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viernes 23 febrero 2018

Sociedad

“Espero y exijo que el Ayuntamiento de Barcelona haga algún gesto”

Mariana Huidobro, madre de Rodrigo Lanza, quien cumplió cinco años de condena por los hechos del 4-F, habla de la importancia de compartir experiencias ante casos de “montaje policial”

04 febrero 2016
09:45
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“Espero y exijo que el Ayuntamiento de Barcelona haga algún gesto”
Mariana Huidobro, en un fotograma del documental 'Ciutat Morta'.

BARCELONA // Hace exactamente diez años, el 4 de febrero de 2006, la Guardia Urbana de Barcelona disolvió una fiesta en un local ocupado, propiedad del Ayuntamiento. En la operación, según recoge la sentencia, el joven Rodrigo Lanza arrojó una piedra que impactó contra un agente “provocando ese golpe que perdiera el sentido y que cayera instantáneamente al suelo”, tras lo que el policía quedó tetrapléjico. Los testimonios de algunos agentes bastaron para condenar a Lanza a cinco años de prisión, pese a que dos de ellos fueron condenados posteriormente, por otros hechos, por tortura y por crear, precisamente, una imputación falsa.

Lanza cumplió la condena íntegra y se negó a recibir unas rebajas de pena que implicarían arrepentimiento y un reconocimiento de un delito que asegura no haber cometido. Diez años después, la familia sigue pidiendo justicia y reparación. Tras el éxito del documental Ciutat Morta llega el libro Ciutat Morta, crónica del caso 4F, que incluye textos de periodistas, abogados, antropólogos, pero también de implicados, como Rodrigo Lanza, Patricia Heras -quien se acabó suicidando- y Mariana Huidobro, madre de Lanza y una de las más activas en la lucha contra lo que califica de “montaje policial”.

Huidobro considera necesaria la edición de este libro como “herramienta para otros casos parecidos” pero también “para escribir la historia en primera persona”.

¿En qué punto está el caso a diez años de los hechos?

Está en manos de abogados aún y vamos a seguir siempre que podamos. Estamos esperando que suceda cualquier cosa. Creo que es importante que, ya que legalmente el caso puede estar un poco estancado, hayamos avanzado con el documental Ciutat Morta y el libro, porque la lucha la hemos hecho siempre más desde ahí. Lo que nos interesa es que la historia la escribamos nosotros, no como pasaba antes, cuando toda la información era transmitida a los medios por la fiscalía y la policía.

¿Se plantean llegar hasta Estrasburgo?

Si se puede hacer, iremos. Son procesos largos. En estos diez años muchas cosas se han cerrado judicialmente y se ha complicado todo, por ejemplo reabrir la denuncia de tortura, que nos interesaba mucho para crear un precedente. No hemos podido hacerlo. La tortura es una cosa que yo vi, porque yo vi a Rodrigo. Son cosas que te quedan dentro para siempre.

Dos de los agentes de la Guardia Urbana que acusaron a Lanza fueron posteriormente condenados por tortura por otros hechos ocurridos ese mismo año, en 2006.

Pero lo que nosotros decíamos es que no fueron sólo dos policías. Ellos dicen que son los únicos que fueron reconocidos, pero claro, los policías te torturan muchas veces encapuchados, no los ves, y además estás en un estado bastante difícil. Por otro lado, a Rodrigo nunca le hicieron reconocer a los policías, sino unas fotocopias en DIN A4 que eran fotos en las que no se reconocía a nadie. Voluntad de investigación no ha habido nunca.

¿Las autoridades han tratado de tener algún gesto con ustedes?

Bueno, el anterior el alcalde de Barcelona cada vez que sucedía algo echaba las culpas al 4-F, a Ciutat Morta y decía “estos son ellos”. En cambio con Ada Colau sí hubo un encuentro, hay gente en el Ayuntamiento que es amiga. Sé que es complicado pero espero y exijo que el Ayuntamiento de Barcelona haga algún gesto. Para nosotros es mucho más importante que el tema legal. Tanta gente ha sufrido tanto con este tema, ya que hay nueve imputados de los que fueron a la cárcel cuatro, gente que era inocente, que se necesita un “lo siento”, como mínimo. Sobre todo después de la muerte de la Patri, cuando la cosa se sobredimensionó.

¿Qué consideraría una reparación adecuada en este caso?

Si puede haber algo positivo es que la historia le sirva a otras personas. En ese sentido, una compensación sería que se investigara a la policía y a los políticos que estuvieron involucrados. Que se buscara a los responsables del montaje del 4-F. Ya no se trata de este caso en sí, sino de que Joan Clos, por ejemplo, está en este momento representando a España. Eso no puede ser. Un tipo que fue responsable del montaje, que se quedó callado pese a tener un informe que desmontaba todo. Esto tiene que sanearse porque hay policías que siguen en la calle y responsables con cargos públicos. No sólo los policías torturadores, sino también los que estaban ahí y son cómplices. Y no sólo es la Guardia Urbana, sino también los Mossos d’Esquadra. Los chicos fueron torturados en ambas comisarías.

