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jueves 15 noviembre 2018

Internacional

Mauricio Macri será el próximo presidente de Argentina

La victoria del candidato conservador pone fin a doce años de kirchnerismo e inaugura un nuevo ciclo político en el país

23 noviembre 2015
08:39
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Mauricio Macri será el próximo presidente de Argentina
Mauricio Macri en una imagen de archivo. GOBIERNO DE LA CIUDAD DE BUENOS AIRES

BUENOS AIRES // Tal como anticipaban las encuestas, el líder del PRO (Propuesta Republicana) y la Alianza Cambiemos, Mauricio Macri, se impuso al candidato del oficialista Frente para la Victoria (FpV), el peronista Daniel Scioli, tras una jornada electoral sin altercados, que registró una participación de en torno al 78% de los 32 millones de argentinos convocados a las urnas. Desagregados por provincias, los resultados dejan ver las diferencias geográficas en la preferencia del voto: en el centro del país, en provincias como Mendoza y Córdoba, ganó Macri con amplitud, mientras que el candidato del FpV se impuso en el Norte y en el Sur del país.

El 10 de diciembre será el día del cambio de gobierno. Hasta entonces, todo son elucubraciones acerca de hasta qué punto han fraguado los cambios en las instituciones de estos doce años de gobiernos kirchneristas. La campaña de Scioli, sobre todo en las cuatro semanas que siguieron al mal resultado del candidato oficialista en primera vuelta, giró en torno a una idea: que una victoria de Macri supondría una vuelta a las políticas de ajuste neolbieral que en los años 90 implementó el peronista Carlos Menem.

Para buena parte de los votantes de izquierdas, la pregunta era hasta qué punto son o no son lo mismo los dos candidatos que se enfrentaban en balotaje. Eso es lo que trató de discernir el economista Ezequiel Adamovsky en un artículo que concluía: se parecen, pero no son lo mismo. Según este análisis, Scioli también devaluaría, pero con Macri la devaluación del peso llegará de forma más rápida y más pronunciada, y tendrá por tanto un impacto mayor en las clases trabajadoras.

Otra pregunta que queda en el aire es qué sucederá con las políticas sociales asistencialistas que han sacado a miles de familias de la pobreza en los últimos años: la más emblemática de ellas es la Asignación Universal por Hijo (AUH). Macri se manifestó todo este tiempo en contra de estas políticas, pero en campaña insistió en que no las tocará, porque eso sí se hizo bien. Lo cierto es que esas ayudas se han ganado un respaldo social que difícilmente puede negarse; pero, sospecha Adamovsky, Macri bien podría dejar que la inflación, que ronda el 25% anual, podría comerse el monto real de esas ayudas, que hasta ahora el Gobierno fue incrementando periódicamente.

Muchos argentinos guardan ahora la respiración, hasta ver qué se concreta de tantas especulaciones.  Entre los sectores que viven mayor incertidumbre está la enseñanza, y en particular, las universidades públicas; también falta ver si el nuevo presidente se atreverá a adoptar una medida tan impopular como acabar con los subsidios del trasporte y del recibo de luz. O si Macri logra diezmar el poder sindical, después de haberse manifestado proclive a recortar la negociación colectiva en un país donde los aumentos salariales bianuales evitan que la inflación deteriore el poder adquisitivo de los trabajadores, si bien también alimentan la espiral inflacionista.

Nuevo ciclo político

De lo que no hay duda es de que hoy comienza un nuevo ciclo político en la Argentina. En primer lugar, porque el resultado pone fin a doce años de progresismo, entendiendo esa escurridiza palabra como un proyecto político que rechaza la subordinación absoluta a las leyes del capitalismo global. Es verdad que Cristina Fernández de Kirchner se ganó críticas de las izquierdas por plegarse a las exigencias de las inversiones mineras y sojeras, a pesar de los brutales impactos sobre los territorios que provocan estas actividades extractivas; pero también es innegable que, más allá de las políticas asistencialistas, los Kirchner se enfrentaron a los fondos buitre y encabezaron un proyecto de país en que el Estado recuperaba un rol activo en la economía que se había perdido en los años de neoliberalismo. El mejor ejemplo es el mantenimiento de un Banco Central de la República Argentina (BCRA) supeditado a la política económica gubernamental; de hecho, algunos analistas sospechan que una de las primeras medidas que tomará el equipo económico de Macri será transformar el BCRA en una institución independiente del poder político, como reclama el ideario neoliberal.

Más allá de las contingencias del contexto político, la victoria de Macri transforma el escenario político del país, que durante décadas ha estado dominado por el peronismo, dejando apenas un resquicio del espacio político al radicalismo. Durante varios años de hegemonía kirchnerista, los poderosos grupos de prensa que editan los diarios Clarín y La Nación fueron la verdadera fuerza opositora, frente a la fragmentación de los partidos de la oposición. Después de consolidar el PRO en la Ciudad de Buenos Aires, cuyo gobierno encabezó Macri desde 2007, el PRO dio el salto al territorio nacional y logró rodearse de gran parte de la oposición, incluido el radicalismo, así como de un sector social descontento con ese viejo discurso de la confrontación tan caro al peronismo y en especial al discurso de Cristina Fernández.

¿Nueva política, nueva derecha?

Para consuelo de quienes temen las políticas de ajuste neoliberal que podría poner en marcha el hasta ahora jefe de Gobierno porteño, el nuevo presidente deberá enfrentarse a unas cámaras legislativas divididas que le obligarán a negociar. También está por ver qué ocurrirá en el seno de la Alianza Cambiemos, con la que el PRO de Macri ha ganado las elecciones, y que alberga diferentes sensibilidades y fuerzas políticas.

Pero, para desconsuelo de esos mismos sectores temerosos de que vuelva el ajuste de los 90, el contexto latinoamericano aparece cada vez más complejo para las izquierdas. Los autodenominados gobiernos progresistas pierden fuelle frente a un nuevo embate de la derecha. Y es aquí que el caso argentino merecerá la atención de los analistas: el logro de Macri es contribuir a la creación de una nueva derecha que resulta digerible para amplias capas del electorado, que aparece como renovada y se pretende desideologizada.

El logro de Mauricio Macri fue rodearse de un buen equipo de comunicadores y expertos en marketing político que crearon un imaginario político colorista -el amarillo es el color corporativo del macrismo, pero les encanta rodearlo de muchos colores-, festivo, que no se dice de izquierdas ni de derechas aunque responde al ideario neoliberal, y que toma prestados los valores del voluntariado y el oenegenismo. Macri se apropió de la palabra “cambio”, pese a que nada hay de nuevo en su ideario político. En el PRO no dudan en compararse con Podemos, en tanto que portadores de una “nueva política” que se aleja, supuestamente, de los vicios y corruptelas de la vieja política. Sin embargo, Macri está procesado por su presunta participación en una asociación ilícita dedicada al espionaje ilegal, por los delitos de violación de secretos, abuso de autoridad y falsificación de documentos. ¿Qué de nuevo hay en la nueva derecha está construyendo Mauricio Macri?

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