sus demandas de asilo son tramitadas. La media de estancia en estos centros es de 402 días y Behrouz lleva casi tres años en él.

El periodista kurdo iraní decidió escapar de su ciudad natal, Ilam, en 2013, después de que la Guardia Revolucionaria saquease las oficinas de la revista cultural kurda de la que era fundador y editor junto a otros colegas periodistas.

Creyó que Australia era un buen lugar para empezar de cero, donde tener una vida mejor y poder dedicarse al periodismo sin miedo a represalias. Sin embargo, la marina australiana localizó su embarcación antes de llegar a las costas australianas y transfirió a todos sus ocupantes al centro de Manus.

El gobierno australiano tiene un acuerdo con Papúa Nueva Guinea, a través del cual, el país de la Micronesia, junto a Nauru, accede a ser el patio trasero de Australia donde transferir a todos los solicitantes de asilo que llegan de manera irregular por mar. El destino final de esas personas es un centro de detención en una isla pequeña en el que las condiciones inhumanas han sido denunciadas reiteradamente por ACNUR y organizaciones internacionales como Save the Children y Amnistía Internacional.

Behrouz muestra su indignación por las condiciones en que deben vivir él y los otros refugiados, “aguanto esta tortura y esta humillación en el centro de Manus porque no puedo volver a Irán. Si pudiera volver, lo haría mañana mismo. Tenía muchas cosas allí. Un trabajo, dinero, familia, amigos. Pero tuve que dejar todas mis cosas porque no podía quedarme en un país dictatorial. Estaba en peligro real y tuve que escaparme”.

Los solicitantes de asilo en estos centros sufren graves abusos a sus derechos humanos, son tratados como presos, se les priva de libertad de movimiento y tienen la comunicación con el exterior estrictamente restringida a un día por semana. Por eso Behrouz sintió una necesidad instintiva de conseguir un teléfono móvil nada más llegar, para poder contar lo que estaba pasando. Sin embargo poseer un móvil está prohibido en el centro, “hasta el momento, los guardas han intentado quitármelo dos veces. Una vez lo consiguieron, cuando entraron en mi habitación y me lo arrebataron por la fuerza. La segunda vez no pudieron encontrarlo”.

Los días en el centro de Manus se hacen interminables para Behrouz, pero el iraní se ha impuesto una rutina de trabajo que le permite mantener la cabeza ocupada, “intento hacer lo posible para ayudar a que desde fuera se pueda informar sobre la situación de aquí dentro. Paso mucho tiempo escribiendo y trabajando en mi habitación, colaboro con medios kurdos y australianos, y con organizaciones como Reporteros Sin Fronteras. Trabajar me hace fuerte, siento que levanto la voz por toda la gente que está detenida en Manus. Pero aparte de trabajar, también me gusta mucho cantar, siempre estoy cantando canciones kurdas tradicionales, desde aquí he escrito ocho canciones. La gente en Manus me conoce como el chico que siempre está cantando”.

De centros de detención a centros “de tránsito”

Australia, como país firmante de la Convención del Estatuto del Refugiado, tiene la obligación de garantizar el asilo, no obstante lleva desde 2013 sin tramitar ninguna solicitud de los detenidos en Manus y Nauru. Prefiere encargar este trámite a PNG, que con suficientes dificultades mantiene el centro de detención. Las personas que obtienen el estatus de refugiado a través de PNG son transferidas a otro centro supuestamente provisional, esta vez llamado “de tránsito”, del cual todavía nadie ha logrado salir. Behrouz y los demás refugiados en Manus temen ser perseguidos en PNG y exigen que sea Australia el país que les dé asilo, “siento mucho respeto por PNG, pero no quiero vivir en este país”.

Paradójicamente, Behrouz se convirtió hace un mes en la primera persona en obtener estatus de refugiado por parte de PNG sin haberlo solicitado previamente. “Me lo concedieron justo después de que una delegación de ACNUR estuviera aquí haciéndonos preguntas y analizando la situación”, explica Behrouz. El periodista está haciendo mucho ruido, publica artículos en medios australianos y británicos y esto incomoda a las autoridades. Intentaron llevarse a Behrouz al centro de tránsito, pero después de protestar subido a un árbol durante más de 10 horas, los guardas desistieron y dejaron que se quedara en el centro hasta que su situación se aclare oficialmente.

La familia de Behrouz se preocupa por él desde la distancia, más de una vez le ha pedido que deje de luchar, “siempre me preguntan cuándo volveré a ser libre. No entienden nada. Se preocupan por mi y mi trabajo periodístico. No pueden entender que Australia como país libre deje a un periodista en la cárcel. Cuando hablo con ellos por teléfono siempre me dicen: Behrouz, por favor, deja de luchar. Lo perdiste todo en Irán por oponerte a su régimen, no queremos que continúes luchando”.

La justicia da la razón a los refugiados

A finales de abril, la justicia de PNG daba una noticia inesperada y positiva para los detenidos en Manus: El Tribunal Supremo decretaba la inconstitucionalidad del centro de Manus por atentar contra la libertad individual. El Primer Ministro de PNG, Peter O’Neill, pedía poco después al Gobierno australiano que encontrara un “plan alternativo” para los solicitantes de asilo que actualmente se encuentran en el centro.

Australia, por su parte, solo reaccionaba anunciando la posible reubicación de los refugiados a otras islas tropicales como Nauru o Christmas. De momento y hasta después de las elecciones federales de julio, probablemente el cierre del centro de Manus quede en stand by.

Para Behrouz, las últimas noticias del cierre del centro de Manus han sido un alivio. Más de 900 días después de su encierro, Behrouz vuelve a tener esperanza. Y se despide por teléfono con unas palabras que quiere transmitir al mundo: “ Quiero decirle a la gente que nuestro mundo necesita más humanidad y moral. Nuestra sociedad necesita preocuparse por las personas que necesitan ayuda. Hay personas que se escapan de Oriente Próximo huyendo de la guerra y el terrorismo. Estas personas son víctimas. El Gobierno australiano hace mucha propaganda en contra de los solicitantes de asilo. Manus es el Guantánamo australiano y este Gobierno sostiene una política cruel que mantiene a personas, incluidos niños, en cárceles más parecidas a infiernos durante mucho tiempo. Nuestra cárcel esta lejos del mundo, y en ella están torturando a personas sin ninguna razón.”

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