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martes 20 febrero 2018

Opinión

Tropezar de nuevo con el mismo… ladrillo

Tal y como indican las encuestas de intención de voto, el mensaje del PP de que la recuperación es un hecho no hace sino confirmar la sospecha de que lo que los españoles quieren es eso: recuperarse

08 septiembre 2015
11:22
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El español es el único animal que tropieza dos veces con el mismo ladrillo. En estos años de crisis en los que derechos sociales y laborales conquistados durante décadas han quedado barridos por la agenda neoconservadora (falsa y erróneamente llamada liberal), los Gobiernos de PSOE y PP han perdido un tiempo precioso que podrían haber dedicado a sentar las bases de un nuevo modelo productivo. Rescatados los bancos (rescatadas, pues, las grandes fortunas familiares, dueñas de todo lo demás), el sector inmobiliario comienza a dar señales de disponerse a repetir los errores del pasado.

Vuelve a haber oxígeno en los pulmones de la banca para hinchar de nuevo la burbuja inmobiliaria y del consumo. El problema, otra vez, es que ese oxígeno es el que le han arrebatado a usted y a mí a fuerza de rescates a la banca y recortes de derechos. Es su dinero, lector, con el que los bancos volverán a hinchar esa burbuja de especulación. He aquí los primeros síntomas, en forma de titulares de prensa, el primero de ellos, de hoy mismo:

1. El precio de la vivienda se dispara un 4,2% en el segundo trimestre (El País, 8 de septiembre de 2015)

2. El ‘ladrillo’ seguirá su recuperación mientras continúa la estabilidad de precios. (Expansión, 2 de septiembre de 2015)

3. Las cuatro claves que harán subir el precio de la vivienda (Cinco Días 30 de julio de 2015)

4. La firma de nuevas hipotecas para comprar casa crece un 26,3% (El Mundo, 31 de agosto de 2015)

5. El ajuste de los precios de la vivienda está ya cerca de tocar suelo, según la tasadora Tinsa (20 Minutos, 4 de agosto de 2015)

6. La banca española apuesta por el crédito al consumo (Cinco Días, 12 de agosto de 2015)

Poco importa que en España existan 3,4 millones de viviendas vacías; el 30% de todas las casas desocupadas que existen en la Unión Europea. El precio de la vivienda acaba de experimentar el mayor crecimiento interanual desde 2007, año del origen de la crisis. El énfasis de los gobiernos del PSOE y del PP en reactivar la construcción tiene, al menos, cuatro explicaciones:

A) El crecimiento basado en el ladrillo supone un enriquecimiento rápido y perdurable de bancos, empresas energéticas y constructoras, sectores indistinguibles de la misma élite política y mediática, hasta el punto de que muchos dirigentes políticos actúan como delegados de esas empresas. De ellas provienen y a ellas aspiran a regresar.

B) El ladrillo genera empleo rápido y de personal poco cualificado, lo que redunda a corto plazo en una mejoría de las cifras del paro, con el consiguiente beneficio electoral. Da igual que todos sepamos que una nueva burbuja inmobiliaria supone pan para hoy y hambre para mañana. Ningún dirigente político piensa en el mañana y la gente, lógicamente, necesita trabajo. Es obvio que no se le puede pedir a un desempleado que rechace un trabajo en la construcción para evitar una nueva burbuja inmobiliaria.

C) Entre los más jóvenes, el hecho de que vuelva el dinero fácil a la construcción es un incentivo para abandonar la escuela y la Universidad, una suerte de premio que logra reducir el número de esos ciudadanos formados, con espíritu crítico y preparación, tan molestos para los dirigentes gubernamentales. ¿Quién quiere igualdad de oportunidades en el acceso a la Educación pudiendo comprarse un deportivo de gama media con 19 años? Una nueva burbuja inmobiliaria permite, pues, dejar de invertir en Educación y en Investigación, Innovación y Desarrollo. Entre los no tan jóvenes, más desesperados que nunca, un empleo es un empleo, sea en el sector que sea y casi sin importar las condiciones. Como ya publicamos en su día, para muchos es mejor un trabajo precario que nada y ésa es la baza que juegan el Gobierno y la patronal.

D) Tanto PSOE como PP buscan un país de propietarios. Entre las clases medias, el hecho de tener una vivienda en propiedad genera docilidad, miedo ante la incertidumbre… En definitiva: conservadurismo. Ésa fue la intención de la política de vivienda inaugurada por el desarrollismo franquista y abrazada sin pestañear por PSOE y PP.

Todavía la mayoría de los ciudadanos ignoran que el crecimiento macroeconómico no significa automáticamente desarrollo ni reparto de la riqueza. Tal y como indican las encuestas de intención de voto, el mensaje del PP de que la recuperación es un hecho no hace sino confirmar la sospecha de que lo que los españoles quieren es eso: recuperarse. Es decir, volver al estado previo al estallido de la burbuja inmobiliaria; o sea: volver a vivir dentro de una burbuja. Que los pisos vuelvan a tener precios exorbitantes. Que los bancos vuelvan a concender créditos e hipotecas sin control.

Cuando esa nueva burbuja estalle, sin embargo, ya no habrá el colchón de renta y de derechos sociales con el que hemos contado para amortiguar mínimamente esta crisis. En la próxima dentellada ya no habrá defensa posible. No existirá ya, por ejemplo, la misma tipología de jubilados que, gracias a sus pensiones, han sostenido a tantas familias.

Pero todo eso será mañana y, como ya hemos dicho, aquí nadie piensa en el mañana.

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Toño Fraguas

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