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lunes 19 febrero 2018

Política

El PSOE alienta el miedo al populismo

Medios y partidos utilizan el miedo al populismo como estrategia para frenar a las nuevas formaciones como Podemos. Intelectuales como Laclau creen que es una opción válida de hacer política.

16 septiembre 2014
09:24
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El PSOE alienta el miedo al populismo
Pablo Iglesias y Juan Carlos Monedero durante la presentación de Podemos. FERNANDO SÁNCHEZ

MADRID// En sus dos últimas entrevistas, el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, ha dejado en evidencia cuál es la nueva estrategia para luchar contra Podemos: azuzar el fantasma del populismo que ya han usado PP, El País, UPyD y El Mundo. Los partidos constitucionalistas y los medios de comunicación tradicionales han elegido la política del miedo contra el populismo como nuevo discurso hegemónico que evite el ascenso de las nuevas formaciones. Esta estrategia le ha producido críticas dentro del partido en el Consejo Federal de este fin de semana, ya que le han pedido que rebaje el tono contra Podemos.

El populismo no es uno, no es homogéneo, es ubicuo, un éter, por eso cualquiera puede usarlo como arma arrojadiza. De hecho ni siquiera tiene que ser un término peyorativo, aunque sólo se usa de ese modo. El populismo puede enmarcarse en un modo de hacer política que contrapone de forma antagónica la relación entre el pueblo y las élites, que pueden ser políticas y/o económicas. Es una retórica que construye un artificio de pueblo unido y homogéneo que está siendo atacado por la clase dirigente. Consideran que el pueblo no está suficientemente representado y por eso exigen instrumentos de democracia directa.

El término populista se ha institucionalizado de manera peyorativa para definir no sólo a los gobiernos u opciones que puedan serlo, sino para trasladar la idea de que cualquier ideología que otorgue más voz y participación a los ciudadanos es negativa. La batalla de las palabras ha situado el término populista en una contraposición a las doctrinas neoliberales que siguen los designios de los poderes económicos, del FMI y el BCE. Y en esa opción se han situado la inmensa mayoría de los actores políticos, sociales y mediáticos que ocupan el espectro dominante en España.

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¿Es el populismo algo negativo?

El populismo no es bueno o malo per se. Según Ernesto Laclau, “el populismo no tiene un contenido específico, es una forma de pensar las identidades sociales, un modo de articular demandas dispersas, una manera de construir lo político”. Es decir, el populismo puede ser sólo una manera de hacer política y articular los discursos y los actos que busca convertirse en representante de la voluntad del pueblo mediante relatos y medidas que contrapongan el pueblo a las élites.

El sociólogo Ernesto Laclau lucha contra la acepción del populismo entendido como algo peyorativo. En una entrevista en el diario La Nación explicaba cómo el término populismo es usado precisamente de manera negativa por esas élites sobre las que ponen el foco esas opciones llamadas así. Lo cierto es que tras la concepción negativa del término populismo existe una concepción clasista de la política que concibe la vida pública como algo reservado para una suerte de tecnocracia que es la que debe regir los designios de un Estado. En palabras de Laclau, “la crítica clásica al populismo está muy ligada a una concepción tecnocrática del poder según la cual sólo los expertos deben determinar las fórmulas que van a organizar la vida de la comunidad”. Para Laclau, el populismo es una fórmula de dar poder a las clases populares, es el desarrollo efectivo de la participación política de la inmensa mayoría de los ciudadanos.

PSOE contra Podemos

El populismo en su acepción clásica realiza un discurso de confrontación entre el pueblo y los dirigentes, enemigo del pueblo para el populismo de izquierdas. Los populismos de izquierdas buscan una reactivación del discurso de la sociedad estratificada, volver a la política entendida como lucha de clases. Socialismo en detrimento de socialdemocracia. Pedro Sánchez dijo al director de El Mundo que, para derrotar al PP, tiene que derrotar a Podemos. Y por ello ha optado por el discurso hegemónico institucional para intentarlo. El mismo que usa Esperanza Aguirre. Angel Rivero en un documento de FAES del año 2010 dio una pista sobre el motivo por el cuál el PSOE ha tomado a Podemos como su máximo enemigo:

La crisis de la socialdemocracia es tan profunda como irresoluble. Electoralmente, el populismo alentará la radicalización de la sociedad y el extremismo autoritario, sin garantías de triunfo para los partidos socialdemócratas que, en el mejor de los casos, habrán de aliarse con partidos antisistema para formar gobierno… La principal víctima del populismo será la socialdemocracia y, como se dijo hace muchos años, las democracias necesitan partidos socialdemócratas.

