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martes 21 agosto 2018

Sociedad

Avance editorial: “Mar Cambrollé, una mujer de verdad”

Primeras líneas del libro ‘Mar Cambrollé, una mujer de verdad: los orígenes’

11 julio 2014
17:04
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Este extracto  forma parte de la obra Mar Cambrollé, una mujer de verdad (Editorial La Calle), de Francisco Artacho Gómez, un libro en el que se abordan los orígenes del movimiento homosexual y transexual en Andalucía.

MAR CAMBROLLÉ, UNA MUJER DE VERDAD

El MHAR, los orígenes del movimiento homosexual y transexual en Andalucía.

A todas las personas que no pudieron amar, y ser, en libertad

PRÓLOGO

No le resulta fácil vivir a una persona, cuando es niña y adolescente, si se le niega la identidad, que es la base de la autoestima. Basta con leer algunos de los episodios de la infancia de Mar Cambrollé para saber cómo se trataba a los menores transexuales durante aquellos años oscuros. De entrada, el libro tiene el valor de ser un documento valioso para las personas que han vivido en condiciones similares, para conocer la vida de una persona con un valor y una fuerza inapreciables y como fuente de información para todos aquellos que se interesan por la transexualidad desde el punto de vista de la Psicología, la Sociología o la Antropología.

Los datos que nos encontramos en todos los estudios, incluido el informe del Ararteko dirigido al Parlamento vasco, son aplastantes: las primeras formas de maltrato de los niños y niñas transexuales se producen en su entorno familiar. Como yo había escrito no hace mucho en un artículo dedicado a la transexualidad y la familia, “es imposible imaginar un sufrimiento más cruel que el de un niño rechazado por su propia familia, por unos padres que temen ver dañada la dignidad familiar ante tal desgracia, unos padres a los que el niño quiere sin reservas y de los que no puede esperar nada malo”. En la vida de Mar se dan todos los componentes dramáticos que se pueden encontrar en la vida de una persona transexual, el sufrimiento de una niña que había de soportar los malos gestos, las amenazas, los golpes, la paliza y el repudio de su padre.

A un lector desprevenido le podría extrañar que hubiera tardado tanto en hacer la transición. Pero es necesario pensar que en el periodo en que transcurre su infancia y su adolescencia no había ninguna fuente de información accesible sobre la transexualidad. A ella, que es la primera interesada, le duele el no haber podido reconocer durante los primeros veintitrés años de vida su verdadera identidad. De todas formas, a cualquiera que haya leído algunas historias de vida de personas transexuales de aquellos tiempos, en que no había Internet y la información brillaba por su ausencia, sabrá que era normal estar en el limbo, como dice ella misma, mantenerse desorientada creyéndose homosexual, porque entonces no se disponía de datos suficientes para poder asumir su verdadera identidad.

Lo verdaderamente importante en su proyecto de vida fue la forma en que asumió la realidad, con el entusiasmo que aceptó la militancia en el Movimiento Homosexual de Acción Revolucionaria (MHAR), la dignidad con que vivió durante ese tiempo, luchando por la liberación de la sexualidad y por el derecho a que se pudieran manifestar libremente todas las tendencias de la afectividad, así como la honestidad con la que empezó a pensar, sentir y construir su vida. Cualquiera que conozca cómo era la época de su juventud podrá acordarse de lo complicado que era y el mérito que tenía vivir en pareja si no funcionaba con todos los requisitos que habían de acompañar a un matrimonio convencional. Y menos aún si la relación en pareja era contraria a la norma heterosexual establecida y se mantenía contraria a los rigores de la familia heteropatriarcal y comercial, como la denomina Mar.

Creryl Chase fue la fundadora de la Asociación Intersexual de América y un modelo de luchadora por los derechos de los intersexuales. Hay un momento en que se decidió a romper el muro de silencio con el que la habían encerrado y gritarle al mundo lo que había vivido, el sufrimiento que había tenido que soportar por la ablación de clítoris a la que se la había sometido siendo una niña. Durante un tiempo se vio de pie en medio de una tormenta insoportable, llevando un infierno dentro de sí misma, pero cuando todo parecía ser insoportable, descubrió un cielo abierto, como dice ella misma, y un arcoíris en el horizonte. En medio de la agonía empezó a ver síntomas de revitalización y de renacimiento. Una nueva forma de ver la vida empezaba a anidar en su corazón. Es más, en un artículo suyo famoso, añade que desde entonces había visto esta experiencia de desplazamiento desde el dolor hacia el empoderamiento personal vivida y descrita por otros activistas intersexuales y transexuales. Y, en esto, la protagonista de este libro es un auténtico modelo. Es una de las activistas en la que se puede ver de una forma privilegiada este empoderamiento.

