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Política

¿El 27-S se mide en votos o en escaños?

Las encuestas auguran en las próximas elecciones catalanas una victoria en escaños del ‘sí’ pero que no se refleja en número de votos. ¿Es suficiente para plantear una declaración unilateral de independencia?

15 septiembre 2015
12:03
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¿El 27-S se mide en votos o en escaños?

BARCELONA // Todas las encuestas que hasta ahora se han publicado sobre la previsión de los resultados de las elecciones al Parlament de Catalunya del próximo 27 de septiembre coinciden en otorgar la mayoría de escaños a las dos fuerzas políticas que apuestan por la independencia: Junts pel Sí y la CUP. No obstante, el bloque contrario a la secesión (C’s, Catalunya Sí que es Pot, PSC, PP y UDC) tiene un peso significativo que, de mantenerse en las urnas, puede deslegitimar una supuesta Transición catalana hacia la formación de un nuevo Estado independiente.

La mayoría de escaños en el Parlament se sitúa en 68 y, de momento, las formaciones independentistas saben que este es un objetivo asequible. La última encuesta del CIS (la que ofrece resultados más negativos para las aspiraciones nacionalistas) otorga entre 68 y 69 escaños a Junts pel Sí y la CUP, una mayoría parlamentaria que sólo contaría con el 44% de los votos emitidos. En cambio, según esta misma encuesta, las opciones no nacionalistas conseguirían entre 66 y 67 diputados, contando con el 51,2% de los votos.

La explicación de por qué los partidos con menos votos tienen mayoría parlamentaria la encontramos en la ley electoral*. En el caso catalán, el voto de un vecino de la provincia de Barcelona vale la mitad (aproximadamente) que el de los ciudadanos de Tarragona, Lleida y Girona. Y se da la circunstancia que en la provincia de Barcelona es donde el ‘no’ a la independencia tiene mayor apoyo social. El sistema d’Hondt se aplica también en todas las elecciones en España e, históricamente, ha favorecido al PP y al PSOE, con lo cual no se debe entender como una opción hecha a medida por parte del nacionalismo catalán.

El problema es que estas elecciones se presentan, desde el bando secesionista, como una contienda electoral plebiscitaria, entendida como una consulta al pueblo sobre la cuestión de la independencia de Cataluña. Así pues, en los términos en que se plantea, existe un gran debate en el nacionalismo sobre si los resultados del 27-S se deben medir en votos o en escaños. Si el sistema electoral funcionara con la fórmula una persona-un voto, esta disputa no existiría pero lo cierto es que la resolución de este debate será decisiva a la hora de que los partidos nacionalistas, en caso de victoria, se pongan de acuerdo para establecer una hoja de ruta clara y unitaria para su acción política a partir del 28 de septiembre.

Antes de analizar las distintas opiniones al respecto, comparar con alguna experiencia internacional similar y predecir posibles escenarios, es importante tener en cuenta que las elecciones plebiscitarias son uno de los últimos cartuchos del nacionalismo catalán. Existe unanimidad en el sector independentista a la hora de considerar que la mejor opción para que la ciudadanía catalana se pronunciara era la celebración de un referéndum vinculante. No obstante, el Ejecutivo liderado por Mariano Rajoy se ha mostrado absolutamente contrario a esta idea y se ha negado a negociar cualquier vía de consulta legal para que los catalanes se expresen sobre la cuestión, siempre invocando el marco legal establecido por la Constitución de 1978.

Posiciones enfrentadas

En el soberanismo hay dos posiciones distintas que pueden pasar factura a las expectativas del movimiento independentista. Por una parte, Junts pel Sí (CDC, ERC y distintas entidades cívicas y culturales como Òmnium Cultural o la Assemblea Nacional de Catalunya) tiene claro que al tratarse de unas elecciones al Parlament, una mayoría de escaños (mínimo, 68) les daría legitimidad para empezar el proceso de una Transición catalana. “Si se quieren contar los votos que se haga un referéndum y hablamos”, declaraba este lunes Raül Romeva, número uno de Junts pel Sí, en un desayuno en Madrid organizado por Nueva Economía Fórum.

