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lunes 24 septiembre 2018

Economía

Hacienda investiga las pérdidas provocadas por un software que facilita el fraude fiscal

Un programa informático que oculta transacciones cuesta miles de millones anuales a las arcas de países de todo el mundo. La Agencia Tributaria estudia el alcance del problema en España después de que la OCDE alertara de su existencia

22 abril 2013
12:34
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Hacienda investiga las pérdidas provocadas por un software que facilita el fraude fiscal
Las cajas registradoras modernas son el mejor vehículo para este programa que ayuda a defraudar. / Kleuske

MATERIA // La Agencia Tributaria está investigando hasta dónde se ha propagado en España el uso de un software que permite que desaparezcan transacciones de los libros de cuentas. Con un simple click, el rastro de una compra desaparece, una línea de ingresos se va al limbo de los negocios, una suma de dinero se hunde en el oscuro charco de la economía sumergida. Mientras Hacienda lucha por sacar a la luz millones de compraventas, la tecnología inventa programas cada vez más sofisticados para ocultarle dinero al fisco. Se trata de un tipo de software que está costando miles de millones a las arcas estatales y cuyo alcance aún se está estudiando, según reconoce a Materia el departamento que dirige Cristóbal Montoro.

Desde la Agencia Tributaria española sólo se admite que se “está trabajando en ello”. “No se puede suministrar más información todavía para no estropear investigaciones en curso”, asegura un portavoz. Todo a partir de un informe que la OCDE remitió a las distintas administraciones que pertenecen a la organización con una advertencia: “Las administraciones tributarias están perdiendo miles de millones de dólares y euros debido a las ventas no declaradas y a los ingresos ocultados mediante la utilización de estos métodos”. En Hacienda han tomado nota de las amenazas y consejos que se recogen en las 46 páginas del informe, realizado por peritos y ciberauditores expertos de 14 países, coordinados por Noruega.

Básicamente, estos programas se instalan en cajas registradoras electrónicas o cualquier ordenador encargado de la contabilidad de las ventas de un negocio. Instalado y escondido en un segundo plano, este software sucio se pone en marcha con un atajo del teclado o un botón oculto en la pantalla. Una vez abierto, tiene una “apariencia legítima”, según el estudio de la OCDE, ya que simula uno de los programas habituales instalados en los sistemas de punto de venta, un elemento fundamental para la contabilidad del comercio y una herramienta fiable para la contabilidad y la gestión de una empresa. En cambio, este software permite suprimir manualmente determinadas transacciones, sustituirlas por otras de menor valor e incluso realizar una selección automática para eliminar una suma concreta de dinero de las ventas diarias. Incluso es capaz de suprimir ventas internacionales. El organismo tiene un miedo legítimo añadido: aunque no se conocen casos, nada impide que se creen programas similares que realicen el trabajo inverso, añadiendo transacciones ficticias que sirvan para el blanqueo de dinero.

Miles de millones borrados

Se conoce desde hace casi una década la existencia de estos programas, conocidos como zapper y phantomware, pero es ahora cuando han alcanzado un grado de sofisticación y difusión que ha disparado las alarmas en muchos países. Un informe del Tribunal de Cuentas de Alemania avisaba de que el daño que suponen todas esas cajas y ordenadores ocultando ventas “no debe subestimarse”. Sin embargo, solo constan algunos retales que ayuden a imaginar el perjuicio que esta tecnología está infligiendo a las arcas estatales de medio mundo. Canadá, uno de los primeros países en actuar, calculó que en los restaurantes del país se estarían esfumando unos 1.700 millones de euros al manipular los recibos de cobro en la caja. Llegaron a esa conclusión tras observar que solo entre cuatro restaurantes se habían omitido 200.000 transacciones.

Una cadena de restauración de Detroit evadió el pago de unos 15 millones de euros en cuatro años. En un caso descubierto en Sudáfrica, un grupo mayorista había expatriado 22 millones de euros. Otro, siete millones en Suecia. Allí se recuperaron 150 millones tras 2.000 auditorías selectivas en restaurantes, salones de belleza, tiendas de ropa y alimentos, entre otros comercios, en las que se observó que no se declaraban entre el 20% y el 40% de las ventas gracias a esta tecnología. “En una investigación realizada en Eslovenia”, explica la OCDE, “los inspectores hicieron indagaciones en tiendas minoristas al final de la jornada comercial y descubrieron que en ese momento el volumen de ventas en los sistemas era tres veces superior al registrado otros días”.

Sólo son algunas pinceladas, mínimas, que apenas sirven para visualizar un cuadro gigantesco de dinero que se burla al Estado. Los inspectores recogen la información de esos ordenadores y cajas registradoras asumiendo que contienen datos originales y fiables. Los programas investigados no sólo dan una apariencia legal, ahora además ahorran mantener una doble contabilidad —habitual en el fraude comercial— ya que el sistema mantiene, aunque oculta, la contabilidad real a disposición del dueño de la máquina. “Existen pruebas de que la utilización de [estos] programas se ha extendido en todo el mundo, y por lo tanto la amenaza sobre la recaudación de ingresos tributarios sigue creciendo”, asegura el informe de la OCDE. Y advierte que según las previsiones de los investigadores que trabajan en este ámbito, en el futuro las técnicas para evitar la detección “seguirán desarrollándose y su sofisticación será cada vez mayor”.

Para combatirlo, la organización sugiere numerosas ideas a los países miembros en su informe, desde tecnológicas o estratégicas hasta legales y de concienciación. Eso sí, partiendo de una decisión que parece lógica: “Las administraciones deben considerar la posibilidad de recomendar la creación de leyes para penalizar el suministro, la posesión y la utilización de software de supresión electrónica de ventas”. Cuando en 1879 James Ritty inventó la caja registradora para evitar que sus empleados le sisaran, seguramente no calculó que ese terminal de ventas se podría convertir en un preocupante agujero para los inspectores de Hacienda.

[Artículo publicado en Materia]

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