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martes 21 agosto 2018

Política

Lara Hernández: “Los emigrantes no tenemos perspectivas de retorno a corto plazo”

La activista representa a esos jóvenes que se han visto obligados a irse del país para conseguir un trabajo que muchas veces tampoco cumple sus expectativas

27 febrero 2014
17:43
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Lara Hernández: “Los emigrantes no tenemos perspectivas de retorno a corto plazo”
La candidata de las federaciones europeas de IU, Lara Hernández.

Lara Hernández ha saltado a los medios de comunicación después de protagonizar varios vídeos en Internet donde denunciaba la situación de los españoles obligados a emigrar. Las Federaciones del Exterior de Izquierda Unida la han propuesto para ir en las listas de esta formación para las próximas elecciones europeas que se decidirán este fin de semana.

Esta licenciada en filosofía quiere representar en Europa la voz de los “exiliados” por la crisis, esos jóvenes que se han visto obligados a irse del país para conseguir un trabajo que muchas veces tampoco cumple sus expectativas. Hernández atiende a La Marea por videoconferencia desde su residencia en Berlín.

Como muchos seguramente no la conozcan, empecemos por lo básico. ¿Quién es Lara Hernández?

Tengo 28 años recién cumplidos y estoy viviendo aquí en Berlín desde hace aproximadamente dos años. Estudié filosofía y tengo un master y medio, pero me vine a Alemania porque por muchos currículums que echara no encontraba trabajo. Entonces me surgieron unas prácticas de becaria aquí en Alemania, en 2012, en una escuela de idiomas. La experiencia habitual en la emigración es esa, es una oferta laboral la que te trae aquí, por lo general bastante precaria. He estado de prácticas, trabajando 40 horas semanales por 500 euros, y luego en paro. Desde septiembre del año pasado he vuelto a trabajar, pero es un puesto que de todos modos no se corresponde con mis estudios: soy administrativa, contesto e-mails, llamadas y hago tareas de gestión en una escuela de idiomas. Y de forma paralela lo que hago, por aquello de sentirme un poco realizada, es trabajar con la fundación Rosa Luxemburgo, en temas de investigación sobre movimientos sociales.

¿Y en cuanto a su implicación política?

Mis inicios en la participación en movimientos sociales y políticos fueron con el movimiento No a Bolonia, en mi facultad. Es ahí donde empiezo a interesarme por la política y a entrar en contacto también con Izquierda Unida como organización, a través de compañeros de la universidad que militaban. Después de la lucha contra el Plan Bolonia llegó el 15-M. Participé en la Puerta del Sol, en la comisión de comunicación, en la difusión en red y tuve una participación más activa. Ahí es cuando esta generación empieza a saber qué es un asamblea y cómo funciona, primero con la universidad y luego con el 15-M. Es esa generación que se junta en las plazas y ya sabe qué es un orden del día, un acta… ahí fui cogiendo experiencia.

Posteriormente, a partir de 2012, cuando llegué a Alemania, ya había constituidas asambleas del 15-M aquí. En concreto en Berlín hay una que lleva funcionando desde 2011 y tiene una característica bastante curiosa, que es que está compuesta, sobre todo, por personas que están de Erasmus, es decir, era una asamblea que subía y bajaba la asistencia, no tenía un trabajo constante. Estaban estudiando nueve meses, iban y venían. A raíz del endurecimiento de la crisis, del paro juvenil, nos empezamos a dar cuenta de que a finales de 2012 y, sobre todo, ya en 2013, la mayoría no estamos ya de paso. De hecho, no tenemos una perspectiva de retorno a corto plazo. Esto es lo que viene generando una asamblea con debates de bastante altura y, ahora, totalmente implicada en la marea granate [movimiento que agrupa a los emigrantes forzados de España].

¿Qué tipo de tareas hace la inmigración concienciada en Berlín?

En Berlín, destacaría tres puntos. Primero, hay una combinación con los movimientos sociales de la ciudad, con los berlineses. Por ejemplo, el día 8 de marzo tenemos un cortejo propio en la manifestación. También nos han dado la oportunidad de hablar y de participar en el manifiesto para incluir el tema del aborto en España. Existe una coordinación para difundir la problemática que nos afecta a los españoles. En segundo lugar, el tema de la marea granate, que trabaja sobre todo el apoyo desde Alemania de la denuncia de las políticas de España. Por ejemplo, el 22 de marzo vamos a convocar en la Puerta de Brandeburgo una concentración por las marchas de la dignidad. También cuando el tren de la libertad hicimos una manifestación en solidaridad con las mujeres.