Su vida es un auténtico ejemplo de superación. A un largo periodo de negación y de sufrimiento, viviendo en una especie de cárcel, encerrada tras los barrotes invisibles de la exclusión y el estigma, le siguió una etapa de esplendor. Nadie le ha regalado nada. No pudo estudiar, la situación no se lo permitía, pero terminó convirtiéndose en una activista con una gran fuerza y carisma, así como un talento especial para el conocimiento de la teoría.

Es una mujer de acción. No cabe duda. Su sistema nervioso y su vitalidad responden a los automatismos de ese tipo de persona que es capaz de plantarse, pelear y conseguir lo que se propone. Pero lo que a mí me llama la atención es que, siendo fundamentalmente una activista, tiene una capacidad y una fortaleza mental suficientes para mantener una gran coherencia teórica, combatir el discurso biomédico con las armas de una teoría bien fundada y recurrir a los conceptos y argumentos con el máximo rigor posible. Y son precisamente sus vivencias personales, su capacidad teórica y su coherencia las que la mantienen con éxito en la lucha contra el binarismo, contra la medicalización y la patologización de la transexualidad.

Durante los últimos años, la hemos visto a través de la prensa en una actividad frenética, luchando para corregir algunas prácticas médicas que considera inaceptables, amenazando con una huelga de hambre para que los partidos de izquierda asumieran un proyecto de ley que es absolutamente necesario, exprimiendo sus recursos para luchar contra la homofobia y la transfobia, programando y planificando actividades para formar a las personas trans, preocupándose por los niños y por los jóvenes transexuales, e incluso ahora en las páginas de este libro la vemos sintiéndose orgullosa cuando ve que por fin estos jóvenes pueden estudiar.

El discurso biomédico no ha dejado de repetir el modelo de la sociedad heteropatriarcal contra el que lucha de manera frontal Mar Cambrollé. No se pueden resignar los transexuales a aceptar el tópico de tener una identidad mental y una identidad genital contrapuestas, de ser mujeres atrapadas en cuerpos de hombre o ser hombres atrapados en cuerpos de mujer. No tiene sentido seguir manteniendo el dualismo de dos sexos y dos géneros, porque no hay una correspondencia entre el sexo y el género, y porque a cada uno de los dos sexos no le tiene por qué corresponder un género.

En la transexualidad no hay un error de la naturaleza. “Mi cuerpo no está equivocado”, dice Mar Cambrollé. Y dando prueba de su claridad teórica afirma, que el binarismo de género hombre/mujer o femenino/masculino responde a una construcción cultural basada en un sistema normativo asimétrico, jerárquico y excluyente, heteropatriarcal, machista y de generización genital.

No son los genitales los que determinan el género. El discurso biomédico es castrador en la medida en que ha tratado sistemáticamente a la transexualidad como una patología. No se puede seguir planteando la disforia o el trastorno como algo intrínseco a la vida del transexual. El cuerpo no tiene por qué ir en contra de la mente o el género. El testimonio de esta mujer de verdad es contundente y un modelo para todas las mujeres y hombres transexuales. “¡Soy una mujer con pene y soy feliz!”, dice sin dejar ni la más mínima sombra de duda. Y lleva toda la razón, porque hay una diversidad sexogenérica manifiesta en la naturaleza humana, que solo es negada por el molde del binarismo cultural conservador. Hay hombres con pene y mujeres con vagina, pero también hay mujeres con pene y hombres con vagina; hay personas que se reconocen hombre y mujer y hay otras personas que no se consideran ni hombre sin mujer.

Los tiempos están cambiando. No sé si el cambio será rápido o lento, si será más o menos sereno o dramático. Pero hay muchos indicios de que se está produciendo una transformación imparable en la esfera de la vida sexual, tanto íntima como pública. La desconexión entre el sexo y el género ya la habían propuesto las feministas desde hace tiempo. En la actualidad hay un desplazamiento fundamental de la familia nuclear patriarcal. Ya no sorprende tanto encontrar familias monoparentales, homoparentales y transexuales.

Lejos del reductor y del homogeneizador parámetro binario del sistema de género clásico, se ha abierto el abanico de las identidades. En La transformación de la identidad, Anthony Giddens, uno de los sociólogos de mayor prestigio de la actualidad, escribía: “La ‘justificación biológica’ de la heterosexualidad como ‘normal’ ha estallado en pedazos. Lo que habitualmente se llamaban perversiones son meramente formas en las que se puede expresar legítimamente la sexualidad y definir la identidad del ego. El reconocimiento de diversas proclividades sexuales corresponde a la aceptación de una pluralidad de diferentes estilos de vida, hecho que constituye un gesto político”.

