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jueves 22 febrero 2018

Política

Anguita: “Antes hay que plantear qué república se quiere y luego llenar las plazas”

El político cree que hay un posible pacto entre PP, PSOE y la Corona para crear una ley de punto final sobre casos de corrupción como Gürtel, los ERE y el caso Nóos.

05 junio 2014
12:08
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Anguita: “Antes hay que plantear qué república se quiere y luego llenar las plazas”
Julio Anguita, ex coordinador general de Izquierda Unida. ISABADELL

MADRID // Cuando habla Anguita, todos prestan atención. La izquierda, la derecha, monárquicos, republicanos, comunistas, todos escuchan con especial interés las palabras del que fuera líder de Izquierda Unida. Alejado de la primera línea de la política de partido, es consciente de que sus opiniones no siempre son bien recibidas. “Pero tengo derecho a dar mi opinión, ¿no?”, reclama durante una entrevista telefónica. Aquí están sus opiniones.

¿Por qué cree que ha decidido abdicar el rey?

La abdicación del rey es una cosa vieja. La primera información que hubo sobre ello es de mediados de la década de 1990, cuando el procesamiento a Javier de la Rosa, el problema de Mario Conde y lo de Manuel de Prado y Colón de Carjaval, cómo podían afectarle las cosas que habían hecho los amigos del rey. Entonces alguien entendió –personas cercanas a él– que había que sacrificar al rey para salvar la monarquía. Pero aquello pasó y se quedó en estado latente. Hace un año, el tema volvió a surgir porque el poder (y cuando hablo de poder hablo del Banco Santander, del Bilbao Vizcaya, del poder económico) y sus gregarios, el poder político del bipartidismo, empezaron a caer que tenían el mismo problema que tuvieron en el régimen con Franco: se dieron cuenta de que no era inmortal, que el rey se caía, que estaba mal de salud y que además su vida privada se aireaba. Entonces optaron por activar el relevo, cosa a la que el rey se ha negado, esto quiero dejarlo claro.

¿Por qué se negaba?

Hay quien afirma que si era por la cuestión de que perdería la inviolabilidad. En el discurso de fin de año y en la Pascua Militar dice que va a seguir, entonces ¿cómo es posible que estos días se diga que tomó la decisión en enero? Yo creo que ha pasado algo que de pronto ha hecho que el proceso sucesorio de la abdicación que estaba prevista se acelere.

¿Ese algo qué es?

Pues ese algo han sido los resultados del 25-M. En primer lugar, el bipartidismo se ha visto azotado, ha perdido cinco millones de votos, las demás fuerzas políticas sumadas ya lo superan y ya hay voces como la de don Felipe González Márquez que advierten que hay que reforzar la alianza entre PP y PSOE como en Alemania. Y en segundo lugar, algo que para el régimen de la Transición puede ser mortal, el mundo de Gürtel, el mundo de los ERES, del caso Nóos y otros que merodean por la Zarzuela.

¿Ahí también participa el bipartito?

Ante esta emergencia, el bipartito tiene que reforzarse y cambiar la Constitución para asegurar una Carta Magna con más garantías electorales, quizás atender el problema de Cataluña, y desde luego para reformar la fuerza del bipartito. La siguiente medida es, ni más ni menos, que aprovechando que llega un nuevo rey, no te extrañe que de una manera u otra, sin que sean exactamente mis palabras, aquí se produzca una ley de punto final que diga, “ea, pelillos a la mar, lo de la Gürtel, lo de los ERE, lo del caso Nóos… vuelta a empezar, borrón y cuenta nueva”. Esto es lo que creo que está detrás de una abdicación que estaba prevista.

Ese pacto del bipartidismo también es necesario para mantener la inviolabilidad del rey

La inviolabilidad no se puede mantener, aunque usted sabe que la Constitución se la han cepillado los distintos gobiernos cuando han querido y han tomado medidas fuera de la ley de la Constitución, pero esto sería muy gordo. Yo creo que van a buscar una figura jurídica que lo hagan inimputable, que es lo mismo pero sin esa palabra, o un consenso político de los dos grandes por los que Juan Carlos de Borbón y Borbón no sea nunca imputado de ningún delito, de forma que el monarca esté seguro.

Una de las preguntas más recurrentes estos días es ¿republicanismo o república?

Yo soy republicano y llevo desde hace muchos años ahí. En el año 1997 ya hablé de la república como opción del PCE, lo que ocasionó un terremoto. Lo que ocurre es que yo observo que el movimiento republicano que cada día crece en forma de colectivos, de ateneos, de distintas organizaciones de tipo cultural, es un republicanismo que, salva honrosas excepciones, está circunscrito a dos tipos de acontecimientos: la conmemoración de la Segunda República, y a la exaltación constante de la bandera. Eso está muy bien para satisfacer las ilusiones de tanto republicano, pero no sirve para nada a la hora de construir la Tercera República. Hace muchos años vengo insistiendo que todo el sector del republicanismo español tenía que haberse puesto de acuerdo para establecer una especie de estados generales de la república en la que se hablase de qué clase de república queremos. Una república que venga a favor de las necesidades de la mayoría no puede ser de otro signo, hay que hacerlo ya, hay que hablar de cuáles deben ser las directrices de la república, y eso le falta al movimiento republicano. A mí me parece bien que se tomen las plazas, pero antes hay que llenar el proyecto, plantear qué república se quiere, y luego llenar las plazas.

