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lunes 20 agosto 2018

Opinión

La identidad PSOE-PP y la traición socialdemócrata

“Hace décadas que la socialdemocracia asumió como propia la forma de ver el mundo de la derecha, aprendió su lenguaje e interiorizó su relato”, sostiene el autor

<em>La identidad PSOE-PP y la traición socialdemócrata</em>
Miguel Arias Cañete y Elena Valenciano en el debate de Televisión Española. PSOE

La única diferencia que, en lo económico, aprecia el elector entre populares y socialistas es una diferencia de grado. Ambos han apostado por recortar presupuestos destinados a derechos sociales y por precarizar el mercado de trabajo. Unos más, otros menos, pero la receta es la misma. Si volvemos a la manida metáfora del enfermo, tanto PP como PSOE están de acuerdo en cuál es la enfermedad que padecemos y en cuál es el fármaco principal: recortes y precarización laboral. Solo discrepan en la dosis y en la necesidad, o no, de suministrar al enfermo otros fármacos complementarios (alguna medida de estímulo, inversión en I+D…). Hace unos días un dirigente de Izquierda Unida decía en la radio que el PSOE y el PP “no son lo mismo, pero hacen lo mismo”.

Pocos electores saben que por primera vez, en estas elecciones europeas, votar a los candidatos nacionales supone además votar a unos candidatos europeos que aspiran a presidir la Comisión (el Gobierno de la UE). En el caso del PP, votar a Cañete supone votar a Juncker. En el caso del PSOE, votar a Valenciano supone votar a Schulz. Pero es que además se da la paradoja de que votar a Elena Valenciano es votar al candidato (Schulz) del partido, el SPD, que ha hecho posible que Merkel siga gobernando en Alemania. También hay coaliciones de Gobierno entre derechistas y socialdemócratas en Austria, Grecia, Italia, Finlandia, Holanda, Bélgica…

En una reciente entrevista en la Cadena SER, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, fue preguntado por la periodista Pepa Bueno si no podía decirle a su compañera del Partido Popular Europeo, Angela Merkel, que rebajara su apuesta por la llamada austeridad. Rajoy respondió con sorprendente sinceridad: “Merkel gobierna en Alemania con los socialistas. Al final somos todos lo mismo”.

Desde el PSOE responden que la llegada de los socialdemócratas al Gobierno de Merkel ha supuesto la introducción de medidas progresistas (salario mínimo, cuota femenina en las empresas…). En el pobre debate electoral entre el candidato del PP, Arias Cañete, y la candidata socialdemócrata, Elena Valenciano, ésta se despidió mirando a cámara y subrayando las diferencias entre el PP y el PSOE: “Como han visto el señor Cañete y yo tenemos ideas muy distintas y servimos a intereses muy distintos”. Los socialdemócratas españoles luchan por quitarse esa etiqueta de que son lo mismo que el PP, una etiqueta que, evidentemente, beneficia a la derecha. Para colmo, Felipe González irrumpe en la escena política y aboga por una Gran Coalición entre PSOE y PP.

Hay muchos ejemplos que muestran la identidad de fondo en la forma de ver las cosas (en el terreno económico) entre conservadores y socialdemócratas europeos. Citemos sólo uno de ellos. Ambas opciones políticas apoyan el tratado de libre comercio con Estados Unidos, el llamado TTIP, según el cual (tal y como recordó en estas páginas Ska Keller, la candidata de Primavera Europa a la Comisión Europea), reducirá los estándares medioambientales de la UE y, además, permitirá a grupos de inversores llevar a Gobiernos ante los tribunales cuando con su legislación (por ejemplo legislación medioambiental) dificulten el sacrosanto libremercado.

Otro ejemplo (ya un clásico en la deriva socialdemócrata): la traición a los ideales progresistas del Gobierno de Hollande, colocando como Primer Ministro a un xenófobo antigitano como Manuel Valls, quien acaba de aprobar un paquete de recortes en derechos sociales en aras, de nuevo, de la austeridad, y que participa en la campaña de Elena Valenciano. El de Manuel Valls es el enésimo ejemplo de la socialdemocracia abrazando el relato de la derecha, tanto de la derecha neoliberal como el de la derecha populista, los dos en uno.

Los electores no son estúpidos, y los que hayan caído en la trampa de creerse que el remedio a la crisis son los recortes y la precarización del mercado de trabajo, elegirán al partido que siempre ha defendido eso: el PP. También los que vean la inmigración como una amenaza en lugar de una oportunidad. Los giros a la derecha de la socialdemocracia sólo refuerzan a la derecha. Los electores que empiezan a interiorizar el discurso de los recortes, la precarización y la xenofobia prefieren al original antes que a la copia.

