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Opinión

Lo que el 15-M aprendió de los feminismos

La autora sostiene que los discursos y prácticas que fueron desplegadas desde 15M tienen grandes similitudes con los valores y formas de acción feminista.

15 mayo 2016
10:48
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Lo que el 15-M aprendió de los feminismos

El 15M sirvió de rito iniciático de un proceso caracterizado por que la ciudadanía salió a la calle y gritó su desafección a una política que no le hacía sentirse representada. A partir de entonces, hubo un periodo en el que una parte importante de la ciudadanía se implicó en la definición de sus problemas, deseos y necesidades. La ilusión y el optimismo en las posibilidades colectivas de transformación crecieron y lo hicieron  porque se impuso el sentimiento de pertenencia a la misma comunidad -en el sentido otorgado por el sociólogo Ferdinand Tönnies en 1887-. No se trataba de aquella unidad derivada de la suma de sujetos y resultado de elementos mecánicos, artificiales y racionales, sino la surgida espontáneamente a partir de relaciones sociales personales y afectivas. A partir de la construcción alegremente compartida en muchas horas en plazas y calles se amplió la concepción de “lo político”, más allá de la estricta política institucional.

Y de la mano del 15M aparece el concepto de “nueva política” para denominar la situación actual en la que la crisis civilizatoria lleva a un importante número de ciudadanos/as a participar entusiastamente en el cambio de modelo y a ampliar los límites actuales de lo que consideran democracia de baja intensidad. Este fenómeno aporta salud democrática al sistema porque la población empieza a concebirse creadora de inteligencia colectiva y con capacidad de enumerar sus necesidades y deseos y apostar por políticas que cubran los mismos.

Ahora bien, no está de más recordar, como mantiene Sandra Ezquerra que “la política no deviene nueva porque así la denominemos, sino más bien porque nos empeñamos en construirla desde otras miradas y lares. Y dice “otras” y no “nuevas” porque no se trata de reinventarlas, sino de adoptar aquellas ya existentes pero que se han visto, hasta el momento, relegadas a los márgenes”. Esa política ya existente pero que se había visto relegada a los márgenes creo sin duda que ha sido la feminista. 

Al igual que los feminismos en el caso de las mujeres, el movimiento del 15M apostó por una salida colectiva comunitaria en la que cualquier persona podía participar en las decisiones. Triunfó la libertad de expresión y el poder de las palabras. Lejos de jerarquías, se crearon lugares donde todo el mundo podía hablar y escuchar. El respeto a las demás personas permitía expresarse con libertad, sin miedos, ni complejos. El poder se extendía horizontalmente a partir del reconocimiento a la diferencia; una tendencia organizativa que ha estado siempre presente en los sectores feministas como en 2013 escribieron Miranda, Marugán y Mato.

La ruptura con la lógica individualista y miedosa que se vivía hasta entonces fue sustituida por el sentimiento y la práctica de unidad. La alegría colectiva produjo una resistencia creativa y expansiva que se fue propagando y que ha estado muy presente en las campañas electorales municipales a través de la música de las canciones, el color de los diseños de los gráficos y carteles y el entusiasmo de la gente. Como bien se sabe si por algo se ha caracterizado a los feminismos ha sido la fuerza de su pasión y la alegría.

En el 2011 se rescata la emoción y no se apela tanto a la amenaza al miedo como a que “la alegría ha cambiado de bando” como decía la estrofa de la canción oficial de la candidatura de Ahora Madrid creada e interpretada por el grupo Hechos contra el Decoro.

Al igual que en este movimiento, en el feminista primaban los afectos, las emociones y el cuidado. Nunca faltaba protector solar o agua en las asambleas por mucho calor que hubiera. Las asambleas eran abiertas y la prioridad era la construcción de la inteligencia colectiva sin gritos, ni agresividad, ni enfrentamientos. Los debates se desplazan a espacios abiertos y cualquier lugar sirve para encontrarse y debatir. Hay un proceso de autoconciencia, como el feminismo de los setenta, donde cada persona comprueba que lo que sucede es muy similar a lo que le pasa a su vecina o vecino, que hay problemas comunes a los que habrá que dar una respuesta conjunta.

Pero el 15M no sólo comparte elementos subjetivos. Los discursos y prácticas que fueron desplegadas desde 15M tienen grandes similitudes con los valores y formas de acción feminista. Según Marta Mato: “Son prácticas que se apoyan en la experiencia cotidiana y en los aspectos relacionales. Estas formas se han visto tradicionalmente como constituyentes de un estilo femenino del liderazgo y de hacer política”.

El movimiento feminista a lo largo de los últimos años se ha ido posicionando como una de las expresiones que mejor representa la globalización de las luchas sociales, ya que en la agenda feminista siempre ha primado la interseccionalidad de todas las luchas en el plano global. Hay que recordar cómo el feminismo reivindicó la abolición de la esclavitud, junto con los antiesclavistas, aunque después éstos se olvidaran de las feministas.

La herencia feminista del 15M se trasladó después a las mareas multicolores y posteriormente a los nuevos partidos y espacios de confluencia. En las experiencias de confluencia de luchas de las mareas -verde por la educación pública, blanca por la sanidad, amarilla por la justicia, naranja por el bienestar o negra por el empleo público- está el antecedente de las actuales alternativas políticas de confluencia de los partidos de izquierdas.

Begoña Marugán Pintos es socióloga.

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