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viernes 20 julio 2018

Opinión

El eterno retorno de la energía nuclear

“El llamamiento al retorno nuclear de algunos sólo puede entenderse como un intento de hacer retroceder el inevitable cambio de modelo energético”, señalan los autores

<em>El eterno retorno de la energía nuclear</em>
La central nuclear de Lemóniz (Vizcaya) nunca llegó a estar en funcionamiento.

José Luis Velasco, Iván Calvo y Daniel Carralero* // “La energía nuclear asoma la cabeza”, “retorno a la energía nuclear”, “renacimiento nuclear”, “la reactivación nuclear”, “los árabes se nuclearizan”. Si no recuerda usted cuándo fue la última vez que leyó que la energía nuclear volvía a tomar impulso, no se moleste en estrujarse los sesos. Puede haber sido en cualquier momento de las últimas tres décadas. De los titulares anteriores, el primero es de 2013, posterior al desastre de Fukushima; el segundo, el tercero y el cuarto son de 2008, 2006 y 2005, respectivamente; el quinto es de 1981.

Y sin embargo uno mira a los números y no ve renacimiento nuclear por ninguna parte: tras una rápida expansión desde comienzos de los 70, la instalación de centrales nucleares en el mundo se frenó a mediados de los 80 para nunca levantar cabeza.

i1La noticia del 1981, en particular, hace asomar la sonrisa: tres décadas después, entre Marruecos, Argelia, Libia, Egipto, Irak y Kuwait, los seis países citados en ella, no suman ni una sola central de generación de electricidad basada en energía nuclear. Algunos tienen pequeños reactores experimentales usados para investigación; Kuwait, que en 2009 había anunciado de nuevo planes para invertir en energía nuclear, los canceló en 2011 sin llegar a iniciar su programa. Fuera de la lista de países de la zona cuya nuclearización se nos prometía, sólo Irán terminó de construir una central hace poco, convirtiéndose en el primer país en arrancar un reactor desde 1996; Emiratos Árabes Unidos ha empezado el año pasado, siendo el primer país en 27 años en comenzar un programa nuclear.

Y no sólo apenas se han nuclearizado, sino que algunos países árabes (Catar, Arabia Saudí, Kuwait o Emiratos Árabes), por el contrario, están invirtiendo decididamente en energía solar. ¿Cómo es eso posible? ¿Se habrán vuelto locos o ecologistas (o ambas cosas) los jeques árabes? ¿Habrán comenzado a asistir a las asambleas de la Plataforma por un Nuevo Modelo Energético? No necesariamente Simplemente ocurre que, a día de hoy, la energía fotovoltaica es más barata que la nuclear. Normal, dirá el lector, en el desierto árabe hay muchas horas de sol. Y así es, pero también en Reino Unido, algo menos soleado que Arabia Saudí, la fotovoltaica es más barata.

Dimos cifras hace casi exactamente un año en este mismo periódico, con ocasión del artículo “La energía nuclear asoma la cabeza” que citábamos al comienzo. El Gobierno británico había anunciado que había llegado a un acuerdo con la empresa Électricité de France (EDF) para la construcción en el sudoeste de Inglaterra de la planta nuclear de fisión Hinkley Point C. En el proyecto participaría la empresa estatal francesa Areva, que aportaría su tecnología de reactores EPR. El coste sería de 19.000 M€ (millones de euros), que adelantaría EDF. Una vez en marcha, la central vendería la energía producida a un precio garantizado de 92,5 libras/MWh (109€/MWh al cambio de entonces) durante 35 años. El sobrecoste de la electricidad soportado por el ciudadano británico haría que la empresa recuperase primero los 19.000 M€ invertidos y después acumulase beneficios. Esos números ya nos permitían valorar lo cara que es la energía nuclear: en el Reino Unido, en ese mismo momento, el sistema de primas a la fotovoltaica era similar a este esquema de subvención de la energía nuclear; con la diferencia de que a la fotovoltaica se le ofrecían 80 €/MWh (68,5 libras / MWh, un 25% menos que a la nuclear) durante tan solo 20 años.

También avisábamos en su día de lo dudoso, vistos los precedentes de Olkiluoto-3 en Finlandia o Flamanville en Francia, de que el coste final de Hinkley Point C se ajustara al presupuesto. Pues bien, tan solo un año después hay estimaciones de que dicho coste puede sobrepasar los 30.000 M€. Para recuperar semejante inversión y seguir garantizando beneficios a las empresas exploten la central, aquellos 109€/MWh garantizados por el Gobierno británico deberían dispararse. Si es que algún día la central termina de construirse, claro: los problemas financieros de Areva, causados en parte por los retrasos en Olkiluoto y Flamanville, amenazan la viabilidad de la construcción de Hinkley Point. Por cierto, mientras tanto, durante el último año, la prima para una gran instalación fotovoltaica en Reino Unido ha disminuido un 7%. No es sorprendente entonces que, en contra de lo que dice la propaganda, la situación de la energía nuclear sea de franco declive y la batalla contra las renovables esté prácticamente perdida: la inversión acumulada a nivel mundial desde 2004 ha sido casi diez veces inferior que la recibida por estas (120 billones de dólares frente a un trillón, según Bloomberg).

i2Parece claro que, entrados en la segunda década del siglo XXI, el llamamiento al retorno nuclear de algunos sólo puede entenderse como un intento de hacer retroceder el inevitable cambio de modelo energético. Y que, por repetirse con excesiva frecuencia, merece sin duda el calificativo de eterno. Pero este eterno retorno nunca termina, como les gustaría a las grandes compañías eléctricas, con la energía nuclear situada en una situación de preponderancia, más bien todo lo contrario, vistos los datos. Pese a todos los esfuerzos a su favor (los gobiernos cerrando los ojos ante el problema de los residuos, el riesgo de proliferación, el peligro de accidentes catastróficos o las más de 100.000 personas que todavía permanecen en estado de desalojo forzoso en Japón; los ciudadanos subvencionado el sobrecoste con esquemas de primas que deberían en buena razón aplicarse a mejores tecnologías; nosotros mismos haciendo un ejercicio de buena voluntad al dar por buenos los números presupuestados en 2013 para Hinkley Point C) no hay manera, la nuclear no puede: a la espera de un avance tecnológico que nunca llega, está condenada a renacer de sus cenizas una y otra vez y, frustrados de nuevo sus intentos, volver a morir bajo el peso de sus propias limitaciones.

i3

———–

Este artículo está dedicado a la memoria de Ladislao Martinez, que nos dejó hace poco. Que la tierra te sea leve, compañero.

*José Luis Velasco, Iván Calvo y Daniel Carralero son miembros del Observatorio Crítico de la Energía y colaboran con el Círculo Economía, Ecología, Energía de PODEMOS.

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2 comentarios

  1. macarino
    macarino 18/01/2015, 23:51

    Tienes razón, amigo… Casi cuatro años después todavía no se ha identificado ninguna muerte directa del accidente y Japón ya está pensando en reabrir sus centrales nucleares…

    Responder a este comentario
  2. ateo666666
    ateo666666 06/01/2015, 13:52

    Han pasado más de tres años desde el accidente nuclear de Fukushima y todo sigue igual. La central nuclear de Fukushima sigue vertiendo basura radioactiva: http://diario-de-un-ateo.blogspot.com.es/2014/05/la-central-nuclear-de-fukushima-sigue.html

    Responder a este comentario

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