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sábado 23 junio 2018

Internacional

Venezuela en su laberinto

Reportaje publicado en el número 5 en papel de La Marea que llega hoy a los kioscos

26 abril 2013
10:11
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Venezuela en su laberinto
Nicolás Maduro junto a un retrato del expresidente Hugo Chavez.

CARACAS (VENEZUELA)// En el aeropuerto de Caracas una mujer de mediana edad, alta, blanca, elegantemente vestida, es requerida para una inspección rutinaria de sus maletas. Un militar, joven, de piel oscura, de procedencia claramente humilde, revisa las pertenencias de la mujer. Ella estalla:

“No te permito que toques mi ropa con esas manos sin guantes”, exclama.

“Señora, la aerolínea no nos da guantes, no tenemos guantes para cada maleta”, contesta él.

“Esto es una vergüenza, sólo pasa en este país”, insiste ella.

“Disculpe, señora, pero yo se lo miro esto delicadamente, mis manos están limpias”.

“Es ropa limpia, no puedo permitir que la toques con tus manos”, advierte ella.

“Luego bien que les gusta la ropa de marca del imperio, como ellos dicen”, exclama el acompañante de la mujer.

No es una escena aislada. Este tipo de situaciones son habituales y dan cuenta de un problema de mayor calado existente mucho antes de la llegada de Chávez al poder. Que un chico de piel oscura perteneciente además al Ejército -que alberga en sus bases grandes simpatías por la llamada revolución bolivariana- toque la ‘ropa cara’ de una mujer blanca de clase acomodada rompe con los esquemas clásicos de jerarquía. Que un trabajador presuma de serlo y participe activamente en la política hace temblar los cimientos de la élite, afecta a la susceptibilidad y los principios de todo un sector económico y social.

Esto no quiere decir que la división de clases se traslade tal cual a a la división política -lo habitual, de hecho, es que las minorías privilegiadas logren seducir a grupos subordinados-, sino que además de la confrontación meramente partidista, hay otros conflictos más profundos.

Latinoamérica entera, y en ello Venezuela no es una excepción, fue víctima del colonialismo, del neocolonialismo, del intervencionismo económico con la aplicación de voraces programas de ajustes impuestos por organismos como el Fondo Monetario Internacional, de imposiciones políticas y culturales que introdujeron modelos importados y ajenos a las realidades locales. Lo habitual ha sido que existan élites dominantes vinculadas al poder económico y empresarial, clases acomodadas y finalmente, una gran masa de pobres invisibles para los Estados y para los propios sectores sociales que gozan de privilegios.

Lo que ocurrió con la llegada de Chávez y sus políticas sociales es que la conciencia de clase despertó en muchas zonas pobres. Chávez contribuyó a ello notablemente empleando en sus discursos un lenguaje sin eufemismos, incluyendo términos como burguesía, proletariado, revolución o justicia social. Que la voluntad de sus promesas y de sus políticas se haya cumplido es otra cuestión. Algunas han logrado llevarse a cabo, otras no, por diversos motivos -corrupción, falta de eficacia, obstáculos externos- pero es innegable que se introdujeron políticas sociales hasta entonces inexistentes que han logrado reducir la pobreza a la mitad, erradicar prácticamente el analfabetismo y convertir el país en el lugar con menos desigualdad social de toda Latinoamérica y el Caribe, según el índice Gini (que mide hasta qué punto la distribución de los ingresos en un país es equitativa.

La popularidad de estas políticas y, sobre todo de Chávez, es tal que en estas últimas elecciones Henrique Capriles optó por adoptar ciertas características del chavismo transmitiendo incluso que “Nicolás Maduro no es Chávez”, con el objetivo de atraer a votantes de Chávez desconfiados ante la ausencia del comandante. Es más, en un claro giro discursivo, Capriles llegó a elogiar parte del legado de Chávez y sus llamadas ‘misiones’ destinadas a extender la cultura y la atención sanitaria y educativa.

Lo cierto es que esta estrategia de campaña surtió efecto, ayudada por el contexto político. Los catorce años del chavismo en el poder y la ausencia de Chávez hicieron mella. A ello hay que sumar otras cuestiones: una inflación elevadísima y acentuada por la devaluación del bolívar antes de las elecciones, el desabastecimiento en supermercados de productos básicos como la leche o la harina o los apagones eléctricos que Maduro atribuye a campañas de boicot por parte de la oposición.

