lamarea.com http://www.lamarea.com Periodismo para gente independiente Wed, 21 Oct 2015 11:06:35 +0000 es-ES hourly 1 El extraño viaje http://www.lamarea.com/2015/10/21/el-extrano-viaje/ http://www.lamarea.com/2015/10/21/el-extrano-viaje/#comments Wed, 21 Oct 2015 10:58:19 +0000 http://www.lamarea.com/?p=77531

Las estaciones de autobús son aeropuertos para pobres, lugares de miradas perdidas hacia destinos cercanos, pasillos en los que se celebra el encuentro o se posterga la salida. Además, si obviamos la desaparición de los soldados de reemplazo o las maletas de cuero que se portaban a pulso, muchas de ellas no han cambiado demasiado desde que se construyeron. Hormigón y viejos, estudiantes y urinarios fríos, señoras con más bolsas de las que pueden llevar. Y luego, en ese porcentaje de lo casual, algún viajante con el coche averiado y tipos que nunca aprendieron a conducir por una renuncia a parecerse demasiado a lo que les rodeaba.

Ya en trayecto, si el sueño no te asalta y la curiosidad forma parte del equipaje, los autobuses son esas cámaras hiperbáricas donde uno puede descomprimirse del miedo a lo convencional. Como en las películas de catástrofes, antes de que todo se derrumbe, surge una breve presentación de los personajes que dejarán, con el paso de los kilómetros, de sernos desconocidos. De hecho pienso que el pasaje de un autobús de línea sería el sueño de la demoscopia con inclinaciones honradas, un catálogo al azar de eso que llamamos gente.

Si el autobús es el reparto el paisaje es el decorado, un continuo, que para los que hemos recorrido las autovías con la cabeza pegada a la ventanilla muchas veces, se va alterando poco a poco, manteniendo una majestuosidad rural y un vacío reconfortante desde Pajares a Despeñaperros. Además de la grandeza del cielo abierto -algo que a los urbanitas nos sorprende- están los hitos que cohesionan el país más que cualquier constitución o esfuerzo político, a saber: castillos en peñascos, clubs con neones y fondas, eso que ahora se llaman áreas de servicio.

Normalmente la parada de rigor llega cuando hemos encontrado la posición perfecta en el asiento o el capítulo del libro está en ese punto crucial, no podría ser de otra forma. El pasaje acude en tropel al baño y luego, tras haber cumplido con los ciclos fisiológicos, se dispersa en una extraña danza que estoy seguro podría representarse con algún algoritmo de movimiento. Unos fuman, otros beben de la botella recién comprada, todos con la mirada en el vacío, en ese punto de fuga donde nos encontramos a solas con nosotros mismos y nuestros dilemas.

Las áreas de servicio son espacios del vacío, extrañamente artificiales y siempre transitorios. No lugares. Reductos con el único fin de dar un sentido físico a un momento imposible de englobar fuera del viaje. De ahí la sensación de desamparo, el vagar inconsciente, las miradas a un reloj sin ver la hora. La razón, supongo, es que no merece siquiera la pena el esfuerzo de simular interés por un entorno, un momento, que sabemos efímero y caduco.

Nuestro tiempo se parece a estos no lugares. Desde hace ya varios meses, quizá más, esa parte del país que llenaba las calles mientras que otros se llenaban los bolsillos siente que todo, por lo que merecía la pena transformar la amarga complacencia de lo habitual por el ácido sabor de la insurrección, es tan volátil que cualquier esfuerzo sería comparable al de agarrar el humo que brota de los escombros.

Deduzco que si creemos hallarnos en un área de servicio es porque pensamos que estamos embarcados en algún tipo de viaje. Viaje, que como todos, lo asumimos con fin. Si hace unos años mirábamos hacia atrás con la nostalgia del consumidor satisfecho, ahora, en una ansiedad que forma parte del mismo engaño, pensamos, que ocurra lo que ocurra en diciembre, esto tiene que acabarse.

Quizá sea esa la madre de la inacción, del hastío, de quedarse arrebatados como muñecos de ventrílocuo tirados en una silla. De tanto fraccionar nuestra vida, de tanto llenarla de momentos insignificantes, inseguridad e indeterminación nos han llenado los pies de plomo y la mente de escapismo.

Nuestro viaje, ese que hacemos juntos, no se acaba nunca. La cuestión no es buscar puntos de inicio o de fin, lo esencial es lo que postergamos, lo que en el fondo todos sabemos desde hace mucho: si queremos decidir a dónde vamos es hora de coger nosotros el volante del autobús.

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Las estaciones de autobús son aeropuertos para pobres, lugares de miradas perdidas hacia destinos cercanos, pasillos en los que se celebra el encuentro o se posterga la salida. Además, si obviamos la desaparición de los soldados de reemplazo o las maletas de cuero que se portaban a pulso, muchas de ellas no han cambiado demasiado desde que se construyeron. Hormigón y viejos, estudiantes y urinarios fríos, señoras con más bolsas de las que pueden llevar. Y luego, en ese porcentaje de lo casual, algún viajante con el coche averiado y tipos que nunca aprendieron a conducir por una renuncia a parecerse demasiado a lo que les rodeaba.

Ya en trayecto, si el sueño no te asalta y la curiosidad forma parte del equipaje, los autobuses son esas cámaras hiperbáricas donde uno puede descomprimirse del miedo a lo convencional. Como en las películas de catástrofes, antes de que todo se derrumbe, surge una breve presentación de los personajes que dejarán, con el paso de los kilómetros, de sernos desconocidos. De hecho pienso que el pasaje de un autobús de línea sería el sueño de la demoscopia con inclinaciones honradas, un catálogo al azar de eso que llamamos gente.

Si el autobús es el reparto el paisaje es el decorado, un continuo, que para los que hemos recorrido las autovías con la cabeza pegada a la ventanilla muchas veces, se va alterando poco a poco, manteniendo una majestuosidad rural y un vacío reconfortante desde Pajares a Despeñaperros. Además de la grandeza del cielo abierto -algo que a los urbanitas nos sorprende- están los hitos que cohesionan el país más que cualquier constitución o esfuerzo político, a saber: castillos en peñascos, clubs con neones y fondas, eso que ahora se llaman áreas de servicio.

Normalmente la parada de rigor llega cuando hemos encontrado la posición perfecta en el asiento o el capítulo del libro está en ese punto crucial, no podría ser de otra forma. El pasaje acude en tropel al baño y luego, tras haber cumplido con los ciclos fisiológicos, se dispersa en una extraña danza que estoy seguro podría representarse con algún algoritmo de movimiento. Unos fuman, otros beben de la botella recién comprada, todos con la mirada en el vacío, en ese punto de fuga donde nos encontramos a solas con nosotros mismos y nuestros dilemas.

Las áreas de servicio son espacios del vacío, extrañamente artificiales y siempre transitorios. No lugares. Reductos con el único fin de dar un sentido físico a un momento imposible de englobar fuera del viaje. De ahí la sensación de desamparo, el vagar inconsciente, las miradas a un reloj sin ver la hora. La razón, supongo, es que no merece siquiera la pena el esfuerzo de simular interés por un entorno, un momento, que sabemos efímero y caduco.

Nuestro tiempo se parece a estos no lugares. Desde hace ya varios meses, quizá más, esa parte del país que llenaba las calles mientras que otros se llenaban los bolsillos siente que todo, por lo que merecía la pena transformar la amarga complacencia de lo habitual por el ácido sabor de la insurrección, es tan volátil que cualquier esfuerzo sería comparable al de agarrar el humo que brota de los escombros.

Deduzco que si creemos hallarnos en un área de servicio es porque pensamos que estamos embarcados en algún tipo de viaje. Viaje, que como todos, lo asumimos con fin. Si hace unos años mirábamos hacia atrás con la nostalgia del consumidor satisfecho, ahora, en una ansiedad que forma parte del mismo engaño, pensamos, que ocurra lo que ocurra en diciembre, esto tiene que acabarse.

Quizá sea esa la madre de la inacción, del hastío, de quedarse arrebatados como muñecos de ventrílocuo tirados en una silla. De tanto fraccionar nuestra vida, de tanto llenarla de momentos insignificantes, inseguridad e indeterminación nos han llenado los pies de plomo y la mente de escapismo.

Nuestro viaje, ese que hacemos juntos, no se acaba nunca. La cuestión no es buscar puntos de inicio o de fin, lo esencial es lo que postergamos, lo que en el fondo todos sabemos desde hace mucho: si queremos decidir a dónde vamos es hora de coger nosotros el volante del autobús.

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Un abertzale en Mérida http://www.lamarea.com/2015/10/21/un-abertzale-en-merida/ http://www.lamarea.com/2015/10/21/un-abertzale-en-merida/#comments Wed, 21 Oct 2015 07:33:19 +0000 http://www.lamarea.com/?p=77520 Detalle de la portada de El Mundo en la que se señalaba a Rafael González.

RAFAEL GONZÁLEZ Y VÍCTOR CASCO // El 19 de octubre de 2012 los quioscos de la ciudad de Mérida (50.000 habitantes) amanecían con una portada del diario El Mundo que incluía un titular a cuatro columnas junto a la imagen de uno de sus vecinos. El titular: “Asalto a los Salesianos”.

Titular de guerra acompañado por una foto ante la que podrían salivar derechistas, ultraderechistas y reaccionarios: joven desgarbado; cabellos que no conocen más peine que el viento, desordenados, claro; gesto torcido en la boca, amenazante, provocador y ropas de camuflaje, ésto es: jersey con logo anticapitalista y sudadera. Debe añadirse un detalle nada inocente puesto que, lloviendo mientras se tomaba esa instantánea, el joven abertzale (conclusión necesaria ante esa portada del diario de derechas) se protegía con un paraguas - rojo - donde podían leerse las siglas CC.OO.

Rafael González García de Vinuesa – el nombre se ofrecía completo, casi deletreando cada una de sus sílabas – era señalado como el instigador del asalto y si la foto no bastaba para llegar a la conclusión de que estábamos ante un elemento peligroso y antisocial, el reportaje aclaraba varias veces que Rafael González García de Vinuesa – el nombre que no se olvide - es un “Jefe de Juventudes Comunistas de Extremadura”. Jefe.

Las palabras nunca son inocentes. Tienen un contexto y responden a un imaginario. Jefe, en ese reportaje, con ese titular, con esa foto, remite inmediatamente a la camorra, a la mafia. Para el periódico todo piquete de huelga es poco más que una banda de delincuentes – lo han verbalizado en infinidad de ocasiones – y en esta ocasión se vuelve a demostrar, siendo ellos testigos y llevando a primera plana a un mafioso comunista asaltando un colegio de curas. Recuerden: una portada para que saliven los reaccionarios.

Hagamos un alto: el 18 de octubre de 2012 cientos de jóvenes estudiantes emeritenses habían salido a la calle para volver a mostrar su oposición a la LOMCE, entonces aún en discusión, y a la gestión educativa del ministro Wert. En Mérida, como en otras decenas de ciudades extremeñas, las clases se vieron vacías de alumnos y profesores y muchos de ellos se concentraron en las plazas respectivas. Uno de los autores de este artículo, el abertzale, el Jefe de la Camorra Comunista, participó en esas manifestaciones (no era la primera ni sería la última); el otro autor del artículo, entonces diputado de IU en la Asamblea de Extremadura, estuvo unos instantes con los jóvenes mientras se manifestaban frente al Parlamento Regional. Tras esas concentraciones visitaron colegios e institutos, repartieron octavillas, reclamaron una educación pública, laica y de calidad. Estuvieron ante muchas puertas y en muchos patios, uno de ellos en el colegio de los Salesianos, concertado. Acompañados por el cordón policial pertinente, al acabar la mañana regresaron a sus barrios. Una jornada de lucha pacífica por la educación pública como tantas otras antes y como tantas otras que vendrían. No hubo incidentes.

El 19 de octubre amanecimos con esa portada en un diario de tirada nacional en los quioscos de una ciudad de 50.000 habitantes donde todos se conocen, aunque sólo sea de vista. Ese día y al caer la noche ya habían detenido a tres jóvenes y la mañana siguiente nos localizaron en una cafetería del centro y se llevaron detenido al “instigador”, al “jefe” y al “líder” del asalto al colegio concertado.

El reportaje no ahorraba en adjetivos para calificar la acción de los jóvenes y presentar una imagen dantesca de la jornada de huelga estudiantil. Se explicaba que habían penetrado en el centro, que habían ocupado aulas, que habían agredido a profesores y que cantaban “donde están los curas que los vamos a matar”. Todo mientras el “Jefe de los Comunistas extremeños” esperaba fuera. El joven desgarbado, camisa con mensaje reivindicativo, sudadera y paraguas de Comisiones Obreras. El abertzale. Otra foto en el diario nos mostraba una puerta trasera del edificio asaltado llena de dibujos... de penes. Qué más lógico que un centenar largo de estudiantes en huelga dedicándose a pintar penes en una puerta de hierro en las traseras de un colegio al que en ningún momento habían rodeado.

