No en nombre de nuestros hijos

La Iglesia católica y los sectores más reaccionarios recurren a la supuesta defensa del bienestar de los menores de edad para justificar la homofobia y la discriminación, sostiene la autora

“Torsos desnudos, hombres travestidos, culos al aire, con atuendos sadomasoquistas o paramilitares, disfrazados como efebos griegos y hasta de Jesucristo. Si quiere evitar que sus hijos vean todo esto, le decimos dónde no ir este fin de semana en Madrid.” Con estas palabras abría La Gaceta  su artículo sobre la manifestación del Orgullo LGTB del pasado 4 de julio en Madrid.

Recurrir a la supuesta defensa de los menores de edad para justificar la homofobia y la discriminación es una estrategia ampliamente usada por la Iglesia católica y los sectores más reaccionarios. Esta misma semana, el Ayuntamiento de Torremolinos ha prohibido los espectáculos de transformismo previstos para la celebración del Orgullo Solidario aduciendo la presencia de familias con niños en un parque cercano.

El evento, organizado por el colectivo LGTB Colega-Torremolinos, iba a celebrarse el próximo viernes en la plaza de La Nogalera, considerada el corazón gay de la ciudad. El acto central iba a consistir en “la entrega solidaria de alimentos a comedores sociales de Málaga y Torremolinos”, explican desde la asociación promotora. La colaboración de famosos transformistas y drag queens de la ciudad ha motivado la censura por parte del ayuntamiento por considerarlo un acto no adecuado para menores de edad.

“El derecho de los niños y de los jóvenes a ser educados como esposos y esposas del futuro” es uno de los argumentos utilizados por la Conferencia Episcopal en su enconada lucha contra la extensión del derecho al matrimonio a parejas del mismo sexo. En 2006, un año después de la aprobación del mismo, tuvo lugar la primera misa por la familia impulsada por el arzobispo Rouco Varela. Desde entonces, esta convocatoria anual a la que acuden destacados miembros del Partido Popular promueve la retirada de derechos a todos los adultos y menores que no formen parte de una estructura familiar cristiana.

La defensa del “interés superior del menor” también es el escudo bajo el que se esconden los prejuicios homófobos contra la adopción por parte de parejas del mismo sexo. Desde las posturas más extremas, se argumenta que los niños y niñas que crecen en una familia homoparental tienen mayor probabilidad de sufrir abusos sexuales, tener un menor rendimiento escolar y altas opciones de convertirse en gais o lesbianas.

Estos prejuicios no son patrimonio exclusivo de la Iglesia Católica. Las políticas homófobas de Rusia han provocado un sufrimiento innecesario en al menos 600 menores. Este es el número de procesos de adopción por familias españolas que se han visto paralizados durante casi un año, hasta que hace diez días el Ministerio de Exteriores y Cooperación ha aceptado firmar un nuevo convenio bilateral. En él, y como exigencia del gobierno de Putin, se excluye a matrimonios homosexuales y personas solteras de la posibilidad de adoptar a menores rusos.

La diversidad familiar es un hecho incuestionable. En toda época y lugar coexisten diversas estructuras familiares. En nuestra sociedad actual, el modelo que quiere imponer la Iglesia católica como único e inmutable no se corresponde con la realidad estadística. El modelo familiar predominante en los hogares españoles desde 2007 es el de pareja sin hijos, seguido del de pareja con un hijo. Las cifras del INE muestran además que los matrimonios civiles superan desde hace años a los religiosos. ¿Determina esto la felicidad de los niños?

 

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Laura Gaelx Montero

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5 respuestas a “No en nombre de nuestros hijos

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