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lunes 25 septiembre 2017

Los socios/as escriben

A mis compañeras ausentes

“Echo de menos vuestro talento y vuestra capacidad de trabajo, y también vuestra visión del mundo”, explica el autor

06 noviembre 2015
10:04
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A mis compañeras ausentes
Cartel invitando a la marcha del 7N. Foto: ciudaddemujeres.com

Compañeras ausentes del mundo académico,

con ocasión de la Marcha Social contra las Violencias Machistas 7N, os escribo para transmitiros que os echo de menos. Echo de menos vuestro talento y vuestra capacidad de trabajo, y también vuestra visión del mundo. En vuestro lugar, hay trabajando en mi entorno académico hombres comparativamente incompetentes. Claro está que los mejores, hombres o mujeres, son muy buenos, pero el hecho es que el potencial de la mujer y el del hombre son muy similares, y sin embargo en los puestos altos de investigación hay muchos más hombres que mujeres: es obvio que a vosotras, de una forma o de otra, se os impone un corte más exigente que a nosotros. El resultado final es que entran hombres con menos capacidad que algunas de las mujeres que quedan fuera. Es importante darse cuenta de que esto no solo preocupa a personas interesadas en la justicia social, sino también a organismos al servicio del capitalismo como la Comisión Europea, ya que a escala internacional supone un enorme desperdicio de recursos.[1] Lo que para unos es injusticia y drama humano, para otros es ineficacia y drama económico.

Muchas de vosotras, muchísimas, sí que tenéis estudios universitarios: ahí la brecha de género está cerrada desde hace años, y si acaso se ha invertido. Es al comenzar el doctorado cuando comienza el desgaste de la población femenina. Tras el doctorado, en el momento de salir al extranjero, el desgaste se intensifica y la brecha crece. Investigadoras comparativamente más capaces que sus compañeros renuncian a seguir la carrera investigadora, desvirtuando la competición. Otro día entramos en si esta competición es sana o no, pero ahora mismo la situación es esa. Hay multitud de problemas sociales, externos al mundo académico, que impiden que la selección altamente competitiva del mundo académico funcione, y así desperdiciamos una enorme cantidad de talento. Por otro lado, imagino que muchas mujeres estarán viviendo una vida menos enriquecedora de lo que podrían si se dedicasen, al máximo nivel, a aquello para lo que tienen un talento extraordinario.

Vosotras, mis compañeras ausentes, os quedáis en casa, cuidando a los niños, a los ancianos o a los enfermos, mucho más que vuestra pareja o que vuestro hermano. Os metéis en una carrera menos competitiva, por tener que soportar más presión social de la que tenemos que soportar nosotros. O renunciáis a los años de estancia postdoctoral por cargas familiares, en mayor proporción de lo que hacemos los hombres. Y no es que para los hombres sea fácil: algunos se dejan la vida en el intento. Es solo que las mujeres lo tenéis todavía más difícil. Y a estos factores externos se unen, seguro, dificultades extraordinarias dentro del mundo académico.

Tampoco me olvido de vosotras, compañeras presentes: las que estáis donde estáis pese a todas esas dificultades extra. Reconozco vuestro talento, el esfuerzo extra que tenéis que hacer comparado con el que tengo que hacer yo para obtener el mismo reconocimiento.

No quiero proponer soluciones porque no soy especialista en Estudios de Género. Creo que he leído bastante de feminismo comparado con mi entorno académico más inmediato, pero, en comparación con las disciplinas a las que me dedico profesionalmente, tengo el tema poco trabajado. Sin embargo, sí me siento capaz de reconocer el problema, y es un problema grave.

Las mujeres muertas por su género, las compañeras más criminalmente ausentes, son una tragedia social y prácticamente universal sobre la que debería resultar fácil buscar el consenso. La violencia de género en general, pero especialmente la que acaba en muerte, es la mancha de sangre que no puedes dejar de ver. Pero es solamente una parte de un cuadro mucho más grande, y más complejo, que es el patriarcado. Por la urgencia siempre hacen falta los parches y las reformas. Resolver los problemas de raiz requiere, además, cambios radicales.

Por eso #7N #YoVoy.

[1] Escribo esto repasando este informe sobre género e investigación y recordando elseminario al que asistí hace unos meses sobre el mismo tema.

Alejandro Gaita

Alejandro Gaita

Investigador en magnetismo molecular y computación cuántica. Sobre ciencia, racionalidad, mundo académico y temas sociales.

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