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Cultura

“Rhino Season”, la venganza encriptada de Ghobadi contra el régimen iraní

En su última película, el cineasta refleja su proceso vital tras su huída forzosa al exilio

03 noviembre 2013
13:01
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“Rhino Season”, la venganza encriptada de Ghobadi contra el régimen iraní
El director de cine, Bahman Ghobadi, en una imagen de archivo.

Mateo G. Prieto // Es preferible enseñar, dejar entrever, que contar. Y así lo había hecho hasta ahora el director kurdo-iraní Bahman Ghobadi en sus anteriores películas. Luchaba contra la severa y omnipresente censura iraní. Ghobadi, que sigue la línea de la Nouvelle Vague iraní germinada por Dariush Mehrju’i, se protegía de la censura a través de intensas alegorías, al igual que hacían Abbas Kiarostami, Mohsen Makhmalbaf o Abolfazl Jalili. Todo por permanecer en Irán —aunque él se reconozca antes como kurdo que como iraní— sin ser arrestado y por mantener abierta la ventana que conecta al público occidental con historias sobre los iraníes de a pie.

Pero esta etapa ha llegado a su fin tras la polémica Nadie sabe nada de gatos persas, que cruzó la intermitente línea roja del régimen y obligó al exilio a Bahman Ghobadi. Este cambio vital marca un punto de inflexión en la trayectoria del realizador, en su relato y en el tamaño de las piedras que lanza contra el régimen iraní. Aunque Ghobadi se haya liberado de la losa de la censura, sus gestos todavía acusan el esfuerzo y escupen imágenes de vendetta.

Rhino Season, su última película, es producto de la desazón que produce el exilio y que induce involuntariamente a la condena absoluta de las tropelías orquestadas por el régimen de la República Islámica de Irán contra los díscolos. Ghobadi dice retratar, con imágenes en movimiento, un poema del poeta kurdo Sadegh Kamangar —pseudónimo de un autor que pasó más de 27 años encarcelado— pero en realidad utiliza este poema como espejo en el que reflejar su proceso vital tras su huída forzosa.

Con toda la intención que le permite su recién estrenada libertad, Ghobadi ha escogido a Behrouz Vossoughi para interpretar el papel protagonista. Esta elección no es tan trivial como la selección de Monica Belucci para el papel femenino, ya que Vossoughi ha permanecido más de 30 años en el exilio sin poder participar en ningún rodaje iraní. Quizás esta correlación vital, que cierra el círculo, ha ayudado a Behrouz Vossoughi a encarnar el personaje de Sahel Farzan, un poeta represaliado por el régimen de los ayatolás y condenado a más de treinta años de prisión. Mina (Monica Belucci), su mujer, es también encarcelada aunque gracias —o debido— a la corrupción policial puede abandonar la prisión antes que su marido, al que cree muerto.

Ghobadi juega con la montaña rusa de sentimientos que se producen a raíz de un vis a vis entre los dos enamorados, y convierte al espectador en cómplice de una maraña que se extenderá durante más de veinte años. La pasión del último encuentro se trunca por la crueldad de la envidia y el abuso de poder de los pasdarán —el Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica— que invadirá de por vida la relación de Mina y Sahel. La llama del amor robado alumbra a Sahel hasta el destierro forzado de Mina, que treinta años después todavía sigue siendo víctima de la corruptela política y del nepotismo endogámico. Sahel es consciente y comprende que ya nada de Mina le pertenece, pero quiere hacer pagar su deshonra, de la que él también es víctima.

rhino season cartel_2

Bahman Ghobadi deja claro que si le dan a elegir, se queda con los animales. En Rhino Season los utiliza para pintar las metáforas que dibujan un guión paralelo, no siempre legible para el público occidental o inexperto en cultura persa. Las complicadas metáforas y el juego de flashbacks que utiliza para recorrer los treinta años de la historia ponen en jaque la comprensión del film. Ghobadi se sirve esta vez de rinocerontes y tortugas que conviven con humanos y a quienes contagian lecciones de dignidad. Ghobadi no da todo por perdido: pese a que sus golpes tiren a dar, todavía apela a la esperanza y confía en la dignidad humana.

Rhino Season es la historia de expatriados, exiliados sin ningún arraigo en su nuevo destino. ¿Se podría decir que representa su situación actual?