Cuatro detenidos en total. El Delegado del Gobierno expresaría luego en ese mismo diario que dichas retenciones se debían al informe policial y al reportaje. Un Delegado que fue requerido a instancias de uno de los autores de este artículo a comparecer ante el Parlamento regional – comparecencia aprobada por todos los grupos – y que optó por eludir la cita dejando plantados a los representantes de los extremeños, ya que ni siquiera se dignó excusarse.

En el siglo XIX se hablaba de “la canalla”. La sociedad bienpensante acomodada y burguesa rehuía todo contacto con un vulgo canalla y sucio. Gente de pies negros y alma negra que además tenían el atrevimiento de intentar revoluciones. La canalla, los indeseables, los pobres. La literatura de clase siempre ha existido y los periódicos de clase también. El diario El Mundo sabe que la canalla es mayoría y debe deslegitimarse cualquier acción que pueda dar muestras de su poder. La política y los negocios deben estar reservados al pijo de clase media – dicen; de clase alta, más bien – que sabe distinguir entre ropa de marca y sudadera, que conoce lo que es un peine y que no destaca salvo a la hora de recoger el sobre pertinente. Un pijo como cualquier otro.

En un momento de la manifestación, en la Plaza de España de Mérida, ni siquiera en el colegio, pudieron tomar una instantánea de Rafael González García de Vinuesa con el gesto torcido. Un gesto que apenas dura un segundo pero que la cámara pudo inmortalizar. Rafael, no lo hemos dicho antes pero ahora debe explicitarse, es uno de los “sospechosos habituales”.

En la película de Michel Curtiz Casablanca hay una escena donde el capital Louis Renault (interpretado por Claude Rains) es conminado a realizar detenciones ante una acción subversiva y éste le pide a unos de sus subordinados que “detenga a los sospechosos habituales”. La nómina de ciudadanos que siempre son requeridos por la policía para servir de escarmiento o para dar sensación de que hacen algo.

Rafael González es uno de los sospechosos habituales de Mérida y por eso acumula ya varias detenciones y denuncias. Ha sido llamado a declarar por manifestaciones en las que no ha estado o por un asalto a un colegio en el que no penetró en ningún momento. No es un caso único: desde que se inició la crisis los medios de la derecha, del orden, los que recelan de la “canalla”, de la gente humilde, de los pobres, de los desheredados, vienen señalando a supuestos instigadores y criminalizando toda forma de protesta. La Razón, el ABC o El Mundo han llevado a sus portadas a activistas sociales acusados de alterar el orden público – cosa sagrada –. Todas esas portadas, esas declaraciones, esas imágenes han dado la cobertura argumental al gobierno del PP para aprobar sus leyes mordazas. El ejercicio de la democracia y de la libre expresión del rechazo a las medidas antisociales incomoda. Eso es lo que se persigue: criminalizar, desalentar y finalmente neutralizar toda forma de protesta.

Por eso el 19 de octubre se señaló a un manifestante, se dio su nombre, se lo acusó de asalto y se hizo una descripción grosera e insultante del sujeto: un jefe comunista sin estudios, ateo y anticlerical que quiere matar curas. El impacto del reportaje en una ciudad donde todos se conocen fue alto y Rafael, que hoy escribe este artículo junto a uno de sus acompañantes el día de la detención, pagó un precio que otros también han pagado: objeto de escarnio. En definitiva, ser señalado.

El método es antiguo. La Inquisición lo puso en práctica: colgar el sambenito era la forma establecida de señalar a un vecino que debía ser repudiado por la comunidad y cuyo ejemplo – eso es lo esencial – debe ser evitado a toda costa. El ejemplo a evitar es el de jóvenes dispuestos a movilizarse en defensa de sus derechos y que no renuncian a pensar por ellos mismos.

Por cierto, hubo un juicio. Entonces se pudo demostrar que no hubo asalto. Los presuntos profesores agredidos no comparecieron. Los policías tuvieron que admitir que Rafael González y los otros tres detenidos no habían pasado del patio del centro. Las pintadas de penes se habían hecho mucho antes y la juez archivó el caso. No hubo portada de El Mundo al día siguiente.

 

* Rafael González García de Vinuesa es activista social y militante comunista y Víctor Casco ex diputado autonómico de IU

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Detalle de la portada de El Mundo en la que se señalaba a Rafael González.

RAFAEL GONZÁLEZ Y VÍCTOR CASCO // El 19 de octubre de 2012 los quioscos de la ciudad de Mérida (50.000 habitantes) amanecían con una portada del diario El Mundo que incluía un titular a cuatro columnas junto a la imagen de uno de sus vecinos. El titular: “Asalto a los Salesianos”. Titular de guerra acompañado por una foto ante la que podrían salivar derechistas, ultraderechistas y reaccionarios: joven desgarbado; cabellos que no conocen más peine que el viento, desordenados, claro; gesto torcido en la boca, amenazante, provocador y ropas de camuflaje, ésto es: jersey con logo anticapitalista y sudadera. Debe añadirse un detalle nada inocente puesto que, lloviendo mientras se tomaba esa instantánea, el joven abertzale (conclusión necesaria ante esa portada del diario de derechas) se protegía con un paraguas - rojo - donde podían leerse las siglas CC.OO. Rafael González García de Vinuesa – el nombre se ofrecía completo, casi deletreando cada una de sus sílabas – era señalado como el instigador del asalto y si la foto no bastaba para llegar a la conclusión de que estábamos ante un elemento peligroso y antisocial, el reportaje aclaraba varias veces que Rafael González García de Vinuesa – el nombre que no se olvide - es un “Jefe de Juventudes Comunistas de Extremadura”. Jefe. Las palabras nunca son inocentes. Tienen un contexto y responden a un imaginario. Jefe, en ese reportaje, con ese titular, con esa foto, remite inmediatamente a la camorra, a la mafia. Para el periódico todo piquete de huelga es poco más que una banda de delincuentes – lo han verbalizado en infinidad de ocasiones – y en esta ocasión se vuelve a demostrar, siendo ellos testigos y llevando a primera plana a un mafioso comunista asaltando un colegio de curas. Recuerden: una portada para que saliven los reaccionarios. Hagamos un alto: el 18 de octubre de 2012 cientos de jóvenes estudiantes emeritenses habían salido a la calle para volver a mostrar su oposición a la LOMCE, entonces aún en discusión, y a la gestión educativa del ministro Wert. En Mérida, como en otras decenas de ciudades extremeñas, las clases se vieron vacías de alumnos y profesores y muchos de ellos se concentraron en las plazas respectivas. Uno de los autores de este artículo, el abertzale, el Jefe de la Camorra Comunista, participó en esas manifestaciones (no era la primera ni sería la última); el otro autor del artículo, entonces diputado de IU en la Asamblea de Extremadura, estuvo unos instantes con los jóvenes mientras se manifestaban frente al Parlamento Regional. Tras esas concentraciones visitaron colegios e institutos, repartieron octavillas, reclamaron una educación pública, laica y de calidad. Estuvieron ante muchas puertas y en muchos patios, uno de ellos en el colegio de los Salesianos, concertado. Acompañados por el cordón policial pertinente, al acabar la mañana regresaron a sus barrios. Una jornada de lucha pacífica por la educación pública como tantas otras antes y como tantas otras que vendrían. No hubo incidentes. El 19 de octubre amanecimos con esa portada en un diario de tirada nacional en los quioscos de una ciudad de 50.000 habitantes donde todos se conocen, aunque sólo sea de vista. Ese día y al caer la noche ya habían detenido a tres jóvenes y la mañana siguiente nos localizaron en una cafetería del centro y se llevaron detenido al “instigador”, al “jefe” y al “líder” del asalto al colegio concertado. El reportaje no ahorraba en adjetivos para calificar la acción de los jóvenes y presentar una imagen dantesca de la jornada de huelga estudiantil. Se explicaba que habían penetrado en el centro, que habían ocupado aulas, que habían agredido a profesores y que cantaban “donde están los curas que los vamos a matar”. Todo mientras el “Jefe de los Comunistas extremeños” esperaba fuera. El joven desgarbado, camisa con mensaje reivindicativo, sudadera y paraguas de Comisiones Obreras. El abertzale. Otra foto en el diario nos mostraba una puerta trasera del edificio asaltado llena de dibujos... de penes. Qué más lógico que un centenar largo de estudiantes en huelga dedicándose a pintar penes en una puerta de hierro en las traseras de un colegio al que en ningún momento habían rodeado. Cuatro detenidos en total. El Delegado del Gobierno expresaría luego en ese mismo diario que dichas retenciones se debían al informe policial y al reportaje. Un Delegado que fue requerido a instancias de uno de los autores de este artículo a comparecer ante el Parlamento regional – comparecencia aprobada por todos los grupos – y que optó por eludir la cita dejando plantados a los representantes de los extremeños, ya que ni siquiera se dignó excusarse. En el siglo XIX se hablaba de “la canalla”. La sociedad bienpensante acomodada y burguesa rehuía todo contacto con un vulgo canalla y sucio. Gente de pies negros y alma negra que además tenían el atrevimiento de intentar revoluciones. La canalla, los indeseables, los pobres. La literatura de clase siempre ha existido y los periódicos de clase también. El diario El Mundo sabe que la canalla es mayoría y debe deslegitimarse cualquier acción que pueda dar muestras de su poder. La política y los negocios deben estar reservados al pijo de clase media – dicen; de clase alta, más bien – que sabe distinguir entre ropa de marca y sudadera, que conoce lo que es un peine y que no destaca salvo a la hora de recoger el sobre pertinente. Un pijo como cualquier otro. En un momento de la manifestación, en la Plaza de España de Mérida, ni siquiera en el colegio, pudieron tomar una instantánea de Rafael González García de Vinuesa con el gesto torcido. Un gesto que apenas dura un segundo pero que la cámara pudo inmortalizar. Rafael, no lo hemos dicho antes pero ahora debe explicitarse, es uno de los “sospechosos habituales”. En la película de Michel Curtiz Casablanca hay una escena donde el capital Louis Renault (interpretado por Claude Rains) es conminado a realizar detenciones ante una acción subversiva y éste le pide a unos de sus subordinados que “detenga a los sospechosos habituales”. La nómina de ciudadanos que siempre son requeridos por la policía para servir de escarmiento o para dar sensación de que hacen algo. Rafael González es uno de los sospechosos habituales de Mérida y por eso acumula ya varias detenciones y denuncias. Ha sido llamado a declarar por manifestaciones en las que no ha estado o por un asalto a un colegio en el que no penetró en ningún momento. No es un caso único: desde que se inició la crisis los medios de la derecha, del orden, los que recelan de la “canalla”, de la gente humilde, de los pobres, de los desheredados, vienen señalando a supuestos instigadores y criminalizando toda forma de protesta. La Razón, el ABC o El Mundo han llevado a sus portadas a activistas sociales acusados de alterar el orden público – cosa sagrada –. Todas esas portadas, esas declaraciones, esas imágenes han dado la cobertura argumental al gobierno del PP para aprobar sus leyes mordazas. El ejercicio de la democracia y de la libre expresión del rechazo a las medidas antisociales incomoda. Eso es lo que se persigue: criminalizar, desalentar y finalmente neutralizar toda forma de protesta. Por eso el 19 de octubre se señaló a un manifestante, se dio su nombre, se lo acusó de asalto y se hizo una descripción grosera e insultante del sujeto: un jefe comunista sin estudios, ateo y anticlerical que quiere matar curas. El impacto del reportaje en una ciudad donde todos se conocen fue alto y Rafael, que hoy escribe este artículo junto a uno de sus acompañantes el día de la detención, pagó un precio que otros también han pagado: objeto de escarnio. En definitiva, ser señalado. El método es antiguo. La Inquisición lo puso en práctica: colgar el sambenito era la forma establecida de señalar a un vecino que debía ser repudiado por la comunidad y cuyo ejemplo – eso es lo esencial – debe ser evitado a toda costa. El ejemplo a evitar es el de jóvenes dispuestos a movilizarse en defensa de sus derechos y que no renuncian a pensar por ellos mismos. Por cierto, hubo un juicio. Entonces se pudo demostrar que no hubo asalto. Los presuntos profesores agredidos no comparecieron. Los policías tuvieron que admitir que Rafael González y los otros tres detenidos no habían pasado del patio del centro. Las pintadas de penes se habían hecho mucho antes y la juez archivó el caso. 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La Argentina que deja el kirchnerismo http://www.lamarea.com/2015/10/21/la-argentina-que-deja-el-kirchnerismo/ http://www.lamarea.com/2015/10/21/la-argentina-que-deja-el-kirchnerismo/#comments Wed, 21 Oct 2015 05:33:40 +0000 http://www.lamarea.com/?p=77502 argentina

BUENOS AIRES // La última cacerolada masiva tuvo lugar en enero: los manifestantes, a voz en grito, acusaban a su presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, de "asesina", vinculándola a la muerte del fiscal que la acusó de encubrimiento terrorista, Alberto Nisman. Fue la más sonada, pero en absoluto la única protesta. Hay quien dice, no sin razón, que los argentinos todo lo viven como un partido de fútbol, con cánticos y mucha pasión: desde un mitin político hasta una manifestación por los derechos humanos, pasando, cómo no, por un concierto de su rock “nacional”. Es esa pasión que tiñe la cultura política argentina la que han agitado los medios de comunicación “opositores”, fundamentalmente el Grupo Clarín –el conglomerado mediático más poderoso del país– para fomentar una actitud crítica contra Fernández que muchas veces raya el odio irracional. La emoción va por delante del argumento. Eso sí: sus seguidores le profesan un apoyo igualmente incondicional.

