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lunes 25 septiembre 2017

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El perverso discurso del emprendimiento

“El discurso del emprendimiento ha sido impulsado por el gobierno del PP, no sólo como una forma de animar a las personas paradas a buscar otras opciones laborales, sino como una manera de culpabilizarlos de encontrarse sin empleo”, denuncia el autor.

27 diciembre 2015
10:33
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El perverso discurso del emprendimiento
Trabajadores del parque empresarial de Azca en Madrid. FERNANDO SÁNCHEZ

Luis Azorín // Estos últimos años vemos como cada vez se oye hablar más de los llamados emprendedores, personas que optan por una modalidad de autoempleo en vez de un trabajo asalariado. Opción que siempre ha elegido cierta parte de la población, pero que ahora parece contar con mayor relevancia y prestigio social. Y es que el discurso del emprendimiento ha sido impulsado especialmente por el gobierno del Partido Popular, no sólo como una forma de animar a las personas paradas a buscar otras opciones laborales, sino como una manera de culpabilizarlos de encontrarse sin empleo. El mensaje es claro: si no tienes trabajo es porque no eres emprendedor, por falta de actitud o aptitud, y por tanto, si es culpa tuya, no son las políticas del gobierno las responsables. Tanto desde el discurso de distintos dirigentes del gobierno, como a través de campañas publicitarias, o incluso mediante el programa de TVE Emprende, se ha trasladado el mensaje a la ciudadanía, mientras vivimos una crisis económica y social sin visos de salida.

Dentro de este discurso, el modelo en el cual se deben mirar los nuevos emprendedores es el del empresario triunfador, hecho a sí mismo, que partiendo de la nada ha creado su propio imperio. Este modelo, marcadamente individualista, donde el beneficio económico prima sobre todo lo demás, dada su aceptación social, sirve para aportar gran prestigio al emprendimiento; aunque sin embargo, deja de lado otros tipos de emprendimiento de mayor valor social, como el de diversos proyectos o cooperativas que tratan de crear opciones de autoempleo que generen un beneficio comunitario.

Por otro lado, hay que hacer hincapié en la contradicción en la que entran las administraciones en este tema, pues mientras establecen un marco legal a favor de la libre competencia y que favorece, en todos los ámbitos, a las grandes corporaciones, quieren incentivar pequeños proyectos de emprendimiento que tienen casi imposible competir en el mercado, en la forma en que está (des)regulado. Por poner un ejemplo, las veintiocho empresas del Ibex 35 soportaron en 2.013, un 6% de carga fiscal respecto 13.100 millones de euros de beneficios brutos, una cantidad considerablemente inferior a la que soporta una pequeña empresa o un autónomo. Estas desventajas son visibles en cualquier ámbito, las normativas benefician a las grandes empresas, y como mínimo obligan a las pequeñas a cumplir con los mismos requisitos, algo muy difícil cuando las condiciones son muy desiguales. Un caso muy significativo es el del pequeño comercio, sector en el que se produce la mayor parte de las iniciativas de emprendimiento, y que lejos de haber sido protegido por las administraciones, ha sido perjudicado por las sucesivas medidas de liberalización de horarios.

Por lo tanto, fuera de este discurso interesado, el modelo del emprendedor no siempre se encuentra en ese triunfador social, puede estar en el frutero de tu barrio, en el quiosquero, en aquella cooperativa de periodistas que montan un medio como La Marea, pero también en aquellas personas, que al no encontrar trabajo, como última opción, invierten el dinero de sus ahorros, de su indemnización o paro en un negocio y se lanzan al abismo, eso sí contribuyendo a reducir la cifra de parados.

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