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miércoles 18 julio 2018

La extrema derecha acecha a Europa

El viejo continente sigue asistiendo impasible al crecimiento de los partidos xenófobos de ideología próxima al nazismo.

23 mayo 2016
19:14
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La extrema derecha acecha a Europa
Frank Franz, president del partit neonazi NPD

MADRID// La nueva extrema derecha y el nuevo fascismo intentan ocultar su verdadera cara para atraer a los más perjudicados por la crisis dándoles un enemigo exterior al que odiar para dar explicación a todos sus problemas. Ahora son los refugiados, pero antes fueron las instituciones europeas, los inmigrantes, o los musulmanes. No importa qué odiar, importa cómo canalizar ese descontento en un adversario fácilmente identificable para lograr adhesiones con las que luego despertar el verdadero programa de odio. Las elecciones presidenciales en Austria casi colocan a la extrema derecha de Norbert Höfer, del FPO (Partido de la Libertad de Austria), en el poder de un país europeo por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial. La victoria de los verdes por un estrecho margen de apenas 30.000 votos gracias a las papeletas por correo han evitado, por ahora, que la ideología que llevó a Europa al desastre no acceda al poder. Pero el viejo continente lleva coqueteando demasiado tiempo con esta posibilidad que no tardará en materializarse.

El ascenso de la extrema derecha en Europa se ha hecho realidad con multitud de factores. Los motivos principales de esa eclosión han sido la gestión de la crisis en Europa, que alimentó la desigualdad con sus recetas de austeridad, unida a la instauración de una Unión Europea con países de segunda clase y a la connivencia con los partidos neonazis y de extrema derecha de las instituciones y de los partidos tradicionales. Las organizaciones democristianas y socialdemócratas han visto en ocasiones a estos partidos ultras como socios para gobernar en coalición o han adoptado sus ideas xenófobas como método para parar su ascenso y combatirlos electoralmente, consiguiendo con ello un efecto perverso, ya que legitimaban sus medidas racistas de cara a la opinión pública y provocaron que los electorados giraran hacia el que defendía esas ideas con mayor vehemencia.

Uno de los ejemplos paradigmáticos de esta aceptación de ideas racistas para parar el ascenso de la extrema derecha se dio en Francia, cuando Sarkozy primero, como el socialista Manuel Valls después, tomaron medidas xenófobas contra los gitanos empujados por la aceptación popular que tenía el discurso del Frente Nacional de Le Pen en multitud de regiones francesas. Es la misma estrategia que el PP ha usado para acaparar el voto de extrema derecha que no consigue fraguar en otras opciones y que ha buscado reorganizarse en plataformas como La España en Marcha o más recientemente en un partido llamado Respeto. El intento de Hogar Social Madrid por fraguar ese apoyo, al margen del PP, a través de la solidaridad racista como anteriormente hicieron Casa Pound en Italia o Amanecer Dorado en Grecia, es el último intento por camuflar la ideología nazi en acciones más tolerables para los medios de comunicación que les permita crecer igual que en el resto de Europa.

Las dos vías de la extrema derecha

En el seno de la extrema derecha que crece en Europa hay dos líneas diferenciadas. La que apela a la radicalidad más exacerbada con defensa encendida del nazismo como la que representan Jobbik en Hungría o Amanecer Dorado, o la nueva extrema derecha, de formas más institucionales y de pose más moderada, que es visto incluso como socio válido de gobierno para los democristianos que representan la FPO en Austria o el Frente Nacional de Marine Le Pen.

Los mejores en Hungría se dice Jobbik, ese es el nombre de uno de los partidos de extrema derecha que menos oculta su discurso aunque está integrado por personas de alta cualificación que ayuda a hacer más digerible su discurso de odio. Su líder, Gabor Vona, ha declarado que cuando tengan posibilidad eliminarán el sufragio universal. El partido nazi húngaro logró en el año 2014 el 20,3% de los votos para la Asamblea Nacional. Más de un millón de votos en un país que no llega a 10 millones de habitantes. Para lograr ese apoyo Jobbik no se escondió, llegó incluso a organizar cacerías de gitanos con sus fuerzas paramilitares en la población húngara de Gyöngyöspata.

La Unión europea jamás se pronunció sobre unos hechos que recordaban a lo ocurrido en los años 30 y 40 con el régimen nazi. De hecho, Viktor Örban, presidente de Hungría que se ha apoyado en diferentes ocasiones en Jobbik, ha llegado a ser presidente de turno de la Unión Europea sin que haya ningún tipo de sanción o medida más allá de alguna queja informal por parte de alguna comisaria europea. Los métodos usados para acceder al poder no deben ser un elemento que oculte el peligro que estas opciones racistas y que atentan contra los derechos humanos más básicos tienen para la estabilidad de Europa.

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Antonio Maestre

Antonio Maestre

Periodista y Documentalista. Aspirante a imitador de Günter Wallraff.

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