Y en último lugar, creamos un espacio de acogida a los migrantes de procedencia española en todo tipo de cuestiones. Ahí por ejemplo hemos constituido una asociación que se llama Berlín. Wie bitte? (http://berlinwiebitte.wordpress.com/), que se puede traducir “Berlín. ¿Cómo?”. Por ejemplo, en el tema laboral aquí hay un desamparo espectacular. La figura de los sindicatos en los trabajos precarios es inexistente, así que también asesoramos sobre cómo hacer el contrato. Aquí no te dan nómina, eso no existe. O el tema de la tarjeta sanitaria, que está habiendo una especie de tráfico, entre gente que viene aquí y no la tiene porque lleva más de 90 días fuera del Estado. Nos la pasamos unos a otros. Hay tarjetas, como en mi caso, que todavía no tienen foto. Todo este tipo de cosas, esa acogida, es un poco lo que trabajamos.

¿Cómo es el perfil de los españoles emigrados a Berlín?

Trabajo en una escuela de idiomas y tengo la visión de gente que se planta y dice: “Bueno, para trabajar necesito un B1. ¿En cuánto tiempo lo consigo?”. Y es que vienen sin tener ni idea de alemán. Se junta todo. Ahora mismo en España yo creo que todo el mundo conoce a alguien que está fuera, ya sea en Alemania, Inglaterra o en otro país. Eso también te transmite un sentimiento de “si ellos lo han intentado, ¿por qué yo no?”. Entonces, te lanzas a la aventura.

Y luego el caso del alemán es muy concreto, porque hay falsas llamadas de trabajo. Cada vez llegan más gremios concretos a las asambleas del 15-M, como es el caso de los enfermeros, que reciben falsas llamadas de ofertas desde Alemania en las que les piden que paguen por adelantado porque van a recibir cursos de idiomas y se les garantiza que van a encontrar un trabajo que no llega nunca. Y es que llegan a firmar contratos de hasta uno o dos años. Además, si se dan de baja o abandonan el curso de idiomas tienen que pagar además más dinero como multa. El alemán es una barrera espectacular.

Por otro lado, hay un perfil que se está viendo cada vez más, que es el de gente ya no tan joven. En mi entorno más directo conozco a personas de 35 o 40 años con cargas familiares en España que se han venido aquí y que, o bien han dejado a los niños, o se los han traído, y están viviendo situaciones muy duras, con trabajos muy, muy precarios, en los que no se demanda el idioma, como la limpieza de habitaciones de hoteles o supermercados.
En definitiva, no es la fuga de cerebros esta de la que se habla, no estamos todos en puestos de investigación.

¿Qué opina que desde el Gobierno se diga que los jóvenes que emigran son aventureros?

Me parece una tomadura de pelo por parte del Gobierno, a lo que ya en gran parte estamos acostumbradas, porque es constante. Pero es que además me parece una estrategia bien orquestada, es decir, no es baladí el hecho de que medio plantel de dirigentes del PP y miembros del Gobierno hagan estas declaraciones. Creo que detrás de esto hay una estrategia bien pensada cuyo objetivo es, en primer lugar, transmitir algo así como una visión positiva de la emigración. Dicen que nos vamos a conocer mundo, elevamos el prestigio de la marca España en el extranjero y ese tipo de cosas.

Y en segundo lugar, creo que si tú niegas que se está produciendo un fenómeno de emigración juvenil, lo que te resulta por otro lado es que la tasa de desempleo baja. Por lo tanto, de cara a la galería, el discurso coge otro color, el de que el PP está bajando las tasas de paro, cuando se ha demostrado que lo que ocurre es que la población activa está cayendo. En España hay cada vez menos personas en disponibilidad de trabajar. Eso es por la gente que emigra. Luego hay que ver que los que nos hemos ido también tenemos que luchar desde fuera por solidaridad con la gente que no se puede ir. Porque hay que ver quién puede comprar un billete de avión y poner en marcha un proyecto de estas características. Ese papel también es el que nos toca a nosotros. Tenemos que mostrar la solidaridad desde fuera con toda la gente que se está quedando allí.

¿Cree que se podría hablar de éxodo o sería algo exagerado?

Creo que es exagerado porque todavía las cifras no son nada claras. Ahí tampoco hay que hacer un ejercicio de demagogia ni mucho menos, porque lo que nosotros intentamos reivindicar es que haya transparencia. Primero, pedimos que el Gobierno hable del problema. Después, que se pongan en marcha políticas para intentar solucionarlo y también de acogida a las personas que estamos fuera. La embajada española y el consulado son fantoches. Es vergonzoso el papel que están jugando, por ejemplo, con el tema del voto. No están informando en absoluto a nadie de nada. Y en tercer lugar, lo que sí podemos denunciar es que la perspectiva de retorno está cada vez más lejana. Eso es lo que nos diferencia de la emigración que se ha dado en los últimos años.

