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lunes 19 febrero 2018

Internacional

Juan Ramón Martín Menoyo: “Lo que denuncio no son casos aislados, sino un modelo desfasado”

El trabajador de la Oficina Comercial de Riad, Juan Ramón Martín Menoyo, lleva en huelga de hambre desde el 4 de mayo.

14 mayo 2016
13:10
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Juan Ramón Martín Menoyo: “Lo que denuncio no son casos aislados, sino un modelo desfasado”
El diplomático Juan Ramón Martín Menoyo.

A las tres de la mañana del pasado 4 de mayo, Juan Ramón Martín Menoyo* inició una huelga de hambre para protestar contra los abusos y arbitrariedades del Servicio Exterior Español. Una acción que ha recibido el pleno apoyo de los sindicatos. Trabaja en la Oficina Comercial de Riad, en Arabia Saudí, desde donde atiende las preguntas de La Marea.

Lo primero de todo, ¿cómo te encuentras?

Muchas gracias por interesarte. Me encuentro bien, fresco y con ganas de seguir luchando.

¿Qué es lo que quieres denunciar con esta acción?

Quiero denunciar la existencia de un servicio exterior actual desfasado, elitista, y disfuncional, que favorece abusos y arbitrariedades. No hay garantías, ni contrapesos, ni vigilancia que garanticen que se cumple la ley o se respetan los derechos de los empleados o los intereses de los ciudadanos.

¿Qué tendría que ocurrir para que decidieras detener tu huelga de hambre?

Ayudaría una actitud positiva y un compromiso de la Administración para abordar la reforma del Servicio Exterior, que finalmente prestara atención a lo que los representantes sindicales en el exterior están demandando. Los sindicatos han intentado que se avanzara en ese sentido y tímidamente el segundo gobierno de [José Luis Rodríguez] Zapatero también, pero los cuerpos superiores de la Administración (diplomáticos y técnicos comerciales del Estado) bloquearon esos intentos de manera contumaz. La actual ley de acción exterior, que entró en vigor a principios de 2014 con los votos del Partido Popular, lo que hace es oficializar el actual status quo existente en el servicio exterior, caracterizado por los privilegios y la preeminencia de los cuerpos superiores de la Administración antes citados.

¿Has recibido algún tipo de respuesta a tus demandas por parte del Gobierno español? ¿Y desde otros partidos?

No. Sé que extraoficialmente conocían mi protesta desde hace días, pero fue este miércoles cuando me he dirigido oficialmente a mis superiores de la oficina comercial y de la Embajada presentándoles mis razones para la huelga de hambre y mis peticiones. He informado de las miembros de algunos partidos políticos y a sindicatos, pero todavía no he recibido ninguna respuesta concreta. Pienso dirigirme directamente a los partidos también. Debo decir estoy recibiendo muestras de apoyo y simpatía de conocidos, y personas de los que no esperaba en principio una respuesta positiva, que me animan mucho a seguir adelante.

¿Es el Servicio Exterior un organismo caduco?

Claramente sí. Porque es un modelo que proviene de una cultura anclada en principios que difícilmente encajan con valores democráticos y con lo que se podría esperar de un servicio exterior adaptado a las necesidades actuales.

Denuncias también las puertas giratorias en la Diplomacia española. ¿Crees que tiene visos de cambiar en un futuro?

Respecto a las puertas giratorias, la realidad es que no había pensado en ese concepto para el cuerpo diplomático hasta que conocí casos que menciono en el manifiesto que se han producido y se producen en el país donde trabajo. Los caso de diplomáticos con carreras consolidadas y una intensa red de contactos en España y en el exterior, y que durante sus últimos años de carrera se vinculan a compañías con las que han tenido contacto, se asemejan mucho a lo que ocurre en el caso de los políticos. Los intereses que concurren son prácticamente idénticas. En el caso de los diplomáticos, pienso que el concepto de “diplomacia corporativa” puede ayudar mucho a que se generalicen las puertas giratorias. Se confunde defender en el exterior los intereses de las compañías de país con el hecho de que las corporaciones establezcan las relaciones diplomáticos.

También hablas del poco control y la escasa supervisión del Servicio Exterior. ¿Cuáles son, a tu juicio, los excesos más flagrantes?

Es difícil destacar uno de ellos, pero siendo muy graves los casos de diplomáticos que se han aprovechado de su cargo para su beneficio personal o han malversado fondos, me parece más execrables aún los casos que acarrean lesiones de derechos de empleados en el exterior: el no pago de prestaciones que les corresponden, maltratos, desconsideraciones, exigencia de realizar trabajos para diplomáticos en el ámbito privado… También destacaría lesiones de derechos, atropellos, incumplimientos de normas que son tomadas directamente por los responsables del servicio exterior en Madrid con todo el conocimiento de causa, y no obedecen a una falta de control o supervisión. Como ejemplos citaría el bloqueo a conciencia de las elecciones del personal laboral en exterior, por parte de las jefaturas del Servicio Exterior, el nombramiento, con un puesto creado ad hoc para la embajada de España en Brasil, del comisario de policía Jesús Figón Leo, quien había reconocido matar a sus esposa con el objeto de mantenerle la inmunidad, o la negativa a pagar una indemnización de fin de servicio que le correspondía al ex-compañero y traductor de la Embajada durante 38 años, Abdulatif Hajj.

¿Qué eco social esperas que tenga tu protesta?

Considero fundamental la difusión extensa en la sociedad de estos casos de abusos, arbitrariedades e irregularidades que se producen en el Servicio Exterior, y que se consolide la percepción de que no se trata de casos aislados, sino de un modelo desfasado que propicia que ocurran. Ese modelo, por tanto, debe ser reformado profundamente. Que se impongan principios como del interés colectivo y el del servicio al ciudadano frente a la idea de “servirse de lo público” creo que sería fundamental para el éxito de esta reforma. En cierta medida, es necesario un cambio cultural que no es fácil ni rápido. Además, me parece muy importante reivindicar el derecho de los empleados públicos, tanto por formar parte de la Administración como por su condición de ciudadanos a plantear quejas, objeciones, sugerencias para un mejor funcionamiento de los servicios o denuncias, si es necesario. Los principios de jerarquía o discrecionalidad técnica no se puedan utilizar indebidamente para silenciarles, porque se deja un campo minado a la arbitrariedad.

  • Juan Ramón Martín Menoyo es socio usuario de la cooperativa MásPúblico, editora de La Marea.

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Dani Cabezas

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