¿Es partidario de un pacto entre IU y Podemos?

Yo no he hablado de ese pacto. Sobre eso digo que ninguna fuerza política de las que hay hoy en España, incluida la mía (IU), es capaz de producir por sí sola un proceso en el que la ciudadanía adquiera un protagonismo para cambiar las cosas. Dejando claro que tampoco ninguna fuerza sindical, ¿cuál es el sujeto del cambio profundo que España necesita? Lo que yo llamo revolución democrática, y aquí para mí la palabra democracia significa economía. La ciudadanía está dispersa, pasa olímpicamente, desconfía de los políticos, hay que ir a ella con diez o quince puntos básicos: salario mínimo, pensiones, seguro de desempleo, vivienda, limpieza de los canales de comercialización, la banca y los créditos… puntos concretos, accesibles de entender. Y ahí las fuerzas políticas como Podemos, IU o Equo y sindicalistas (que no sindicatos) pueden ser una especie de levadura que abra los debates, que den una imagen de unidad y defiendan el mismo programa.

Con la legalidad en la mano se pueden hacer muchas cosas: una, legalizar la banca, título 7º de la Constitución Española, artículo 129 y 130. Mientras podamos utilizar la legalidad vigente, dejemos fuera de ella al Gobierno, utilicemos la ley en contra de quienes la están incumpliendo. Yo he dicho eso, no he dicho que vayan juntos a unas elecciones, ni que creen un frente de izquierdas, sino que vayan creando un programa para que sea posible la unidad popular, una plataforma ciudadana que en torno a un programa y a todo lo que ello conlleva, sea capaz de cambiar la situación.

Pero ese programa, ¿debería estar legitimado en unas elecciones?

Mire, yo ahora mismo no veo el horizonte de los votos, estamos obsesionados con los puñeteros votos. Cuando se consolide un poder popular, esté en la calle, tenga fuerza y vaya generando el contrapoder, tendrá que legitimarse, pero ahora vamos a centrarnos en crearlo, porque como empecemos a hablar de listas ya la hemos liado.

Usted, ¿fue a votar el 25-M?

Sí, claro. Ha costado mucho trabajo en España que se pudiera votar y yo fui, siempre voy y voto.

¿Llegó a dudar a quién votar?

No, sabía lo que tenía que votar desde hace tiempo.

¿Le llaman excompañeros de IU o ahora de Podemos para pedirle consejo?

No, en absoluto y hacen bien porque yo acostumbro a dar mi opinión y bastantes veces le mando escritos a la dirección por si lo tienen a bien considerar. Muchos de ellos han sido bien considerados, después se han guardado en un cajón.

¿Ha quedado anticuada la marca Izquierda Unida?

No, lo que pasa es que la marca Izquierda Unida, y voy a decir algo que seguramente no guste, está considerada por el poder (Banco de Bilbao, Banco de Santander, más el bipartito) como una fuerza de izquierdas pero ya canalizada a través de la instituciones y a través de esa política –con la que yo nunca he estado de acuerdo–. También se considera que hay que apoyar al PSOE frente a la derecha, cuando los datos nos evidencian todos los días el pacto PP-PSOE. Entonces, eso nos ha dado una respetabilidad que mata. Pasa lo mismo que con los sindicatos mayoritarios que se considera que están ya dentro, y es algo que pasa con IU y que debe llevar a meditar a la organización.

¿Y nuevos rostros jóvenes como el de Alberto Garzón puede cambiar esto?

Eso de la gente joven… A mí me importa la edad de la gente un pito porque conozco gente muy de derechas y son jóvenes. Yo quiero gente que trabaje, inteligente, gente con audacia que quiera cambiar el mundo y si además son jóvenes, miel sobre hojuelas. Para mí la juventud en política no es ningún mérito de entrada. Dicho lo cual, tengo que decir que Alberto Garzón es joven, pero lo importante es que sabe, que es de izquierdas y además es lúcido y no está enconsertado en dogmas.

Se empiezan a oír frases sobre el final de la crisis, ¿qué piensa?

Ni caso, ni puñetero caso. Para empezar hay que decir que no se puede estar todos los días consultando las estadísticas, porque lo primero es que hay una deuda que no se puede pagar y no sé cuándo la van a pagar. Una deuda que en su mayor parte es ilegítima. En segundo lugar, las propias estimaciones de la Unión Europea dicen que si se toman medidas drásticas, volveremos a los niveles de trabajo de 2007 en el año 2030. Cuando se dice que ha subido el Producto Interior Bruto yo digo que antes de hablar de crecimiento quiero hablar de reparto. Con estas ideas que estoy manifestando, usted comprenderá que al discurso oficial ni caso.

