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domingo 22 julio 2018

Opinión

Hombre con coleta hablar con lengua de serpiente

Sólo los que logran establecer una relación cercana con el entorno de la cúpula son llamados a ocupar puestos administrativos, sostiene el autor.

08 julio 2015
11:53
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Hombre con coleta hablar con lengua de serpiente
Pablo Iglesias durante la presentación de su proyecto político. FERNANDO SÁNCHEZ

MADRID // Inevitablemente, el líder de Podemos, Pablo Iglesias, tuvo que cantar el día que subió al escenario con Javier Krahe aquella estrofa, justo antes del estribillo, que dice: “Lo que antes ser muy mal permanecer todo igual y hoy resultar excelente”. Corría febrero de 2014 cuando entrevisté a Iglesias por primera y última vez (no ha vuelto a conceder a La Marea ningún otro rato de conversación formal, pese a varios intentos). Entonces, Podemos era un proyecto que movilizaba masivamente la energía de unas bases que, tras el desgaste de la movilización que abrió el 15-M, parecían estar deseando poner sus esfuerzos en una organización que les representara en las instituciones. En ese momento, en el partido no había listas plancha y las primarias se presentaban como la posibilidad de que cualquier persona pudiera llegar a ser representante de la formación. El invento, pese a las distancias, olía a 15-M. Durante aquella entrevista, pregunté a Iglesias por Beatriz Talegón, que dejaba abierta la puerta -o al menos no la cerró en un primer momento- a unirse a Podemos si él se lo pedía. Él me respondió así: “Nuestro proyecto está abierto a todo el que comparta lo que estamos diciendo, pero aquí no hay estrellas que vayan a recibir una petición singularizada y diferente a la que hicimos en general. Conozco a Beatriz pero el llamamiento que hacemos a todo el mundo no implica que a una serie de personas, por el hecho de ser más relevantes, vayan a tener una petición específica”.

Un año y medio después, Iglesias y su entorno han entrado en contacto, de forma específica, por vía telefónica, con Talegón y con otros cuadros relevantes de partidos como IU, entre ellos Alberto Garzón, para integrarlos en su lista plancha de cara a las primarias internas. La diferencia de estilos entre el ayer y el hoy es abrumadora. Se trata de un conjunto de hasta 60 nombres que el secretario general y los suyos han confeccionado de manera privada y secreta, cocinada en despachos, y que se podrá votar en bloque cuando se abra el proceso de deliberación de Podemos. También se podrá optar por asignar los votos de forma individual, pero la experiencia de pasadas primarias permite adelantar el resultado sin mucho riesgo a equivocarse. Iglesias juega con la ventaja de una fama (y una genialidad a nivel discursivo) sin discusión. ¿Se imaginan que las primarias para las elecciones europeas, donde Podemos dio la sorpresa, se hubieran realizado con listas plancha? Difícilmente habría sido eurodiputada Teresa Rodríguez, ya que no se encontraba entre las apuestas que Iglesias hacía pocos días antes de la votación. No había listas hechas en “despachos”, una práctica recurrentemente criticada por el líder de Podemos.

Muchos de los que asistimos a la presentación de Podemos, en un pequeño teatro alternativo en el madrileño barrio de Lavapiés, sentimos que estábamos ante algo vibrante que iba a sacudir la escena política española. En aquel momento, lo recuerdo bien, aunque se le haya echado la culpa a Podemos del vaciamiento de las calles, el 15-M estaba totalmente desgastado y no lograba juntar a más de unos pocos cientos de personas en sus manifestaciones. Se respiraba hastío, se acumulaban las multas, no se cumplían los objetivos. Por otro lado, el ascenso de IU era lento y lastrado por los casos de corrupción en la federación de la Comunidad de Madrid. En ese momento Iglesias, que se había hecho famoso por dar caña en platós a tertulianos y políticos de derecha, llevando a las televisiones un discurso que estaba en la calle, se ofreció a ser la cara de un nuevo partido político que se caracterizaba, entre otras cosas, por un “método”. Él mismo incidió en este concepto durante la presentación de Podemos: “El método es lo más importante”, aseguró.

