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sábado 21 abril 2018

Opinión

Los fresones rebeldes

Las fuerzas transformadoras han perdido el humor y la sátira como armas y el sistema se adueña de la corrección política para enmudecer las disonancias

15 junio 2015
19:07
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Artículo publicado en el número de junio de La Marea, a la venta en quioscos y en nuestra tienda online

Yo iba a escribir de otra cosa. Una cosa interesante. Pero justo cuando arrancaba mi flamante word 2003 para redactar a lo loco me entero de la detención durante unas horas de César Strawberry, del grupo musical Def Con Dos, por enaltecimiento del terrorismo. Ya estamos. Y claro, uno que es fan de Def Con Dos y que aún recuerda su brutal concierto con Run DMC en el Palau d’Esports de Barcelona y que cree a pies juntillas que la culpa de todo la tiene Yoko Ono, no puede hacer otra cosa que escribir ahora en defensa de Strawberry y de esa cosa que cada vez se arruga más y que solían llamar libertad de expresión.

La policía, con su proverbial fortuna poética llamó a la acción de limpieza en las redes Operación Araña III (redes…araña… ¿lo pillan?) lo que nos indica que ya llevan dos y que de buen seguro seguirán apartando el “discurso del odio” de nuestras queridas y confortables redes sociales, tan limpias de pezones, desnudos y conflictos, y tan llenas de gatitos y selfies. Una operación que se suma al ingente trabajo de “limpieza del odio” en la que las autoridades se encuentran implicadas buscando, no lo duden, el monopolio del mismo. La persecución policial a la opinión cibernética supone una previa imprescindible para establecer los parámetros de la neolengua. En la red se odia a quien sea de interés. Y así, racismo, fascismo y homofobia quedan impunes bajo el manto de cierta normalidad social mientras que la persecución política se hace más cruenta.

Y cuando digo autoridades no quiero que piensen sólo en los Estados. La cruzada por el control de las redes adopta la moderna y exitosísima forma de partnership público-privado. Empresas-Estado como la de Mark Zuckerberg son agentes activos de esa censura de alta definición expulsando antes que reprimiendo los temas poco convenientes para dotar de un consenso moral a la opinión en red. Nos encontramos ante una trampa muy fina ante la que parece que no estamos saliendo indemnes.

La batalla de la lengua

La descontextualización del mensaje en las redes, o, para ser más exactos, el desencarnamiento de lo dicho de quien lo dice abre una terrible grieta por donde colar el hacha de la reacción. Como dijo el facherío en el caso Strawberry, la música y la sátira son “excusas”, “carcasas”,  para instalar el “pensamiento violento”.  Y aquí nos encontramos en su terreno. ¿Qué diferencia hay entre un tuit satírico y uno literal? Ninguna. Ni su formalidad, ni el canal ni ningún elemento gráfico distinguen Strawberry de un tipo del ISIS, pongamos por caso. Ya intentan censurar las cabeceras estrictamente satíricas como El Jueves (¿recuerdan la patética autocensura de RBA ante el recambio de Borbón?)  pero les resulta mucho más fácil si aíslan al satírico con las convenciones del canal para despojarlo de su condición.

Aquí deberíamos incluir un elemento de autocrítica si queremos dibujar el paisaje de la nueva censura con ecuanimidad. La corrección política, la sanción moral del lenguaje, es hija de la izquierda. De una izquierda derrotada en los 80 que, ante la falta de fuerzas físicas, se concentró desde la academia en la modulación léxica para transformar el mundo. El resultado ha sido pobre. Las fuerzas transformadoras han perdido el humor y la sátira como armas y el sistema se ha adueñado de la corrección política para enmudecer las disonancias. Al final, nada se ha ganado. Strawberry y otros son la cara esperanzada de la batalla de la lengua. La corrosión, la paradoja, la impostación y el bufoneo volvieron con Def Con Dos a ser armas eficaces. Para combatir su hegemonía de signos y palabras, se necesitan brutos y su fuerza bruta. Ante el poco pan y el pésimo circo, exuberancia y cachondeo.

Poner la sátira en contexto, buscar el canal donde blindar sus acciones y efectos y, sobre todo, salir en defensa de sus perpetradores. Esa es la nueva labor revolucionaria de los que luchan con las palabras. En fin, que para que quede claro, yo enaltezco ahora mismo públicamente a César Strawberry y a los detenidos por la Araña III que no sé si es delito o pecado. Pero es lo suyo.

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