Rita Barberá, ¿por qué te vas?

La alcaldesa de Valencia renuncia a su acta de concejal para centrarse en su labor como jefa del grupo parlamentario popular en Les Corts Valencianes

Rita Barberá lo ha intentando hasta el último momento, aferrarse al poder. Después de gobernar con mano dura la ciudad de Valencia desde el 5 de julio de 1991, renuncia al mal trago de pasar a la oposición. Su dimisión como concejala es un órdago al Partido Popular para que la nombre portavoz del grupo parlamentario en las Corts Valencianes desde donde ser el azote de “la izquierda radical” a la que tanto le gusta nombrar.

El órdago de Rita (uno más en su carrera) se lanza en un partido que en el País Valenciano está en descomposición. Su secretario regional, Alberto Fabra, ha amagado con la dimisión, que presentará en cuanto pueda tras el resultado electoral. Dos de sus piezas claves, el expresidente de la Diputación Carlos Fabra y el exconseller Rafael Blasco, han sido condenados a prisión. Los casos de corrupción acechan a todos, desde históricos del partido como Serafín Castellano hasta Alfonso Rus. Esta misma semana empieza el juicio por los contratos de Fitur, un nuevo episodio de la trama Gürtel.

Barberá lleva compaginando sus cargos de alcaldesa y diputada en Les Corts Valencianes desde 1991. De hecho, este será el 32º año que ocupará su escaño en el Parlamento valenciano. Será la diputada que más tiempo lleva allí. Aunque no pudo presidir la Mesa de edad, porque un recién llegado, Fernando Delgado, nació seis meses antes.

Durante la anterior legislatura, la diputada-alcaldesa no presentó ninguna iniciativa parlamentaria. Tampoco lo hicieron sus compañeros de bancada Ricardo Costa y Francisco Camps. Los tres eran poco asiduos a los plenos parlamentarios y sólo asistían cuando se trataba de votaciones mediáticas como la que decidió sancionar a Mónica Oltra.

Ahora tendrá más tiempo. La alcaldesa ha renunciado a su cargo como concejal para evitar ver cómo el pleno de “su” Ayuntamiento decide apartar definitivamente “su” plan para El Cabanyal; para no ser testigo de cómo se apuesta por el uso de les normes de Castelló para las comunicaciones oficiales del Consistorio; o cómo la procesión cívica del Nou d’Octubre dejará de pasar por la Catedral. E incluso se deja todo el protagonismo durante la fiesta municipal a las Falleras Mayores, sin caloret de por medio.

Rita Barberá se va, pero no abandona. No sabría hacer otra cosa tras dedicarse media vida a la política. Los suyos quieren situarla en Madrid, aunque parece que sólo aceptarían un puesto en el Senado. Mientras llega ese momento, continuará apareciendo en los medios promulgando el miedo  al catalanismo y alertando sobre la situación de emergencia ante lo que tilda de gobierno comunista. La alcaldesa de Valencia se va, pero ya tiene el camino preparado para “ofrenar noves glòries a Espanya”*.

 

La Marea, Suscripción, Revista

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