Es curioso, porque no entraba en mis planes hacer esta película, tenía otras ideas. Me fui a vivir a Nueva York y quería empezar una historia allí, pero no podía encontrarme a mí mismo. Fue muy difícil porque no conocía la cultura ni el lenguaje. Me mudé a otro país —Alemania— donde intenté sacar adelante el proyecto, pero tampoco lo conseguí. De nuevo me volví a mudar, esta vez a Estambul, donde conseguí reencontrarme conmigo mismo. Me di cuenta de que había cambiado, yo ya no era como antes. Volví a repensar mis ideas y entonces sí que eran más cercanas a mi alma, a mi vida. Conocí a un poeta kurdo, su vida y particularmente su poesía me emocionaron en aquel momento. El protagonista de mi película, Behrouz Vossoughi, también estuvo en algo parecido a una prisión durante más de 35 años, no fue exactamente una prisión, porque vivía en Estados Unidos en el exilio. Pero era una de las estrellas de cine más reconocidas en Irán. Una superestrella. Llegó la Revolución y dejó Irán durante más 35 años sin poder hacer una sola película. Su vida, mi vida y el poema que he mencionado han terminado siendo algo muy similar. Decidí hacer esta película por este motivo principalmente. Los espectadores pueden ver el poema en mi película, pero también pueden verlo en el actor. Mi alma y mi vida están en la película. Para algunas cosas he contado con gente que vivía en el exilio y que formó parte de mi grupo, ellos entendían todos los momentos que habíamos vivido allí. Hemos compartido nuestros sentimientos y este es el resultado.

Esta película surge tras su exilio de Irán, ¿podría haber desarrollado esta historia viviendo en Irán?

No, no esta película. No era uno de mis temas. Tenía la historia, pero no tenía en mente hacer algo como esto en Irán. Si ve otras de mis películas, podrá ver muchas escenas cálidas, gente hablando, algún toque de humor. Y esta ha cambiado totalmente esas características.

¿También la música? En su carrera la música ha marcado uno de los hilos conductores, desde Media Luna a Nadie sabe nada de gatos persas.

Me gusta la música más que el cine. Hago música, toco varios instrumentos e incluso canto en algunas ocasiones. De hecho ahora estoy trabajando en algo relacionado con la música. Pero la música no es sólo importante para mí, también lo es para la sociedad iraní. La música es importante para la gente, aunque para el Gobierno no tanto, dice que es haram («prohibido»). Dice que por algo relacionado con el islam. Yo no creo en este tipo de islam, soy humano, no soy musulmán ni soy católico. Solo soy humano. No quiero aprender de gente que quiere enseñarme la mala manera de trasmitir cosas del islam u otras religiones. La religión no es libertad. Te enseñan a ser musulmán, chiita por ejemplo, y yo soy anti eso. Sin embargo, hay mucha gente que piensa como yo, que Irán es algo más de lo que ven en las noticias. Hay que ir allí para reunirse con gente joven, para darte cuenta de lo listos que son. Tenemos más de 4.000 bandas de música en Irán, pero no pueden tocar. No pueden hacerlo en público: como no pueden dar conciertos, lo hacen en sitios secretos. También tenemos directores de cine impresionantes, pero no pueden hacer lo que quieren, tienen que hacer lo que el Gobierno quiere que hagan. En Irán es así, la música está prohibida porque es haram, pero estoy convencido de que en casa de los políticos iraníes, sus hijos escuchan las canciones prohibidas. He conocido a alguno de ellos y se permiten hacer de todo, pero en nombre del islam controlan a la gente. Aún así tenemos una asombrosa cultura aún escondida.

En la película trata de reescribir el poema que le llevó a hacer este film, pero también hay críticas muy duras a la situación actual en Irán. No sólo desde el punto de vista político, también social. ¿Hay algo de rencor o revancha en su discurso?