Y en este contexto, no cabe duda de que la lucha de Mar está colaborando de una forma decisiva en la posibilidad de que los transexuales tomen la palabra y de que exijan el derecho a la autodeterminación que les corresponde.

Juan Gavilán Macías. Catedrático de Filosofía Jubilado.

Profesor de Antropología en la UNED de Málaga y

Colaborador de Investigación en el Área de Lingüística de la UMA.

INTRODUCCIÓN

El 24 de enero de 2014 publiqué en Andalucesdiario.es una información sobre Mar Cambrollé y su candidatura a las primarias de Izquierda Abierta para las Elecciones Europeas. El día anterior le realicé una breve entrevista. Le pregunté sobre sus aspiraciones, y se mostró convencida de poder conseguir los avales necesarios, a pesar de su nula vinculación con dicha formación política. Los consiguió y concurrió a las europeas en el número 24 de la lista de Izquierda Unida.

“Quiero ser la primera transexual en llegar al Parlamento Europeo”, así titulé la información. La noticia tuvo varios comentarios. La mayoría recogían mensajes de ánimo y apoyo, pero en uno de ellos la tachaban de ser una farsante. Pude comprobar que ese mismo comentario se repetía en todas las informaciones relacionadas con Mar Cambrollé que se habían publicado sobre el tema en otros medios digitales.

En el mensaje se le acusaba de ser una mentirosa, una plagiadora y una impostora. Lo primero que argumentaba el anónimo autor es que Cambrollé no sería la primera transexual en llegar a la Eurocámara, que ya lo había hecho antes Nikki Sinclaire. Efectivamente, pero un importante matiz hacía cierto el titular. Sinclaire era europarlamentaria pero no fue hasta 2011, ya como eurodiputada, cuando salió del armario de la transexualidad. Había concurrido en 1999 a las elecciones como lesbiana. Y es que todavía hay transexuales que, por un motivo u otro, siguen ocultando su verdadero yo. Cambrollé le pegó la patada a esa oscura puerta con 23 años. Y no lo hizo antes, como transexual, porque como homosexual sí lo había hecho, no por falta de valentía, que de eso le sobra, sino porque no tenía referentes. Entonces, últimos años de los 70, la transexualidad era tratada como travestismo en la prensa y la lucha por la liberación sexual se centraba exclusivamente en la homosexualidad, principalmente en la masculina. “Orgullo gay”, escuchamos todavía a día de hoy, como si lesbianas, trans, bisexuales, transgéneros e intersexuales no existieran.

La siguiente acusación del comentario era sobre la falsedad de que Cambrollé hubiera participado en los inicios del movimiento homosexual en Andalucía, a finales de la década de los 70. El comentario afirmaba que, entre otros, esa primera lucha había sido organizada por el que, en la actualidad, presidía una asociación estrechamente vinculada al PSOE, nacida poco antes de las Elecciones Municipales de 2011, y cuya actividad se ha limitado, hasta el momento, a una entrega de premios anuales y reuniones con el PSOE.

En una de las primeras entrevistas que le realicé a Mar para la elaboración de este libro, su biografía, le hice saber sobre tales acusaciones. Ella ya las conocía. Cosas de la vida, había llegado a sus oídos que, en Madrid, una importante política, también del PSOE, de la que Mar me pidió no dar su nombre, afirmó exactamente lo mismo en fechas similares.

Cuando se trata de realizar un trabajo de este tipo, una biografía, siempre existe el temor de que el protagonista intente proyectar una imagen idealizada de su vida y su trayectoria. Cambrollé, que de tonta no tiene un pelo, intuyó en mí una cierta desconfianza que yo jamás llegué a verbalizar. Pero le bastó hacerme entrega de una vieja carpeta para acabar con mis infundadas reticencias al relato de su vida.

Esa carpeta contenía un auténtico tesoro, una joya de papel que con cariño ha conservado: el archivo histórico del MHAR, el Movimiento Homosexual de Acción Revolucionaria, que ella lideró desde sus inicios, en 1977. La primera organización de la lucha por la liberación sexual de Andalucía. Pegatinas, fotografías, actas de asambleas e infinidad de documentos que recogen y dan fe de la memoria histórica de esa lucha. Su lucha, recogida también en la hemeroteca de la prensa sevillana.

Poco después de conocerla y contactar con ella, el 17 de mayo de 2008, en una concentración por el día mundial contra la homofobia, Mar se convirtió en una de las mejores fuentes que he tenido como periodista. Jamás me ha mentido. Jamás me ha dado una información falsa. Siempre me ha tenido en cuenta como periodista. Un año después, en otoño de 2009, confió en mí para elaborar un documental sobre la discriminación y violencia que sufren las mujeres trans. Incluso supo perdonarme tras un fuerte distanciamiento producido por que yo la acusé, públicamente, de ser una vendida al PP, acusación que coincidió con la campaña de desprestigio realizada desde sectores de la socialdemocracia institucional andaluza y sus asociaciones afines en los últimos años.