Sin embargo, a pesar de que Pedro Sánchez se declara en su discurso en contra del populismo no deja de realizar un relato con unas medidas que podrían perfectamente encajar en la doctrina populista, cuando se ocupa de propuestas irrealizables. Pedro Sánchez está alumbrando como medida económica estrella la reindustrialización del país. “Quiero ver una fábrica en cada pueblo”, declaró esta misma semana. Utopías irrealizables que responden al populismo con populismo, algo que era un error mortal para Josep Borrell, según relataba en un artículo de 2011 sobre los retos de la izquierda europea antes los neopopulismos.

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Según los términos conceptuales clásicos es muy probable que Podemos sea un partido populista de izquierdas, si bien no encaja completamente con la definición. La doctrina del populismo de izquierdas se asienta sobre un discurso repetitivo que ponga el foco en la localización del enemigo, que en este caso serían la Troika y la Casta, que están subyugando al pueblo, entendido el pueblo como un ente abstracto y homogéneo. Es la exaltación de la lucha de clases como recurso para ganar las elecciones.

Sin embargo, Podemos rehuye el discurso de la lucha de clases en los términos académicos, reelabora el discurso para que llegue a más gente que se sentiría alejada si se planteara el relato con los conceptos clásicos proletarios. En definitiva, Podemos posee un discurso populista en los términos clásicos y peyorativos que el relato hegemónico plantea en los medios, y también es populista en los términos positivos que plantea Laclau en tanto en cuanto se basa en otorgar más poder a los ciudadanos, una de las frases célebres de Pablo Iglesias es “si no haces política, te la hacen otros”. Sí, Podemos es populista. La pregunta es si serlo es algo negativo.

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Antonio Maestre

Antonio Maestre

Periodista y Documentalista. Aspirante a imitador de Günter Wallraff.

4 comentarios

  1. Jorge Sánchez
    Jorge Sánchez 19/09/2014, 09:55

    El PePelismo y el Psoelismo, esos sí son innatamente negativos.

    Responder a este comentario
  2. Verbarte
    Verbarte 17/09/2014, 11:06

    Pedro Sánchez, al igual que Juan Manuel Moreno en Andalucía, ha sido un gatillazo mediático que ha durado tanto como su silencio. Escuchar sus cuitas y temores, los desvaríos de Felipe González y Alfonso Guerra o la incomodidad de Susana Díaz cogobernando con IU, es escuchar un coro al que se le ha ido la pinza. Al PSOE de los últimos cuatro años se le han pinzado las vértebras y su esclerosis le conduce a un destino de mármol con fuerte aroma a ciprés y crisantemo. http://wp.me/p2v1L3-zE

    Responder a este comentario
  3. Gustavo Adolfo
    Gustavo Adolfo 16/09/2014, 18:41

    ¿Populismo?
    ¿y tú me lo preguntas? mientras dices “otan de entrada no” o “vamos a crear 800.000 puestos de trabajo”
    ¿populismo dices?
    ¿y tú me lo preguntas? Populismo eres tú.

    Responder a este comentario
  4. AMADEUS
    AMADEUS 16/09/2014, 10:23

    ¿Populismo? ¿Quién lo dice?

    Pedro Sánchez es a la política lo que Orenga al baloncesto. Han llegado al puesto por lo que han llegado. Entran en una estructura PSOE o FEB, escalan sin cursus honorum, o sea, sin ostentar cargo anterior alguno, sin otro mérito que medrar, ser gris, tibio…pero eso sí, altos y guapos los elige el rey…

    En fin, su carrera intestina consiste en no ser molesto al aparato. Esperan pacientes su oportunidad (significado de crisis para los cínicos) y voalá, un día se sientan en el sillón o en el banquillo, uno dirigiendo un partido en decadencia y otro arruinando el mejor equipo de baloncesto de nuestra cortita historia.

    Responder a este comentario

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