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martes 20 febrero 2018

Opinión

Esperanza Aguirre en el callejón del Gato

La lideresa siente que es un quijote liberal que defiende España en solitario contra los molinos bolivarianos, un coloso de Rodas que nos protege del populismo que nadie mejor que ella practica.

28 mayo 2015
10:27
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Esperanza Aguirre en el callejón del Gato

MADRID// Como un férreo pilar que sustenta los valores liberales y conservadores, impasible ante la debacle electoral e irreductible al desaliento, se presentó en rueda de prensa Esperanza Aguirre y Gil de Biedma, consorte del conde de Bornos, y descendiente de los condes de Sepúlveda. Con cara circunspecta se presentaba ante la opinión pública para ofrecer su cabeza a los ciudadanos y lograr así que los comunistas de nuevo cuño no derribaran la democracia occidental tal y como la conocemos. Esperanza Aguirre, mártir de la causa de los españoles de bien y reserva espiritual de Occidente.

El esperpento en el que la lideresa convirtió la campaña electoral no se mitigó tras cosechar los peores resultados en Madrid desde los tiempos de Alianza Popular. Aguirre se ha caricaturizado hasta creerse su propio personaje, y ya no sabe salir de él. La imagen que la aristócrata cree tener de ella misma es amplificada por un entorno que no tiene coraje para llevar la contraria a sus plenipotenciarios mandatos en el PP de Madrid. Ella siente que es un quijote liberal luchando contra los molinos bolivarianos, una suerte de coloso de Rodas que protege España del populismo, que nadie mejor que ella practica. Pero sin un Sancho a su lado que le enseñe la realidad.

Su actitud recuerda más a la de Berlusconi o Jesús Gil que a la de su Thatcher, a quien tanto admira. Lo más cerca que estuvo de la dama de hierro británica fue en agosto de 2012, cuando menospreció la marcha minera e intentó convertirse en la némesis de los trabajadores del carbón remitiéndose a la gran victoria thatcherista. La deformación de la imagen que tiene de sí misma ha convertido a Aguirre en una figura tóxica para todo partido que ose acercarse o pactar con ella. Por eso su desesperación postelectoral para que alguien le haga caso está convirtiendo a la que fue una política temida en una figura bufonesca.

El espectáculo, que empieza a despertar compasión, no se terminó con la reducción al absurdo de la figura de Manuela Carmena y los objetivos de Podemos. Sólo 24 horas después de haber suplicado al PSOE un pacto para evitar que Carmena sea alcaldesa y de haber sido humillada por el rechazo casi condescendiente, ha ofrecido a Ahora Madrid un gobierno de concentración si decaen las propuestas de “construir soviets en los distritos” de la capital. Eso sí, Aguirre reconoce ante las cámaras que no se ha leído el programa que critica sin conocer, el cual distorsiona hasta convertirlo en un texto de Beria. Si lo hubiera hecho habría visto que Ahora Madrid también incluye koljós aunque, con una táctica propagandística más propia de Willi Münzenberg, los llaman huertos urbanos.

Esperanza Aguirre es la única capaz de ver el terror rojo que Carmena y sus muchachos quieren para Madrid. La lideresa se ha convertido en la Marine Le Pen española, un personaje que los que no aman desprecian de tal manera que son capaces de abandonar su opción política para dar su apoyo a quien puede derrocarla. La condesa ha conseguido unir a todos los que la rechazan para evitar que vuelva a gobernar, y su derrota ha sido bien acogida incluso en el seno de Génova 13.

El que la puso respira por su debacle y quien compartía ticket electoral sonríe en la sombra soltando pullas en televisión sobre el derrumbe de la otrora imbatible. La liberal que no sabe vivir sin dinero público y sin que su familia cobre del erario hasta subvenciones de 750 euros para certámenes ganaderos está derrotada de manera flagrante, pero se niega a aceptarlo.

Las metáforas de los reflejos se han puesto de actualidad tras el 24-M. Juan Vicente Herrera pedía a Mariano Rajoy que se mirara al espejo y decidiera si era el candidato idóneo para optar a la presidencia del gobierno. Si de espejos hablamos, Esperanza Aguirre se ha hecho carne en la figura que transmite un aberrante reflejo del callejón del Gato. Y es que decía el cronista Pedro de Répide en su obra sobre las calles de Madrid que los niños y adolescentes se acercaban hasta los espejos de aquel callejón para ver “sus imágenes deformadas, pareciéndose a Quijotes y Sanchos”.

 

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Antonio Maestre

Antonio Maestre

Periodista y Documentalista. Aspirante a imitador de Günter Wallraff.

1 comentario

  1. Belcebú
    Belcebú 29/05/2015, 19:05

    valoraciones metafísicas a vuelapluma
    OPTIMISMO
    1.- la innombrada suma de votos por el cambio, alcanza casi un 40% del total emitido (10 milloncetes de nada…). Es la primera fuerza política, con diferencia. Pese a todo, Podemos, y de sobra. ¡Quedan 5 meses para las generales! Tic, tac…
    ESFUERZO
    2.- el sprint se ha convertido en carrera de fondo. Maraton. Paciencia y mucho esfuerzo. La Historia no retrocede, pero es una tortuga cegatilla.
    EVIDENCIA
    3.- queda mucha fuerza (y recursos) al enemigo, por desgastado y podrido que parezca. Interés clientelar, miedo y odio visceral. 5 millones PP y 2,5 el PSOE. Peccata minuta frente al total de 40.
    ESPERANZA CON FUNDAMENTO
    militancia entusiasta, lideres queridos, proyecto. No es sólo la necesidad histórica y social, es todo en marcha.

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