La sociedad argentina se ha polarizado, sobre todo desde que en 2008 la presidenta inició su particular cruzada mediática. O eres K (kirchnerista) o eres anti-K: poco espacio queda para la reflexión o el debate. A menudo, aquellos que perciben grises prefieren quedarse al margen de discusiones poco proclives a los matices. Es en medio de este clima que 32 millones de argentinos están llamados a las urnas el 25 de octubre para elegir al próximo ocupante de la Casa Rosada.

En 2003, Néstor Kirchner se hizo con la presidencia de un país asediado por los desequilibrios económicos y sociales, y en poco tiempo consolidó su popularidad gracias a su exitosa gestión de la crisis de la deuda externa. Comenzaba un nuevo ciclo político que pronto fue bautizado como "kirchnerismo", un movimiento político que se autodefine como progresista y que ostenta un afilado discurso antiimperialista. En 2007, la esposa de Néstor, Cristina Fernández, le sucedió en la presidencia y, pese a las dificultades crecientes, logró ser reelegida en 2011, después de capitalizar políticamente la conmoción social que produjo la muerte de su marido en octubre de 2010. Sorteó como pudo cíclicas embestidas mediáticas, desde la llamada "guerra del campo" de 2008 –que la enfrentó con el Grupo Clarín–, hasta la misteriosa muerte de Nisman a comienzos de este año.

Durante doce años, los Kirchner fueron el centro de la política y el referente de eso que los argentinos llaman peronismo. Sin embargo, no fueron capaces de generar un sucesor: el candidato oficialista, Daniel Scioli, pertenece al mismo partido (el Frente para la Victoria, FpV), pero no es ningún secreto que no tiene buena sintonía con Cristina Fernández. Comenzó su andadura política junto a Carlos Menem, representante del ala derecha del peronismo. Al fin y al cabo, el paraguas del peronismo es amplio: desde el neoliberalismo menemista hasta los discursos antiimperialistas de una Cristina que siempre gustó de aparecer junto a la imagen de Evita Perón, uno de los mitos más recurrentes de la política argentina.

Dicen los observadores políticos que Fernández intentará controlar a Scioli, y por eso le impuso a Carlos Zannini, uno de sus hombres de confianza, como vicepresidente; pero será difícil que un Scioli en la presidencia no se saque de encima a su predecesora, de la misma forma que lo hizo Néstor Kirchner con su antecesor, Eduardo Duhalde. Antes Scioli deberá ganar los comicios: si no logra más del 45% de los votos –o diez puntos más que el segundo más votado-, habrá segunda vuelta. Todos los sondeos apuntan a que se enfrentaría con Mauricio Macri, el hasta ahora jefe del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y líder de Propuesta Republicana (PRO) y de la alianza de partidos Cambiemos. En una segunda vuelta es probable que Macri capte los votos del tercer candidato, Sergio Massa.

Macri es el candidato de la derecha más clásica, de las clases altas; ha sabido reinventar el espacio político conservador con una potente estrategia comunicativa –todo Buenos Aires está pintado de amarillo, el color institucional del PR– y un discurso que coloca la gestión por encima de la ideología, que postula que administrar el Estado es equivalente a gestionar una empresa –o un equipo de fútbol, como el Boca Juniors que el propio Macri presidió– y que suma a su ideario los valores del voluntariado social. Su contrincante, Scioli, proviene de la derecha peronista.

Gane quien gane, la Casa Rosada dará un giro a la derecha. Será, también, el fin de un ciclo político cuyo legado ha dejado luces y sombras: las políticas de ayudas asistenciales han favorecido la inclusión social, pero no se ha resuelto la vulnerabilidad de una economía muy dependiente de la exportación de materias primas, en especial la soja. En el plano internacional, tanto Néstor como Cristina Kirchner apostaron por el auge de las izquierdas en la región. Apoyaron los procesos bolivarianos de Venezuela, Ecuador y Bolivia, y trataron de consolidar nuevos espacios de integración, como la Unasur y la Celac. Es probable que Scioli se desvincule de esos gobiernos bolivarianos. El cambio será más notorio si gana Macri.

Desilusión y hastío

No pocos kirchneristas se han sentido confundidos por la elección de Scioli como candidato: “Creo que mucha gente se ha quedado desconcertada: Scioli no refleja las ganas del votante de proseguir con esta idea [más progresista] del peronismo. Los que creemos, aunque con muchas comillas, en este gobierno, no nos sentimos en absoluto reflejados. Scioli es sólo un parche para seguir estando. Pero es lo típico del peronismo: a rey muerto, rey puesto. Uno, como trabajador, queda empantanado”, sentencia el fotógrafo Daniel Albornoz. Y subraya: “Veo el panorama con más desilusión que esperanza. Es terrible tener que votar al menos malo”.

Otros son más pragmáticos. “Scioli representa el peronismo más rancio, pero toca votar por él para contener a otras fuerzas políticas más regresivas”, afirma Roberto, sociólogo colombiano radicado en Argentina desde hace una década. Pero hay también quien no le concede a Scioli ni siquiera aquello del menos malo: “Son de terror. Uno peor que el otro. La democracia no sirve más”, concluye con contundencia Natalia, una abogada de 38 años. “Scioli y Macri comparten el proyecto político de privatización neoliberal, la diferencia es que Macri es más malvado”, dice.

Lo cierto es que la campaña electoral de 2015 no debería pasar inadvertida: Porque es el fin de un ciclo político; porque el clima es de tensión y polarización, o al menos en eso pretenden convertirlo ciertos medios de comunicación; y porque las citas con las urnas son innumerables: elecciones a intendente (alcalde), a gobernador, a presidente; y antes de cada cita, unas primarias para elegir a los candidatos.
“La campaña se vive con esa interesante y extraña mezcla de fastidio, agobio y frenesí de todas las campañas. El hartazgo mezclado siempre con algo de excitación y de interés”, matiza Verónica, terapeuta y comunicadora. Las calles llevan meses plagadas de carteles, globos, puestos donde se reparte merchandising del PRO o del FpV. Y sin embargo, poco se debate: abundan más los coloridos afiches que los argumentos y propuestas. Hay quien habla de la “tinellización” de la política, en referencia a Marcelo Tinelli, conductor del programa más célebre de la parrilla televisiva argentina Showmatch, un espacio de variedades criticado por amarillista y machista, que ha conseguido contar con la presencia de Macri, Scioli y Massa.

Mientras los diarios inundan sus portadas con amenazantes noticias sobre la inseguridad argentina, y los políticos adornan sus discursos con promesas, unos y otros callan sobre la necesaria discusión acerca de la corrupción policial. Las violaciones de derechos humanos en los barrios marginales del país son flagrantes, como destapó el caso de Luciano Arruga. Este adolescente de 16 años fue torturado en una comisaría de la provincia de Buenos Aires, y su rastro desapareció. Desde el principio, su familia denunció la implicación de la Policía Bonaerense –apodada la "maldita bonaerense"– en la desaparición del joven, al que supuestamente querían castigar por haberse negado a robar para la policía, una práctica común, según las denuncias, en los barrios populares. Siete años después de los hechos, en un histórico fallo, un tribunal condenó a diez años de prisión a uno de los agentes coautores del crimen. La tortura en cárceles, comisarías y centros de menores no es en absoluto un hecho puntual, y está en ascenso, tal y como denuncia el informe de 2015 de la Comisión Provincial de la Memoria (CPM) de Buenos Aires. Pero de esto no hablan la clase política ni el mainstream.

Víctimas de segunda

Parece haberse consolidado en Argentina una visión de los derechos humanos que se limita a las víctimas de la sangrienta dictadura militar de 1976-1983. Resulta difícil minimizar el mérito de los gobiernos de Néstor y Cristina al haber llevado a los tribunales a torturadores y altos mandos militares responsables de miles de muertes, desapariciones y torturas. Sin embargo, esos mismos gobiernos han dado la espalda a las denuncias de vulneración de derechos en las barriadas marginales y en territorios ancestrales indígenas. ¿Acaso sólo merecen atención las víctimas de la dictadura, por cierto, mayoritariamente blancas y de clase media? Es lo que se pregunta Vanesa, la hermana de Luciano, el jóven desaparecido. "Debemos crear nuevos organismos que sean capaces de comprender hacia dónde apunta hoy el odio de una sociedad que necesita calmar el sentir de inseguridad que se le genera", y que enfrenten "las políticas represivas y la mirada criminalizante de los sectores judiciales", asegura Vanesa a la revista Mu.

Las comunidades de etnia qom, wichi, pilagá y nivacle, originarias del norte del país, llevan siete meses de acampada frente a la Casa Rosada intentando que la presidenta los reciba. Sin éxito, hasta el momento. Tan sólo exigen el cumplimiento de tratados internacionales y normas nacionales, como la Ley 2610, que prohibió en el año 2006 los desalojos de comunidades aborígenes y ordenó relevar sus tierras. De momento, es poco más que papel mojado.

Para la comunidad qom de Formosa, al noreste del país, el principal problema es la imparable expansión de la producción de soja. Esta planta ocupa ya el 60% de la superficie cultivable en Argentina. Su economía es cada vez más dependiente de las divisas que provee la exportación de soja, 20.000 millones de dólares en 2014. En un contexto de escasez monetaria, la soja es cada vez más indispensable para el país, pero es también fuente de vulnerabilidad. Es una commodity, una materia prima que cotiza en los mercados internacionales al precio que determinan los inversores. La bonanza de los últimos años en la región latinoamericana tuvo mucho que ver con el aumento de los precios de commodities como la soja, el oro o el petróleo. Ahora que la tendencia es la inversa, las economías sufren. En Argentina, este año se estima que los ingresos en divisas disminuirán en 6.000 millones de dólares, a pesar de que la producción ha seguido aumentando, según el diario Clarín. Los críticos del actual modelo de desarrollo apuntan a su insostenibilidad y demandan una apuesta por la industria y una mayor diversificación de los cultivos y las exportaciones. Mientras, la oposición a la soja genera cada vez más conflictos por las consecuencias sobre la salud para los pueblos afectados por los fertilizantes.

Dilemas sin resolver

En la última década, el kirchnerismo no ha podido proponer una alternativa a ese modelo de desarrollo extractivista basado en la soja y, en menor medida, en las exportaciones de hidrocarburos. Las retenciones que aporta al Estado la exportación de materias primas ha sido la fuente de recursos para la implementación de medidas de inclusión social tan populares como la Asignación Universal por Hijo, un programa que ha tenido un éxito comparable a la Bolsa Familia en Brasil en cuanto a reducción de la pobreza. El problema, para los movimientos sociales y políticos a la izquierda de Fernández de Kirchner, es que el Gobierno se ha centrado en luchar contra la pobreza, y no contra la desigualdad. Ha otorgado ayudas públicas en lugar de reconocer los derechos de las poblaciones vulnerables.

Mientras, la inflación, que desde hace años ronda el 30% anual, aunque las cifras oficiales son mucho más bajas, se ha convertido en el flagelo de las clases populares. Además resta competitividad a la industria argentina y crea un mercado negro de divisas. Los argentinos quieren comprar dólares y, ante las restricciones oficiales (el llamado “cepo cambiario”), acuden al mercado negro o blue aunque deban pagar un 50% más. Basta pasear por Florida, una de las calles comerciales más concurridas del animado centro porteño, para recibir varias ofertas de cambio ilegal por parte de algún “arbolito”, como se llama a las personas dedicadas a captar clientes en las calles. Los que ya conocen el circuito acuden directamente a las “cuevas”, establecimientos ilegales –y sin embargo por todos conocidos– que a menudo fingen ser joyerías u otro tipo de negocios.

El negocio del dólar blue florece desde que en 2012 comenzaron las restricciones a la compra de dólares. Los argentinos se niegan a ahorrar en una moneda (el peso) que se deprecia y que se arriesga a una devaluación inminente. Macri ya ha asegurado que procederá a una brusca devaluación; Scioli promete que el ajuste cambiario será más suave. Sea como fuere, la economía argentina afronta un panorama de cierta incertidumbre, pero es más sólida de lo que los medios de comunicación anti-kirchneristas pretenden hacer ver. Tanto Scioli como Macri aseguran que acabarán con la inflación, pero ninguno revela qué medidas tomarán para acabar con un problema que tiene sólidas raíces en Argentina. Mientras tanto, los argentinos campean como pueden el temporal de incertidumbre política y económica. Muchos contratos estatales e iniciativas dependientes de subvenciones están parados. En una campaña con tantas pancartas y globos y tan pocos compromisos programáticos, todas las posibilidades están abiertas. La sociedad argentina contiene la respiración.

