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domingo 18 febrero 2018

Internacional

Incertidumbre en Tailandia tras el golpe de Estado

Las tiendas levantaban de nuevo sus persianas esta mañana tras el toque de queda impuesto en la noche del jueves. Este es el 12º golpe de Estado en 80 años.

23 mayo 2014
17:24
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Incertidumbre en Tailandia tras el golpe de Estado
Imagen del golpe de Estado en Tailandia en septiembre de 2006. DON SAMBANDARASKA

BANGKOK // “Para que la situación vuelva rápidamente a la normalidad y para que la sociedad recupere la paz de nuevo, el Ejército tiene que asumir los poderes”. Con esa serenidad anunció el jueves por televisión el jefe del Ejército de Tailandia, el general Prayuth Chan-ocha, un nuevo golpe de Estado en el país asiático tras meses de protestas anti-gubernamentales que habían paralizado en varias ocasiones la capital Bangkok. El anuncio no fue más que el acto final de una calculada puesta en escena para deponer al gobierno del Puea Thai, el partido de los conocidos como camisas rojas, que había sido elegido democráticamente en julio de 2011, y que nunca ha contado con el beneplácito de los generales. 

El primer acto se dio el pasado 7 de mayo, cuando el Tribunal Constitucional obligó a dimitir, por abuso de poder, a la entonces primera ministra Yingluck Shinawatra, hermana del también depuesto primer ministro Thaksin Shinawatra, cuya defenestración en 2006 se considera el inicio de la crisis política en la que ha estado sumido el país en los últimos años. Junto a ella, cayeron la mitad de sus ministros. El segundo acto fue la instauración de la ley marcial el pasado martes, por la que se suspendían buena parte de las garantías constitucionales. Con el anuncio del golpe, que ha sido hasta el momento incruento, la Constitución fue completamente suspendida, salvo los artículos que se refieren a la monarquía y a algunas otras instituciones del Estado, y los pocos ministros que se habían salvado a la decisión del Constitucional también fueron relevados de sus cargos.

El Ejército tailandés ha justificado su intervención por la delicada situación en las calles de Bangkok, que han estado ocupadas durante los últimos días por manifestantes pro y antigubernamentales, aunque localizados en zonas muy alejadas de la capital. Ambos grupos, los llamados camisas rojas y camisas amarillas respectivamente, han invadido de forma alterna los centros neurálgicos de Bangkok durante los últimos ocho años para protestar contra uno u otro gobierno. Los primeros, los rojos, suelen ser caracterizados como una población rural, principalmente del norte y el noreste del país, que apoya al ex-primer ministro Thaksin Shinawatra por las medidas redistributivas – o populistas, según quién las califique – que aprobó durante sus cinco años en el poder (2001-2006). Los segundos, los amarillos, son descritos como las clases medias y altas de Bangkok y los círculos aristocráticos y monárquicos. Sin embargo, entre los rojos también hay millonarios – el propio Thaksin es uno – y clases medias, mientras que los amarillos tienen asimismo un fuerte apoyo rural en el sur del país.

Un pueblo acostumbrado a los golpes de Estado

Con la misma serenidad con la que se anunció el golpe de Estado se ha levantado hoy Bangkok en un país acostumbrado a las asonadas de los militares. No en vano, este es el decimosegundo golpe de Estado que el Ejército efectúa con éxito en 80 años, a los que se suman otros siete intentos fallidos. Esta mañana, funcionarios y otros trabajadores han acudido a sus puestos de trabajo y los 7/11, tiendas normalmente abiertas 24 horas que se reproducen en cada esquina del país, levantaban de nuevo las rejas tras cumplir el toque de queda impuesto ayer por la noche. Las restricciones tampoco han afectado a los sitios turísticos ni a los centros comerciales que, sin embargo, cerrarán más pronto de lo habitual, ya que el toque de queda sigue vigente.

En las calles, las opiniones eran encontradas. “La situación se estaba poniendo muy tensa. No me parece mal que hayan intervenido”, aseguraba Noi, un guardia de seguridad que hoy había vuelto, como siempre, a su puesto de trabajo, aunque con una jornada algo más corta de lo habitual debido al toque de queda. “Los militares no respetan lo que votamos”, decía un taxista desesperado ante los atascos aún más intensos de lo que suele ser habitual en la capital.

Tras los primeros momentos de tranquilidad, y a pesar de la prohibición expresa de manifestarse, algunos pequeños grupos han protestado hoy en puntos simbólicos de la ciudad. El encuentro más tenso ha tenido lugar en pleno distrito comercial de Bangkok, en el que se han reunido unos 300 opositores al golpe de Estado que finalmente han sido desalojados por los militares de forma pacífica. Mañana hay prevista otra concentración en el mismo lugar y se teme que la tensión pueda aumentar durante los próximos días.

Un país profundamente monárquico

La gran ausencia en esta crisis ha sido la del rey Bhumibol Adulyadej, el monarca que más tiempo lleva sentado en un trono en el mundo, pero cuya salud es ahora frágil. La última aparición pública que realizó el jefe de Estado del país fue hace dos semanas para celebrar el 64 aniversario de su reinado, a pesar de que es una figura profundamente venerada y que podría ser clave para evitar una escalada en el conflicto.

La Junta Militar que ha tomado todos los poderes y ha nombrado al mismo Jefe del Ejército nuevo primer ministro no ha desvelado aún sus planes políticos para Tailandia. En el último golpe de Estado de 2006, se nombró un gobierno provisional civil, se redactó una nueva Constitución y se celebraron nuevas elecciones al cabo de un año. Pero en un país en el que los camisas rojas son mayoría, los militares ya se han dado cuenta de que eso no es suficiente para mantener a los Shinawatra fuera del poder.

Mientras, los rumores de un gobierno en el “exilio”, en concreto, en la principal ciudad del norte del país, Chiang Mai, no han dejado de aumentar, a pesar de que Yingluck está retenida por los militares. Esa podría ser la ruptura final de la profunda fractura que divide a Tailandia.

 

*Fuente de la imagen: Flickr de Don Sambandaraska

 

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Laura Villadiego

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