¿Qué políticas destacaría como culpables de que los jóvenes emigren?

Las sucesivas reformas laborales tanto del PSOE como del PP, que flexibilizan el mercado laboral y lo desregulan. Me referiría sobre todo a eso, pero por una cuestión muy sencilla: creo que el tema de la precariedad en el trabajo de los jóvenes es una cosa en España que se da independientemente de la crisis económica. Incluso en los años de bonanza hemos tenido una situación de temporalidad y precariedad estructural. Hay una falta total de perspectiva laboral. Y también están los convenios laborales: el despido es cada día más sencillo. La pérdida de todas las conquistas previas somos nosotros quienes lo estamos sufriendo.

¿Cómo ven los movimientos sociales alemanes a los emigrados españoles?

Nos movemos en realidad dentro de los propios movimientos que tienen aquí organizados, como el Occupy. Trabajamos también, sobre todo, desde una perspectiva europea, transnacional, en la medida en que lo que se intenta es elevar un discurso contra la Troika, el papel del BCE y destacar el papel clave que juega Alemania. Lo que ellos ven es que nosotros estamos sufriendo las consecuencias de esas políticas, pero en realidad aquí en Alemania hay un desconocimiento espectacular de lo que está pasando en los países del sur de Europa y del papel clave que está jugando este país con respecto a las políticas griegas, italianas o españolas. Por eso, lo que sí intentamos es hacer una tarea divulgativa, de difusión, de explicar cosas como, por ejemplo, por qué Alemania representa el cero en los bonos con respecto al resto de países. Son cosas de las que no tienen ni idea.

Porque aquí ese es un discurso muy ocultado por los grandes medios de comunicación, hasta el punto de que, por ejemplo, cuando fue la Eurocopa el año pasado, el partido de Alemania contra Grecia no fue un partido de fútbol, tal y como yo lo viví. Por las declaraciones que aparecen en medios como el Spiegel, un semanario muy importante en el país, con portadas del tipo “Vamos a demostrar que podemos ganar a Grecia no sólo en el terreno de juego”. Hay un juego muy ideológico y a nivel de calle, o estás con gente politizada que trabaja mano a mano con inmigrantes griegos e italianos o no hay una conciencia de cuál es el papel que está jugando Alemania.

Por otro lado, lo que sí hay es cierto racismo institucional. Para encontrar un piso si te apellidas Hernández, como es mi caso, o tienes nombres latinoamericanos, te ponen trabas por todos lados. La administración alemana, para el tema de las ayudas sociales, que aquí el estado social es enorme, no te dice que no, simplemente te pide el doble de papeles. Hay unas trabas institucionales importantes. En la calle se percibe un ambiente también de este tipo, a pesar de que Berlín es una ciudad muy tolerante y con un nivel de inmigración muy alto. Pero es que Berlín es una isla.

Aunque los españoles emigren, el nivel de precariedad está a años luz del que sufre un africano cuando trata de llegar a Europa. ¿Desde la emigración española se puede articular un discurso que ayude a empatizar con la inmigración en España?

Desde luego, hay ahora mucho debate con el tema del concepto exilio. Claro, ¿por qué nosotros somos exiliados y lo de ellos es otra cosa? Y es que es cierto que a lo mejor el discurso lo hemos articulado mal y tarde, pero eso no excluye que la perspectiva que tengamos que tener sea totalmente abierta y que sea inclusiva con todo el tema de la migración que procede de África o Latinoamérica. Es muy importante, porque si nosotros realmente hacemos también un poco de memoria histórica, las experiencias que tuvieron los españoles que emigraron en los años 60 han sido las que las administraciones han usado luego para ver cómo se podía crear una política migratoria más justa. No somos los primeros que hemos emigrado ni seremos los últimos. Lo que no puede faltar aquí es una perspectiva inclusiva.

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Eduardo Muriel

Eduardo Muriel

2 comentarios

  1. Albatros
    Albatros 02/03/2014, 18:18

    A mi sí me representan. Gracias por estar ahí y no diciendo tonterías por las redes sociales. Gracias y suerte.

    Responder a este comentario
  2. kiki
    kiki 02/03/2014, 10:26

    Tanta gente trabajando en la Marea Granate y que algunos la usen como trampolín para sus aspiraciones de políticos. No nos representan

    Responder a este comentario

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