[Artículo publicado en el número de octubre de la revista La Marea, a la venta en quioscos y aquí]

 

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argentina

BUENOS AIRES // La última cacerolada masiva tuvo lugar en enero: los manifestantes, a voz en grito, acusaban a su presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, de "asesina", vinculándola a la muerte del fiscal que la acusó de encubrimiento terrorista, Alberto Nisman. Fue la más sonada, pero en absoluto la única protesta. Hay quien dice, no sin razón, que los argentinos todo lo viven como un partido de fútbol, con cánticos y mucha pasión: desde un mitin político hasta una manifestación por los derechos humanos, pasando, cómo no, por un concierto de su rock “nacional”. Es esa pasión que tiñe la cultura política argentina la que han agitado los medios de comunicación “opositores”, fundamentalmente el Grupo Clarín –el conglomerado mediático más poderoso del país– para fomentar una actitud crítica contra Fernández que muchas veces raya el odio irracional. La emoción va por delante del argumento. Eso sí: sus seguidores le profesan un apoyo igualmente incondicional. La sociedad argentina se ha polarizado, sobre todo desde que en 2008 la presidenta inició su particular cruzada mediática. O eres K (kirchnerista) o eres anti-K: poco espacio queda para la reflexión o el debate. A menudo, aquellos que perciben grises prefieren quedarse al margen de discusiones poco proclives a los matices. Es en medio de este clima que 32 millones de argentinos están llamados a las urnas el 25 de octubre para elegir al próximo ocupante de la Casa Rosada. En 2003, Néstor Kirchner se hizo con la presidencia de un país asediado por los desequilibrios económicos y sociales, y en poco tiempo consolidó su popularidad gracias a su exitosa gestión de la crisis de la deuda externa. Comenzaba un nuevo ciclo político que pronto fue bautizado como "kirchnerismo", un movimiento político que se autodefine como progresista y que ostenta un afilado discurso antiimperialista. En 2007, la esposa de Néstor, Cristina Fernández, le sucedió en la presidencia y, pese a las dificultades crecientes, logró ser reelegida en 2011, después de capitalizar políticamente la conmoción social que produjo la muerte de su marido en octubre de 2010. Sorteó como pudo cíclicas embestidas mediáticas, desde la llamada "guerra del campo" de 2008 –que la enfrentó con el Grupo Clarín–, hasta la misteriosa muerte de Nisman a comienzos de este año. Durante doce años, los Kirchner fueron el centro de la política y el referente de eso que los argentinos llaman peronismo. Sin embargo, no fueron capaces de generar un sucesor: el candidato oficialista, Daniel Scioli, pertenece al mismo partido (el Frente para la Victoria, FpV), pero no es ningún secreto que no tiene buena sintonía con Cristina Fernández. Comenzó su andadura política junto a Carlos Menem, representante del ala derecha del peronismo. Al fin y al cabo, el paraguas del peronismo es amplio: desde el neoliberalismo menemista hasta los discursos antiimperialistas de una Cristina que siempre gustó de aparecer junto a la imagen de Evita Perón, uno de los mitos más recurrentes de la política argentina. Dicen los observadores políticos que Fernández intentará controlar a Scioli, y por eso le impuso a Carlos Zannini, uno de sus hombres de confianza, como vicepresidente; pero será difícil que un Scioli en la presidencia no se saque de encima a su predecesora, de la misma forma que lo hizo Néstor Kirchner con su antecesor, Eduardo Duhalde. Antes Scioli deberá ganar los comicios: si no logra más del 45% de los votos –o diez puntos más que el segundo más votado-, habrá segunda vuelta. Todos los sondeos apuntan a que se enfrentaría con Mauricio Macri, el hasta ahora jefe del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y líder de Propuesta Republicana (PRO) y de la alianza de partidos Cambiemos. En una segunda vuelta es probable que Macri capte los votos del tercer candidato, Sergio Massa. Macri es el candidato de la derecha más clásica, de las clases altas; ha sabido reinventar el espacio político conservador con una potente estrategia comunicativa –todo Buenos Aires está pintado de amarillo, el color institucional del PR– y un discurso que coloca la gestión por encima de la ideología, que postula que administrar el Estado es equivalente a gestionar una empresa –o un equipo de fútbol, como el Boca Juniors que el propio Macri presidió– y que suma a su ideario los valores del voluntariado social. Su contrincante, Scioli, proviene de la derecha peronista. Gane quien gane, la Casa Rosada dará un giro a la derecha. Será, también, el fin de un ciclo político cuyo legado ha dejado luces y sombras: las políticas de ayudas asistenciales han favorecido la inclusión social, pero no se ha resuelto la vulnerabilidad de una economía muy dependiente de la exportación de materias primas, en especial la soja. En el plano internacional, tanto Néstor como Cristina Kirchner apostaron por el auge de las izquierdas en la región. Apoyaron los procesos bolivarianos de Venezuela, Ecuador y Bolivia, y trataron de consolidar nuevos espacios de integración, como la Unasur y la Celac. Es probable que Scioli se desvincule de esos gobiernos bolivarianos. El cambio será más notorio si gana Macri.

Desilusión y hastío

No pocos kirchneristas se han sentido confundidos por la elección de Scioli como candidato: “Creo que mucha gente se ha quedado desconcertada: Scioli no refleja las ganas del votante de proseguir con esta idea [más progresista] del peronismo. Los que creemos, aunque con muchas comillas, en este gobierno, no nos sentimos en absoluto reflejados. Scioli es sólo un parche para seguir estando. Pero es lo típico del peronismo: a rey muerto, rey puesto. Uno, como trabajador, queda empantanado”, sentencia el fotógrafo Daniel Albornoz. Y subraya: “Veo el panorama con más desilusión que esperanza. Es terrible tener que votar al menos malo”. Otros son más pragmáticos. “Scioli representa el peronismo más rancio, pero toca votar por él para contener a otras fuerzas políticas más regresivas”, afirma Roberto, sociólogo colombiano radicado en Argentina desde hace una década. Pero hay también quien no le concede a Scioli ni siquiera aquello del menos malo: “Son de terror. Uno peor que el otro. La democracia no sirve más”, concluye con contundencia Natalia, una abogada de 38 años. “Scioli y Macri comparten el proyecto político de privatización neoliberal, la diferencia es que Macri es más malvado”, dice. Lo cierto es que la campaña electoral de 2015 no debería pasar inadvertida: Porque es el fin de un ciclo político; porque el clima es de tensión y polarización, o al menos en eso pretenden convertirlo ciertos medios de comunicación; y porque las citas con las urnas son innumerables: elecciones a intendente (alcalde), a gobernador, a presidente; y antes de cada cita, unas primarias para elegir a los candidatos. “La campaña se vive con esa interesante y extraña mezcla de fastidio, agobio y frenesí de todas las campañas. El hartazgo mezclado siempre con algo de excitación y de interés”, matiza Verónica, terapeuta y comunicadora. Las calles llevan meses plagadas de carteles, globos, puestos donde se reparte merchandising del PRO o del FpV. Y sin embargo, poco se debate: abundan más los coloridos afiches que los argumentos y propuestas. Hay quien habla de la “tinellización” de la política, en referencia a Marcelo Tinelli, conductor del programa más célebre de la parrilla televisiva argentina Showmatch, un espacio de variedades criticado por amarillista y machista, que ha conseguido contar con la presencia de Macri, Scioli y Massa. Mientras los diarios inundan sus portadas con amenazantes noticias sobre la inseguridad argentina, y los políticos adornan sus discursos con promesas, unos y otros callan sobre la necesaria discusión acerca de la corrupción policial. Las violaciones de derechos humanos en los barrios marginales del país son flagrantes, como destapó el caso de Luciano Arruga. Este adolescente de 16 años fue torturado en una comisaría de la provincia de Buenos Aires, y su rastro desapareció. Desde el principio, su familia denunció la implicación de la Policía Bonaerense –apodada la "maldita bonaerense"– en la desaparición del joven, al que supuestamente querían castigar por haberse negado a robar para la policía, una práctica común, según las denuncias, en los barrios populares. Siete años después de los hechos, en un histórico fallo, un tribunal condenó a diez años de prisión a uno de los agentes coautores del crimen. La tortura en cárceles, comisarías y centros de menores no es en absoluto un hecho puntual, y está en ascenso, tal y como denuncia el informe de 2015 de la Comisión Provincial de la Memoria (CPM) de Buenos Aires. Pero de esto no hablan la clase política ni el mainstream.

Víctimas de segunda

Parece haberse consolidado en Argentina una visión de los derechos humanos que se limita a las víctimas de la sangrienta dictadura militar de 1976-1983. Resulta difícil minimizar el mérito de los gobiernos de Néstor y Cristina al haber llevado a los tribunales a torturadores y altos mandos militares responsables de miles de muertes, desapariciones y torturas. Sin embargo, esos mismos gobiernos han dado la espalda a las denuncias de vulneración de derechos en las barriadas marginales y en territorios ancestrales indígenas. ¿Acaso sólo merecen atención las víctimas de la dictadura, por cierto, mayoritariamente blancas y de clase media? Es lo que se pregunta Vanesa, la hermana de Luciano, el jóven desaparecido. "Debemos crear nuevos organismos que sean capaces de comprender hacia dónde apunta hoy el odio de una sociedad que necesita calmar el sentir de inseguridad que se le genera", y que enfrenten "las políticas represivas y la mirada criminalizante de los sectores judiciales", asegura Vanesa a la revista Mu. Las comunidades de etnia qom, wichi, pilagá y nivacle, originarias del norte del país, llevan siete meses de acampada frente a la Casa Rosada intentando que la presidenta los reciba. Sin éxito, hasta el momento. Tan sólo exigen el cumplimiento de tratados internacionales y normas nacionales, como la Ley 2610, que prohibió en el año 2006 los desalojos de comunidades aborígenes y ordenó relevar sus tierras. De momento, es poco más que papel mojado. Para la comunidad qom de Formosa, al noreste del país, el principal problema es la imparable expansión de la producción de soja. Esta planta ocupa ya el 60% de la superficie cultivable en Argentina. Su economía es cada vez más dependiente de las divisas que provee la exportación de soja, 20.000 millones de dólares en 2014. En un contexto de escasez monetaria, la soja es cada vez más indispensable para el país, pero es también fuente de vulnerabilidad. Es una commodity, una materia prima que cotiza en los mercados internacionales al precio que determinan los inversores. La bonanza de los últimos años en la región latinoamericana tuvo mucho que ver con el aumento de los precios de commodities como la soja, el oro o el petróleo. Ahora que la tendencia es la inversa, las economías sufren. En Argentina, este año se estima que los ingresos en divisas disminuirán en 6.000 millones de dólares, a pesar de que la producción ha seguido aumentando, según el diario Clarín. Los críticos del actual modelo de desarrollo apuntan a su insostenibilidad y demandan una apuesta por la industria y una mayor diversificación de los cultivos y las exportaciones. Mientras, la oposición a la soja genera cada vez más conflictos por las consecuencias sobre la salud para los pueblos afectados por los fertilizantes.

Dilemas sin resolver

En la última década, el kirchnerismo no ha podido proponer una alternativa a ese modelo de desarrollo extractivista basado en la soja y, en menor medida, en las exportaciones de hidrocarburos. Las retenciones que aporta al Estado la exportación de materias primas ha sido la fuente de recursos para la implementación de medidas de inclusión social tan populares como la Asignación Universal por Hijo, un programa que ha tenido un éxito comparable a la Bolsa Familia en Brasil en cuanto a reducción de la pobreza. El problema, para los movimientos sociales y políticos a la izquierda de Fernández de Kirchner, es que el Gobierno se ha centrado en luchar contra la pobreza, y no contra la desigualdad. Ha otorgado ayudas públicas en lugar de reconocer los derechos de las poblaciones vulnerables. Mientras, la inflación, que desde hace años ronda el 30% anual, aunque las cifras oficiales son mucho más bajas, se ha convertido en el flagelo de las clases populares. Además resta competitividad a la industria argentina y crea un mercado negro de divisas. Los argentinos quieren comprar dólares y, ante las restricciones oficiales (el llamado “cepo cambiario”), acuden al mercado negro o blue aunque deban pagar un 50% más. Basta pasear por Florida, una de las calles comerciales más concurridas del animado centro porteño, para recibir varias ofertas de cambio ilegal por parte de algún “arbolito”, como se llama a las personas dedicadas a captar clientes en las calles. Los que ya conocen el circuito acuden directamente a las “cuevas”, establecimientos ilegales –y sin embargo por todos conocidos– que a menudo fingen ser joyerías u otro tipo de negocios. El negocio del dólar blue florece desde que en 2012 comenzaron las restricciones a la compra de dólares. Los argentinos se niegan a ahorrar en una moneda (el peso) que se deprecia y que se arriesga a una devaluación inminente. Macri ya ha asegurado que procederá a una brusca devaluación; Scioli promete que el ajuste cambiario será más suave. Sea como fuere, la economía argentina afronta un panorama de cierta incertidumbre, pero es más sólida de lo que los medios de comunicación anti-kirchneristas pretenden hacer ver. Tanto Scioli como Macri aseguran que acabarán con la inflación, pero ninguno revela qué medidas tomarán para acabar con un problema que tiene sólidas raíces en Argentina. Mientras tanto, los argentinos campean como pueden el temporal de incertidumbre política y económica. Muchos contratos estatales e iniciativas dependientes de subvenciones están parados. En una campaña con tantas pancartas y globos y tan pocos compromisos programáticos, todas las posibilidades están abiertas. La sociedad argentina contiene la respiración. [Artículo publicado en el número de octubre de la revista La Marea, a la venta en quioscos y aquí]  

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El Bloc obliga a posponer la decisión de Compromís sobre la coalición con Podemos http://www.lamarea.com/2015/10/20/podemos-anuncia-un-principio-de-acuerdo-con-compromis/ http://www.lamarea.com/2015/10/20/podemos-anuncia-un-principio-de-acuerdo-con-compromis/#comments Tue, 20 Oct 2015 18:22:52 +0000 http://www.lamarea.com/?p=77506

El Bloc, el partido mayoritario dentro de la coalición Compromís, ha enfriado las expectativas de una confluencia para las próximas elecciones generales junto a Podemos después de que el partido de Pablo Iglesias haya anunciado a través de un correo a sus bases que ha llegado a un "principio de acuerdo" con algunas de las fuerzas que integran la coalición valencianista.