En las áreas castigadas hasta los años noventa por la represión y la pobreza y beneficiadas por las políticas sociales del chavismo, se reaccionó de inmediato ante la negativa de la oposición de aceptar el triunfo de Nicolás Maduro y ante la muerte por actos violentos de ocho integrantes y simpatizantes del Partido Socialista [PSUV]. Los comités se reunieron en asambleas y acordaron prepararse para resistir en caso de que se produjera otro intento de golpe de estado como el de 2002:

“Están haciendo arder sedes del PSUV, han asesinado a ocho de nuestros camaradas, han ido a las casas de algunos de nosotros a intimidar, tenemos que estar en alerta y defender”, advertía en una de esas reuniones Gilberto, integrante de una agrupación motorizada chavista, civil, encargada de patrullar las calles.

“Estamos conscientes de que la movilización es importante, y va a serlo más adelante, porque hay voluntad de confrontación”, confesaba Anselmo, un ebanista del barrio 23 de enero de Caracas, zona popular de tradición chavista.

Caceroladas de la oposición

En las caceroladas convocadas por la oposición las opiniones eran diferentes:

“Hay mucha gente incivilizada e ignorante, que por eso votan a Maduro. Y como son ignorantes, no saben aceptar el resultado”, señalaba un seguidor de Capriles.

“Les dan dinero para que les voten, y esos que les votan viven de la ‘papa dulce’, no hacen más nada, son enchufados y vagos”, aseguraba otro, repitiendo un adjetivo, enchufado, muy empleado por Capriles para referirse a los chavistas.

“El chavismo se disfraza de bueno, de que si ayuda a los pobres, pero con el petróleo que tiene este país ya se podía haber acabado con la pobreza, y ahí siguen los ‘ranchitos’ [infraviviendas]”, afirmaba una mujer cacerola en mano.

Si la batalla política en Venezuela se encona, si la oposición opta por seguir deslegitimando a Nicolás Maduro y su gobierno, si determinados medios de comunicación venezolanos continúan apostando por la desestabilización, la confrontación estará servida durante toda legislatura y con ella, aumentará el riesgo de un estallido mayor de la violencia política que estos días ha dejado ya muertos en las calles.

De la continuidad del proceso político actual en Venezuela dependen en parte otros procesos de América Latina que han obtenido un importante respaldo económico y político de Caracas, gracias al cual han conseguido mayores cuotas de independencia real. Por eso cuando se habla del futuro de Venezuela se está hablando también de la senda de una parte importante de Latinoamérica y del papel que Estados Unidos y otras potencias pueden jugar en ella.

Este reportaje ha sido publicado en el número 5 de La Marea, que puedes encontrar aquí

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Olga Rodríguez

Olga Rodríguez

2 comentarios

  1. Angelina
    Angelina 05/05/2013, 18:30

    Saludos, Olga, soy venezolana y aunque describes una parte de la realidad de Venezuela, debo decir que los testimonios que seleccionaste de los de la oposición no son representativos.

    Gran parte de los miembros de las agrupaciones motorizadas chavistas utilizan la estrategia de ir en grupo para amedrentar a las personas que tocan cacerolas, y son enviados por altos mandos del Gobierno para disolver protestas pacíficas y ciudadanas.

    Por otro lado, las pérdidas lamentables de las ocho personas que fallecieron en los sucesos del 15 abril no fue por violencia “de la oposición”. Es más, el día del cierre de campaña de Nicolás Maduro murieron cinco personas y nadie dijo nada. Ellos mismos van armados, se hieren, se embriagan. Aquí te dejo la noticia: http://bit.ly/11LSOGP

    Las muertes aquí suceden cada dos horas una persona muere a manos de asaltantes. Sólo en Caracas mueren 40 personas durante un fin de semana http://bit.ly/104uxx7

    Y para finalizar, Estados Unidos no tiene nada que ver con Venezuela mas que le compra petróleo a una industria que se autodenomina socialista y llama “jefe de los diablos” a Obama. En verdad, esa teoría de la conspiración trasnochada de que Estados Unidos tiene los ojos puestos aquí, es demasiado etnocentrista, da una salida fácil y exime de responsabilidades a los 14 años de políticas fallidas, corruptas y autoritarias.

    Responder a este comentario
  2. Vero H
    Vero H 27/04/2013, 02:32

    Gracias x la certera descripción de la situación para los que desde España no entendemos bien lo que está pasando allí, por qué lo ajustado de los resultados, el giro, y los sentimientos de los venezolanos y sabemos que no podemos fiarnos de la mayoría de medios de comunicación y su versión única.

    Seguid contándonos, aunque no esté en la agenda informativa, porque somos muchos los que estamos pendientes de latinoamérica con el corazón en un puño.

    Responder a este comentario

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