¿Qué ha supuesto el éxito de Ciutat Morta?

La lucha fue muy silenciosa, muy frente a un muro. De alguna manera Ciutat Morta nos ayudó a que nos escucharan, a que la gente se enterara de esto y se diera cuenta de que estas cosas suceden aquí y hoy. De otros casos nos vinieron a pedir experiencia, generamos una esperanza en otras personas y esto es importantísimo. Y a modo personal, después de tantos años luchando en silencio, fue también reabrir la herida y sentirla de un modo muy fuerte.

¿Hasta qué punto es complicado mantener una lucha como ésta durante diez años?

Pienso que la lucha se mantuvo porque somos testarudos. Te cambia tan radicalmente una cosa así que esto se convierte en tu vida. Pienso que el mundo lo veo a través del caso 4-F, de esta experiencia. Esta lucha de tantos años ha sido muy dura. Muchas veces nos dijeron “basta ya”, “pasen página”, “se están haciendo daño”. Y ahora agradezco no haber hecho caso, porque gracias a haber insistido creo que tuvo tanta repercusión. Porque seguíamos, estuvimos siempre. Éramos los locos que seguían haciendo cosas. Eso es importante.

El hecho de que haya una condena siempre os coloca la sombra de la duda.

Claro, pero yo no me canso de pedir que se reabra el caso, que se investigue. Si uno está defendiendo esto cuando Rodrigo ya está fuera, ya ha cumplido su condena y no hay vuelta atrás en lo que hemos perdido, es porque sabemos que decimos la verdad. Eso está clarísimo. Nadie más que nosotros quiere que se investigue. La gente que nos está acusando primero borró pruebas y luego no quiso saber nada.

Es un caso parecido al de Alfon, en el sentido de que se condena a alguien sólo con los testimonios policiales. También recuerda al de Francisco Molero. ¿Hasta qué punto hay contacto con otras luchas en el resto del país?

Estamos en contacto con Elena [la madre de Alfon]. Me identifico mucho con ella porque, desde que vimos la noticia de la detención de Alfon me dieron su teléfono y me dijeron que quería hablar conmigo. Cuando Alfon estaba detenido, antes de que entrara en la cárcel, hablé con ella más de una hora por teléfono. Cada vez que voy a Madrid me alojo en su casa. Me ha abierto las puertas, conozco a su familia, hemos charlado hasta altas horas. Somos mamás que creemos en los hijos, en la educación que les hemos dado también, y eso es importante. Yo nunca desconfié de Rodrigo porque lo conozco. Sé lo que puede y lo que no puede hacer. Sé, digamos, su modo de pensar y de sentir. Y son cosas que tenemos en común con muchas mamás. También con las de Can Vies y las de Rodea el Parlament. Son amigos. Estuve en el juicio del Parlament, en Madrid, son gente conocida. Hemos contactado a través de lo que nos ha pasado. Ver cómo tu experiencia es similar a otras pese a que sean casos diferentes es muy importante. Por eso también el libro, porque es importante compartir esta experiencia. Ahora los chicos del Parlament tienen una orden de ingreso y la cárcel es un tema que conozco por mi hijo, y creo que mi experiencia le servirá a ellos también como padres.

En un comunicado resaltó en una ocasión la importancia de la solidaridad y aseguraba que estaba “más unida que nunca” a su hijo. ¿Hasta qué punto el calor humano es importante?

Tengo una relación muy bonita con mis hijos y siempre la he tenido. Esta historia hizo que como madre me cuestionara muchas cosas, como hasta dónde tienes que enseñarle a tu hijo que tiene que defender su forma de pensar. ¿No habría sido mejor enseñarle que agachara la cabeza y no cuestionara ciertas cosas, por ejemplo? Pero mis propios hijos me han dicho “no, nosotros preferimos ser así, y gracias”. Eso por un lado. Pero a lo que nosotros nos ha dado más fuerza ha sido la gente. Siempre Rodrigo tuvo gente que le fue a visitar a prisión, incluso personas que no conocíamos. Siempre recibió de una a cinco cartas todos los días. Él las contestaba, era su trabajo. Estas cosas son importantísimas porque sientes que no estás solo. La cárcel es para dejarte solo. Con Alfon, lo más terrible es que está en aislamiento y no se le puede escribir. Hay que mandarle las cartas a Elena. Eso es terrible. Pero Alfon sabe que está su madre, que se está hablando del caso. Eso le da a él fuerza. Yo cuando Rodrigo estaba en la cárcel le pedí que agachara la cabeza para que le dieran los permisos de salida. Él estuvo muy mal hasta que me dijo “no puedo”.

Y decidió cumplir la condena íntegra.

Claro. Él me decía “me da lo mismo, mamá”. “Me da igual cumplir toda la condena, quiero mirarme al espejo y estar tranquilo conmigo mismo”. Bueno, es su decisión. A una le duele, ¿eh? Es su decisión y a uno le da fuerza. Hemos tenido la solidaridad de la gente y ahora, lógicamente, nos toca a nosotros devolver la mano.

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Eduardo Muriel

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