En la reunión de la Ejecutiva de Compromís celebrada este martes, los representantes del Bloc han mostrado sus dudas respecto a la posibilidad de disponer de un grupo parlamentario propio en el Congreso de los Diputados. La decisión final se conocerá a lo largo de los próximos días. Fuentes conocedoras de la negociación apuntan que la solución se alargará en el tiempo y apuntan a la cuestión del grupo parlamentario como "definitiva".

La propuesta de Podemos, que ya pactó con Iniciativa, parte de Compromís, es la de una coalición bajo el nombre de Compromís-Podemos-És el moment. Las siglas serían Compromís-Podemos. Entre las condiciones que ha aceptado la formación de Pablo Iglesias está "la creación de un grupo parlamentario propio en el Congreso que especificará su condición valenciana". La duda en la formación nacionalista es si ese grupo podría formarse o no. El portavoz correspondería a Compromís, y la financiación y el reparto de la subvención obtenida por el resultado electoral iría al 50%.

Respecto a la candidatura, los números 1 y 3 de Valencia corresponderían a Compromís. En Castellón, también el número 2 sería de la formación valencianista, y en Alicante el cabeza de lista y el número 2 pertenecerían a Podemos.

Desde el partido de Iglesias, "confían en que salga la conformación de esa confluencia ganadora, sobre todo porque este acuerdo no es más que un instrumento para alcanzar nuestro objetivo: poner las instituciones al servicio de las personas".

ACTUALIZACIÓN MARTES 20/10/2015 A LAS 22:33 HORAS

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Ronald McDonald ya no sonríe http://www.lamarea.com/2015/10/20/ronald-mcdonald-ya-no-sonrie/ http://www.lamarea.com/2015/10/20/ronald-mcdonald-ya-no-sonrie/#comments Tue, 20 Oct 2015 09:48:36 +0000 http://www.lamarea.com/?p=77490 McDonalds_012215-thumb-640xauto-12243

McDonald's vive días aciagos. Esa es la principal y sorprendente conclusión de un estudio realizado por el analista japonés Mark Kalinowski sobre la situación que vive la multinacional de comida rápida más famosa del planeta, de la que afirma que se encuentra en una situación de "profunda depresión" e, incluso, que está ante sus "últimos días".

El estudio, que ha recogido la edición online del diario británico The Independent, se centra en la situación de las franquicias en Estados Unidos, para lo cual ha encuestado a los gerentes de 229 restaurantes. Muchos de ellos señalan directamente a Steve Easterbrook, director de la compañía desde el pasado mes de marzo, como responsable directo de la mala gestión. "El nuevo CEO está sembrando las semillas de nuestra desaparición", ha declarado uno de los franquiciados.

Entre los principales errores que, según los encargados de los restaurantes, ha cometido Easterbrook, está la introducción de desayunos durante todo el día en EE UU, la instalación de máquinas para pedidos electrónicos, la inclusión de más productos en el menú y la nueva opción 'create your taste', con la que los clientes pueden personalizar su hamburguesa eligiendo entre más de 30 ingredientes. Todo ello se está convirtiendo, según los gerentes, en un auténtico quebradero de cabeza para las franquicias.

Tiempos difíciles

El estudio de Kalinowski no es la única mala noticia para la todopoderosa multinacional. Y es que esta semana también se ha hecho público que, por primera vez desde 1970, McDonald's tiene previsto reducir el número de restaurantes en Estados Unidos. Durante los últimos siete trimestres, la venta de hamburguesas de McDonald's ha sufrido un constante descenso, lo que los expertos achacan al final de la crisis: la escasez de dinero parecía ser la motivación principal de los consumidores para acudir a McDonald's, lo que, unido a la creciente preocupación de los estadounidenses por la calidad de lo que comen, ha hecho caer sus ventas.

Respecto a esa calidad, muchos recuerdan aún el desencuentro de 2013 entre McDonald's y el chef británico Jamie Oliver, que en su programa televisivo aseguró que la multinacional rocía las partes de la carne no aptas para el consumo con un agente antimicrobiano, el hidróxido de amonio, para poder usarlas como materia prima en la preparación de sus hamburguesas. Muchos medios se hicieron eco de ello asegurando, como Oliver, que el agente era comparable al amoniaco y, por tanto, perjudicial para el consumo humano. La realidad era bien distinta, ya que el hidróxido de amonio se utiliza habitualmente en la industria alimentaria desde hace varias décadas para hacer accesible esa carne y está regulado por la FAO. Sin embargo, y para curarse en salud, la marca decidió modificar su receta y dejar de utilizarlo. Más difícil fue rebatir otro hecho denunciado por un ciudadano estadounidense, que en abril del mismo 2013 demostró que una hamburguesa de McDonald's se conserva en perfecto estado, sin hongos, moho ni olor, durante 14 largos años.

Actualizado el miércoles 21 de octubre a las 11.30 h.

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McDonald's vive días aciagos. Esa es la principal y sorprendente conclusión de un estudio realizado por el analista japonés Mark Kalinowski sobre la situación que vive la multinacional de comida rápida más famosa del planeta, de la que afirma que se encuentra en una situación de "profunda depresión" e, incluso, que está ante sus "últimos días". El estudio, que ha recogido la edición online del diario británico The Independent, se centra en la situación de las franquicias en Estados Unidos, para lo cual ha encuestado a los gerentes de 229 restaurantes. Muchos de ellos señalan directamente a Steve Easterbrook, director de la compañía desde el pasado mes de marzo, como responsable directo de la mala gestión. "El nuevo CEO está sembrando las semillas de nuestra desaparición", ha declarado uno de los franquiciados. Entre los principales errores que, según los encargados de los restaurantes, ha cometido Easterbrook, está la introducción de desayunos durante todo el día en EE UU, la instalación de máquinas para pedidos electrónicos, la inclusión de más productos en el menú y la nueva opción 'create your taste', con la que los clientes pueden personalizar su hamburguesa eligiendo entre más de 30 ingredientes. Todo ello se está convirtiendo, según los gerentes, en un auténtico quebradero de cabeza para las franquicias.

Tiempos difíciles

El estudio de Kalinowski no es la única mala noticia para la todopoderosa multinacional. Y es que esta semana también se ha hecho público que, por primera vez desde 1970, McDonald's tiene previsto reducir el número de restaurantes en Estados Unidos. Durante los últimos siete trimestres, la venta de hamburguesas de McDonald's ha sufrido un constante descenso, lo que los expertos achacan al final de la crisis: la escasez de dinero parecía ser la motivación principal de los consumidores para acudir a McDonald's, lo que, unido a la creciente preocupación de los estadounidenses por la calidad de lo que comen, ha hecho caer sus ventas. Respecto a esa calidad, muchos recuerdan aún el desencuentro de 2013 entre McDonald's y el chef británico Jamie Oliver, que en su programa televisivo aseguró que la multinacional rocía las partes de la carne no aptas para el consumo con un agente antimicrobiano, el hidróxido de amonio, para poder usarlas como materia prima en la preparación de sus hamburguesas. Muchos medios se hicieron eco de ello asegurando, como Oliver, que el agente era comparable al amoniaco y, por tanto, perjudicial para el consumo humano. La realidad era bien distinta, ya que el hidróxido de amonio se utiliza habitualmente en la industria alimentaria desde hace varias décadas para hacer accesible esa carne y está regulado por la FAO. Sin embargo, y para curarse en salud, la marca decidió modificar su receta y dejar de utilizarlo. Más difícil fue rebatir otro hecho denunciado por un ciudadano estadounidense, que en abril del mismo 2013 demostró que una hamburguesa de McDonald's se conserva en perfecto estado, sin hongos, moho ni olor, durante 14 largos años. Actualizado el miércoles 21 de octubre a las 11.30 h.

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El Museo Reina Sofía maquilla su caída pero sigue en números rojos http://www.lamarea.com/2015/10/20/el-museo-reina-sofia-maquilla-su-caida-pero-sigue-en-numeros-rojos/ http://www.lamarea.com/2015/10/20/el-museo-reina-sofia-maquilla-su-caida-pero-sigue-en-numeros-rojos/#comments Tue, 20 Oct 2015 09:15:09 +0000 http://www.lamarea.com/?p=77491 ReinaSofia

CIVIO // El BOE recoge hoy las cuentas anuales de 2014 y el informe de auditoría del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, que dan un resultado negativo de 320.885 euros.

La institución sigue así acumulando pérdidas, aunque frena -un poco- el descenso que inició en 2013, cuando el resultado negativo fue de más de un millón de euros tras un 2012 de beneficios. Aunque la caída de ingresos que recibe la institución continúa (baja de 32,2 a 30,7 millones), el recorte en los gastos (de 33,45 a 31 millones de euros) han permitido paliar, en parte pero no del todo, las pérdidas.

Un 74,68% de los ingresos reconocidos netos de 2014 proviene de las transferencias del Estado. Son 22,94 millones, lo que supone un descenso significativo frente a los más de 25 millones que recibieron en 2013. El Reina Sofía también ha perdido capacidad de ingresos vía entradas: mientras que en 2013 recaudaron 3,94 millones, 2014 se quedó en los 3 millones. Además, el peso de este capítulo sobre los ingresos totales ha bajado de un 12,25% a un 10%.

Eso sí, el museo ha conseguido mejorar, y mucho, sus ingresos por patrocinios, que han pasado de 1,5 millones (4,81%) a 2,35 (7,66%). Entre los patrocinadores más importantes encontramos a Inditex (300.000 euros), Mutua Madrileña (otros 300.000) y Fundación Banco Santander (un poco más, 350.000 euros). Desde octubre de 2013, los tres representantes de estas empresas son miembros del patronato del museo: Pablo Isla (Inditex), Ignacio Garralda (Mutua Madrileña) y Emilio Botín (Banco Santander), que fue sustituido por su hija al mando del banco y en el patronato tras su fallecimiento.

En cuanto al recorte de gastos, se basa principalmente en rebajas en los capítulos de inversiones (un millón menos), personal (unos 700.000 euros menos) y gastos corrientes (600.000 euros menos).

Aunque el auditor emite una opinión favorable sobre las cuentas, recuerda que existen irregularidades contables a la hora de valorar las obras de arte, los fondos bibliográficos y las publicaciones propias, a las que se da un precio en las cuentas que coincide con el de venta pero no, como marca la ley, con el precio de coste.

