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martes 25 septiembre 2018

Internacional

El Parlament premia la lucha de las ‘Madres de Soacha’ contra militares

Cataluña reconoce la labor de estas mujeres, cuyos hijos fueron asesinados por miembros del ejército colombiano para hacerlos pasar por guerrilleros y cobrar así recompensas. Uribe ofrecía hasta 2.500 dólares por combatiente abatido

19 marzo 2013
21:31
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El Parlament premia la lucha de las ‘Madres de Soacha’ contra militares
Dos madres de Soacha muestran los retratos de sus hijos asesinados. AMNISTIA INTERNACIONAL

BARCELONA// Sus hijos fueron asesinados por el ejército de Colombia para ser presentados como guerrilleros caídos en combate. Ellas llevan años luchando contra la impunidad que impera en el país suramericano, contra el engaño y la manipulación. Se las conoce como las Madres de Soacha, y el Institut Català Internacional per la Pau (ICIP) les ha otorgado el II Premio ICIP Constructores de Paz. Las cinco madres que recibieron el lunes el premio en el Parlament lo valoran como un reconocimiento a las más de 4.000 víctimas de ejecuciones extrajudiciales en su país.

“Me llamo Luz María Bernal y soy madre de Fair Leonardo Porras Bernal, un chico de 26 años con discapacidad que fue asesinado el 12 de enero de 2008 en la localidad de Ocaña. Nunca pudo aprender a leer y escribir, tenía mentalidad de niño, pero el fiscal me dijo que era el líder de un grupo narcoterrorista. Pagaron 85 dólares por la vida de mi hijo”. Es el descarnado testimonio de una de las Madres de Soacha que, junto a María Sanabria, ha participado esta mañana en un coloquio en Barcelona.

En 2008, se sucedieron las desapariciones de varios jóvenes sin una conexión aparente entre ellos. Las madres comenzaron a buscarlos hasta que dieron con una fosa común que contenía 19 cuerpos. Algunos iban ataviados con chaquetas de guerrilleros sin un solo agujero de bala, lo que si tenían sus camisetas. Fueron víctimas de lo que se denominan “falsos positivos”, asesinatos de civiles cometidos por militares que contaron con el incentivo de hacerse con la recompensa que otorgaba el Gobierno colombiano por la captura de guerrilleros.

Una directiva ministerial del gobierno de Álvaro Uribe, la 029 de 2005, otorgaba hasta 2.500 dólares al soldado que presentase a un guerrillero muerto. En 2010, el entonces Ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, llegó a la presidencia y amplió la directiva, incluyendo recompensas si el guerrillero era abatido portando armas. Muchos de esos falsos positivos se dieron en la localidad de Soacha, cercana a Bogotá, un municipio pobre que acoge a miles de desplazados.

“Mi hijo fue uno de los más fáciles de engañar y llevárselo. A la mayoría los engañaban con falsas ofertas de trabajo, o los drogaban”, asegura Bernal. Fair Leonardo desapareció un 8 de enero y no lo encontró hasta el 16 de setiembre. “Después de ocho largos meses de buscarlo en clínicas, hospitales y casas de albergue es identificado en una foto donde se le veía media cara. La parte izquierda estaba desfigurada porque había recibido doce disparos”.

“No han logrado acobardarnos”

El hijo de María Sanabria tenía 16 años cuando lo asesinaron. Se llamaba Jaime Estiven Valencia, y su sueño era llegar a convertirse algún día en médico veterinario o cantante. “En Colombia, la impunidad reina”, sentencia Sanabria. Tras la muerte de Jaime y el resto de chicos, las madres se unieron para encontrar a sus hijos desaparecidos e iniciaron una batalla jurídica para que las ejecuciones no quedasen impunes. Y comenzaron a recibir amenazas. “En marzo de 2009 una moto se vino hacia mí. Bajó un hombre que me cogió del cabello y me tiró contra una pared. ‘La queremos calladita’, me dijo. Pero no han logrado acobardarnos”.

El apoyo de organizaciones internacionales como Intermón Oxfam y Amnistía Internacional ha sido un gran apoyo. La presión internacional se revela como fundamental para que el gobierno colombiano acceda al reconocimiento y reparación de las víctimas. “Han obligado a las madres de Soacha a dejar el rol de madres, de trabajadoras, para buscar justicia”, expresa Bernal.

Por el asesinato de Fair Leonardo acabaron condenando en 2011 a seis militares a penas de 28 a 54 años de cárcel, aunque el de mayor rango huyó. Los asesinos de Jaime aún no han sido castigados. La preocupación de las asociaciones de defensa de los Derechos Humanos se centra ahora en la reforma del Fuero Militar, que pretende dejar en manos del ejército la decisión sobre qué crímenes se han cometido en actos de servicio y cuáles no. “La mayor instauración de la impunidad”, lamenta Sanabria.

“Queremos un proceso de paz digno. Llevamos 60 años en busca de una paz”, mantiene Bernal. Las Madres de Soacha continúan su batalla. Una de ellas no ha podido recuperar aún el cuerpo de su hijo. Otras miles en Colombia siguen sin encontrarlos. Allá donde van, llevan un pendón con los rostros de los desaparecidos, y se visten con una túnica blanca que, como explica Bernal, “representa la pureza con que demostramos que nuestros hijos no eran guerrilleros. Estas son nuestras herramientas y nuestras armas de trabajo”.

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Brais Benítez

Brais Benítez

2 comentarios

  1. Mariangel Halpin
    Mariangel Halpin 21/03/2013, 22:07

    Conozco personalmente a estas dos heroinas que luchan no sólo por la impunidad en la muerte de sus hijos sino tambien han apoyado a otras problematicas que afectan a las mujeres en Colombia. son un gran ejemplo de tenasidad y valor, no han ocultado su dolor… su lucha es inapropiada para un país inconciente , indoliente e indiferente. Luz marina y María sigan adelante

    Responder a este comentario
  2. Psicoloco
    Psicoloco 19/03/2013, 23:07

    Estas mujeres son especialmente valientes, pues ponen de manifiesto que miembros del ejército colombiano han realizado crímenes de lesa humanidad (no sé si jurídicamente pero sí éticamente). Esto desmonta el maniqueísmo uribista, tan extendido en amplios sectores de la sociedad colombiana, de que el poder (representado por el ejército y los paramilitares) es bueno y que quien se opone al poder (supuestamente la guerrilla) es malo.

    Responder a este comentario

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