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martes 20 febrero 2018

Opinión

Ahora, los mercados han recuperado la confianza en que España está capacitada para devolver la enorme deuda que contraía durante los años locos de la burbuja inmobiliaria

<em>Cuidado con las golosinas</em>

Hace un par de meses, unas declaraciones de Emilio Botín, el presidente del mayor banco de España, el Santander, causaron cierta sorpresa y estupor entre sus paisanos, que aún estaban sufriendo las consecuencias de la crisis como el paro récord y los recortes de los servicios públicos. “Estamos en un momento fantástico. Está llegando dinero de todas partes”, dijo el banquero. Tenía razón. Desde verano, los inversores internacionales están comprando desde paquetes de préstamos inmobiliarios supuestamente tóxicos hasta acciones en constructoras y otras empresas españolas. La bolsa de Madrid celebró un festín en las primeras semanas del año, cuando hasta hace pocos meses los activos españoles tenían fama de apestados.

Ahora sabemos de dónde viene buena parte de este dinero del que hablaba Botín. Los inversores que componen los que solemos llamar los mercados internacionales están sacando su capital de las economías emergentes que, al parecer, han perdido todo su encanto de golpe. Hasta hace poco, los gurús del capitalismo mundial nos decían a los europeos que nuestro modelo económico estaba caducado y que el futuro pertenecía a los BRICs por su potencial demográfico y porque no tenían que soportar esta losa enorme que es el Estado del bienestar. A los países europeos en crisis, como España, se le imponía una radical cura de adelgazar, con recortes y subidas de impuestos que afectaban sobre todo a las clases menos pudientes.

Ahora, los mercados han recuperado la confianza en que España está capacitada para devolver la enorme deuda que contraía durante los años locos de la burbuja inmobiliaria. JP Morgan, uno de los bancos más poderosos de Wall Street, ahora pone a España como ejemplo para los emergentes que han caído en desgracia en ojos de los inversores. “Las economías emergentes están siendo penalizadas principalmente por no reemplazar sus caducos modelos de crecimiento por otros más sostenibles”, escriben los analistas del banco. No hace demasiado tiempo, estos modelos caducos eran el futuro que justificaba la inversión multimillonaria en estos países. Es una trampa sistémica.

Los ciclos, que han existido siempre, últimamente se han vuelto más cortos con consecuencias más intensas. El capital es lo único que goza de libre circulación en el planeta, ya que las mercancías aún deben superar fronteras y aranceles. De las personas mejor no hablar.

En España, el boom de la construcción atraía tanto dinero extranjero especulativo que finalmente provocó el infarto del sistema bancario y de las finanzas públicas nacionales. Del mismo modo, la inyección masiva de capital en las economías emergentes ha causado un endeudamiento rápido de estos países que les pasa factura ahora que este mismo dinero les da la espalda. Ahora le toca a ellos seguir la cura de salud dictada por los mismos que antes les estaban hinchando de dinero barato. Con razón nuestros padres nos decían que tuviéramos cuidado con aceptar golosinas de extraños.

[Artículo publicado en El Heraldo de Barranquilla]

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Thilo Schäfer

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