[Artículo publicado originalmente en El BOE nuestro de cada día]

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ReinaSofia

CIVIO // El BOE recoge hoy las cuentas anuales de 2014 y el informe de auditoría del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, que dan un resultado negativo de 320.885 euros. La institución sigue así acumulando pérdidas, aunque frena -un poco- el descenso que inició en 2013, cuando el resultado negativo fue de más de un millón de euros tras un 2012 de beneficios. Aunque la caída de ingresos que recibe la institución continúa (baja de 32,2 a 30,7 millones), el recorte en los gastos (de 33,45 a 31 millones de euros) han permitido paliar, en parte pero no del todo, las pérdidas. Un 74,68% de los ingresos reconocidos netos de 2014 proviene de las transferencias del Estado. Son 22,94 millones, lo que supone un descenso significativo frente a los más de 25 millones que recibieron en 2013. El Reina Sofía también ha perdido capacidad de ingresos vía entradas: mientras que en 2013 recaudaron 3,94 millones, 2014 se quedó en los 3 millones. Además, el peso de este capítulo sobre los ingresos totales ha bajado de un 12,25% a un 10%. Eso sí, el museo ha conseguido mejorar, y mucho, sus ingresos por patrocinios, que han pasado de 1,5 millones (4,81%) a 2,35 (7,66%). Entre los patrocinadores más importantes encontramos a Inditex (300.000 euros), Mutua Madrileña (otros 300.000) y Fundación Banco Santander (un poco más, 350.000 euros). Desde octubre de 2013, los tres representantes de estas empresas son miembros del patronato del museo: Pablo Isla (Inditex), Ignacio Garralda (Mutua Madrileña) y Emilio Botín (Banco Santander), que fue sustituido por su hija al mando del banco y en el patronato tras su fallecimiento. En cuanto al recorte de gastos, se basa principalmente en rebajas en los capítulos de inversiones (un millón menos), personal (unos 700.000 euros menos) y gastos corrientes (600.000 euros menos). Aunque el auditor emite una opinión favorable sobre las cuentas, recuerda que existen irregularidades contables a la hora de valorar las obras de arte, los fondos bibliográficos y las publicaciones propias, a las que se da un precio en las cuentas que coincide con el de venta pero no, como marca la ley, con el precio de coste. [Artículo publicado originalmente en El BOE nuestro de cada día]

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Los países escenifican sus diferencias ante la Cumbre del Clima de París http://www.lamarea.com/2015/10/20/los-paises-escenifican-sus-diferencias-ante-la-proxima-cumbre-del-clima-de-paris/ http://www.lamarea.com/2015/10/20/los-paises-escenifican-sus-diferencias-ante-la-proxima-cumbre-del-clima-de-paris/#comments Tue, 20 Oct 2015 08:19:13 +0000 http://www.lamarea.com/?p=77475 climate_paris

MADRID // Quedan tan sólo 41 días para que empiece la Cumbre del Clima en París y en las sesiones preparatorias que se celebran esta semana en la ciudad alemana de Bonn ya empiezan a saltar las primeras discrepancias entre los países sobre cuál debe ser el objetivo a alcanzar en el COP21.

Fuentes conocedoras de las negociaciones explican que al comenzar la Conferencia de Bonn, varios países mostraron su inconformidad con el nuevo texto para las negociaciones climáticas que había sido publicado el 5 de Octubre, Entre los diferentes grupos, el G77 (representados por Sudáfrica, Sudán, Cuba, Malasia, Antigua) pidió un comité de redacción para el texto desde el principio, donde cada parte presentase sus propuestas de cambios justificados, pues consideraron que el nuevo texto no era claro y resultaban perjudicados.

También ayer se presentaron las propuestas párrafo a párrafo donde se volvieron a incluir términos importantes como la descarbonización para 2050 y los periodos de cinco años para la presentación de compromisos de reducción de emisiones para cada país, refuerzos en la adaptación y marcar el umbral de aumento de temperaturas hasta los 1,5ºC.

La propuesta de documento base sobre el que se trabajará a lo largo de esta semana está elaborada por los dos copresidentes de las delegaciones de Estados Unidos y Argelia. El texto parece que supera las aspiraciones de los países en vías de desarrollo, agrupados en el G-77 junto a China, y algunos estados como Sudáfrica ya han criticado que “se va demasiado rápido”.

Varios interrogantes están en la mesa de negociaciones. Por un lado, saber cuándo, quién y cómo debe controlar la reducción de las emisiones de gases contaminantes y quién. Y por otro, tampoco hay claridad sobre cómo financiar el cambio de matriz energética del mundo. En este último aspecto se encuentra la propuesta de que los países ricos transfieran anualmente 100.000 millones de dólares a partir de 2020 a los países pobres y en desarrollo.

Desde Bonn, Tatiana Nuño, responsable de la campaña de Energía y Cambio Climático de Greenpeace, se muestra confiada en que el documento final que se aprobará el viernes, se incorporen “las declaraciones y acuerdos que hemos visto durante este año donde ya se han tenido en cuenta una serie de objetivos ambiciosos con una visión a largo plazo (como las declaraciones delG7 el pasado Junio; la declaración de Brasil-Alemania en agosto o la de la ONU del pasado septiembre)”. “El objetivo final es poner fin a la etapa de los combustibles fósiles y dar el salto a un sistema energético 100% renovable, no más tarde del año 2050, y que todos los países tengan que presentar sus acciones climáticas mejoradas cada cinco años a partir de 2020, de modo que no nos quedemos atrapados en un objetivo a largo plazo que no sea lo suficientemente ambicioso para evitar los peores impactos del cambio climático”, explica.

El presidente de AOSIS (Alianza de Pequeños Estados Insulares), Thorig Ibrahim, aseguró el lunes que el texto dado a conocer a los países participantes “no satisface las preocupaciones de las partes ni nos llevará a las acciones requeridas para revertir esta calamidad global”.

Según un informe en el que han participado 18 asociaciones, entre ellas Oxfam y WWF International, las promesas realizadas por los gobiernos de EEUU y la UE para recortar las emisiones de gases son sólo la quinta parte de lo que deberían, y las de Japón un 10 por ciento. El estudio destaca, por contra, los esfuerzos realizados por países como China o Brasil.

Hasta el viernes, las 195 delegaciones presentes en Bonn deberán llegar a un acuerdo con el que llegar el 30 de noviembre a la Cumbre de París para, al menos, conseguir que en el año 2050 la temperatura global del planeta no suba más allá del objetivo de los 2 ºC.

Críticas desde los grupos ecologistas

El texto sobre el que se trabaja tampoco convence a los grupos ecologistas y medioambientalistas. El experto de Oxfam-Intermon, Jan Kowalzig, declaró que “el borrador del acuerdo es peligrosamente débil y no cumple con las exigencias mínimas en todos los ámbitos importantes para lograr un justo y ambicioso acuerdo”.

En este sentido, desde la Red de Acción para el Clima en Europa (CAN) critican que el borrador "no incluya referencias a cero emisiones de gases con efecto invernadero y neutralidad del carbono” y que tampoco “haya hay un claro llamamiento para pasar de emisiones de combustibles fósiles a energías renovables en el año 2050".

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climate_paris

MADRID // Quedan tan sólo 41 días para que empiece la Cumbre del Clima en París y en las sesiones preparatorias que se celebran esta semana en la ciudad alemana de Bonn ya empiezan a saltar las primeras discrepancias entre los países sobre cuál debe ser el objetivo a alcanzar en el COP21. Fuentes conocedoras de las negociaciones explican que al comenzar la Conferencia de Bonn, varios países mostraron su inconformidad con el nuevo texto para las negociaciones climáticas que había sido publicado el 5 de Octubre, Entre los diferentes grupos, el G77 (representados por Sudáfrica, Sudán, Cuba, Malasia, Antigua) pidió un comité de redacción para el texto desde el principio, donde cada parte presentase sus propuestas de cambios justificados, pues consideraron que el nuevo texto no era claro y resultaban perjudicados. También ayer se presentaron las propuestas párrafo a párrafo donde se volvieron a incluir términos importantes como la descarbonización para 2050 y los periodos de cinco años para la presentación de compromisos de reducción de emisiones para cada país, refuerzos en la adaptación y marcar el umbral de aumento de temperaturas hasta los 1,5ºC. La propuesta de documento base sobre el que se trabajará a lo largo de esta semana está elaborada por los dos copresidentes de las delegaciones de Estados Unidos y Argelia. El texto parece que supera las aspiraciones de los países en vías de desarrollo, agrupados en el G-77 junto a China, y algunos estados como Sudáfrica ya han criticado que “se va demasiado rápido”. Varios interrogantes están en la mesa de negociaciones. Por un lado, saber cuándo, quién y cómo debe controlar la reducción de las emisiones de gases contaminantes y quién. Y por otro, tampoco hay claridad sobre cómo financiar el cambio de matriz energética del mundo. En este último aspecto se encuentra la propuesta de que los países ricos transfieran anualmente 100.000 millones de dólares a partir de 2020 a los países pobres y en desarrollo. Desde Bonn, Tatiana Nuño, responsable de la campaña de Energía y Cambio Climático de Greenpeace, se muestra confiada en que el documento final que se aprobará el viernes, se incorporen “las declaraciones y acuerdos que hemos visto durante este año donde ya se han tenido en cuenta una serie de objetivos ambiciosos con una visión a largo plazo (como las declaraciones delG7 el pasado Junio; la declaración de Brasil-Alemania en agosto o la de la ONU del pasado septiembre)”. “El objetivo final es poner fin a la etapa de los combustibles fósiles y dar el salto a un sistema energético 100% renovable, no más tarde del año 2050, y que todos los países tengan que presentar sus acciones climáticas mejoradas cada cinco años a partir de 2020, de modo que no nos quedemos atrapados en un objetivo a largo plazo que no sea lo suficientemente ambicioso para evitar los peores impactos del cambio climático”, explica. El presidente de AOSIS (Alianza de Pequeños Estados Insulares), Thorig Ibrahim, aseguró el lunes que el texto dado a conocer a los países participantes “no satisface las preocupaciones de las partes ni nos llevará a las acciones requeridas para revertir esta calamidad global”. Según un informe en el que han participado 18 asociaciones, entre ellas Oxfam y WWF International, las promesas realizadas por los gobiernos de EEUU y la UE para recortar las emisiones de gases son sólo la quinta parte de lo que deberían, y las de Japón un 10 por ciento. El estudio destaca, por contra, los esfuerzos realizados por países como China o Brasil. Hasta el viernes, las 195 delegaciones presentes en Bonn deberán llegar a un acuerdo con el que llegar el 30 de noviembre a la Cumbre de París para, al menos, conseguir que en el año 2050 la temperatura global del planeta no suba más allá del objetivo de los 2 ºC.

Críticas desde los grupos ecologistas

El texto sobre el que se trabaja tampoco convence a los grupos ecologistas y medioambientalistas. El experto de Oxfam-Intermon, Jan Kowalzig, declaró que “el borrador del acuerdo es peligrosamente débil y no cumple con las exigencias mínimas en todos los ámbitos importantes para lograr un justo y ambicioso acuerdo”. En este sentido, desde la Red de Acción para el Clima en Europa (CAN) critican que el borrador "no incluya referencias a cero emisiones de gases con efecto invernadero y neutralidad del carbono” y que tampoco “haya hay un claro llamamiento para pasar de emisiones de combustibles fósiles a energías renovables en el año 2050".

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¿Tiene que haber pobres? http://www.lamarea.com/2015/10/20/tiene-que-haber-pobres/ http://www.lamarea.com/2015/10/20/tiene-que-haber-pobres/#comments Tue, 20 Oct 2015 08:05:47 +0000 http://www.lamarea.com/?p=77412 pobreza44

La semana pasada, en un discurso que más parecía un elogio fúnebre, Cospedal afirmó que Rajoy nos ha sacado de la crisis; que, gracias a él, España es el país que más empleo crea y que más crece. Da igual que seamos el segundo país de la Unión Europea en el que más se ha incrementado la población en riesgo de pobreza extrema. Sólo nos supera Grecia, según datos de Eurostat. 13,4 millones de personas están al borde de la pobreza. Entre 2008 y 2014, 2,3 millones de españoles han entrado en riesgo de exclusión. En 2014, 800.000 personas cayeron en esta categoría. Pero según el PP, hemos salido de la crisis.

Lo dice Cospedal y debemos dar las gracias a Rajoy. Poco importa que España sea el país de la OCDE donde más jóvenes aceptan involuntariamente un empleo parcial. Aquí, un 22% de los jóvenes de 15 a 24 años trabajaban contra su voluntad en empleos precarios. Un 22%, repetimos. La media de la OCDE es del 4%. No seáis populistas con vuestro pesimismo, que hemos salido de la crisis.

Hay que fiarse de Cospedal y del PP. Lo mismo da que España redistribuya la riqueza peor que la mayoría de los países de la UE. Solo Bulgaria, Letonia, Lituania, Grecia, Portugal y Rumanía son más desiguales que España. ¿Y qué? Somos un país de primera división y Rajoy nos ha sacado de la crisis. Un país de primera división con una capital de primera división, en cuya corona metropolitana la división entre pobres y ricos es de primera: la más grande de Europa. Pelillos a la mar.

Un día antes de que Cospedal diera las gracias a Rajoy por sacarnos de la crisis, el secretario general de Cáritas, Sebastián Mora, afirmaba lo siguiente: "El concepto de crisis económica y sus consecuencias en la situación de las personas parece que ha desaparecido de los medios, [pero] seguimos perdiendo la batalla contra la pobreza y la exclusión, que siguen campando entre nosotros".

Y mientras el PP saca pecho por la creación de empleo, la realidad sigue aportando la tozudez de los datos: El 53% de las personas a las que ayuda Cáritas vive en hogares donde algún miembro trabaja. Según Mora (y según cualquiera que no sea un fanático del PP), eso supone que tener un contraro "ya no garantiza un mínimo para sobrevivir". Pero gracias, Rajoy, por sacarnos de la crisis.