Para elaborar este libro solo exigí a Mar una condición: sinceridad mutua. Y esa sinceridad mutua pasa por reconocer que, durante un estúpido periodo de tiempo, me dejé influenciar por esa sucia campaña, una jugarreta política que queda recogida en uno de los capítulos de este libro, una artimaña que se creó en
respuesta de la integridad y tenacidad de Mar en su lucha, en la que jamás se ha plegado a los intereses partidistas de unos y otros. Pero el tiempo pone a cada persona en su sitio. Tal vez todavía tengan que pasar años para que a Cambrollé se le reconozca su trabajo, su lucha y su buen hacer. Por más que a algunos les pese.

Puedo asegurar que la elaboración de este trabajo ha sido algo apasionante. Lo que en principio debía ser una biografía, una historia de vida, se ha convertido en una inmersión en los inicios y la historia de la lucha por la libertad sexual en Andalucía. Conocer la vida de Mar Cambrollé es conocer la lucha de los que se la jugaron por conseguir pequeños espacios de libertad. También es conocer la historia de una mujer que consiguió abandonar la pobreza para ser una empresaria de éxito. Y con la palabra éxito me refiero a abrirse camino en una vida en la que nadie le regaló nunca nada.

En los últimos años, Mar y la Asociación de Transexuales de Andalucía, a través de una relación profesional -de periodista a fuente- me han permitido conocer la realidad trans. Escapar del discurso dominante, de la potente propaganda médica que sigue asegurando, como lo hizo con la homosexualidad, que la transexualidad es una enfermedad.

Pero ha sido durante la elaboración de su biografía cuando he podido conocer su lado más humano, y descubrir así que es una mujer auténtica, irrepetible, pasional e impulsiva.

A ella le gustaría ser una dirigente política. Luchar desde un parlamento, un ayuntamiento o cualquier otra institución. Sinceramente, no creo que lo consiga. Es más, le pido que no lo haga. Su lucha, como todas las grandes luchas, no cabe en las siglas de ningún partido. Sus principios de lealtad a las suyas, a las personas trans, son incompatibles con las mezquindades de la política partidista actual.

A las personas trans les queda mucho camino por recorrer. Demasiado. Un camino que sus hermanas maricas y bollos no parecen muy dispuestas a recorrer junto a ellas. Ya no se trata de cuestiones de igualdad o de derechos civiles, como el matrimonio. Es una cuestión de Derechos Humanos, de dignidad humana, que implica una lucha que va más allá de leyes y que nos concierne a todos. Se trata de romper las normas establecidas. Con el machismo, con el heteropatriarcado, con la hipócrita cultura de la monogamia y con todos aquellos esquemas impuestos que nos obligan a encasillarnos, clasificarnos y reprimir nuestra sexualidad, nuestro ser y nuestra naturaleza humana. Una lucha que implica una revolución de la humanidad. Una revolución que está por llegar.

Pero la historia de Mar es mucho más que la de una activista por la libertad. También es la de una luchadora, una superviviente. No dudó en ejercer de trabajadora sexual para conseguir un dinero “rápido, que no fácil”, como ella siempre remarca. Así lo hizo de forma intermitente en Sevilla, Barcelona y Milán. Tampoco le faltó valor para plantarse en Londres, sin tener ni idea de inglés, para buscar en un recóndito polígono industrial un almacén desde el que trajo a Sevilla la moda más puntera y que, durante dos décadas, vistió a las tribus urbanas de la ciudad. Y tampoco le faltó ingenio y valor para montar una auténtica performance que le permitió librarse de la mili y así entregarse de lleno —acababa de conocer a su primer novio— al amor y la pasión, sentimientos que la guiarán y buscará sin descanso a lo largo de su vida.

Esta es la historia de Francisco José Cambrollé Jurado, el joven que luchó contra la pobreza en la que le tocó nacer y por la liberación homosexual en Andalucía, cuando todavía había cárceles franquistas para maricones. Esta es la historia de Paqui Cambrollé Jurado, la mujer que por fin supo encontrar su camino. Esta es la historia de Paqui “la hippie”, que se buscó la vida haciendo artesanía y luchó hasta conseguir la regularización de un mercadillo a las puertas de El Corte Inglés, en el centro de Sevilla. Esta es la historia de Paca “la brava”, la amiga del irrepetible Ocaña. Esta es la historia de una trabajadora del sexo trans que encandila a tantos. Es la historia de Paca, mujer empresaria. Y es también la historia de Mar, la activista transexual.

Esta es la vida de Mar Cambrollé Jurado. La historia de una mujer de verdad.


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