Éste consistía básicamente en la elección de las listas electorales mediante “primarias abiertas” donde participasen candidatos de otros partidos, como IU, para que sean los mismos simpatizantes los que elijan a quienes les van a representar. De hecho, Iglesias mencionó en varias ocasiones al Partido X, de primarias totalmente abiertas, como ejemplo de las que querían realizar. En cuanto a la elección de aspirantes a las primarias, éstos eran “elegidos por los círculos de Podemos”, es decir, venían directamente avalados por la base, lo que garantizaba un alto grado de pluralidad. Por aquel entonces no se hablaba de que tenía que ser la gente “más preparada” la que estuviera al frente, sino la ciudadanía movilizada. “Nosotros nos debemos a nuestra metodología, estamos convencidos de que sólo devolviendo a la ciudadanía la responsabilidad, podremos construir una mayoría”, decían Carolina Bescansa, Miguel Urbán y el propio Pablo Iglesias en un artículo firmado por los tres, un mes después de su fundación. Según este razonamiento, a la ciudadanía se la suponía mayor de edad, responsable y capaz de elegir a los mejores representantes.

La democracia real genera ilusión, porque da a las bases la sensación de que cualquiera puede ser dirigente o representante, ser votado y revocado con democracia total. Sentir que el proyecto es tuyo te hace defenderlo con una fuerza inagotable. El ascenso imparable en las encuestas de Podemos durante aquellos meses es conocido por todos. Ese espíritu, más parecido al 15-M, se rompió en Vistalegre, el congreso fundacional de Podemos. El tiempo dirá si la estrategia del entorno de Iglesias es certera o no, pero no se puede negar que en ese momento el partido cambió de forma contundente. Se presentaban los documentos organizativos, éticos y políticos, que incluían incluso la decisión de no confluir de cara a las generales. Se votó con la presencia de listas plancha. Con un solo clic, cualquiera podía elegir el pack de documentos que avalaba Pablo Iglesias. De nuevo, la figura pública y la adhesión que genera éste último hicieron el resto. De Vistalegre no sólo salió la decisión de no confluir con otras fuerzas en las generales, como sí se ha hecho en las municipales, sino que también se eligió a los miembros de la dirección, el Consejo Ciudadano, y su modo de funcionar. Y aquí tampoco hubo rastro de la incertidumbre de las europeas: las listas plancha dibujaron un Consejo Ciudadano leal a Iglesias. “Habilitando un mecanismo de votación en plancha, se ha establecido un sistema de elección mayoritario puro de facto, aunque formalmente se trate de listas abiertas”, se quejó el equipo del secretario general de Podemos Aragón, Pablo Echenique.

Este Consejo Ciudadano, formado por una lista presentada por Iglesias, ha sido el que ha aprobado el reglamento de primarias elaborado por éste. El círculo está cerrado. No hay casualidades ni sorpresas. Hoy, la realidad es que en la cúpula de Podemos el espacio para la discrepancia parece estrecho y eso se deja notar en el discurso, que cada día parece más acartonado. Los mismos conceptos se repiten machaconamente, hasta casi el hastío, en la mayoría de las caras visibles de la formación. Han desaparecido algunas ideas como la de la nacionalización de ciertos sectores económicos y aún no se sabe si la discusión del programa para las generales va a contar con el alto grado de participación que hubo en el de las europeas. “No es lo mismo hacer un programa para las europeas que otro para gobernar”, ha dicho en alguna ocasión Iglesias, mientras se recurre a expertos que limiten el marco de las discusiones.

Al principio, la sensación en las bases era que cualquiera podía dar el paso y convertirse en diputado del Congreso. Hoy eso ya no lo cree nadie en los círculos. Prácticamente sólo los que logran establecer una relación cercana con el entorno de la cúpula son llamados a ocupar puestos administrativos. ¿Qué son los círculos hoy en día? ¿Son un ejemplo de “empoderamiento”, como se pretendía? El ahora eurodiputado Miguel Urbán me comentó en una entrevista que no quería que los círculos se convirtieran en “clubs de debates o en pegacarteles cuando toca manifestación”. Pero la realidad es que en estos momentos son poco más que eso. La mayoría de las personas que controlan los órganos de dirección estatales de Podemos, así como las de gran parte de la estructura burocrática del partido, se conocen entre ellos desde hace años. Es curioso, en definitiva, el alto nivel de endogamia al que conduce una suma de procesos que presuntamente son un ejemplo de democracia interna. Veremos si el marketing es suficiente para que Podemos genere ilusión de cara a las generales. Porque las bases cada vez muestran menor vigor.

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Eduardo Muriel

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