En el poema, el artista no puede actuar de esa manera, matar a alguien. Y en la película no quería matar a nadie. Pero el hombre del Gobierno acepta lo que hizo. Especialmente en este momento, el Gobierno iraní sabe cómo la gente lo odia. Más del 90 % es contrario al régimen, dice que aceptan porque es un nuevo presidente y lo acepta. Pero volviendo a mi película, mi personaje antagónico es como ellos. Acepta lo que hizo en prisión con el protagonista. Es silencioso y acepta ir en el coche con él. Muere con respeto. Pero no quería contarles cómo acepta ir al coche porque no quería hacer una película de personajes como en mis otras películas. Quería mantenerme fiel al poema porque cuando lo lees no puedes entenderlo todo. El poeta comparte contigo los sentimientos a través de las palabras y yo quería compartir con el espectador mis sentimientos utilizando imágenes. Es completamente diferente. La película, la primera versión, tenía ciento cuarenta y cinco minutos y había demasiadas historias. Una noche quité todas las historias y traté de mantener la estructura del poema, de lo que leí en un principio, de lo que encontré en el poema de este hombre.

Utiliza varias metáforas con animales que aparecen en la película —rinocerontes, tortugas, etc.— ¿cuál es la relación entre los animales, su vida y la película?

Me gustan los animales más que las personas. Les echo de menos, porque no puedes estar con animales todo el tiempo. Veo humanos por todas partes y la gente tiene la misma mentalidad en diferentes sitios, miro aquí a nuestro alrededor y encuentro lo mismo que cuando voy a otros hoteles en otros países. Son los mismos bares, mismos cafés, las mismas caras o las mismas sonrisas… Pero cuando miro un pato, un caballo o una tortuga y le miro a la cara, es completamente diferente. No quiero morirme antes de conocer mejor a los animales que a las personas. Tengo algunos animales y paso mucho tiempo con ellos. Cuando miro a los ojos puedo ver algo de humanidad en ello y puedo soñar. Veo una conexión entre cada animal y los humanos. El nombre de mi película, Rhino Season, no viene de la nada, existe una relación entre el nombre del protagonista y el animal. Mira mi anterior película (Nadie sabe nada de gatos persas), los gatos persas son los más caros en el mundo. En mi película era el nombre de un grupo de música y el Gobierno de Irán no tiene nada de respeto por ellos. En Irán no puedes salir a la calle con un animal porque los llevan a prisión, a los animales. ¡Existen prisiones especiales para animales! En todas mis películas, cada uno de mis actores tenía una relación o conexión con un animal. En Rhino Season hay muchos animales porque también están en el poema del poeta kurdo y por eso me siento muy cercano a él. The rhinos es el título de su libro que incluye el poema en el que me he basado, de ahí saqué el nombre para la película.

¿Cómo podemos entender que las películas iraníes, a menudo rodadas en Irán, conquisten premios internacionales y no puedan ser vistas allí?

Pueden verlas, aunque de una forma diferente. ¿Por qué tenemos este tipo de películas? Sin libertad las hacemos así. Tenemos muy buenos directores, diez veces mejores que yo. Pero no tienen la oportunidad o no consiguen los medios para conseguir el visado y estar diez días en Bruselas y hacer una película. Tienen que estar allí, más que la gente que hace las películas. Al Gobierno no le gustan, no les apoya con este tipo de ideas. Alguna gente acepta hacer el tipo de películas que quiere el Gobierno. ¿Pero por qué tenemos este tipo de películas? La cultura en Irán es realmente profunda, nuestra historia es muy rica también. Y los éxitos actuales del cine vienen de esa herencia cultural, no vienen de la tradición cultural de este régimen. El cine es una completa oposición al régimen.

Sus películas, ¿son vistas en Irán?

Las muestro en un canal de televisión. Veía que las películas estaban siendo vendidas en el mercado negro, así que les dije que era de distribución libre y que podían hacer copias para que mis películas puedan ser vistas. Tengo muy pocas oportunidades para que mis películas sean vistas en Irán o en el Kurdistán, no hay un gran número de teatros o cines en los que se puedan proyectar. Ahora parece que empieza a haber sobre todo en el Kurdistán iraquí. Vivo en la capital del Kurdistán iraquí y aún así tengo problemas para proyectar. En Irán, aunque no pueda, tengo que hacerlo. No sé cómo, ni la mejor manera, pero tienen que ser vistas.

¿Cómo de difícil es producir una película en Irán?

