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miércoles 20 junio 2018

Cultura

El teatro pelea por sobrevivir con dignidad

Cristina Rota, directora teatral y profesora de interpretación, y Oriol Tarrasón, actor y director de una compañía de teatro independiente hablan sobre el estado actual de la profesión

23 julio 2013
18:30
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El teatro pelea por sobrevivir con dignidad
Uno de los espectáculos representados en la sala de Cristina Rota. CNC - SALA MIRADOR

Se ha cumplido un año desde que el IVA cultural pasó del 8% al 21%. Como consecuencia del encarecimiento de la producción de espectáculos y de las entradas, la recaudación neta ha disminuido un 33% y alrededor de 600 personas han sido despedidas. Para conocer desde dentro cómo están viviendo los profesionales del sector esta situación, quisimos hablar con Cristina Rota, directora teatral y profesora de interpretación, y con Oriol Tarrasón, actor y director de una compañía de teatro independiente.

La raíz del problema que el sector cultural está atravesando, según Cristina Rota, tiene que ver con el uso que las fueras políticas más reaccionarias de España han hecho de la crisis mundial. Considera que han aprovechado para instaurar su modelo ideológico, político y, por tanto, económico. Un modelo que se ha pervertido el lenguaje con el fin de justificar la erradicación de la cultura, la privatización de la Sanidad o la imposición de un modelo educativo conservador. “Este modelo comenzó a gestarse durante los años en los que gobernaba Aznar. El ataque a la cultura en concreto se hizo patente en la época del No a la Guerra“, afirma.

La educación, según Rota, es uno de los pilares fundamentales de cualquier sociedad. Sin embargo, al sector cultural se lo asocia únicamente con el ocio, cuando “el teatro, la música, la pintura… están íntimamente ligadas con la educación de un pueblo. España no es un país que ame, respete y proteja su cultura porque no se le ha educado en ello”. Una idea que también comparte Oriol Tarrasón, actor catalán que dirige la compañía de teatro Les Antonietes, a la que le añade la ausencia de una política cultural que impida que se generen estructuras estables para la creación artística. Pero, ¿cómo se vive desde dentro este paulatino desmantelamiento?

Cristina Rota

“La gente no podría permitirse acudir al teatro si tuviera que soportar el aumento del IVA. Nuestro objetivo es recuperar al público e incrementar la afluencia de espectadores, por lo que las salas nos hemos visto obligadas a asumir el aumento”, argumenta Cristina Rota. Rota es responsable de la fundación Centro de Nuevos Creadores, bajo la que se asientan su escuela de interpretación, una productora y la Sala Mirador de Lavapiés.

Para tratar de mantener la afluencia de espectadores y asumir el aumento del IVA, los trabajadores tienen que dedicar más horas a la actividad laboral, a veces por menos dinero, y recurrir al pluriempleo. “Yo misma soy directora pedagógica, jefa administrativa y profesora de interpretación”, explica Rota. Una situación que no solo genera desgaste intelectual, sino que también inhibe la capacidad creativa. “Hace tres años que no dirijo ningún espectáculo porque no soy capaz de centrarme, la cabeza no me da para más”.

Esta situación, a pesar de todo, ha traído consigo algunos aspectos positivos. Cada vez hay más grupos que crean sus propios espectáculos y se interesan por un modelo cooperativo que fomenta la solidaridad dentro de la propia compañía. Una opción que, si bien en Argentina (país de origen de Cristina Rota) es muy frecuente, en España no se tenía tan en cuenta.

También las salas han tenido que potenciar su creatividad para tratar de salir adelante. “Los pequeños teatros de Lavapiés hemos decidido unirnos para crear un frente común de lucha contra un contexto que puede llegar a ponerse aún peor”, –explica la directora argentina- “A través de las redes sociales y otras herramientas más rudimentarias hemos decidido hacer publicidad conjunta de nuestra oferta cultural.  Y también nos hemos puesto de acuerdo para que las obras que merezcan la pena y resistan puedan rotar entre los diferentes locales de la zona”. Así las compañías pueden permanecer durante más tiempo en cartel y las salas tienen una oferta de calidad basada en la cooperación en lugar de la destrucción de las demás para evitar competencia.

Oriol Tarrasón

La última obra en la que ha estado trabajando Les Antonietes ha sido Stockmann, una adaptación de El enemigo del pueblo, de Henrik Ibsen. La presentaron en el teatro Matadero de Madrid, en el festival Fringe, después de haber permanecido más de un mes en cartel en el Muntaner de Barcelona. Esta obra es la que le sirve a Tarrasón para ilustrar el mal momento que viven las compañías independientes.

“Levantar Stockmann cuesta unos 3.000 euros entre la producción y los costes extra relacionados con promoción, comunicación… Este dinero lo recuperamos una vez se mueve la obra”. Algo que resulta más complicado de lo que parece. “Hemos pasado de cobrar cuando nos contratan por ofrecer un espectáculo a tener que aceptar ir gratis y ganar dinero en función de lo que se genere en taquilla”. Esta inestabilidad provoca que pocas compañías aguanten y que, finalmente, acaben desapareciendo.

“Hay veces que, incluso cuando aceptamos no cobrar más que en función de las entradas que se vendan, han preferido rechazar el espectáculo. Especialmente en los pueblos, donde los teatros dependen de los ayuntamientos”. Esto sucede porque se subvenciona su construcción pero el mantenimiento corre a cargo de la administración local. “El coste que genera, simplemente, abrir el local, contratar personal para la taquilla, la iluminación, etc. supera con creces los ingresos que va a generar la obra”.

En la línea de lo apuntado por Cristina Rota, Oriol Tarrasón también ha notado que esta precaria situación está generando un efecto rebote. Los actores, cada vez con menos oportunidades laborales, sienten una potente necesidad de trabajar, aunque sea por no quedarse en casa a esperar a que los llamen. Y esta incesante actividad incrementa el flujo creativo. “La falta de políticas culturales para generar estructuras sólidas han conseguido generar condiciones de trabajo indignas, como ocurre con el resto de trabajadores. –afirma Tarrasón- Pero, a la vez, están reactivando la iniciativa particular y, por tanto, la diversidad en la oferta”.

Esta necesidad creativa también se nota en la calle. En 2013, a pesar de la subida del IVA y de los evidentes problemas económicos, apenas ha variado el número de espectadores de las salas respecto a 2012. Durante los años de la Transición, cuenta Tarrasón, hubo un auge de la canción catalana por la necesidad de la gente de encontrar una vía para expresarse, desahogarse y reivindicar su propia identidad. “Hoy pasa lo mismo. Necesitamos el teatro, el arte, para expresar nuestra rabia, hablar de nuestros problemas o denunciar lo que está pasando en España. En este sentido, si querían acabar con la cultura les ha salido mal”.

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