La izquierda, no sólo la socialdemocracia, ha permitido en algunas ocasiones que gobierne la derecha pura y dura (ahí tenemos el caso de Extremadura, donde si Gobierna el PP es gracias a IU). Es verdad que los socialdemócratas se han convertido en especialistas en esto porque, o bien se esfuerzan en perder las elecciones asumiendo el discurso de la derecha, o bien acaban aplicando las recetas económicas de la derecha (con mayor o menor intensidad) cuando ejercen responsabilidades de Gobierno.

¿Va a recuperar la socialdemocracia un discurso de izquierdas? Es decir, ¿va a volver a ver la política como un medio para controlar a los mercados y redistribuir la riqueza? ¿Va a volver la socialdemocracia a ver la economía mixta (control estatal y libremercado) como un mal -quizá un mal menor, pero un mal al fin y al cabo- en lugar de seguir primando el pivote del libremercado en sus políticas?

Las ideologías políticas son formas de ver el mundo, cosmovisiones. Y esas formas de ver el mundo son narrativas, son relatos, construidos con conceptos, con palabras. Hace décadas que la socialdemocracia asumió como propia la forma de ver el mundo de la derecha, aprendió su lenguaje, interiorizó su relato y empezó a ver la realidad a través de los conceptos y las palabras de la derecha. La dichosa Tercera Vía, por ejemplo, acabó haciendo circular en Reino Unido el chiste de que Tony Blair había sido el mejor primer ministro conservador de la historia del país. En la desorientación de la socialdemocracia europea también influye el ejemplo de EE UU, ¿por qué ese errado empeño en querer ver al Partido Demócrata de EE UU como un partido socialdemócrata a la europea?

Tal ha sido el olvido por parte de la socialdemocracia del idioma propio de las izquierdas (Tomás Moro, Campanella, Saint-Simon, Proudhom, Fourier, Engels, Marx, Weil, Trotski, Arendt, Marcuse, Beauvoir, Camus, Rawls, Chomsky, Galeano,  Sampedro y un largo etcétera) que ahora se está poniendo de moda un economista francés, Thomas Piketty, quien parece haber descubierto la pólvora por decir en su libro El capital en el siglo XXI que el capitalismo sin control hace aumentar la desigualdad y que es falso que las grandes fortunas se logren trabajando duro y siendo un hacha de los negocios. Y sin ningún sonrojo Piketty dice que, de Marx, sólo ha leído el Manifiesto comunista. Así están los nuevos referentes intelectuales de la socialdemocracia, empezando a balbucear como un bebé, un Adán que llega para descubrir y nombrar el mundo.

Es desolador comprobar la magnitud del lavado de cerebro, la amnesia ideológica que la maquinaria ultracapitalista ha logrado infligir en la socialdemocracia. Y lo ha logrado mediante una estrategia triple:

1. El control de los medios de comunicación de masas

2. La toma de las Facultades de Economía y los másters (los MBA y los MPA), donde el adoctrinamiento en la fe del ultracapitalismo ya está empezando a levantar protestas.

3. La compra de las voluntades de los líderes socialdemócratas, seducidos por futuros cargos en altas instituciones internacionales o en Consejos de Administración de multinacionales, todo ello bien provisto de contratos blindados, bonus y pensiones vitalicias.

La derecha tiene bien interiorizado su propio relato, porque es un relato más instintivo, simple, básico, más próximo a la animalidad depredadora del ser humano. En cambio para interiorizar el relato civilizatorio de la verdadera izquierda hacen falta formación, cultura, educación en valores, paciencia y esfuerzo. Todas esas virtudes que han abandonado los líderes de la socialdemocracia a cambio de un plato de lentejas a bordo de un coche con chófer.

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Toño Fraguas

Toño Fraguas

2 comentarios

  1. Sandro
    Sandro 20/05/2014, 14:21

    Fantástico Toño. Qué manera de arrojar luz.
    Aunque muchos votantes del PSOE no lo quieran ver, nuestro modelo de bipartidismo se está acercando mucho al americano. Pero un pais con un 26% de paro no puede tener dos partidos mayoritarios de derechas. De la madurez del discurso de IU y de la posible unión de la izquierda (sería posible que PODEMOS, EQUO y demás pudieran ir junticos de la mano?) depende buena parte no solo del futuro de la izquierda, sino del propio pais.

    Responder a este comentario
  2. Manu
    Manu 20/05/2014, 12:13

    La traición de la socialdemocracia se remonta a su mismo origen, cuando surgió traicionando al movimiento obrero en auge, dividiéndolo para quitarle fuerzas como movimiento revolucionario. La socialdemocracia era y es la cara amable del capitalismo. No era ni es izquierda.

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