No os enfadéis. No lo hacen con maldad. Cuando Cospedal y el PP entero insisten en que hemos salido de la crisis no lo hacen con afán de engañarnos. Para ellos todos estos datos existen, los aceptan. Ésa es la salida de la crisis que ellos buscan. Piensan que es natural: para que haya ricos, tiene que haber pobres. En sociología a este enfoque se le llama funcionalismo. Sus defensores (los partidarios de la ley de la selva y el capitalismo salvaje), ven a la sociedad como un organismo vivo que debe funcionar. Y claro, ese ser vivo que es la sociedad tiene diferentes órganos. Los pobres son un órgano necesario: son necesarios para que los ricos mantengan sus privilegios.

Por eso a los ultraconservadores les encantan las obras de caridad: la caridad mantiene a los pobres en su condición de pobres. Los mantiene medio vivos. Nadie quiere una sociedad en la que los pobres se mueran rápido. Mejor que aguanten explotados y a medio gas. Otra cosa es la justicia social: las medidas que incentiven la igualdad de oportunidades, o una educación pública de calidad que permita la movilidad social, o un sistema sanitario igual para todos: de eso nada, no vaya a ser que los pobres cada vez lo sean menos y estén más sanos... y los ricos sean cada vez menos ricos...

Para el PP salir de la crisis es esto: que la precariedad cobre carta de naturaleza y se quede entre nosotros para siempre. Parece que con 2,3 millones de desheredados más, por fin nos acercamos al número óptimo de pobres ansiado por la derecha.

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pobreza44

La semana pasada, en un discurso que más parecía un elogio fúnebre, Cospedal afirmó que Rajoy nos ha sacado de la crisis; que, gracias a él, España es el país que más empleo crea y que más crece. Da igual que seamos el segundo país de la Unión Europea en el que más se ha incrementado la población en riesgo de pobreza extrema. Sólo nos supera Grecia, según datos de Eurostat. 13,4 millones de personas están al borde de la pobreza. Entre 2008 y 2014, 2,3 millones de españoles han entrado en riesgo de exclusión. En 2014, 800.000 personas cayeron en esta categoría. Pero según el PP, hemos salido de la crisis. Lo dice Cospedal y debemos dar las gracias a Rajoy. Poco importa que España sea el país de la OCDE donde más jóvenes aceptan involuntariamente un empleo parcial. Aquí, un 22% de los jóvenes de 15 a 24 años trabajaban contra su voluntad en empleos precarios. Un 22%, repetimos. La media de la OCDE es del 4%. No seáis populistas con vuestro pesimismo, que hemos salido de la crisis. Hay que fiarse de Cospedal y del PP. Lo mismo da que España redistribuya la riqueza peor que la mayoría de los países de la UE. Solo Bulgaria, Letonia, Lituania, Grecia, Portugal y Rumanía son más desiguales que España. ¿Y qué? Somos un país de primera división y Rajoy nos ha sacado de la crisis. Un país de primera división con una capital de primera división, en cuya corona metropolitana la división entre pobres y ricos es de primera: la más grande de Europa. Pelillos a la mar. Un día antes de que Cospedal diera las gracias a Rajoy por sacarnos de la crisis, el secretario general de Cáritas, Sebastián Mora, afirmaba lo siguiente: "El concepto de crisis económica y sus consecuencias en la situación de las personas parece que ha desaparecido de los medios, [pero] seguimos perdiendo la batalla contra la pobreza y la exclusión, que siguen campando entre nosotros". Y mientras el PP saca pecho por la creación de empleo, la realidad sigue aportando la tozudez de los datos: El 53% de las personas a las que ayuda Cáritas vive en hogares donde algún miembro trabaja. Según Mora (y según cualquiera que no sea un fanático del PP), eso supone que tener un contraro "ya no garantiza un mínimo para sobrevivir". Pero gracias, Rajoy, por sacarnos de la crisis. No os enfadéis. No lo hacen con maldad. Cuando Cospedal y el PP entero insisten en que hemos salido de la crisis no lo hacen con afán de engañarnos. Para ellos todos estos datos existen, los aceptan. Ésa es la salida de la crisis que ellos buscan. Piensan que es natural: para que haya ricos, tiene que haber pobres. En sociología a este enfoque se le llama funcionalismo. Sus defensores (los partidarios de la ley de la selva y el capitalismo salvaje), ven a la sociedad como un organismo vivo que debe funcionar. Y claro, ese ser vivo que es la sociedad tiene diferentes órganos. Los pobres son un órgano necesario: son necesarios para que los ricos mantengan sus privilegios. Por eso a los ultraconservadores les encantan las obras de caridad: la caridad mantiene a los pobres en su condición de pobres. Los mantiene medio vivos. Nadie quiere una sociedad en la que los pobres se mueran rápido. Mejor que aguanten explotados y a medio gas. Otra cosa es la justicia social: las medidas que incentiven la igualdad de oportunidades, o una educación pública de calidad que permita la movilidad social, o un sistema sanitario igual para todos: de eso nada, no vaya a ser que los pobres cada vez lo sean menos y estén más sanos... y los ricos sean cada vez menos ricos... Para el PP salir de la crisis es esto: que la precariedad cobre carta de naturaleza y se quede entre nosotros para siempre. Parece que con 2,3 millones de desheredados más, por fin nos acercamos al número óptimo de pobres ansiado por la derecha. bannernewsletter

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El Tío Cuco, un bar de obreros, un día después de Salvados http://www.lamarea.com/2015/10/19/el-tio-cuco-un-bar-de-obreros-un-dia-despues-de-salvados/ http://www.lamarea.com/2015/10/19/el-tio-cuco-un-bar-de-obreros-un-dia-despues-de-salvados/#comments Mon, 19 Oct 2015 14:13:32 +0000 http://www.lamarea.com/?p=77461 cats

Dicen que Barcelona está abarrotada de turistas. Infestada. Abrumada. Que casi no cabe uno más. Pero eso no es del todo cierto. Me monto en la línea verde de metro, en dirección contraria al centro, y compruebo que en la estación de Vallcarca el vagón se vacía por completo de familias rubias, parejas asiáticas con una cámara colgada al cuello y jóvenes de piel pálida y ojos azules. Allí está el Parc Güell, en lo alto del Cerro de las Tres Cruces, que se alza como una columna de Hércules que marcara el “non plus ultra” para los visitantes. No hay nada más allá. Esa Barcelona no despierta interés. El metro sigue y en su interior queda poco rastro de la capital catalana que se vende al exterior: hay personas que parecen vestidas al estilo de los 90, hombres con un pelado infrecuente en alguien que supera la cuarentena, parejas sin pinta de hacer deporte que visten de chándal, una señora mayor con un jersey casero. Se mezclan inmigrantes viejos, de otras partes de España, con nuevos, que tienen acento árabe o de Bangladesh. En Canyelles, en el distrito de Nou Barris, no se oye mucho hablar en catalán. Tampoco hay esteladas colgadas de ventanas y balcones.

Éste es el barrio que eligió el periodista Jordi Évole para el cara a cara entre los dos líderes políticos de moda, Pablo Iglesias y Albert Rivera. El bar que sirvió de set de grabación, el Tío Cuco, hoy, el día después de su emisión, experimenta una agitación inusual que no gusta nada a su dueña, Cecilia, que trata de atender a su clientela habitual mientras un goteo incesante de periodistas le planta un micro delante. Évole aseguró que era un “terreno neutral”, porque en las municipales ganó Ada Colau -a la que asimiló a Podemos- y en las catalanas hizo lo propio Ciudadanos. Sin embargo, de las paredes del Tío Cuco cuelgan pequeñas estampas que reproducen carteles del bando republicano durante la guerra civil española. Cecilia se esfuerza por convencer a los periodistas de que no hay noticia en su bar, que es un sitio "clásico, de obreros. De bocadillo de bacon y lomo. Nada idílico", según explica en una entrevista con Cadena Ser. Su gesto se va volviendo cada vez más serio. Pide a los periodistas que la dejen atender a su clientela. Jubilados, parados, currantes que hacen una parada a media mañana. Estos tratan de relajarla y le dicen que no se preocupe, que no llevan prisa. En una de las estanterías hay dos cajas de cereales con caricaturas de Iglesias y Rivera. Las ha llevado un chico y ha pedido que las dejen ahí. Todo es un poco extraño hoy en el Tío Cuco.

Me siento discretamente en la barra y observo. Pido un café con leche y comienzo a hablar con un jubilado, Ramón, que me cuenta que todos los políticos son iguales y que la tercera guerra mundial está cerca, porque al final el interés de los poderosos es lo que manda y al conflicto planetario es a donde nos lleva toda esta historia. “Pero bueno, no hay que llorar, ¿eh? Ahora estamos vivos, así que mientras lo estemos hay que disfrutar”, opina. Se acerca otra periodista, de una gran cadena de radio, e interrumpe a Cecilia en su trabajo mientras se dirige a ella “como si la conociera de toda la vida”, le afearía luego un cliente habitual. Es la manía que tenemos los periodistas de “echarle cara” para conseguir unas declaraciones, una actitud separada del perder la educación por una fina línea que no todos saben o quieren respetar. Ninguno le pregunta si le viene bien hablar en ese momento. Simplemente se plantan y disparan. Pienso qué sentiría yo si estuviese trabajando y alguien me interrumpiera sin muchas explicaciones y me pusiera un micro en la boca. Le digo a Cecilia que yo también soy periodista pero que no se preocupe, que no tengo prisa. La otra reportera ataca. “¿Cuánto tiempo tiene el bar?”. “Cuarenta años, lo heredé de mis padres”, explica Cecilia, cuya familia viene de Salamanca. “¿Conocía a Évole?”. “No”. “¿Entonces por qué se eligió este bar?”. “Pues no lo sé. Aquí se grabó una campaña de la Generalitat de la TDT. Supongo que las fotos del bar estarían en algún archivo”, responde. Cecilia no concede ni media sonrisa. No le sale. La periodista se acaba marchando después de convencerla para conectar en directo con su emisora y responder a unas preguntas. Cecilia se acerca y me dice que le pregunte lo que quiera. Le aclaro que estoy allí para hablar con los vecinos para un reportaje sobre Ciudadanos, que no se preocupe, que no tiene nada que ver con el bar. La excusa del programa me viene bien, eso es todo. Me propone un par de clientes para hablar con ellos. “Pero no sé si te valdrán. Son más de Podemos”, me cuenta. Entre unas cosas y otras concluyo que, pese a las palabras de Évole, está claro no estaba un lugar del todo neutral. Una clienta comenta: “Yo hubo un momento en que, cuando Rivera habló de la sanidad y los inmigrantes, me entraron ganas de tirarle algo”.

Llegan tres cámaras, con sus respectivos reporteros. El de una gran cadena estatal apoya medio cuerpo encima de la barra y, con una sonrisa de oreja a oreja, estira el micro mientras pregunta. “¿Qué, mucho lío el día después, eh?”. Cecilia sigue cortante, agobiada. “Sí, pero realmente es por vosotros. Mis clientes son los de siempre”. La sonrisa del reportero no se atenúa en ningún momento. “Pero bueno, ahora tu bar es famoso”, insiste. “Mira, este tipo de fama… a vosotros lo que os pasa es que tenéis un lunes raro y por eso venís aquí, pero no hay noticia”. El periodista hace un par de preguntas más y se da por vencido. Ella se disculpa por el tono cuando éste baja el micrófono, pese a que no ha perdido la compostura en ningún momento. “A veces desvarío”, se excusa. Le dicen que vendrán luego a grabar una entradilla en el lugar. Lo mismo le pide otra chica de una televisión catalana. Cecilia dice que sí a todo y coge aire. Pido una cerveza y me acerco a uno de los clientes que me propuso ella. “¿Estuviste en el cara a cara?”, le pregunto. “Sí, me pasé. Saludé a Pablo y me quedé un rato. Bueno, en la tele parece que estuvieron aquí poco tiempo, pero se grabó en tres días. Vinieron un día para la promo, otro para el paseo y otro para el debate, que duró mucho”. “¿Y quién crees que ganó?”. “Pues lamentándolo mucho, creo que Rivera. Le atropellaba, le llevaba a su terreno, se nota que tiene más experiencia. Y al final la gente, más que con los argumentos, se queda con eso, con quién gana un debate. Es una pena”. Algunos de los presentes se confiesan votantes de Podemos pero están enfadados con la ejecutiva del partido por cómo se han hecho las cosas en la campaña catalana. Pero esa es otra historia. Uno de ellos me da su contacto y quedamos para otro día. Pido la cuenta. Cecilia me invita al café. Al salir me cruzo con otro periodista.

