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domingo 18 febrero 2018

Opinión

Estructuras del pasado y del futuro: el barrio de Fontarrón

“Quizás Pablo Iglesias y demás compañeros debieran recordar una vez más Fontarrón, y cómo sólo la conjunción de fuerzas consiguió transformar su barrio y Vallecas”, apunta el autor

<em>Estructuras del pasado y del futuro: el barrio de Fontarrón</em>
Pablo Iglesias, secretario general de Podemos. FERNANDO SÁNCHEZ

Recientemente, a raíz de la entrevista de Risto Mejide a Pablo Iglesias, salió a colación su barrio, Fontarrón. El eurodiputado firmó el sillón donde se produjo la entrevista, que se subastará, y el dinero obtenido irá a parar a la asociación de vecinos. Hasta ahora se decía que el líder de Podemos era de Vallecas, un territorio que trasciende los límites administrativos. Aúna dos distritos de Madrid (Puente y Villa) que conjuntamente sumarían tantos habitantes como Alicante, la undécima ciudad del Estado por población. Pero sobre todo, Vallecas, incluso fuera de Madrid, es sinónimo de contestación social.

Fontarrón rara vez habrá gozado de tanta exposición pública: Chester marcó su máximo histórico, con 2.823.000 espectadores y 14,5% de share, superando a la entrevista de Ana Pastor a Artur Mas en pleno proceso de la consulta del 9-N y, afortunadamente, a Gran Hermano. Esta pequeña zona de Vallecas, que ni siquiera es un barrio administrativamente hablando (pertenece al de Numancia), es una zona promovida en la década de 1970, con 1.320 viviendas, la mayoría de las cuales se edificaron ya en el decenio siguiente. Se trata de viviendas familiares destinadas a clases medias bajas (con una media de 90 m2). No es, ni de lejos, una de las zonas más deprimidas de Puente de Vallecas, el segundo distrito con menor renta per cápita de la capital, tras Villaverde.

Las viviendas están agrupadas mayoritariamente en torres de 13 o 14 alturas y planta “en H”. Esta disposición era típica de las promociones de esos años del tardofranquismo: era la que arrojaba un mejor rendimiento económico al agrupar cuatro viviendas por planta con un solo ascensor, que en aquella época suponía una de las partidas proporcionalmente más importantes del total de la edificación. Para optimizar aún más, esos bloques se solían unir por las alas de la “H”, bien las dos, bien sólo una de ellas, como fue el caso de Fontarrón. Allí, de nuevo para abaratar, los paramentos verticales de esas alas de la “H” se trataron como medianeras ciegas, a pesar de que en Fontarrón son muy visibles y conforman el frente urbano de Madrid en la entrada por la carretera de Valencia.

Las plantas “en H” no tienen por qué ser una mala solución compositiva, siempre que la orientación de la planta y el tamaño de los patios en relación a la altura garanticen un buen soleamiento de las viviendas. Desafortunadamente, en Fontarrón las torres son muy altas y una de las fachadas principales está orientada al noreste. Por tanto, dos de las viviendas tienen muy poca iluminación. Disponer las viviendas a este y oeste hubiera equilibrado las diferencias entre unas viviendas y otras, pero en Fontarrón se evitó conscientemente esa posibilidad: hacia el oeste existía una escombrera.

En paralelo a la promoción de Fontarrón, en Vallecas se gestaba la mayor respuesta social al franquismo en Madrid, basada en el movimiento vecinal. Este se organizó ante la presión especulativa inmobiliaria, que buscaba el desplazamiento de un gran volumen de población para nuevas promociones. En él estaban implicados activamente la mayoría de los grupos de la oposición antifranquista: principalmente PCE, pero también ORT, PT, LCR, etc., minoritarios a nivel estatal pero muy activos en la periferia madrileña. Esa presión vecinal obligó a la UCD, consciente de la debilidad del proceso de la Transición, a asumir gran parte de las demandas vecinales para evitar un estallido social. Por ello, firmó el llamado “Decreto Garrigues”, el cual dio inicio a la Operación Barrios en Remodelación, una de las actuaciones de remodelación urbana y promoción de vivienda pública más importante de Europa en la década de los ochenta y que transformó casi por completo Vallecas. El protagonismo ciudadano se extendió hasta la fase de gestión: en el consejo de administración de la empresa pública OREVASA, creada para pilotar la Operación, participaban las asociaciones de vecinos.

Por la reciente fecha de construcción, el barrio de Fontarrón no se incluyó en la Operación, pero sí su entorno inmediato. En concreto, la escombrera se convirtió en un parque, el del Cerro del tío Pío, más conocido como “el de las tetas de Vallecas”. Los escombros se cubrieron con las tierras de las excavaciones de nuevos edificios de zonas cercanas, generando siete colinas que constituyen un mirador privilegiado sobre Madrid. La mayor fama de este barrio se debía al citado parque. Hasta que emergió Pablo Iglesias.

A pesar de la enorme operación de transformación que supuso Barrios en Remodelación, e incluso actuaciones posteriores (se delimitó una Zona de Rehabilitación Integrada para el barrio la pasada década), Fontarrón mantiene defectuosas estructuras urbanas del pasado. Los espacios interbloque, que no fueron urbanizados más que precariamente en su momento, siguen bajo el cuidado que alcanzan a darle los vecinos. El Ayuntamiento no recepcionó jamás esos terrenos y no los mantiene. En ausencia de la Administración, suple en cierta medida sus carencias. Tampoco los edificios se han remodelado gran cosa. Se han rehabilitado las fachadas principales, pero los testeros que se cerraban a la escombrera y ahora vierten a una de las mejores vistas de Madrid siguen siendo un lienzo ciego de hormigón sin ventanas.

Fontarrón tal vez sea una excelente metáfora de los procesos de cambio en Madrid. De los del pasado y de los que puedan dar en el futuro. Si en un contexto de crisis de régimen en los setenta se pudo forzar a que se acometieran grandes transformaciones de las que Fontarrón se benefició, fue gracias a la resistencia local con el concurso plural de fuerzas, es decir, con una gran movilización popular. No es casual que Pablo Iglesias eligiera una asociación de vecinos, quizás el mejor ejemplo de su propuesta de organización de “ciudadanos haciendo política”. Y aún así, a pesar de los logros de aquella época, perviven aspectos negativos. Desmontar las estructuras del pasado requiere mucho tiempo y energía.

El próximo año será clave para el futuro inmediato de este país, en general, y de Madrid en particular. Las elecciones municipales y autonómicas serán fundamentales para desmantelar la red clientelar del régimen; en especial, la del PP. Estos días, Podemos debate si presentarse a esos comicios en solitario o conjuntamente con otras fuerzas en procesos de confluencia. Quizás Pablo Iglesias y demás compañeros debieran recordar una vez más Fontarrón, y cómo sólo la conjunción de fuerzas consiguió transformar su barrio y Vallecas. Y tal vez así consigamos, entre todos, además de convertir escombreras en parques, abrir ventanas en las paredes ciegas.

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Alvaro Ardura Urquiaga

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