‘The Act of killing’: humanizar el mal absoluto

En 'The Act of Killing', el director Joshua Oppenheimer vuelve su cámara a los genocidas de Indonesia para componer un documento escalofriante

[Esta crítica forma parte del nº 8 de La Marea, ya a la venta en quioscos y aquí]

Si Werner Herzog dice que una película está entre lo más terrorífico y surrealista que ha visto en una década, conviene no tomarse a broma sus palabras. Espeluznante, delirante, inaudito: The Act of killing es un documental atípico, un acercamiento extravagante a la Historia y una pantomima brillante en torno al genocidio de Indonesia (1965-1966), que barrió del mapa a un millón de personas, entre comunistas, chinos e intelectuales. Un film imperdible y de difícil digestión.

El director Joshua Oppenheimer, que hace 10 años se trasladó a Indonesia para filmar a las víctimas del genocidio, giró para The Act of killing la cámara hacia los verdugos. Pero su apuesta es todo menos convencional. Es osada, y lejos de los convencionalismos asociados al reportaje documental.

Oppenheimer despliega un mecanismo disparatado y sagaz: nos ofrece el retrato de un puñado de asesinos, que recuerdan las matanzas, torturas y atrocidades que acometieron 40 años atrás con una mezcla de impunidad e infantilismo. Impulsados por el cineasta, emprenden un homenaje a sí mismos, y a ese genocidio nacional, filmando una película constituida de recreaciones ultra kitsch y naïves de sus asesinatos masivos, emulando para ello géneros hollywoodienses, como westerns, películas de mafia o musicales. Todo pasado por la estética recargada del país asiático y por una producción decididamente Z. Oppenheimer lo dice claro: “Celebran el genocidio para no tener que mirarse en el espejo como asesinos cada mañana”. El resultado es un retrato perturbador de un país sumido en una fantasía de impunidad y sadismo.

Anwar Congo es el protagonista. Mulato, extravagante, bien humorado, se dedicaba a la distribución ilegal de películas americanas hasta que en 1965 fue fichado por las milicias paramilitares Juventud Pancasila.  A los pocos minutos de metraje, Anwar muestra cómo asesinaba, ayudado de un alambre, a cientos de personas en una azotea. Acto seguido se marca un cha cha chá y recuerda que gracias a la marihuana, el alcohol y el éxtasis sobrelleva sus pesadillas. Lo acompañamos junto a su amigo Herman Koto por sus recuerdos a golpe de  honestidad brutal, lo escuchamos decir frases como “era como si estuviéramos matando alegres” o “nuestro modelo eran las películas de mafia”. Solo Anwar muestra algo parecido al remordimiento: “Sé que mis pesadillas vienen de haber matado a gente que no quería morirse”.

The Act of Killing es uno de los documentos más certeros sobre la corrupción, la impunidad y la capacidad para la atrocidad y para banalizar el mal del ser humano. Una radiografía delirante, que combina el travestismo con la pantomima; la crueldad extrema con el absurdo, el surrealismo y el terror, y que a la vez nos perturba en tanto que nos vemos obligados a relacionarnos con el protagonista/genocida. A humanizar al monstruo. Y a ver las consecuencias de una sociedad podrida y herida, que huye hacia delante de sus atrocidades.

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