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Dicen que Barcelona está abarrotada de turistas. Infestada. Abrumada. Que casi no cabe uno más. Pero eso no es del todo cierto. Me monto en la línea verde de metro, en dirección contraria al centro, y compruebo que en la estación de Vallcarca el vagón se vacía por completo de familias rubias, parejas asiáticas con una cámara colgada al cuello y jóvenes de piel pálida y ojos azules. Allí está el Parc Güell, en lo alto del Cerro de las Tres Cruces, que se alza como una columna de Hércules que marcara el “non plus ultra” para los visitantes. No hay nada más allá. Esa Barcelona no despierta interés. El metro sigue y en su interior queda poco rastro de la capital catalana que se vende al exterior: hay personas que parecen vestidas al estilo de los 90, hombres con un pelado infrecuente en alguien que supera la cuarentena, parejas sin pinta de hacer deporte que visten de chándal, una señora mayor con un jersey casero. Se mezclan inmigrantes viejos, de otras partes de España, con nuevos, que tienen acento árabe o de Bangladesh. En Canyelles, en el distrito de Nou Barris, no se oye mucho hablar en catalán. Tampoco hay esteladas colgadas de ventanas y balcones. Éste es el barrio que eligió el periodista Jordi Évole para el cara a cara entre los dos líderes políticos de moda, Pablo Iglesias y Albert Rivera. El bar que sirvió de set de grabación, el Tío Cuco, hoy, el día después de su emisión, experimenta una agitación inusual que no gusta nada a su dueña, Cecilia, que trata de atender a su clientela habitual mientras un goteo incesante de periodistas le planta un micro delante. Évole aseguró que era un “terreno neutral”, porque en las municipales ganó Ada Colau -a la que asimiló a Podemos- y en las catalanas hizo lo propio Ciudadanos. Sin embargo, de las paredes del Tío Cuco cuelgan pequeñas estampas que reproducen carteles del bando republicano durante la guerra civil española. Cecilia se esfuerza por convencer a los periodistas de que no hay noticia en su bar, que es un sitio "clásico, de obreros. De bocadillo de bacon y lomo. Nada idílico", según explica en una entrevista con Cadena Ser. Su gesto se va volviendo cada vez más serio. Pide a los periodistas que la dejen atender a su clientela. Jubilados, parados, currantes que hacen una parada a media mañana. Estos tratan de relajarla y le dicen que no se preocupe, que no llevan prisa. En una de las estanterías hay dos cajas de cereales con caricaturas de Iglesias y Rivera. Las ha llevado un chico y ha pedido que las dejen ahí. Todo es un poco extraño hoy en el Tío Cuco. Me siento discretamente en la barra y observo. Pido un café con leche y comienzo a hablar con un jubilado, Ramón, que me cuenta que todos los políticos son iguales y que la tercera guerra mundial está cerca, porque al final el interés de los poderosos es lo que manda y al conflicto planetario es a donde nos lleva toda esta historia. “Pero bueno, no hay que llorar, ¿eh? Ahora estamos vivos, así que mientras lo estemos hay que disfrutar”, opina. Se acerca otra periodista, de una gran cadena de radio, e interrumpe a Cecilia en su trabajo mientras se dirige a ella “como si la conociera de toda la vida”, le afearía luego un cliente habitual. Es la manía que tenemos los periodistas de “echarle cara” para conseguir unas declaraciones, una actitud separada del perder la educación por una fina línea que no todos saben o quieren respetar. Ninguno le pregunta si le viene bien hablar en ese momento. Simplemente se plantan y disparan. Pienso qué sentiría yo si estuviese trabajando y alguien me interrumpiera sin muchas explicaciones y me pusiera un micro en la boca. Le digo a Cecilia que yo también soy periodista pero que no se preocupe, que no tengo prisa. La otra reportera ataca. “¿Cuánto tiempo tiene el bar?”. “Cuarenta años, lo heredé de mis padres”, explica Cecilia, cuya familia viene de Salamanca. “¿Conocía a Évole?”. “No”. “¿Entonces por qué se eligió este bar?”. “Pues no lo sé. Aquí se grabó una campaña de la Generalitat de la TDT. Supongo que las fotos del bar estarían en algún archivo”, responde. Cecilia no concede ni media sonrisa. No le sale. La periodista se acaba marchando después de convencerla para conectar en directo con su emisora y responder a unas preguntas. Cecilia se acerca y me dice que le pregunte lo que quiera. Le aclaro que estoy allí para hablar con los vecinos para un reportaje sobre Ciudadanos, que no se preocupe, que no tiene nada que ver con el bar. La excusa del programa me viene bien, eso es todo. Me propone un par de clientes para hablar con ellos. “Pero no sé si te valdrán. Son más de Podemos”, me cuenta. Entre unas cosas y otras concluyo que, pese a las palabras de Évole, está claro no estaba un lugar del todo neutral. Una clienta comenta: “Yo hubo un momento en que, cuando Rivera habló de la sanidad y los inmigrantes, me entraron ganas de tirarle algo”. Llegan tres cámaras, con sus respectivos reporteros. El de una gran cadena estatal apoya medio cuerpo encima de la barra y, con una sonrisa de oreja a oreja, estira el micro mientras pregunta. “¿Qué, mucho lío el día después, eh?”. Cecilia sigue cortante, agobiada. “Sí, pero realmente es por vosotros. Mis clientes son los de siempre”. La sonrisa del reportero no se atenúa en ningún momento. “Pero bueno, ahora tu bar es famoso”, insiste. “Mira, este tipo de fama… a vosotros lo que os pasa es que tenéis un lunes raro y por eso venís aquí, pero no hay noticia”. El periodista hace un par de preguntas más y se da por vencido. Ella se disculpa por el tono cuando éste baja el micrófono, pese a que no ha perdido la compostura en ningún momento. “A veces desvarío”, se excusa. Le dicen que vendrán luego a grabar una entradilla en el lugar. Lo mismo le pide otra chica de una televisión catalana. Cecilia dice que sí a todo y coge aire. Pido una cerveza y me acerco a uno de los clientes que me propuso ella. “¿Estuviste en el cara a cara?”, le pregunto. “Sí, me pasé. Saludé a Pablo y me quedé un rato. Bueno, en la tele parece que estuvieron aquí poco tiempo, pero se grabó en tres días. Vinieron un día para la promo, otro para el paseo y otro para el debate, que duró mucho”. “¿Y quién crees que ganó?”. “Pues lamentándolo mucho, creo que Rivera. Le atropellaba, le llevaba a su terreno, se nota que tiene más experiencia. Y al final la gente, más que con los argumentos, se queda con eso, con quién gana un debate. Es una pena”. Algunos de los presentes se confiesan votantes de Podemos pero están enfadados con la ejecutiva del partido por cómo se han hecho las cosas en la campaña catalana. Pero esa es otra historia. Uno de ellos me da su contacto y quedamos para otro día. Pido la cuenta. Cecilia me invita al café. Al salir me cruzo con otro periodista.

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Palomares: 50 años de ninguneo y vergüenza http://www.lamarea.com/2015/10/19/palomares-50-anos-de-ninguneo-y-verguenza/ http://www.lamarea.com/2015/10/19/palomares-50-anos-de-ninguneo-y-verguenza/#comments Mon, 19 Oct 2015 11:24:46 +0000 http://www.lamarea.com/?p=77445 Manuel Fraga en Palomares.

17 de enero de 1966. Dos aviones del Ejército de Estados Unidos, un KC-135 y un bombardero B-52, chocan en pleno vuelo sobre las costas de Almería. Los cuatro tripulantes del primero fallecen en el acto, al igual que tres de los que iban a bordo del B-52. En éste último viajaban además cuatro bombas termonucleares, más potentes que las arrojadas en Hiroshima y Nagashaki, de las que tres cayeron en tierra y la otra en el mar. Dos fueron recuperadas, mientras que las otras dos explosionaron liberando parte de su carga.

Comenzó entonces un periplo vergonzante: los guardias civiles enviados por el gobierno franquista para limpiar la zona no contaron con protección alguna, a diferencia del equipo estadounidense. El gobierno del dictador quiso tranquilizar a la población, minimizar el posible daño al turismo y, al mismo tiempo, escenificar sus buenas relaciones con el gobierno presidido por Lyndon B. Johnson con el célebre baño en la playa de Palomares (Almería) de Manuel Fraga junto al embajador de EE UU, Angier Biddle Duke. Aún no se había localizado la bomba caída en el mar, que aparecía 80 días después del accidente gracias a la colaboración de "Paco el de la bomba", un humilde pescador que guió a los militares estadounidenses hacia su objetivo para, acto seguido, seguir pescando como si nada hubiera ocurrido.

Resignación e indiferencia

La tierra siguió contaminada. Y seguiría estándolo durante mucho tiempo. Los vecinos de Palomares se acostumbraron a vivir frente a 50.000 metros cuadrados de terreno que suponían el mayor foco radiactivo de toda España. Periódicamente, se sometía a la población a análisis de sangre para controlar la incidencia de la radiación, lo que para muchos era más que suficiente ante la ausencia aparente de consecuencias para la salud. El incidente quedó prácticamente olvidado, casi sepultado en el tiempo como una fotografía de otra época, hasta que a finales de los años 90 el Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (Ciemat) detectó en la zona niveles anormalmente altos de americio, producto de la descomposición del plutonio y mucho más volátil y peligroso que éste: se hallaron niveles 20 veces superiores a los considerados aceptables.

El contratiempo chocaba frontalmente con el momento de burbuja inmobiliaria que vivía España: el Ayuntamiento de Cuevas de Almanzora, al que pertenece Palomares, tenía previsto multiplicar por 10 la población de la localidad construyendo innumerables urbanizaciones, muchas de las cuales siguen hoy a medio hacer. En 2003, el Gobierno expropió las tierras contaminadas para impedir su uso y éstas quedaron valladas. Pero el tema siguió sin quedar zanjado: ocho años después, Ecologistas en Acción denunciaba que la radiactividad seguía creciendo día a día y entrañaba un grave riesgo para la población.

Hoy, cuando está a punto de cumplirse medio siglo de aquel incidente, Estados Unidos se ha comprometido a terminar las tareas de limpieza coincidiendo con la visita a Madrid del secretario de Estado, John Kerry, en un acuerdo que contempla el traslado a Nevada de los deshechos. "Bien está lo que bien acaba", ha señalado en rueda de prensa el ministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo, frente a un sonriente Kerry. "La voluntad es hacerlo ya, cuanto antes, para que Palomares vuelva a la normalidad que tenía antes de 1966", ha apostillado el ministro.

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Manuel Fraga en Palomares.

17 de enero de 1966. Dos aviones del Ejército de Estados Unidos, un KC-135 y un bombardero B-52, chocan en pleno vuelo sobre las costas de Almería. Los cuatro tripulantes del primero fallecen en el acto, al igual que tres de los que iban a bordo del B-52. En éste último viajaban además cuatro bombas termonucleares, más potentes que las arrojadas en Hiroshima y Nagashaki, de las que tres cayeron en tierra y la otra en el mar. Dos fueron recuperadas, mientras que las otras dos explosionaron liberando parte de su carga. Comenzó entonces un periplo vergonzante: los guardias civiles enviados por el gobierno franquista para limpiar la zona no contaron con protección alguna, a diferencia del equipo estadounidense. El gobierno del dictador quiso tranquilizar a la población, minimizar el posible daño al turismo y, al mismo tiempo, escenificar sus buenas relaciones con el gobierno presidido por Lyndon B. Johnson con el célebre baño en la playa de Palomares (Almería) de Manuel Fraga junto al embajador de EE UU, Angier Biddle Duke. Aún no se había localizado la bomba caída en el mar, que aparecía 80 días después del accidente gracias a la colaboración de "Paco el de la bomba", un humilde pescador que guió a los militares estadounidenses hacia su objetivo para, acto seguido, seguir pescando como si nada hubiera ocurrido.

Resignación e indiferencia

La tierra siguió contaminada. Y seguiría estándolo durante mucho tiempo. Los vecinos de Palomares se acostumbraron a vivir frente a 50.000 metros cuadrados de terreno que suponían el mayor foco radiactivo de toda España. Periódicamente, se sometía a la población a análisis de sangre para controlar la incidencia de la radiación, lo que para muchos era más que suficiente ante la ausencia aparente de consecuencias para la salud. El incidente quedó prácticamente olvidado, casi sepultado en el tiempo como una fotografía de otra época, hasta que a finales de los años 90 el Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (Ciemat) detectó en la zona niveles anormalmente altos de americio, producto de la descomposición del plutonio y mucho más volátil y peligroso que éste: se hallaron niveles 20 veces superiores a los considerados aceptables. El contratiempo chocaba frontalmente con el momento de burbuja inmobiliaria que vivía España: el Ayuntamiento de Cuevas de Almanzora, al que pertenece Palomares, tenía previsto multiplicar por 10 la población de la localidad construyendo innumerables urbanizaciones, muchas de las cuales siguen hoy a medio hacer. En 2003, el Gobierno expropió las tierras contaminadas para impedir su uso y éstas quedaron valladas. Pero el tema siguió sin quedar zanjado: ocho años después, Ecologistas en Acción denunciaba que la radiactividad seguía creciendo día a día y entrañaba un grave riesgo para la población. Hoy, cuando está a punto de cumplirse medio siglo de aquel incidente, Estados Unidos se ha comprometido a terminar las tareas de limpieza coincidiendo con la visita a Madrid del secretario de Estado, John Kerry, en un acuerdo que contempla el traslado a Nevada de los deshechos. "Bien está lo que bien acaba", ha señalado en rueda de prensa el ministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo, frente a un sonriente Kerry. "La voluntad es hacerlo ya, cuanto antes, para que Palomares vuelva a la normalidad que tenía antes de 1966", ha apostillado el ministro. bannernewsletter

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