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miércoles 21 febrero 2018

Opinión

Ébola: los verdaderos errores humanos

“hay que darle la razón al Gobierno y a la Comunidad de Madrid cuando hablan de fallos humanos. Los hubo, y muchos. Y tienen nombres”, apunta el autor

<em>Ébola: los verdaderos errores humanos</em>
La vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría; y la ministra de Sanidad, Ana Mato. LA MONCLOA

Y el ébola llegó. Y alguien se contagió. Y muchos siguen preguntándose qué pasó. Algo está bastante claro: hay que darle la razón al Gobierno y a la Comunidad de Madrid cuando hablan de fallos humanos. Los hubo, y muchos. Y tienen nombres.

Error humano número 1. Desmantelar la unidad especializada en enfermedades infecciosas. Para entender bien cómo se llegó a cometer este fallo fundamental hay que retroceder un poco en el tiempo y conocer la curiosa relación que los consejeros de Sanidad de Madrid mantenían con el organismo que dirigían. Esta relación consistía básicamente en intentar privatizar la gestión de sus servicios para cederle la gestión a empresas privadas de las que más adelante estos mismos consejeros formarían parte, sacando así beneficios económicos personales. Un error humano de concepto de gestión de lo público bastante grave. Fue el caso de dos consejeros de Sanidad sucesivos que fueron imputados por cohecho y prevaricación: los humanos Lamela y Güemes. El relevo de los imputados por este asalto a la sanidad pública madrileña lo tomó Lasquetty, un humano muy unido a Esperanza Aguirre. La función de Lasquetty como máximo responsable de la salud de esta Consejería consistió en recortar en inversión y de nuevo intentar privatizar servicios públicos. La victoria momentánea de los sanitarios en los tribunales obligó al ya entonces presidente Ignacio González a paralizar la privatización y el consejero tuvo que dimitir. En este contexto de maltrato continuo a la sanidad, los recortes no pudieron ser paralizados y para principios de 2014, el hospital Carlos III, referente en enfermedades infecciosas, estaba siendo desmantelado.

Error humano número 2. Traer a enfermos de ébola a un hospital que ya no reunía las condiciones para atenderlos. Quizá con la única intención de apuntarse un tanto humanitario en su casillero (siento mucho ser mal pensado, pero tengo ojos para ver lo que pasó en la valla de Melilla y orejas para escuchar las justificaciones) los miembros del Gobierno, con el humano Rajoy a la cabeza, decidieron traer a España a dos religiosos contagiados por ébola en Liberia y Sierra Leona. Una decisión que en principio debería haber dependido del criterio técnico del Ministerio de Sanidad, dirigido por la humana ministra sin criterio Ana Mato. Sin otro argumento técnico al que agarrarse que el de la propaganda institucional, se cometió el error de repatriar a los contagiados que serían recibidos sin medios, en precarias condiciones en las que los profesionales sanitarios tendrían que trabajar y jugársela ante este virus.

Error humano número 3. Maltratar a la víctima. Desmantelada ya la unidad referente en enfermedades infecciosas, nombrada como ministra de Sanidad una persona sin cualificación para serlo, habiendo caído ya el Gobierno en la tentación de la propaganda, desencadenada ya esta cadena de errores humanos, se produjo el contagio de una profesional sanitaria. Llegados a este punto hay una norma muy básica que dicta el protocolo y que algún alto cargo y medios de comunicación se saltaron: tratar con respeto a la víctima. Aquí también se cometieron errores humanos. Javier Rodríguez, sucesor al frente de la sanidad de Madrid de los imputados Lamela y Güemes y el dimitido Lasquetty, señaló públicamente como responsable de la crisis del ébola a la víctima de la cadena de errores de los altos cargos. “No hace falta un máster para ponerse el traje”, opinaba alegremente, incluso bromeando con su capacidad intelectual el consejero de “vida resuelta” sobre la en ese momento moribunda enfermera. Una vez abierta la veda, la nula sensibilidad hacia la mascota de la víctima, las vulneración de su intimidad publicando los grandes medios la foto en la cama del hospital, etc.

Error humano número 4. No querer mirar al sur de la valla. Por último, el primero de todos estos errores en cadena. El más grave, cometido por todos nosotros. Si una situación nos parece aceptable en otros, deberíamos estar dispuestos a sufrirla en nuestras carnes. Cuando aprendamos esto, habremos mejorado mucho la eficiencia del protocolo.

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Gerardo Tecé

Gerardo Tecé

3 comentarios

  1. ateo666666
    ateo666666 16/10/2014, 23:00

    Ana Mato es marxista al estilo de los hermanos Marx: la primera parte de la parte contratante… Es que su limitada mente no da para mucho más, la pobre. Y esta incompetente es quien dirige la lucha contra el Ébola ¡para emigrar in pensárselo dos veces! http://diario-de-un-ateo.blogspot.com/2014/10/la-negligencia-criminal-del-gobierno-en.html

    Responder a este comentario
  2. Alan
    Alan 16/10/2014, 19:24

    Muy buen artículo; sereno y cargado de razón. Como siempre, hicieron mal, buscaron responsabilidades en otros, y se escondieron. Enhorabuena

    Responder a este comentario
  3. Miguel
    Miguel 16/10/2014, 16:34

    Enhorabuena y gracias por el articulo Tecé.
    Pienso que hubieron medidas de seguridad que se tomaron con la llegada del primer misionero contagiado, que se obviaron con la llegada del segundo.

    Responder a este comentario

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