Pero su postura no es mayoritaria, ¿está la sociedad española adormecida?

Una buena parte de ella sí, porque si entre partidos de la Champions y de la selección, le pasan mensajes de que España está creciendo… A principios del XX, finales de XIX, había una viejecita muy pobre vendiendo cerillas en la puerta de la Ópera donde entraban los ricos con sus vestidos de lujo y sus carruajes y dijo: “Hay que ver qué bien que vivimos en Madrid”. Pues una parte del pueblo es como esa viejecita.

¿Cómo valora el proceso soberanista en Cataluña?

Estoy totalmente a favor del derecho de autodeterminación, punto. ¿Por qué? Porque está reconocido por España, le guste o no al Gobierno y a los demás. En la Constitución Española, en su artículo 10, reconoce que la fuente de la constitución son los derechos humanos. Pues bien los derechos humanos están en la solemne declaración de 1948, pero además, en los pactos de 1966 a los que se adhirió el reino de España en 1977. En esos pactos, que se llaman pactos políticos y de derechos sociales, en el artículo 1 se reconoce el derecho de libre determinación. El caso es que la ONU, a través de distintas resoluciones, siempre ha dicho que no se puede tocar la unidad de los Estados, algo que no hicieron con Yugoslavia, y tenemos también el caso de Canadá y de Reino Unido. En consecuencia, sin retorcimiento de la ley y de la Constitución se podría reconocer el derecho de libre autodeterminación. Ahora bien, ese derecho exigiría también que el resto de la población del Estado español diese su opinión.

¿Por qué se ha llegado a ese extremo?

Fíjese en el estatuto de autonomía de Euskadi aprobado durante la República, se lee que las provincias de Guipúzcoa, Vitoria y Vizcaya se constituyen en comunidad autónoma dentro del Estado español. De los cuatro estatutos que ha tenido Cataluña, el primero y segundo dicen lo mismo. ¿Qué ha pasado para que luego se de ese salto? Ha pasado el franquismo y seguir manteniendo que España era uniforme. Otra cosa es que al aire de la decisión de que se pronuncie el pueblo catalán, la burguesía catalana que está de acuerdo con la política económica de Rajoy, haga derivar hacia la soberanía los problemas sociales. En cuanto la gente se eche a la calle vamos a recordar cosas del pasado, un Cambó que estaba de acuerdo con Franco y una burguesía catalana que cuando los obreros salían a protestar pedían la intervención de las fuerzas de orden público de España.

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Toni Martínez

Toni Martínez

6 comentarios

  1. eleusipo
    eleusipo 19/06/2014, 22:46

    Autodeterminaciones: Aquí disiento rotundamente con el ideario de Anguita. El mundo está marchando, aunque otra cosa pueda parecer en algún momento y a primera vista, no hacia independentismos a troche y moche, ni por barrios, calles o plazas, es decir, al mero capricho o carta ciudadana, puesto que dentro del grueso ciudadano existe la cohesión y la separación per se, algo así como amor-odio, para sintetizar. Observen cómo en los últimos días Rusia ha configurado con otros dos países una zona de intereses comunes, y, eso, se seguirá dando a lo largo y ancho del planeta, es decir, agrandándose. Por tanto, de un socialista se espera en este sentido ganar espacios cada vez más amplios de igualdad, cooperación, convivencia, solidaridad y libertad, y no apartamientos, reducciones, sociedades cerradas, sectarias por lo general y poco o nada democráticas. Por eso disentimos y así lo diremos cuanto proceda. “El mejor derecho para el mayor número de forma progresiva”. ¿ Les convence…? Mis saludos.

    Responder a este comentario
  2. charo cañadas
    charo cañadas 07/06/2014, 14:55

    Por que será que siempre tengo la sensación de que usted paraliza en vez de avanzar.Pensemos , razonemos y movilicemos.
    No me gusta los gurús y usted se está convirtiendo en uno de ellos .
    Salud

    Responder a este comentario
  3. Charo
    Charo 07/06/2014, 14:51

    Perdón Sr.Anguita , no cree que alarga demasiado los plazos ? . Tengo la sensación de que siempre está poniendo un palo a la rueda.
    La discusiones en las pzas . públicas

    Responder a este comentario
  4. Carrasco Estrada Juan Antonio
    Carrasco Estrada Juan Antonio 05/06/2014, 21:43

    Anguita, hay que pedir libertades comunes antes de que decidir qué tipo de república tener, para ello se necesita llenar plazas

    Responder a este comentario
  5. César
    César 05/06/2014, 14:11

    “[…]la conmemoración de la Segunda República y la exaltación constante de la bandera. Eso está muy bien para satisfacer las ilusiones de tanto republicano, pero no sirve para nada a la hora de construir la Tercera República.” Amén.

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