En Irán es difícil pero es dos veces más difícil cuando estás fuera. Es muy complicado hacer una película en el exilio. Para mí era mucho más fácil en Irán, porque tenía mi oficina, mi gente y mis películas tenían un presupuesto muy pequeño. El problema es que todo está bajo control del Gobierno, absolutamente todo. Desde las fundaciones a la financiación. Porque vas a un banco y te piden el permiso del Gobierno. Sin ese permiso, no te dan el préstamo para poder empezar tu proyecto. Así que tienes que volver al Ministerio de Cultura para que te den el visto bueno, es muy complicado que te den un permiso para hacer una película en Irán. Pero no te fijes en uno o dos directores. Hay muchos más, el público tiene que conocer más de 100 directores que hacen películas al año. Pero tienen miedo de enviarlas al exterior. Si el Gobierno lo sabe, les castiga con prisión. Tienen que aceptarlo y permitirlo.

Es llamativo que en Irán no hay un gran número de películas censuradas íntegramente al año. Pero sí que existe una intensa agenda de controles para conseguir producir una película. ¿Cuánto tiempo y dinero cuesta todo este proceso?

Dependiendo de la película, ahora puede oscilar entre 300.000 dólares y los 400.00 0 dólares. Hay una película pagada por el Gobierno sobre Mahoma que está costando más de 15 millones de dólares. Están en postproducción ahora. Hay algunos proyectos que llegan hasta el millón y medio de dólares. Pero el presupuesto para una película normal, como mi película, no superará los 400.000 dólares.

Con estas cantidades y los intensos controles por parte del Gobierno iraní, ¿qué papel juega la autocensura para hacer películas y seguir viviendo en Irán?

En mi caso yo tengo dos problemas porque no soy chiita, soy kurdo y tienen un problema con todos los kurdos, porque no aceptan que existimos. No tienen respeto por nuestra religión y no nos dan lo que tienen, el presupuesto kurdo se va a otro lado. Si vas al Kurdistán no puedes encontrar ninguna escuela. Soy el primer kurdo en hacer una película en nuestro idioma. Empezamos a hacer películas cien años después del nacimiento del cine. ¿Qué es diferente? ¿Por qué empezamos con cien años de retraso? Te enseña cómo miran a Kurdistán desde cualquier parte.

¿Resulta complicado vivir en Estambul siendo kurdo?

Es difícil, pero no es peor que Irán si miras al pasado y ves los tiempos de Sadam. Decías que eras kurdo y te mataban. En Siria o en Turquía no podías escuchar música o hablar en lengua kurda hasta hace dos o tres años. En Irán todavía no puedes hacer nada en lengua kurda, no te dejan ir a la escuela en kurdo, tienes que aprender persa. Esa no es mi lengua. Quiero ayudar a enseñar mi cultura al mundo. Si vas a un lugar y ves un solo color, no es suficiente. Quieres ver las diferentes tonalidades. Y en mi país tenemos muchos colores, bailes y vestidos, pero solo vemos el chador negro chií. Deberían ir y buscar el de las mujeres kurdas para ver muchos colores. No nos dejan enseñarlo, ni tener un teatro o cines.

Después de 2003 ha cambiado un poco, principalmente en Irak.

Sí, ahora tienen una autonomía particular. Y tienen una pequeña esperanza. En Siria espero que puedan tener un Gobierno federal kurdo, espero que en Irán algún día también puedan, pero no quiero separarlos porque no soy un nacionalista. Soy humano y no hay diferencia entre europeos, iranís o kurdos. Porque somos iguales, no somos nada, vivimos en el mundo de la nada. Los humanos no somos inteligentes, como le he dicho antes, amo más a los animales que a las personas.

¿Cómo piensa que puede afectar el nuevo Gobierno de Rohani a las políticas del cine en Irán?

No quiero hablar del nuevo Gobierno, para mí el nuevo Gobierno y el viejo son lo mismo. No me creo nada de este régimen. Juegan contigo y lo llevan haciendo durante más de 35 años. En la época de Jatami te daban algo de libertad y te la volvían a quitar otra vez. Irán podría hacer grandes progresos pero el régimen tiene que dejar a la gente hacer un referéndum o algo por el estilo. Pero si sigue en esta línea no podrá mejorar.

[Artículo publicado en Análisis e información de la vida Árabe -Aish-]

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