La masiva huelga estudiantil en Hong Kong mira a Pekín

Las protestas reclaman el sufragio universal en esta región de China

Carmen Buades, HONG KONG // El pasado lunes, 14.000 estudiantes salieron a las calles hongkoneses para dar el pistoletazo de salida a la huelga de una semana que pretende frenar la intromisión del gobierno chino en la política de la ex colonia británica. Sindicatos y asociaciones de más de veinte centros educativos hicieron una primera demostración de fuerza a las puertas de la Universidad China de Hong Kong -la más grande de la región- para luego instalarse en Tamar Park, ante las oficinas centrales del Gobierno. Durante toda esta semana, se boicotearán las clases organizando charlas paralelas en el parque, donde profesores afines a la protesta hablan sobre temas como la desobediencia civil o la estructura del sistema político hongkonés.

A partir del viernes se espera que la educación secundaria se añada a la protesta y será la próxima semana cuando tomará el relevo de las reivindicaciones el movimiento #OccupyCentral, donde participan muchos otros sectores de la sociedad y movimientos sociales. La exigencia es clara: Hong Kong tiene soberanía propia y la decisión del gobierno chino de limitar y decidir los candidatos a jefe de Gobierno rompe con la promesa de que el sufragio universal llegaría al electorado el año 2017.

En 1997, cuando la región de Hong Kong fue devuelta a China por parte del Reino Unido, la Basic Law –su Constitución- pasó a ser la encargada de garantizar las libertades y la autonomía del territorio ante Pekín; sobre el papel, en 2007 se establecería el sufragio universal para la elección del ejecutivo. Ya en ese momento el gobierno chino forzó que el derecho a voto se pospusiera diez años más, hasta 2017.

A finales del mes de agosto, China hizo públicas las bases sobre las que será efectivo el sufragio universal dentro de tres años: los tres millones de personas con derecho a voto podrán votar, sí, pero deberán escoger entre un número limitado de candidatos y todos ellos deben contar con el visto bueno del gobierno chino.

Esta «reinterpretación» de la Basic Law encendió los ánimos entre la población, que acusa a Pekín de no respetar su autonomía y de intentar provocar un viraje ideológico en Hong Kong a través de infiltrados pro-chinos en la sociedad hongkonesa.

[Artículo publicado en La Directa]

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