Por otra parte, los candidatos de la CUP, con el periodista Antonio Baños al frente, han dejado claro que en unas elecciones como las del 27-S lo que se deben contar son los votos y no los escaños. “Las elecciones se ganan formalmente en diputados, pero no nos sirve. Necesitamos una mayoría popular para que el proceso tenga un mandato democrático claro”, señaló Baños a principios de este mes. De hecho, este lunes lo volvió a repetir en rueda de prensa y destacó que en caso de no conseguir el 50% de votos “nada se acabaría”, puesto que la CUP considera que Catalunya Sí que es Pot puede tener un papel importante después del 27-S en el proceso de independencia.

Mar Aguilera, profesora de Derecho Constitucional en la Universitat de Barcelona y observadora internacional de la Unión Europea en elecciones y referéndums, cree que mantener el equilibrio de representación territorial mediante circunscripciones y el reparto de escaños propio de la Ley d’Hondt, dos aspectos que en España recoge la Ley Orgánica de Régimen Electoral General de 1985, es positivo y necesario para que las minorías tengan voz en las instituciones. “No obstante, si las elecciones se venden como un referéndum, es contradictorio que se diga que lo que cuentan son los escaños. En los referendos no se tienen en cuenta las circunscripciones electorales, con lo cual se debería hacer el recuento por votos y no por escaños”, apunta Aguilera sobre el caso de las elecciones del 27-S.

La independencia de Montenegro

Con los votantes catalanes bastante confundidos por esta cuestión, es interesante prestar atención a algún referente internacional reciente. Quizás, por la división interna que expresaban en las encuestas sus ciudadanos, el caso de la independencia de Montenegro es especialmente relevante. La Unión Europea impuso dos condiciones a Montenegro para que el resultado del referéndum fuera reconocido por la institución comunitaria: a) que la participación superase el 50%; b) que el ‘sí’ ganara con más del 55% de los votos emitidos. El ‘sí’, finalmente, ganó con el 55,5% y la participación fue del 86,49%. De hecho, el ex diputado de la CUP, David Fernández, expresó públicamente que lo ideal sería que el ‘sí’ en Cataluña contara con una mayoría social del 55% de los votantes o más, cifra que recuerdan inevitablemente a las condiciones que se le impusieron a Montenegro en 2006.

Antes del referéndum del ahora nuevo Estado europeo, tanto los independentistas montenegrinos como los actores de la Unión se referían a la franja de votos que iba del 50% al 55% a favor del ‘sí’ como “área gris”, lo cual da una idea de la complejidad de una victoria ajustada en cuestiones de soberanía nacional de un territorio ideológicamente dividido. No obstante, se debe subrayar que el voto en un referéndum vinculante (‘sí’ o ‘no’ sobre una cuestión determinada) no es políticamente comparable al voto en unas elecciones plebiscitarias como las que se proponen en Cataluña, puesto que los ciudadanos también valoran los programas de los partidos y no tan sólo su posición respecto a la independencia.

Así, con poco que varíe el resultado de las elecciones unos puntos porcentuales arriba o abajo, se pueden dar escenarios muy distintos. Se barajan cuatro resultados posibles: a) una victoria del ‘no’, con la cual el “procés” quedaría tocado de muerte; b) una victoria del bloque del ‘sí’ sin tener mayoría en votos (Junts pel Sí y CUP, por ejemplo, sumando 69, como avanzaba el CIS). En este caso la hoja de ruta de Junts pel Sí se desvanecería y el proceso quedaría en manos de Catalunya Sí que es Pot; c) una victoria del ‘sí’ en la que Junts pel Sí tuviera mayoría en escaños aunque el ‘sí’ en global no tuviera mayoría de votos (sólo se explicaría por una debacle de la CUP). Este escenario permitiría a Junts pel Sí poner en marcha su hoja de ruta sin necesidad de contar con aliados políticos; d) una victoria del bloque del ‘sí’ con mayoría de votos. Este resultado daría alas a la Transición catalana, que quedaría a expensas de las acciones que decidiera tomar el Gobierno central y el Tribunal Constitucional para acabar con las aspiraciones de un sector, en esta hipótesis de resultado, mayoritario del pueblo catalán.

 *Actualización 15/9/2015, a las 23 h

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